Y mañana, ¿me seguirás queriendo?

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Como lo prometido es deuda, aquí comparto con vosotros el relato que quedó finalista en el concurso “Amores de verano”. He de decir que no es la versión que envié al concurso, ni tampoco la primera versión del mismo, porque tras reducir extensión fue cuando decidí quedarme con una copia antes de seguir reduciendo. Así que no es la versión larga, ni la corta, digamos que es una intermedia que es mejor que nada, ¿no?

Como veréis, el tema está enfocado desde una perspectiva peculiar, ya que mi estado de ánimo me ha influido mucho, así que el relato aborda la despedida de ese gran amor de verano.

Aquí lo tenéis, espero que os guste, va por ustedes.

Y MAÑANA, ¿ME SEGUIRÁS QUERIENDO?

Por Ana Centellas

La luna llena iluminaba el mar en aquella calurosa noche de finales de agosto. Sobre la arena de la playa se vislumbraban dos siluetas envueltas en un cálido abrazo. Ella, entre las piernas de él, con el cuerpo totalmente relajado, la cabeza apoyada contra su pecho. Él, envolviéndola con ternura. Ambos contemplaban el mar, en un cómodo silencio, sin precisar de palabras que expresen los sentimientos. Una estrella fugaz atravesó el cielo dejando atrás una estela de luz. Ella giró la cabeza para contemplar la mirada de su enamorado, ambos sonrieron con complicidad y se fundieron en un cálido beso. Sin prisas, sin tensiones. Una lágrima solitaria por la mejilla de ella les devolvió a la realidad.

– ¿Me quieres? – preguntó ella.

– Te quiero. – contestó él.

– Y mañana, ¿me seguirás queriendo?

– Hasta el infinito y más allá, mi vida, te seguiré queriendo.

Volvieron a su cálido abrazo, a su cómodo silencio, dejando hablar al corazón lo que las palabras eran incapaces de expresar.

Contemplaron juntos su último amanecer, recogieron lentamente sus cosas y abandonaron abrazados la playa.

Esta vez una lágrima solitaria se deslizaba por la mejilla de él mientras despedía a su amor, lanzándole un cariñoso beso que esperaba pudiese atravesar la ventanilla del autobús que le separaría de él.

– Yo también te quiero. – articuló ella, apoyada en la ventanilla en un intento por acariciarle por última vez.

Los ojos de él se cerraron instintivamente, intentando proteger a su herido corazón. Cuando volvió a abrirlos, el autobús ya había partido. Giró sobre sus talones y se alejó del lugar. Al fondo, el mar seguía brillando bajo los cálidos rayos del sol y una sonrisa iluminó su rostro. Claro, mi vida, mañana te seguiré queriendo.

Espero de todo corazón que os haya gustado, ¡decidme como siempre qué os parecido porfa!

Por otro lado, continúo con mi “novela”, que aún no sé qué camino tomará. Espero que podáis leerla muy muy muy pronto. Y más proyectos que aún están por cocer, todo a su debido tiempo.

¡Gracias a todos por vuestros ánimos! Nada como sentirse querida para avivar la ilusión.

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