Reseña: El Príncipe de Lentiscar

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La lectura que me he traído esta semana entre manos (con operación de por medio y todo) y que quiero compartir con vosotros es “El Príncipe de Lentiscar”, de mi amigo Javier L. García Moreno (Ed. El fantasma de los sueños). Una lectura totalmente diferente a todas las que os he mostrado hasta ahora y que a mí personalmente me ha atraído y enganchado desde el principio hasta el final.

No quisiera ser demasiado benévola  contigo, amigo Javier, ni tampoco crítica en exceso precisamente por el mismo motivo, por lo que trataré de contaros mi opinión desde la mayor imparcialidad posible, sin tener en cuenta factores subjetivos.

Se trata de una novela ambientada en la Edad Media, donde Milena, una humilde joven plebeya que vivía felizmente con su familia en una comarca fértil y alegre, conoce un día a un extraño príncipe de un lejano reino que le deja absolutamente prendada. Era tal la obsesión que le producía conocer a aquel extraño príncipe de ojos grises, que una noche, tras dejar a su familia una escueta nota, partió a buscar a su príncipe en un largo viaje.

Cuando llegó finalmente a la villa de Lentiscar, se encontró con un paraje donde siempre reinaban las tinieblas, donde un inmenso castillo repleto de almenas se erigía regio, en el que vivía su amado príncipe, el príncipe de Lentiscar. Rápidamente trabó amistad con un niño, Jankin, que diariamente le acompañaba al lago que había en las cercanías del pueblo, el único lugar donde se podía contemplar la luz del sol, y donde el príncipe acudía una vez a la semana.

El autor intercala en la narración pasajes que escribe el padre de Milena en su diario, en forma de misivas, donde expresa el dolor que ha causado a su familia su partida. Sumido en la más absoluta desesperación, parte él mismo en busca de su hija.

Mientras, Milena siempre acompañada de su fiel amigo Jankin, recibe una misiva del príncipe declarándole su amor e invitándole a adentrarse en el castillo. Jankin intenta impedírselo contándole las atrocidades que ocurrían en aquel castillo, pero Milena, ciega de amor, hace caso omiso de sus consejos por completo y va en busca de su amado.

Cuando Lorencio, el padre de Milena, llega finalmente a la villa de Lentiscar, trabó igualmente amistad con Jankin, quien le contó toda la historia de Milena y cómo se había adentrado en el castillo presa del amor, desoyendo sus plegarias para que no lo hiciese. Juntos inician la entrada al castillo por un oscuro pasadizo para detener la atrocidad que aquel siniestro príncipe está a punto de cometer…

Y todo ello aderezado con un irresistible final que os aseguro no os dejará indiferentes.

Una trama bien elaborada y coherente, con un lenguaje literario acorde a la época en la que está ambientada la novela. Una historia gótica y sobrenatural que engancha desde el principio hasta el final y que en ningún momento defrauda. Una novela donde se ensalza el valor del amor, de las locuras que se pueden cometer en su nombre, incluso alejarnos de nuestros seres más queridos, así como de la incondicionalidad del amor de un padre por sus hijos, capaz de derribar todas las barreras que se interpongan por su bienestar, llegando a extremos insospechados.

Sin duda, una novela muy recomendable para su lectura, a mí me ha quitado unas cuantas horas de sueño por no poder parar…

Sólo me queda dar la enhorabuena a mi amigo Javier L. García Moreno, y darle también las gracias por permitirnos vivir historias tan apasionantes como esta. Una servidora está esperando impaciente la siguiente, aunque aún tengo lecturas suyas pendientes que estoy segura me agradarán tanto como esta.

Definitivamente, y desde el punto de vista más objetivo, recomiendo este libro.

El relato del viernes: “Mi cumpleaños”

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Imagen elegida en Google y autoeditada

MI CUMPLEAÑOS

Hoy vuelve a ser el día de mi cumpleaños. Recuerdo un tiempo en que lo esperaba con ilusión, iba haciéndome mayor, cosa que todo niño desea con toda la ilusión del mundo. Hacerse mayor para por fin ser libre, liberarse de las “ataduras” de los padres que no te dejaban hacer esto o aquello, ibas a comerte el mundo, a hacer lo que quisieras, ibas a hacer cosas realmente importantes.


Hoy veo las dos velas que iluminan en la oscuridad mi tarta de cumpleaños y sé qué es lo que se espera de mí. Así que muestro mi mejor sonrisa, como si realmente fuese un día importante para mí. Y pidiendo un deseo, como marca la tradición, soplo las velas y me sonrojo mientras mi familia me canta el cumpleaños feliz. Y me emociona la ilusión que le ponen, pero algo en mi interior zozobra, me inunda de melancolía. No quiero hacerme mayor, no señores. Todavía no.


Ya he llegado a los “ta y todos”, víspera de ese maldito día en que las velas de mi tarta muestren un cuatro y un cero perfectamente redondeado, y entonces es cuando te planteas qué has hecho con tu vida. ¿Dónde quedaron todos aquellos sueños de juventud? Por supuesto que he hecho cosas maravillosas que no cambiaría por nada del mundo. Si pudiese volver atrás, aunque sólo fuera veinte años, a los dichosos 29, probablemente solamente repetiría tres cosas en mi vida. Vosotros. Mi queridísimo marido y mis dos pequeños tesoros, que son lo mejor que he hecho en la vida. ¿Lo demás? Lo demás podría haber sido de cualquier otra manera que probablemente me podría haber aportado la misma o incluso mayor satisfacción que lo que he vivido.


Si pudiese volver más atrás aún, con total probabilidad cambiaría hasta los estudios elegidos, ya con la experiencia de lo vivido a partir de ahí. Me gustaría elegir una profesión gratificante para mí misma. Quizá maestra o enfermera, sí lo mismo que todas las niñas de mi edad querían llegar a ser, menos yo.


Me arrepiento de no haber perseguido con más ahínco mis sueños: ser escritora, no haberme rendido con tanta facilidad ante aquellas oposiciones que tan duramente preparé durante años. Habría tratado de ser mejor persona, no es que me considere mala, al contrario, pero reconozco que siempre he sido muy de guardar rencor (aquello de perdonado, pero no olvidado) y he sido en cierta medida egoísta.


Por eso hoy, cuando se cumplen ya treinta y nueve años de mi nacimiento, miro atrás y miro hacia delante y no encuentro ni la manera de cambiar el pasado y no tengo la menor idea de lo que me deparará el futuro. Sólo siento un enorme agradecimiento a mis padres por haberme dado la vida, por haber luchado por mí y por haberme hecho la persona que soy, con mis defectos y mis virtudes. Te quiero papá, ya verás como todo va fenomenal y luego lo celebraremos como se merece. Y a ti, mamá, estés donde estés, te quiero como siempre y siempre estarás conmigo en tu rinconcito de mi corazón.


Y de pronto miras atrás, y miras el presente, y te encuentras con una familia, con un hijo a punto de cumplir diez años, ¡diez!, que en apenas dos entrará ya en el instituto, y no puedo evitar cierta intranquilidad por ello. Miras en tu interior y tu corazón sigue siendo el de aquella niña que se lanzaba con la bicicleta por las calles del pueblo y andaba siempre con las rodillas rojas llenas de mercromina. Pero ese corazón de niña tiene responsabilidades de adulto que no sabe si está sabiendo gestionar bien.


En fin, ya son treinta y nueve sobre mi tarta, y sé que estoy más lejos de la niña que fui y más cerca de la abuela que seré, y no puedo evitar sentir cierta melancolía.


Espero las llamadas de siempre, familia y amigos que puedo contar con los dedos de una mano, porque si algo te enseña la edad es que lo más importante es la calidad no la cantidad. Hace unos años me entristecía, pero hoy me llena de orgullo, poder contar con los realmente importantes, los que siempre están ahí, interesándote por ti en las buenas y en las malas.


Pero aún así, disfrutaré de mi cumpleaños como se espera que haga. Porque los treinta y nueve, al igual que los dieciocho, sólo se cumplen una vez en la vida, y quién sabe si llegarás a la siguiente cifra. Por eso os voy a recibir con ilusión, con alegría en la medida de lo posible y con gran agradecimiento por los que harán posible que este día sea especial.


A partir de aquí, llega el momento de retomar sueños, de cometer locuras, de decir SÍ a todos los planes que te propongan y de cuidarse a una misma, ponerse la coraza anti-daños externos y preocuparse por lo que verdaderamente importa. Porque ha llegado el momento de establecer prioridades, y yo ya tengo muy claras cuáles son las mías.


Así que me deseé a mí misma un feliz cumpleaños en cuanto desperté y le sonreí al día con ironía. Porque hoy empieza la versión 3.9 de mí misma, con nuevas actualizaciones que mejorarán el rendimiento de la aplicación que soy.


¡Sí, hoy es mi cumpleaños y lo voy a festejar por todo lo alto!

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos registrados

Reseña: “Nomeolvides”

6. NOMEOLVIDES

La lectura que traigo esta semana es “Nomeolvides” de Pilar Eyre (Ed. Planeta).

He de decir que antes de leer esta novela tendréis que haber leído previamente “Mi color preferido es verte”, para poder seguir el argumento de esta segunda novela, ya que es continuación de la primera.

En “Mi color preferido es verte” la autora narra de forma “autobiográfica “, su amor de verano en Llafranc con un francés que, en tan sólo tres días, le robó el corazón. A partir de ahí, todos sus esfuerzos se centran en encontrarle, hasta que finalmente lo localiza en Montpellier, tenía familia, una hija…

En “Nomeolvides” la anterior novela de Pilar se presenta al premio Planeta. A partir de ahí, comienza una gira por toda España para promocionar su libro, pero la obsesión de Pilar es que el libro llegue a Francia y que su amado lo lea. Se lo hace llegar a un amigo periodista y comienza un periplo de averiguaciones que amenazan con poner en peligro la vida profesional del francés.

El amor de Pilar hacia él es obsesivo, le llama pero ha cambiado el número de teléfono, y se ahoga en los recuerdos de aquellos tres días juntos que le cambiaron la vida. Ella jura y perjura antes la editorial y los medios de comunicación que la historia es real, que se trata de una vivencia propia. Hasta que un día… mejor lo leéis vosotros.

En mi opinión, “Mi color favorito es verte” fue una novela que me encantó, me enganchó con el particular estilo narrativo de Pilar Eyre. De “Nomeolvides” a lo mejor tenía las expectativas un poco altas, esperaba encontrarme con una novela que engancha, como la anterior, pero lo cierto es que el principio se me hizo ligeramente tedioso. No conseguía engancharme y he tenido incluso días que no me apetecía ponerme con ella en absoluto. Por fortuna, a partir de la mitad la cosa cambia y la lectura se hace más amena y engancha.

No sé si por deformación, porque ahora estoy en pleno proceso de revisión de mi propio escrito, pero me ha sorprendido la cantidad de laísmos presentes en el texto. Lo menos que espero de una novela es que al menos sea gramaticalmente correcta. Sin ánimo de ofender, a mí, en la vieja escuela, me enseñaron que complemento indirecto = le. Claro que también me ensañaron que las mayúsculas no se acentuaban (cosa que me ha costado bastante cambiar) y que Plutón era un planeta (y lo siento mucho pero si me pedís que recite los planetas siempre me saldrá Plutón). Así que es posible que haya cambios que desconozca al respecto…

En conjunto, una buena novela si consigues alcanzar el punto clave donde cambia el desarrollo. Pero recordad que todo esto sólo es una humilde opinión personal mía.

En cualquier caso, recomiendo su lectura, pero para los que no lo hayáis hecho, recordad comenzar por “Mi color favorito es verte”.

En definitiva, sí, recomiendo este libro.

Cerrado por “vacaciones”

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Queridos amigos

Estoy pensando que esta sección “Para vosotros” de los lunes, va a cerrar “por vacaciones” durante una temporada.

Porque sí ¡por fin he parido a mi chiquitín! Y ahora tengo que centrarme por completo en él. Revisiones, correcciones, diseño de portada, etc. Todo ello para que esté a punto para vosotros dentro de muy poquito.

Además, mañana me voy a pasar un par de días en un “hotelito” del norte de Madrid, ¡con pensión completa! Se llama La Paz y me han invitado a pasar un par de días con ellos para quitarme no sé qué movida que anda por ahí jodiendo… Pero sólo serán un par de días (o al menos eso espero), y luego volveré para volcarme en mi “pequeñín”.

Así que de momento, me despido de vosotros los lunes, aunque no os preocupéis que en cuanto esté listo el pequeñín volveré a daros la coña con él. Y con el siguiente proyecto que aún no tengo en mente pero que ya irá surgiendo, tiempo al tiempo.

Seguiré intentando animaros un poco con la sección de reseñas y, por supuesto, el relato del viernes. Así que no os alegréis tanto porque seguiré al pie del cañón. Si es que a pesada y cabezota no me gana nadie.

Y como estas tecnologías que disfrutamos hoy en día nos lo permiten, aunque esté de retiro en mi hotel, para el miércoles os tendré preparada una nueva reseña, por si os sirve de ayuda para animaros a leer.

Y con estas me despido de vosotros los lunes, pero cuidadito que cuando menos os lo esperéis volveré…

¡Feliz semana a todos! ¡Se os quiere!

 

El relato del viernes: “El campesino”

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¡Hola queridos amigos! Este viernes os traigo otro de mis relatos cortos, para animaros el fin de la semana. Pretende ser un homenaje a todas aquellas familias que pasaron los duros años de la posguerra trabajando de sol a sol para poder mantenerse. Sin más palabras, os dejo con él.

EL CAMPESINO

Por Ana Centellas. Agosto 2016

“Trabajaba en el campo de sol a sol. Tenía la piel curtida y las manos encallecidas del que trabaja duro con ellas. Apenas llegaba a los cuarenta años, pero su apariencia era la de una persona mucho mayor, forjada y esculpida en mil batallas de la dura vida a la que estaba acostumbrado.

Las largas jornadas apenas le dejaban ver a sus hijos, esas pequeñas criaturas que aún no eran conscientes del destino que les tenía deparada la vida. Pero les quería con toda su alma. Por eso faenaba tanto, para poder proveer a su familia del sustento diario, aunque el escaso jornal que recibía cada día apenas les daba para cubrir las necesidades más básicas.

Cada tarde, a la caída del sol, cuando terminaba derrengado del largo y duro día de labor, fuese verano o invierno, se arremangaba los pantalones y se adentraba en el río que transcurría cercano a su campo de trabajo, para intentar coger furtivamente un pez que llevarse al estómago durante la noche. Había días de suerte y lograba que un gran barbo no se escapase de sus manos, con sus maniobras escurridizas.

Entonces se dirigía a su casa, una maltrecha casita con un solo dormitorio donde le esperaban con anhelo su mujer y sus tres hijos.

Su mujer, aquella hermosa joven con la que se casó hacía años, se mostraba a sus treinta y cinco años demasiado ajada y con un cansancio permanente en su cara. Sobre todo en estos momentos, en los que su abultado vientre anunciaba la inminente llegada de su cuarto retoño. Otra boca más que alimentar, el jornal cada vez se quedaría más escaso.

Siempre que llegaba a casa repetía la misma rutina. Le daba un beso a su mujer, le acariciaba con cariño el vientre y le entregaba la pesca que sacaba de su viejo y desgastado zurrón de cuero, herencia de su padre. Ella lo cocinaba con amor, en el pequeño hornillo que tenían en la cocina. Con tanto amor que siempre intentaba darle un toque diferente añadiéndole las hierbas aromáticas que ella misma se encargaba de recoger en el campo.

Después saludaba a sus hijos. Los dos mayores, de trece y nueve años, le daban un cálido abrazo. Y su pequeña princesa de cinco años se aferraba a él como si fuese el rey del mundo y le daba un beso que le devolvía diez años de edad de golpe.

Cuando no había pesca, la cena siempre se limitaba a unas sopas de ajo que su mujer se esmeraba en preparar.

Cada noche miraba con ilusión a sus hijos, ajenos a la suerte que tenían de poder asistir a la escuela. Siempre los mismos libros, heredados de uno a otro, llenos de borrones. Por lo menos no serían analfabetos, como sus pobres padres. Con suerte, eso les aseguraría un futuro mejor, aunque tenía poca confianza en ello. Su miraba siempre terminaba centrándose en su hijo mayor, pronto terminaría la escuela y su destino sería faenar tanto como él. Al menos era joven y le resultaría menos duro, y la llegada de otro jornal a la casa se estaba convirtiendo en algo más que imprescindible.

A falta de cama, dormían todos juntos en el mismo jergón, amplio y siempre limpio gracias a la abnegada dedicación de su mujer. Se abrazaba a ella por las noches y siempre tenía el mismo sueño. Porque él soñaba. Soñaba con un futuro prometedor para sus hijos, viviendo en una gran ciudad, donde él tendría un trabajo bien remunerado y nunca les faltaría de nada.

Y mientras soñaba, la claridad del amanecer se adentraba por la ventana, mucho antes de la salida del sol, cantaba un gallo en las cercanías y se levantaba con costoso esfuerzo como cada día. Se aseaba, se afeitaba con una rancia cuchilla, volvía a ponerse sus raídas ropas de faena, tomaba un café de puchero con un pedazo de pan que amorosamente le preparaba ella, cargaba al hombro su querido zurrón, besaba a su mujer y acariciaba su vientre. Y volvía a marchar a los campos de labranza. Hasta que caía el sol.”

Espero con ilusión que os haya gustado. Que disfrutéis del fin de semana y nos vemos el lunes con un poquito más de mi. ¡Se os quiere!

Reseña: “El Método 15/33”

5. RESEÑA EL METODO 15-33

¡Buenos días a todos! La lectura que hoy os traigo se trata de una novela de suspense titulada “El método 15/33” de Shannon Kirk (Ed. B). Hacía tiempo que no leía una novela de estas características y la verdad es que me ha encantado. Os cuento un poco el contenido.


Una joven de dieciséis años embarazada es raptada cuando iba camino del instituto. Detrás de su apariencia de niña frágil, se encuentra una mente super desarrollada capaz de controlar sus emociones a la perfección, como si tuviese un interruptor en el cerebro con el que las pudiese encender y apagar. Durante los días que dura su cautiverio, va tramando un plan estratégicamente elaborado para escapar y vengarse de sus captores, basándose en la recopilación de recursos con los que cuenta, que va numerando en su mente, estudiando las rutinas de su captor y aprovechando al máximo la capacidad de cálculo de su cerebro, para poder huir sin que su hijo sufra ningún peligro. Pero el día D, a pesar de que su plan funcionó a la perfección, surgió un inconveniente que se escapó a su poderosa mente…


Paralelamente, dos agentes del FBI, el agente Roger Liu y su compañera Lola, van detallando las pistas que van encontrando para hallar el destino de la niña desaparecida. Ambos tienen en común una especie de poder, Roger tiene una vista de lince que nadie puede explicar y Lola un olfato super desarrollado. Pero cuando por fin consiguen dar con ella, se encuentran también con otra inesperada sorpresa…


Se trata de una novela narrada en primera persona por la niña secuestrada, diecisiete años después de aquellos sucesos, donde va explicando con frialdad todos los pasos que va dando. Igualmente el agente Roger también nos narra en primera persona todas las vivencias y las pistas que van siguiendo.

Perfectamente estructurada, y sin escatimar en detalles, es una novela que engancha de principio a fin, manteniendo la intriga hasta el final y al mismo tiempo con una lectura amena y entretenida.


Una novela que sin duda recomiendo para su lectura. A mí, personalmente, ya os he dicho que me ha encantado y me ha mantenido enganchada desde el principio al fin. Ojalá pueda llegar algún día a escribir algo así.


Sin más palabras por hoy, me despido hasta el viernes. Y recordad que ¡se os quiere!

¡Lunes de fiesta! Y yo de parto…

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¡Lunes de fiesta chicos! ¿A que molan estos lunes? Para los que estáis de vacaciones, probablemente sea un día más, pero para los que no lo estamos… para los que no lo estamos es una alegría, un merecido impás en la rutina. Yo odio los lunes, no sé si os lo he dicho alguna vez, pero así es, odio los lunes a más no poder. Incluso ahora que estoy de baja, que no de vacaciones, los sigo odiando. Y este lunes de fiesta es como una nota refrescante en la semana, que me permite “disfrutar” de toda la familia al completo durante un día más.


Pero aunque sea lunes, y aunque sea fiesta, pues aquí me tenéis otra vez dando por c…, perdón, quería decir trabajando para vosotros, que no os olvido nunca. Fabricando relatos para poder contaros, cuando me llega la inspiración. Porque eso sí, cuando una idea me ronda la mente, me ronda, me ronda, me ronda y tengo que plasmarla. Ya sean las cuatro de la mañana que de la tarde. Tengo que escribirla de inmediato. Esto se está convirtiendo en una verdadera pasión. También es verdad que por mucha inspiración que me venga, en esos malos momentos en que la opresión en el pecho se apodera de mí, soy incapaz de escribir nada. Me hastío, me agobio y no puedo hacer más. Es lo que hay.


Pero como yo he venido aquí a hablar de mi libro (porque yo he venido aquí a hablar de mi libro, oigan), os quiero contar un poquito de cómo va su trayectoria.


Digamos que ahora mismo estoy pariendoooooo, ay qué dolor, a mi primer pequeñín. De momento vamos por 217 páginas, un título definido (aunque en mi archivo sigue llamándose “Proyecto 1”, por si las moscas) y avanzando por el capítulo número 34. Presiento que ya está cerca el desenlace final, las musas han estado de mi parte los dos últimos días y ya estoy con contracciones… Quiero creer que al final tendrá más o menos los mismos capítulos que mi edad (cachis, ya me he ido de la lengua, ahora todos vais a saber los años que tengo). Capítulo arriba, capítulo abajo… Recuerdo que mi amiga Vane me hizo esa sugerencia, pero no ha sido deliberado, en serio.


Voy a tener que entrar ya en la fase de los pujos, para tener entre mis manos a mi primer pequeñín antes de dos semanas, porque luego tendré un breve periodo en que no podré estar con él.


Y la verdad que tener que ejercer de “escritora”, “editora”, “maquetadora”, “diseñadora”, mamá y “bloggera” (o cómo se diga) me está volviendo un poco loca. Más de lo habitual, así que temblad…


Dadme fuerzas, queridos amigos, porque las voy a necesitar. Ayudadme un poquito en este parto, que dicen que luego el segundo sale solo (jajajaja, permitidme que me ría, si eso fuese cierto no tendría yo mis dos cicatrices). En fin, sólo espero que sea una horita corta.


¡Feliz lunes festivo a todos! ¡Disfrutad del día! ¡Se os quiere!

El relato del viernes: “Para ti, que ya sabes quién eres”

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¡Feliz viernes a todos! Ya sé que todos estáis esperando el relato del viernes (jajajajaja). Hoy os traigo, a modo de relato, una carta. Una carta muy muy muy personal, para alguien muy muy muy especial: tú, que ya sabes quién eres. Os estaréis preguntando, ¿por qué hace esto? Pues es fácil, sentí la necesidad de hacerlo. Mi corazón pedía dar a conocer al mundo estas palabras, que no siempre se pronuncian, pero que están ahí, aunque yo tampoco soy muy dada a escatimar en muestras de cariño. Y como mi corazón me lo pedía, le he dado el gusto, ¡y que se entere el mundo entero! O por lo menos mis amigos de Facebook, jajajaja. Bueno, ya sabes, esto es para ti.

PARA TI, QUE YA SABES QUIÉN ERES

Por Ana Centellas, agosto 2016

“Adoro respirarte, compartir el aire que respiras, oxigenándonos mutuamente el uno al otro.

Adoro tu olor, acercar mi nariz a tu cuello y oler tu aroma, mientras te como a besos. Ese aroma natural, sin artificios, sin colonias, sin perfumes, que se cuela por mis fosas nasales invadiendo mi ser hasta llegar a ese pedacito de mi corazón que late sólo por ti. Y tengo que decir pedacito, porque ahora mi corazón está dividido en tres, pero el tuyo late con más fuerza.

Adoro acariciarte, recorrer tu cuerpo con suavidad con mis manos. Cerrar los ojos e intentar memorizar cada recoveco de ti, para poder sentirte cuando no estés conmigo.

Adoro besarte, unir suavemente nuestros labios y entrelazar nuestras lenguas, siempre ávidas de más. Y adoro tu sabor, dulce, exquisito, sublime. Mucho mejor que el mío, mezcla de cigarrillo y cenicero. Pero ya sabes que he prometido dejarlo, es el siguiente paso en mi lista de propósitos, y lo que prometo lo cumplo. Ten paciencia conmigo, por favor.

Adoro cuando me abrazas, sentir tus grandes brazos abarcar todo mi cuerpo, apoyar la cabeza en tu corazón y escuchar sus latidos, imaginando que también laten un poquito por mí. Es la música más bonita que jamás haya podido escuchar. Y adoro sentirme así de protegida por ti, porque en ese momento sé que nada ni nadie puede hacerme daño. Odio el momento en que el abrazo termina, bien podía ser eterno.

Adoro amarte, entrelazar nuestras piernas y nuestros brazos, en un baile de vueltas y cabellos despeinados. Adoro cuando por fin nos fundimos en una sola persona, como debería ser siempre, porque tú y yo no somos nosotros, somos uno solo.

Y te adoro a ti, simplemente por ser tú. Con tus tonterías y tus enfados. Con tus risas y tus gritos. Con tu paciencia infinita y tus momentos de desesperación. Te adoro porque eres tú, único, irreemplazable, el mejor padre, compañero, amigo, esposo y amante que jamás habría podido imaginar.

Sé que cuando leas esto te sonrojarás, y después me regañarás, pero me da igual, porque quiero que todo el mundo se entere. Que todo el mundo se entere de la orgullosa que me siento de la maravillosa persona que acompaña mi vida. Mi apoyo. Mi pilar.

Y, por supuesto, adoro el día que te conocí, haciendo gansadas, y pensé “qué majo es este chico”. Y adoro el día que me entregaste tu primera carta, cuando casi me sentí morir ante aquella declaración, leída con manos temblorosas en el baño de una discoteca. Porque me la diste y te fuiste, y yo no tuve el valor de ir en tu busca. Pero aquí estamos, y después de diecinueve años juntos, soportándonos, como tú siempre dices, todavía me sorprendo de la suerte que he tenido.

Y creo que yo nací con tres oportunidades de buena suerte. Esta fue la primera, las otras dos ya sabes cuáles son.

Te adoro, te quiero, te amo, te deseo. Teniéndote a ti, que eres toda mi vida, mi mundo siempre seguirá en pie.

Hasta el infinito y más allá, amor. FJD.”

Vale, ya lo sabéis, lo que me mantiene al pie del cañón día tras día, lo que me contiene en mis momentos de mayor desesperación, con una paciencia infinita. “Sin ti no soy nada, una gota de lluvia mojando mi cara…”

¡Que paséis un feliz fin de semana! ¡Hasta la semana que viene! ¡Se os quiere!

Reseña: Bajo el mismo cielo

4. RESEÑA BAJO EL MISMO CIELO
“Bajo el mismo cielo” – Diego Cuéllar

 

Hoy os traigo una lectura muy, muy especial: “Bajo el mismo cielo”, de Diego Cuéllar (Ed. Kolima). Esta ha sido mi lectura de la semana y me ha parecido casi de obligada lectura para todos.


En ella el autor nos narra en primera persona su experiencia real como padre de dos hijos, un niño y una niña, nacidos ambos con el síndrome X-frágil, la segunda causa de retraso mental más importante después del conocido síndrome de Down. Las características más definidas de este síndrome son la hiperactividad y déficit de atención, extrema timidez, conductas obsesivas y baja tolerancia a la frustración, que además se manifiesta de forma distinta en niños y niñas.

En una lectura amena y sobrecogedora, el autor narra las dificultades que tuvieron que pasar hasta lograr el diagnóstico adecuado, la falta de humanidad de los profesionales médicos en demasiadas ocaciones, la lucha que han mantenido por integrar a sus hijos en un entorno escolar adecuado, apostando por el modelo de escuela Waldorf. La lucha incluso con otros padres que consideraban que sus hijos eran una mala influencia para los suyos…


Una experiencia que les cambia el modo de percepción de la vida, de las personas, dándolo todo por sus hijos. Una mujer que deja una carrera profesional que adora por dedicarse por completo a sus hijos, su implicación en todo lo relacionado con sus necesidades. Incluso llegando a formar ellos mismos una escuela.


Todo ello mezclado con anotaciones personales del autor en un diario en el que escribía periódicamente, sobre todo durante sus viajes en avión por motivos laborales, donde nos cuenta sus reflexiones acerca de su entorno familiar y laboral. Incluso aportando pequeñas notas de humor en el proceso.


Una historia de superación, admirable, que denota el orgullo de unos padres por sus hijos, tal cual son, como debe ser. Cómo se llega a tener claro cuáles son tus prioridades en la vida, atravesando un duro camino.


Me quedo con una frase del libro que considero ejemplar: “Estoy cansado de oír hablar de discapacitados. No cejaré en mi empeño hasta que se elimine esa palabra y se hable de personas con necesidades especiales. Y punto.”


Tengo que agradecer a mi segunda madre, Isabel, que me hablase de este libro que no encontraba en las librerías. Y por haberme permitido leerlo antes que ella. Te quiero.


Desde aquí os animo a todos a su lectura, amena y profunda a la vez, sumamente íntima y personal, que cambia la manera de ver la vida, establecer prioridades y, sobre todo, eliminar absurdos prejuicios que por desgracia son tan comunes en la sociedad.


Totalmente recomendable. Muchas gracias a Diego Cuéllar por compartir con todos nosotros estas experiencias tan vitales.

Un poquito de mí

UN POQUITO DE MÍ

¡Buenos días amigos! Ya que llevamos varias semanas de andadura juntos, creo que ha llegado el momento de que os hable un poco de mí, en lo que a mis gustos literarios se refiere.

Que sepáis que soy una lectora avezada de libros desde mi niñez, hábito que bien me supo inculcar mi madre, aún cuando a ella jamás la llegué a ver con un libro entre las manos. Siempre me compraba libros de fábulas, creo que he leído todas las de Esopo, Samaniego, Iriarte… Y recuerdo bien leer esos preciados libros una y otra vez, historias con moraleja, siempre con una enseñanza distinta. Gracias mamá por el trabajo que hiciste conmigo, sé que desde el cielo siempre me estarás cuidando.

Nunca me he encasillado en ningún género de lectura, he leído de todo, o al menos de casi todo, sobre todo en aquella estupenda etapa estudiantil, cuando tenías tiempo más que de sobra para hacerlo, en especial en los largos trayectos en transporte público hasta la universidad. Esas visitas a la biblioteca a elegir el siguiente libro… Y durante las vacaciones, siempre me quedaba hasta altas horas de la madrugada incapaz de abandonar la lectura que me traía entre manos.

He leído todo lo que ha caído en mis manos de Miguel Delibes (mi preferido, sin duda, “El Camino”), de Pérez Galdós ( ya no recuero ladeo veces que habré podido releer “Misericordia”), José Saramago (espectaculares “Ensayo sobre la ceguera” y “La caverna”), Isabel Allende (creo que debo tener su bibliografía completa), Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez Reverte (mi preferida, sin duda, “La reina del sur”).


Como buena estudiante de economía, por supuesto no han faltado entre mis lecturas “El capital” de Karl Marx o “La riqueza de las naciones” de Adam Smith. Libros que ahora mismo se me antojan demasiado espesos pero que aún guardo con cariño en mi librería. Hace pocos días, trasteando en una feria de libros, estuve a punto de comprar un ejemplar del “Manifiesto del partido comunista”, pero al final me decidí por la lectura más filosófica de Khalil Gibran, que también recuerdo con mucho cariño de mi adolescencia.


En los últimos tiempos me dio por leer literatura romántica y erótica ( sí, lo reconozco, he leído la trilogía completa de Grey), aunque no es de mis preferidas, pero es amena y fácil de leer, te desestresa la mente con rapidez. En cualquier caso, no me perdería ningún libro de Megan Maxwell, Noelia Amarillo, Elisabeth Benavent o Noe Casado, escritoras españolas que me encantan. Quizá por ello la “novela” que estoy escribiendo ha tirado hacia el lado romántico…

Me entusiasman por ejemplo las novelas de terror, siendo Stephen King mi gran referencia (os recomiendo en particular “IT” e “Insomnia”). Seguidamente Mary Higgins Clark, aunque no con tanto entusiasmo.


Umberto Eco y su inmejorable “El péndulo de Foucault”. Ken Follet, por supuesto, “Los pilares de la tierra”, lectura obligada. Carlos Ruiz Zafón, “La sombra del viento” y “Marina”. Lucia Etxebarría. Ya sabéis la relación tan especial que tengo con El principito… No sé, podría daros tantos referentes…

Por mis manos han pasado cantidad de libros de multitud de disciplinas, en una inquietante necesidad de saber. Libros sobre Alzheimer, drogas, yoga… y hasta un manual de voleibol que vete tú a saber qué pasó por mi mente al comprarlo. Todos ellos perfectamente alineados y mezclados, sin orden ni concierto, en mi particular “biblioteca”. Hasta que los niños empezaron a meter la mano ahí… Os dejo la foto de uno de los estantes porque si viéseis el resto… El día menos pensado lo organizaré, lo prometo.


Lo único que nunca me ha llamado la atención es la poesía, no sé, quizá Becquer, Antonio Machado, García Lorca y poco más. Vaya usted a saber por qué.


Me encanta el olor de los libros, tanto los nuevos como los viejos. Para mí es un olor tan especial como el de la tierra mojada. Durante años he renegado de la lectura digital, pues siempre he pensado que el placer de pasar las páginas de un libro era insustituible. Y aunque lo sigo pensando, finalmente he sucumbido al infinito mundo del ebook, que te permite almacenar gran cantidad de libros en un solo dispositivo, con la comodidad de poderlos leer en cualquier momento sin tener que cargar con un libro encima. Aún así, sigo prefiriendo el papel, aunque reconozco que ya sólo compro en este formato los libros que sólo tienen edición impresa y algún que otro que se me ha antojado tenerlo en papel.

Bueno, creo que ya os he contado bastante por hoy. Y a vosotros, ¿qué literatura os interesa? ¿Cuál es ese libro que por más que releáis no os cansáis nunca de él?


¡Feliz semana para todos! ¡Se os quiere!