El relato del viernes: “El camino”

EL CAMINO.JPG

EL CAMINO

Se me antojaba largo, se me antojaba angosto. Decían que al final de aquel camino hallaría la sanación de mi alma herida en mil batallas. Pero aquel camino se me antojaba angosto.


Había comenzado amplio, soleado, con piso firme. Yo también lo había comenzado con paso firme, con mi gran mochila cargada de emociones a mi espalda. Pero a medida que avanzaba, aquel camino se iba estrechando, como si quisiera engullirme. Comencé a sentir un pánico irracional, ¿qué podía pasarme? Era sólo un camino como tantos otros, bordeado de alegres campos en primavera que ahora aparecían apagados y dorados por el intenso calor veraniego.


La mochila que llevaba colgada a la espalda cada vez se sentía más pesada. Me arrepentí una y otra vez por no haber metido una botellita de agua helada junto a mis emociones. Ese calor… El camino cada vez más angosto, menos firme, con más obstáculos y escarpado.


La luminosidad del principio había ido dando paso a una semi-oscuridad un tanto siniestra, un tanto lúgubre. Y a medida que avanzaba la oscuridad aumentaba el calor que arreciaba con fuerza. ¿Cómo iba aquel camino a llevarme a ningún tipo de sanación si amenazaba con devorarme en cualquier momento?


La pesadez de la mochila iba en aumento. Decidí parar a reposar sobre una roca que me miraba desde un lado del camino. Parecía estar diciéndome “siéntate”, como si yo misma me tratase de Alicia, pero en lugar de en el País de las Maravillas, me estuviese adentrando en el País de las Tinieblas. Mientras reposaba en aquella roca, mucho más cómoda de lo que me había parecido en un principio, me sentí como en un oasis, un remanso de paz en el angosto camino. Abrí la mochila y sentí la necesidad de aligerar su peso. No podría continuar mucho más allá por aquel tenebroso camino con tanto peso acumulado a las espaldas. Así que me liberé en primer lugar del escepticismo. Me habían dicho que aquel camino, por muy duro y siniestro que aparentase ser, me llevaría a la sanación de mi alma. ¿Por qué no habría de creerles? ¿Acaso tenían alguna razón para mentirme?


Reanudé mi camino ya sin el peso del escepticismo sobre mis hombros. Quizá fuese una ilusión mía, pero algo más adelante el camino parecía ensancharse un poco y un tenue rayo de luz parecía querer abrirse paso entre las tinieblas que me envolvían. Mi mochila, aún sensiblemente más ligera, seguía resultando una pesada carga para mí. Y el camino, a pesar de ser algo más amplio, seguía siendo lo suficientemente angosto y accidentado como para no agobiarme.


Una piedra puntiaguda que sobresalía en mitad del camino se interpuso ante mí. Tropecé y con ello caí al suelo sin poder evitarlo. La puntiaguda piedra me lastimó una rodilla. El dolor era profuso y agudo, y la piedra seguía allí, desafiante. Descargué mi ira sobre ella, maldita piedra interpuesta en mi camino para hacerme daño, pero sólo conseguí lastimarme también el pie, enfundado en mis sandalias de caminante. Me senté sobre el suelo, cerca de la dañina piedra, a recuperarme del dolor. La mochila seguía pesando sobre mi espalda, cual si estuviera rellena de plomo. Creo que iba entendiendo de qué se trataba todo aquello, así que traté de aligerar un poco más el peso de la misma. Extraje de ella la ira. ¿Acaso era culpable la piedra de estar allí, seguramente en el mismo lugar desde hacía años, y de que yo hubiese tropezado con ella? ¿Tenía yo derecho a tratarla de aquella manera?


Continúe mi camino con la mochila un poco más ligera pero aún con un peso considerable que me impedía continuar al ritmo que yo hubiese necesitado. El camino que se había ampliado un poco anteriormente, en el que incidían cada poco tiempo tenues rayos de sol, había comenzado a ser ligeramente menos escarpado. Podía sentir la mayor facilidad con la que podía avanzar, pero mi ritmo no era el deseado.


Eché un rápido vistazo hacia atrás, ya no quedaba rastro del pueblo desde el que había tomado aquel camino tan prometedor y que se había convertido para mí en una auténtica tortura. Miré a continuación de nuevo al frente, pero no conseguía vislumbrar nada, absolutamente nada, únicamente aquel camino que continuaba y continuaba delante de mí, hasta perderse en el horizonte.


Hice otro alto en el camino. Debía llevar ya horas caminando y no había conseguido nada, y lo peor, no sabría cuánto tendría que caminar más. La teoría que se estaba formando en mi mente apuntaba a ser cierta, así que me esforcé por hacer la prueba. Abrí la mochila con desgana, rebusqué entre mis emociones, esperando encontrar la botellita de agua que nunca llegué a echar, y cuando encontré la frustración la saqué de la mochila y la envié bien lejos de mí. El peso de la mochila se aligeró al menos en diez kilogramos de golpe.


Eché otra rápida ojeada hacia delante, el camino cada vez parecía menos siniestro, invitaba a caminar por él. Comencé a avistar de nuevo los dulces campos quemados por el sol del verano y pude distinguir claramente una bandada de pájaros que volaban libres sin ningún tipo de preocupación. Sentí envidia de ellos. Ellos podían volar y salir del angustioso camino. De repente pensé, ¿quién me dice a mí que esos pobres pajaritos son más felices que yo? ¿A lo mejor no tendrán también sus preocupaciones y sus miedos? Y si fuesen más felices que yo, entonces, ¿no debería alegrarme por ellos? Inmediatamente abrí la mochila y me desprendí de la envidia.


Al fin supe que mi teoría era cierta. Tendría que desprenderme de mis emociones para poder aligerar el equipaje y llegar al fin del camino, cada vez más amplio y luminoso. Pero, ¿de cuántas se trataba? Y sobre todo, ¿cuáles eran? Empecé a asfixiarme, me faltaba la respiración al ver que el camino se tornaba algo más angosto de nuevo. Sólo quería llegar al final lo antes posible. Era mi único objetivo. Ante la falta de aire que amenazaba con azotar fuertemente a mis débiles pulmones de fumadora, abrí rápidamente la mochila y busqué en su interior. Eché mano de la impaciencia y la arrojé en una cuneta. Poco a poco, con paciencia, fui capaz de ir recuperando la respiración.


Más sosegada, y con un peso mucho más liviano a la espalda, continué mi camino. Debía terminarlo para conseguir el objetivo que me había llevado hasta allí, hasta aquel recóndito lugar donde no tenía más compañía que yo misma. En ese momento, fue como mi pensamiento hubiese sido capaz de generar un espejismo, pero creí divisar en la distancia a otra persona recorriendo el mismo camino que yo. Aliviada ya del peso de la impaciencia, retomé mi camino con total tranquilidad, sin hacer ningún esfuerzo por intentar llegar hasta aquella persona que evidentemente iba a un paso bastante más lento que el mío, a juzgar por la forma en que me aproximaba a ella.


Conforme me iba acercando, pude distinguir su aspecto. Con el ceño fruncido y aspecto de matón con mil tatuajes recorriéndole el cuerpo, me observaba. Durante unos breves instantes, sentí miedo, lo reconozco. Sabía que no intentaría hacerme daño, pero su aspecto me inspiraba algún tipo de recelo. ¿Quizá me quitaría alguna de mis emociones tan cuidadosamente guardadas en la mochila? O lo que era peor, ¿intentaría cargarme con las suyas? Sus ojos me miraron fijamente, era evidente que su mochila pesaba bastante más que la mía, a saber qué guardaría allí dentro. Esa mirada se transformó en apenas segundos en una mirada que pedía ayuda. Me pidió agua para beber, le respondí que no tenía, y le ayudé durante un trecho a cargar con su mochila. Con las dos mochilas en mi espalda, el peso era significativo y yo casi no podía caminar, al igual que él. Me detuve y extraje de mi mochila los prejuicios y la intolerancia. Le devolví su mochila, le di un abrazo de ánimo y proseguí mi camino adelantándome a sus pasos.


Sentí que quedaba algo en mi interior que seguía obstaculizándome en mi avance. Quedaba en la mochila algún resquicio pesado que me impedía avanzar. Hice de nuevo un alto en el camino para reflexionar. Por más que pensaba y pensaba no lograba dar con ello. Rebusqué en mi mochila pero no lograba encontrar qué era aquel extraño peso que seguía presionando dentro. Fue entonces cuando, al mirar hacia el suelo, vi una piedra afilada, muy similar a aquella con la que había tropezado horas atrás. Había extraído la ira de mi mochila, pero noté algo extraño al recordar a mi piedra. Algo que seguía allí, impidiendo mi avance. ¿Acaso aunque calmé mi ira hacia ella aún la consideraba culpable de mi torpeza al caminar? Volví a buscar en la mochila. Esta vez no tardé en encontrar el rencor, ese que había estado ahí siempre oculto. Lo lancé bien lejos.


Como por arte de magia, mi mochila se volvió liviana. El camino se ensanchó hasta límites insospechados, iluminado por un gran sol que lanzaba destellos sobre los árboles del campo que me rodeaba. Tuve que frotarme los ojos para comprobar que no era un espejismo el oasis que tenía a escasos cien metros de mí. Juraría que hacía apenas unos instantes no estaba allí. Inicié mi camino hacia él, temiendo que se desvaneciese por el camino. Y efectivamente, parecía desvanecerse a medida que me acercaba.


No lo entendía, no me sentía frustrada por ello porque ya me había desprendido de mi frustración. No me sentía con rabia, ya que también me había desprendido de mi ira. Mi camino no era apresurado, ya que también me había desprendido de la impaciencia. Debía quedar algo que estaba haciendo desvanecerse mi oasis particular. Una lucecita se encendió en mi cabeza y volví a rebuscar en mi mochila. Allí estaban, bien escondiditos en un rincón en el lugar más recóndito de la mochila, mis miedos y mis temores. Los arrojé al suelo sin el menor atisbo de duda.

Y por fin, el oasis apareció resplandeciente ante mis ojos. A tan sólo un par de pasos. Bebí tranquilamente de sus agua, frescas y revitalizantes. A mi alrededor, un amplio campo cubierto de flores se extendía sin límites. Sorprendida y emocionada, revisé el contenido que tenía mi mochila.


Estaba repleta de emociones, pero era ligera como una pluma. Divisé el amor, la amistad, la sinceridad, la autoestima, el cariño, la bondad, la honestidad, la fidelidad, la confianza, y un sinfín de buenos valores más. ¡Las ganas de vivir! Con energías renovadas, me preparé para iniciar el camino de vuelta, dando un buen trago del agua fresca y clara del manantial.


Cuál fue mi sorpresa cuando nada más comenzar el camino de vuelta ya estaba al comienzo del mismo. El pueblo estaba allí, iluminado por los primeros rayos del sol, apenas unos minutos después de mi salida. Sólo podía sentir agradecimiento hacia aquellas personas que me habían animado a iniciar el camino, y fui en su busca para darles mi más sincero abrazo de cariño.


Había vuelto una nueva persona, una nueva persona que jamás dejaría de sonreír.

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos registrados.

el-adios-copyrighted

“A este lado del Estrecho” en Amazon

portada2

¡Hola a todos! Hacía tiempo que no hablaba con vosotros nada más que para publicar la reseña de los miércoles y el relato de los viernes, pero hoy tengo una novedad importante para mí: ¡Ya podéis encontrar mi primera novela, “A este lado del Estrecho”, en Amazon!. Desde hoy está disponible para todos vosotros en versión Kindle. Os paso el enlace para los que queráis echarle un vistazo:

https://www.amazon.es/este-lado-del-Estrecho-ebook/dp/B01M19CDDK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1475168588&sr=1-1&keywords=a+este+lado+del+estrecho

Os animo a todos a su lectura, y recordaros que también lo podéis encontrar como hasta ahora en La Casa de Libro, El Corte Inglés y Cegal. Os recuerdo los enlaces:

Casa del Libro:

http://www.casadellibro.com/ebook-a-este-lado-del-estrecho-ebook/9788483265833/3103656

El Corte Inglés:

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788483265833-a-este-lado-del-estrecho-ebook/

Cegal:

http://www.todostusebooks.com/ebook/a-este-lado-del-estrecho_E1000190259

No os entretengo más, únicamente animaros nuevamente a su lectura y por favor dejadme vuestras impresiones, ¡que es lo que más ilusión me hace!

Por supuesto, estoy fraguando un nuevo proyecto totalmente diferente, que aún está muy en pañales pero que ya os iré contando cómo va creciendo…

¡Se os quiere!

 

 

 

Reseña: “El asesino de Village Street”

11. RESEÑA EL ASESINO DE VILLAGE STREET.jpg

Esta semana continuamos la sesión de intriga iniciada la semana pasada, en esta ocasión con la novela “El asesino de Village Street” de Annabel Navarro.

Natalie Davis es una inexperta agente del FBI que es enviada de incógnito a un pequeño pueblecito para resolver el enigma de un asesino en serie. Tras pocos días después de su llegada, tiene lugar un nuevo asesinato y debe revelar al pueblo su identidad como agente del FBI e inmediatamente pone en marcha la investigación.

A Natalie le había costado bastante entrar a formar parte del FBI, sus resultados no habían sido muy buenos, y todo su interés se centraba en descubrir al autor de los crímenes antes de que llegase su equipo, con su jefe al mando.

A las pocas horas del primer asesinato del día, se produce la desaparición de la novia del chico asesinado, encontrada poco después sin apenas vida. Y cerca del mediodía se produce el tercer asesinato.

Prácticamente todos los habitantes del pueblo eran sospechosos y procede a tomarles declaración junto con el sheriff del pueblo. Mientras, su equipo ya se había puesto en marcha hacia Village Street para aportar refuerzos. Natalie va componiendo un puzzle con las pistas que va encontrando y con las declaraciones prestadas por los vecinos.

¿Conseguirá Natalie Davis identificar al asesino? Eso lo tendréis que averiguar por vosotros mismos.

En mi opinión se trata de una novela entretenida y ligera, de lectura fácil y lenguaje ameno, sin tener una extensión pronunciada. De hecho la trama es trepidante y, por otro lado, bien cuidada. En mi caso, me ha creado mucha confusión el número de personajes y gran dificultad para asociar los nombres, a pesar de que la autora los enumera al principio de la novela. Cuando hacía referencia a un personaje, tenía gran dificultad para identificar de quién estaba hablando. Por último, cabe destacar que el final es bastante previsible, ya que prácticamente desde el comienzo de la lectura puedes hacerte una idea de lo que va a ocurrir.

En cualquier caso, me parece una novela buenísima para una autora novel, como una servidora, y la experiencia seguro le proporcionará muy buena trayectoria porque el potencial es excelente.

Os animo a disfrutar de esta lectura, como siempre, y a que me deis vuestras impresiones.

Nos vemos el próximo miércoles con una nueva reseña, esta vez con un tipo de lectura radicalmente diferente, especialmente para mí por mi particular situación personal. Hasta aquí puedo leer…

El relato del viernes: “El adiós”

el-adios

EL ADIÓS

Siempre he odiado los tanatorios. ¿A vosotros no os pasa? Me parecen un sitio de reunión absurda de personas que en su mayoría van por compromiso a dar el pésame a los familiares de un fallecido. Reunión de personas que hace tiempo que no se ven, sólo en bodas, funerales y bautizos, gran tradición española. Y al final se convierten en un grupo de personas formando gran algarabía, contando anécdotas e incluso chistes en un tono de voz demasiado alto, sin mostrar respeto alguno por los verdaderos afectados por el duelo.

Siempre he pensado que el duelo ha de vivirse en soledad, sin cristales de por medio, que te permitan despedirte en condiciones de esa persona tan querida que, aunque nunca se vaya de tu corazón, la cruda realidad es que nunca más volverás a ver, abrazar, besar… Creo que es un momento demasiado íntimo para compartirlo con un montón de personas que en algunos casos ni siquiera conoces y se acercan a ti con cara de circunstancias para darte el pésame, cuando ni siquiera están seguros de estar dirigiéndose a la persona adecuada. Quizá se guíen por el tono rojo de los ojos del desafortunado de turno.

Recuerdo en particular un día en que yo estaba viviendo por dentro un duelo especialmente doloroso. Había caído en una especie de sopor profundo, supongo que debido al extremo cansancio de la dolorosa situación. Era perfectamente capaz de escuchar la algarabía a mi alrededor, voces de personas totalmente desconocidas para mí que conversaban a gritos, reían. Me molestaban en extremo, pero había algo que me impedía abrir los ojos para ir a pedir silencio.

En un momento de demasiada afluencia de “allegados”, el alboroto llegó a niveles demasiado molestos para el doloroso estado de mi corazón. Aún no había conseguido emitir ninguna lágrima, lo cual era extraño, porque yo siempre he sido sentimental en demasía y el dolor que sentía dentro de mí era demasiado intenso. Y ese sopor…

Abrí los ojos con esfuerzo, tuve que hacer un esfuerzo prácticamente sobrehumano para hacerlo. Lo primero que sentí al hacerlo fue miedo, lo reconozco, jamás imaginé encontrarme con lo que me encontré. Me encontraba tumbada en un pequeño cuarto, enclaustrada en un espacio demasiado reducido, y una mampara de cristal frente a mí me enseñaba mi propio reflejo. Fue entonces cuando lo comprendí. Ese extraño sopor que no me permitía abrir los ojos, ese duelo tan particularmente doloroso en mi interior, esa indignación tan grande con la gente poco respetuosa de fuera. Estaba asistiendo a mi propio funeral.

Me incorporé dentro de mi ataúd forrado de tul. Me sentí liviana como nunca en la vida. Cualquier sentimiento de opresión había desaparecido por completo. Menudo susto se van a llevar, pensé, cuando me vean levantarme de allí. Pero no vi ninguna reacción extraña en ellos. Mi familia seguía allí, cerca de mí, doloridos y agotados. El resto de la gente seguía con su cháchara como si nada.

Me levanté completamente y cuál fue mi sorpresa cuando vi a mi cuerpo inerte en el mismo lugar donde debía llevar horas. No conseguía recordar lo que había pasado. Sólo sabía que podía caminar y cuál fue mi sorpresa cuando conseguí atravesar la mampara de cristal con absoluta facilidad.

Caminé entre la gente, acariciando a mis seres queridos y haciéndoles muecas de burla a los demás. Era gracioso, no podían verme y yo podía hacer lo que quisiera. Entonces recordé el motivo por el que me había levantado de allí. Grité con todas mis fuerzas, aún a sabiendas de que nadie podría escucharme. “¡Podéis marcharos todos de aquí! ¿Se puede saber qué coño estáis haciendo? ¡Ninguno de vosotros me ha demostrado ningún afecto en vida y ahora os creéis con derecho de venir aquí a llorar mi muerte? ¡¡¡Fuera!!!”

Nunca imaginé el efecto que pudieron tener mis palabras. La gente allí reunida se calló de inmediato. Yo les veía divertida mientras se les erizaba el vello y poco a poco fueron despidiéndose del lugar. Cuando me aseguré de que sólo quedaban las personas realmente importantes, respiré tranquila. Uno a uno les fui recorriendo, acariciando y hablándoles al oído. “No llores por mí. Estaré bien y estaré contigo para siempre, cuidándote y protegiéndote. Te quiero.” Vi cómo también se les ponía la piel de gallina a mi paso, pero ninguno abandonó el lugar. Al contrario, vi cómo les comenzaba a inundar la paz y eran plenamente conscientes de que yo estaba allí, con ellos, consolándoles con mi particular estilo. Vi resbalar alguna lágrima, pero la paz dominaba el ambiente.

Una vez me hube asegurado de que todos ellos, los importantes, estuviesen tranquilos. Me dirigí otra vez hacia el sitio en el que se suponía debía estar. Todos se dejaron caer en un sueño tranquilo y yo, por última vez, me introduje en sus sueños, para darles mi último adiós. Un hasta siempre eterno. Un te quiero incombustible. Un gracias por todo realmente sentido. Volví a mi posición y al poco tiempo me sentí volar, volar por fin hacia la libertad. Ya podía marchar tranquila, sabiendo que mis seres queridos, los importantes, habían recibido mi mensaje y quedaban para siempre bajo mi protección.

No pude evitar hacer una de las mías antes de dejarme ir. Imagino la sonrisa de mi familia cuando viese escrito en la vitrina, con mi color de lápiz de labios preferido, “Hasta siempre. Os quiero. Os esperaré toda la eternidad, pero no tengáis prisa por llegar”.

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos registrados.

el-adios-copyrighted

Reseña: “Siete libros para Eva”

10. RESEÑA SIETE LIBROS PARA EVA.jpg

Como cada miércoles, os traigo mi lectura de la semana. La semana pasada os traje un libro de romántica, pero esta semana cambiamos totalmente de temática y os voy a recomendar un libro de intriga estupendo, “Siete libros para Eva” de Roberto Martínez Guzmán.

La acción transcurre entre un pequeño pueblecito de A Coruña y Santiago, donde la hija del alcalde del pueblo reside durante sus estudios. Un día amanece con la noticia de la desaparición de Eva la noche anterior. Los medios de comunicación se hacen inmediatamente eco del asunto. El secuestro de Eva está en boca de todo el mundo en el pueblo y la familia decide dejar a Vicky, la hermana mayor de Eva, en Santiago, como portavoz oficial de la familia. El padre, un auténtico déspota cuyo único interés es la alcaldía, continúa con su trabajo en el ayuntamiento con total normalidad, incluso intentando jugar con la desaparición de su hija en su favor político. Mientras, su madre queda triste y abatida dentro de la casa familiar, siempre pendiente del teléfono ansiando escuchar la llamada diaria de Vicky con las novedades acerca del caso.

Mientras, Eva permanece secuestrada en un zulo durante dos semanas, en las que su secuestrador se encarga de llevarle alimento y ropa limpia cada día, además de un libro escogido especialmente para ella. Eva se extrañaba del comportamiento tan cuidadoso de su secuestrador, que le había prometido salir con vida al cabo de dos semanas si se portaba bien. En total fueron siete los libros que Eva tuvo la oportunidad de leer durante su secuestro.

Una excelente obra del autor, con una trama milimétricamente formada y narrativa cercana, que te engancha desde el principio hasta el final. Sorprendente, por cierto. Entremezclando capítulos del cautiverio de Eva con otros de la familia y la vida que continuaba fuera,  el autor deja al descubierto grandes verdades del panorama político español.

Personalmente, he marcado muchos pasajes que me han impresionado bastante del texto, os dejo algunos de ellos:

“Piensa que el tiempo que dedicas a leer un libro nunca es tiempo perdido. Y mucho menos infeliz.”

“La política es el arte de conseguir que la gente vote lo que nosotros queremos creyendo que eligen libremente.”

“En esta vida, observar es saber que la felicidad nos está esperando todos los días a la vuelta de la esquina, y decisión es que nos atrevamos a doblarla.”

“En este mundo hay dos clases de personas, las buenas y las que se creen que lo son, y sospecho que aquí abundan más las segundas. Líbreme Dios de estar al alcance de la gente buena e inofensiva, porque a la mala ya la esquivo yo, que esa avisa.”

“¿Por qué me traes libros? ¿No sabes que un libro es la mayor arma de insumisión del mundo?”

Podría seguir con muchos más, pero mejor que los descubráis vosotros.

Mi más sincera enhorabuena a Roberto Martínez Guzmán por haber creado de manera tan excelente este texto de intriga. Sin ninguna duda, recomiendo este libro.

El relato del viernes: “La sirena”

la-sirena

LA SIRENA

Cada amanecer, a la misma hora, antes de que el sol hubiese terminado de salir, en esa penumbra maravillosa que anuncia que un nuevo día está a punto de comenzar, ella se adentraba despacio en el mar, con su sobrio bañador negro de natación.

Iba caminando con lentitud y parsimonia, cada vez más adentro, acariciando el agua con las yemas de los dedos. Y seguía caminando mientras el agua le iba cubriendo por completo.

La primera mañana que le vi, desde la terraza de mi apartamento en primera línea de playa, el corazón se me paró durante unos instantes. Se había introducido en el agua caminando y llevaba ya varios segundos sin ver el menor rastro de ella. El mar estaba en calma, sin el menor signo de movimiento. Lo primero que me vino a la cabeza fue bajar corriendo a socorrerle, esa chica estaba a punto de cometer una locura.

Pero unos segundos más tarde le vi aparecer en la lejanía, casi cercana a las boyas que delimitaban la costa. Casi estoy seguro de que desde aquella lejanía, en el silencio de la mañana, pudo escuchar perfectamente mi suspiro de alivio. Ganó mi interés de inmediato, me quedé observándole durante un buen rato. Nadaba hasta la orilla, en un estilo casi perfecto, y se dejaba arrastrar por las olas hasta llegar a la arena con los brazos estirados y las piernas muy juntas. Volvía a introducirse en el agua caminando y repetía el recorrido una y otra vez. Hasta que al fin despuntó el sol sobre la montaña, recogió sus cosas y se fue, tranquila, elegante, emanando una paz interior que en aquellos momentos despertó incluso envidia dentro de mí.

Aquella noche no pude dormir pensando en la misteriosa muchacha. Me levanté muy temprano, en casa nadie se enteró de nada, estaban todos sumidos en ese sueño profundo y tranquilo que provocan las vacaciones. Aún era de noche cuando llegué a la playa. Me senté sobre una roca que había justo enfrente de mi terraza, frente al punto exacto donde le había visto el día anterior.

Apenas apareció la primera claridad del día, le vi llegar. Caminaba con la misma lentitud con que le vi adentrarse en el mar el día anterior, mojando sus pies en el agua de la orilla. No se percató de mi presencia, eso creo, y si lo hizo, no le importó lo más mínimo. Repitió exactamente el mismo proceso del día anterior. Al despuntar el sol, recogió sus cosas y se marchó con la misma solemnidad con la que había llegado.

Cuando regresé a mi apartamento, toda la familia seguía durmiendo. Probablemente lo seguirían haciendo durante un par de horas más. Me tumbé en la cama y el cansancio de la noche pasada en vela me hizo dormir. Y soñé con sirenas varadas en la orilla.

El resto de mis vacaciones siguieron con la misma rutina. Mi sueño era intranquilo, apenas un par de horas, y antes del amanecer ya estaba sentado en la misma roca esperando a mi sirena. Ella llegaba, con su andar elegante y parsimonioso, se adentraba en el mar caminando con calma hasta sumergirse y salía a la superficie a la altura de las boyas, desde donde regresaba nadando hasta llegar a quedar varada en la orilla. En ningún momento pude escuchar sonido alguno, la quietud del mar era insondable mientras la sirena se desplazaba con agilidad dentro de las calmadas aguas. Ni una onda se formaba en el agua a su paso. Al salir el sol, recogía nuevamente sus cosas y marchaba dejando conmigo la paz que emanaba y un vacío insoportable dentro de mi pecho.

El último día de mis vacaciones, repetí la misma operación, pero en aquella ocasión me atreví a dejar mi segura roca atrás para sentarme en la orilla en el punto exacto en el que sabía que ella quedaría varada. No recuerdo el tiempo que estuve esperando, hasta que finalmente le vi llegar con su alto porte habitual. “Buenos días, compañero”, me dijo al llegar aquella mañana. Mis labios paralizados fueron incapaces de devolverle una respuesta, lo único que conseguí fue realizar un leve asentimiento con la cabeza a modo de reverencia.

Ella siguió el proceso de costumbre, yo observándole con fijeza para no perder ningún detalle del último día que podría disfrutar de su serenidad. De pronto, ocurrió algo diferente al resto de los días. En lugar de la tranquilidad habitual, pude escuchar en la lejanía un pequeño chapoteo. Agudicé la vista en busca del lugar de donde provenía el sonido, y la magia inundó mi corazón al ver asomar durante tan sólo un instante, una preciosa cola de pez que desprendía brillos de mil colores. Rápidamente todo volvió a la quietud habitual, y mi sirena emergió de las aguas hasta llegar nadando y quedar varada a mis pies.

Justo en ese momento, el sol asomó por encima de la montaña. Creí ver un guiño en sus ojos, mientras recogía sus cosas y se marchaba por el mismo lugar por donde había venido, emanando su paz interior a muchos metros de distancia.

Comprendí en aquel momento el grandioso regalo que me había hecho, de manera altruista y demostrando una confianza en mí que no había sentido nunca hasta ese momento. Ella lo sabía, sabía que creía en ella, sabía que estaba hechizado bajo su embrujo y sabía que no nos volveríamos a ver.

Aquella mañana me quedé allí sentado en la playa, con la vista bien fija en el mar y en el horizonte. Los turistas comenzaron a llegar a escasas horas y comprendí que era el momento de regresar a casa. Con un poco de suerte quizá no se hubiese despertado nadie aún.

Aquella imagen de mi sirena me acompañó durante mucho tiempo. Ha habido momentos en los que he dudado de si aquello que había vivido era real o simplemente todo había sido un maravilloso sueño. Pero en esos momentos de duda, cuando estoy durmiendo, mi sirena viene a mis sueños y me habla: “No te olvides de mí, por favor, no dudes de mi existencia, eres de los pocos privilegiados que han tenido la suerte de contemplarme, tú fuiste elegido por mí, porque sabía que creerías en mí.

Entonces voy a mi cartera, rebusco entre las decenas de papeles acumulados y contemplo la maravillosa escama que se desprendió de su cuerpo aquel último día al salir del agua y despedirse de mí para siempre. Aún guarda el mismo brillo mágico del primer día y resplandece cual arco iris tras la tormenta. Entonces recupero mi paz interior, esa que ella misma me regaló durante todos aquellos días de complicidad, y me siento el hombre más tranquilo y feliz sobre la faz de la tierra. Porque soy un privilegiado.

Quién sabe, quizá algún día vuelva a encontrarme con mi querida sirena, y me adentre con ella hasta las profundidades del mar.

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos reservados.

VERSATILE BLOGGER AWARD

1. Agradecer a la persona que te ha nominado.

2. Nominar a blogs excelentes que recientemente has descubierto o lees regularmente.


En primer lugar, agradecer a Buscando a Casiopea por su nominación. Ha sido algo totalmente inesperado para mí, que soy nueva en esto, y la ilusión que me ha hecho ha sido tremenda. ¡Muchísimas gracias! ¡Ni te imaginas lo que esto significa para mí!

En estos últimos meses mi vida está dando un giro radical, encontrando viejas pasiones que nunca me había atrevido a realizar, y aquí me tenéis, principiante total en esto de los blogs, intentado ofreceros lo mejor que puedo de mí a través de reseñas, relatos… que espero que os gusten porque la ilusión que he puesto en ellas ha sido grandísima. También me he adentrado en el apasionante mundo de la escritura, que era mi sueño de niña, y llevo mi primera “novela”, el principio de una larga serie que espero que gusten, pero que escribo simplemente por el placer de crear mundos paralelos a mi antojo.

Ahora sí, me dejo de divagaciones, que si no, no paro, y aquí van mis nominaciones:

Tikka Tomba

La lagartija, el blog de Luis Juli Aydillo

El Escritorio Mágico

misskudach

Hellen Cauldron

La caricia del gato negro

La nación de las bestias

No están todos los que son, ni tampoco son todos los que están, pero en principio me quedo con ellos.

¡Besitos para todos!