Reseña: “La tierra de las mujeres”


Hoy os traigo una lectura que me ha impactado. He de decir que me ha costado terminarla para poder publicar esta reseña para vosotros este miércoles, debido a su extensión, 547 páginas que he devorado en tan sólo una semana, quehaceres aparte que dificultan y merman el tiempo de lectura. Así que aquí me tenéis, martes de madrugada, intentando escribir esta humilde reseña cuando hace apenas unos minutos que he terminado su lectura, con lágrimas en los ojos porque llegaba a su fin. Cuán difícil resulta despedirse de esos personajes con los que has convivido durante días y con los que has compartido tantas sensaciones. Son pocos los libros que consiguen despertar en mí un sentimiento tan intensamente doloroso, y éste ha sido uno de ellos.

Se trata de “La tierra de las mujeres”, de Sandra Barneda (Ed. Penguin Random House). Sin duda os recomiendo su lectura, en mí ha despertado muchos sentimientos y me ha llevado a plantearme nuevamente mi vida. ¿Estoy ensalzando realmente los valores que lo merecen? A mí me ha dado mucho que reflexionar. Y creo que seguiré reflexionando durante bastante tiempo. ¿Quién sabe? A lo mejor a vosotros no os despierta las mismas sensaciones…

Ahí va la sinopsis.

Gala, norteamericana y residente en Nueva York, hija de padre español y madre norteamericana de familia acaudalada y de prestigio, recibe una llamada de España donde le comunican el fallecimiento y la consiguiente herencia de una tía abuela suya de la que desconocía su existencia. La muerte prematura de su padre cuando ella contaba con escasamente cinco años de edad, llevó a su madre a hacer desaparecer cualquier tipo de recuerdo de él y de su tierra, en un vano intento por hacer desaparecer el dolor.

Gala tiene una corazonada y decide emprender viaje junto con sus dos hijas a La Muga, un pequeño pueblecito de la comarca del Ampurdán, para la lectura del testamento de su tía abuela. Viaje que emprendió a costa del rechazo de su marido, un importante cirujano plástico que le engañaba continuamente con otras mujeres y que ella había aceptado como parte normal de su vida.

Cuando las tres chicas llegaron a La Muga, encontraron un viejo pueblecito lleno de ancianas. La lectura del testamento le dejaba la casa y la mitad de un negocio de restauración de antigüedades que regentaba su tía abuela junto con otro socio.

Para poder optar a ser heredera universal, debía localizar al autor de un cuadro llamado “La mar”. Para ella, aquello le parecía una broma del destino y sólo quería vender parte del negocio y la casa para volver cuanto antes a Nueva York.

Pero revolviendo en el desván de aquella desvencijada casa, encontró un diario que su tía abuela le escribió dirigida a ella y en la que desvelaba muchos de los secretos que escondía su familia y uno especialmente revelador para ella que le hizo tomar las cosas desde otra perspectiva y generar una gran animadversión hacia su madre, que le había ocultado el secreto, a lo que se unía la falta de cariño que había recibido de su parte cuando era pequeña.

Junto a las ancianas de aquel pueblo, la vida cambiaría radicalmente para Gala y sus dos hijas, e inclusive para la madre de Gala. El final, excepcional.

Una novela impactante, donde se recuerdan los valores tan importantes de la familia, las raíces de cada uno y el amor y devoción hacia ellas. El saber olvidar y perdonar viejas rencillas y rencores que no alimentan el corazón.

Ni qué decir tiene que la narrativa es excelente, la historia preciosa y sobrecogedora en ocasiones, susceptible también de despertar alguna que otra lagrimilla, y donde también se ensalza el valor del amor en las diferentes épocas de la vida. La autora ha sabido transportar al lector perfectamente al lugar donde se desarrolla la historia, y puedes llegar a sentir la vibración de la madre tierra hablándote, vivir las emociones de los protagonistas como propias, e incluso sentir el frío de la tramontana llevándose los pesares.

Me quedo con una frase del libro que es la que más ha llamado mi atención: “Cuando el mundo te obligue a contar hacia atrás, lo importante es que tú no te descuentes y sigas para adelante. ¡Ya cambiarán de idea!”

Sin duda alguna, os recomiendo su lectura. Ya os he dicho que a mí me ha llegado al fondo del corazón y es una novela que leería y releería una y otra vez.

Desde aquí mi más sincera enhorabuena a Sandra Barneda y muchísimas gracias por compartir su obra con nosotros.

No quería despedirme de vosotros sin mostrar mi más sincero agradecimiento a mi cuñada, SDM, por este regalazo. ¡TE QUIERO! Y punto.

El relato del viernes: “Añoranza”

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AÑORANZA

Os echo de menos. No os podéis imaginar hasta qué punto os echo de menos.

Y la cuestión es que os veo, aquí a mi lado, siempre tan felices. Con esas sonrisas tan preciosas, tan inocentes, rebosantes de alegría. Os veo lanzaros a la piscina y reír y jugar. Y os echo de menos.

Porque soy yo la que está a mil kilómetros de aquí, en un lugar donde no hay risas, ni juegos ni el más mínimo rastro de alegría. Presenta y ausente a la vez. Paradojas de la vida.

Y siento añoranza de esos tiempos en los que estaba aquí, junto a vosotros, en todo momento. Y reíamos y jugábamos juntos, y nos tirábamos por el suelo muertos de risa, sin importar la hora, si llovía o hacía sol.

Y sólo puedo pediros perdón. Perdón por no estar aquí, por mis ausencias, mi falta de sonrisas, mi apatía. Perdón por vivir en mi mundo, donde siempre está lloviendo, donde nunca brilla el sol, por mucho que intente encontrarlo entre los nubarrones.

Y aún así, vosotros seguís viniendo a buscar mi cuerpo presente, y me dais unos abrazos que me llegan al alma, y unos besos que me deshacen en pedazos. Y cuando me decís te quiero, una pequeña parte de mi vuelve a estar con vosotros, y se aferra a ese momento en un vano intento por hacerlo interminable.

Os echo de menos. ¿Cómo explicarlo? Tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. Pero como una persona muy sabia dijo alguna vez, Khalil Gibran creo que se llamaba, por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Y cuando mi rayito de sol aparezca entre las nubes, cuando incida de forma directa en mi cara y consiga rescatar de mi interior la sonrisa que aún guardo escondida, en ese momento, nunca más podré echaros de menos. Porque volveré a estar aquí, por y para vosotros, como siempre y para siempre.

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos registrados.