El reto: “La princesa guerrera”

 

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EL RETO

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LA PRINCESA GUERRERA

Llegaste a mi vida para cargarme de ilusiones, con tu palabrería barata y tus buenas maneras. Y yo, ingenua de mí, te creí. Llegaste un catorce de febrero, bonita fecha, que irónica es la vida. Nada en aquellos momentos hacía presagiar lo que más adelante acontecería, y mi vida se llenó de ilusión, de ganas, de iniciativa. Porque, ¿por qué no habría yo de creerte? Siempre he pecado de ingenua, nunca he querido hacer ningún mal a nadie, y quizá por eso peco en exceso de creer que nadie me lo querrá hacer a mí.

Te entregué por completo mi confianza, mis ilusiones, mis ganas de comerme el mundo. Y al principio todo fue muy bonito. Compartimos momentos de complicidad donde te sentabas a mi lado y me ayudabas a seguir adelante cuando yo creía que nunca podría hacerlo.

Apenas tardé un mes en darme cuenta de que las cosas no eran tan bonitas como me las habías pintado. Ya ves, puedo llegar a ser muy ingenua pero no soy tonta. Y en tan corto espacio de tiempo, ya me encontré en un callejón sin salida, sin retorno y sin capacidad de huir.

Pusiste mi vida patas arriba, cuántas humillaciones, cuántos gritos tuve que soportar, cuántas ganas de poner fin a esa interminable tortura. Y aún no entiendo bien el por qué, pero yo me deshacía por complacerte. Por hacer que te sintieras con derecho a mi dignidad. Entonces regresaba la complicidad, las buenas palabras, la amistad incuestionable.

Y yo, tonta de mí, volvía a caer en la trampa. Una y otra y otra vez. Y cuando ya te había entregado completamente mi confianza de nuevo, mi esfuerzo sobrehumano, sobrevenían de nuevo como por sorpresa tus ataques de ira.

Gracias a ti conocí un sentimiento que hasta entonces había sido un gran desconocido para mí: el odio. Nunca había sentido odio hacia nadie, jamás había odiado a una persona hasta el punto de desearle lo peor. Y tú lo conseguiste, con tu gran empeño lo conseguiste. No me siento orgullosa de ello. Pero al igual que te odiaba con todos los poros de mi piel, seguía esforzándome por ti, por llegar a ser merecedora de tu orgullo. Quería que me vieras como a una princesa, como a una princesa guerrera que lucha contra viento y marea por conseguir algo que cada vez queda más lejano.

A día de hoy pienso en el síndrome de Estocolmo y me siento completamente identificada por él. El de la princesa que se enamora de su captor que le mantiene encerrada en la más alta torre de un gran castillo.  Pero eso sólo el tiempo y la distancia me han permitido verlo.

Durante cinco largos años permanecí ciega, pensando que no era digna de ti, por no cumplir mi desempeño con la rigurosidad que tú esperabas por mucho esfuerzo que derramase. Porque derramé mucho esfuerzo, sí, pero también muchas lágrimas se perdieron por el camino, mucho tiempo desperdiciado en una relación que era un auténtico sinsentido.

Por ti descuidé lo que más quería, olvidé mis prioridades y te antepuse a todo, y ni aún así conseguí ser merecedora de tu respeto. Me llevaste hasta el fondo, empujándome lentamente con tus manos. Me dejaste anulada totalmente, pequeña y dulce princesa asustada, indecisa, cargada de miedos e inseguridades, y con altas dosis de ansiedad. Hasta que el odio y el rencor dieron paso al temor. Y mi dignidad quedó perdida por el camino. Igual que mis ilusiones, igual que mis ganas de vivir.

Ahora que he tocado fondo, ahora que me he hundido en el pozo más profundo y oscuro que jamás hubiese logrado imaginar, sin ver la posibilidad de salir de él, por ti me pongo por última vez mi vestido de princesa guerrera y me dejo sumergir en las calmadas aguas del estanque, de las que sé que no podré volver a salir. Libre de odios, libre de rencores. Siento ya mis pies humedecidos, libres por fin de las ataduras de los tacones. Siento cómo las frías y tranquilas aguas acarician mis piernas desnudas. Sólo tengo que dejar deslizar mi cuerpo un poco más para alcanzar la paz tan ansiada por mi alma. Y lo voy haciendo poco a poco, dejándome llevar por el éxtasis que me produce saber que nunca más esta princesa, en su día guerrera, volverá a ser humillada.

Y tú seguirás viviendo tu vida de cuento, buscando más princesas a las que manipular, sabiendo que conmigo conseguiste cumplir con tu cometido.

Ana Centellas. Octubre 2016. Derechos registrados.

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13 comentarios en “El reto: “La princesa guerrera”

  1. Expresivo e intenso, duro y realista. Me ha gustado mucho y por eso te digo esto: ¡No dejes que termine aquí!

    Esa paz y esa libertad no son más que una quimera, una huida hacia ninguna parte. La muerte solo es una derrota más. Yo creo que hay que devolver un poco de equilibrio al universo, y creo que deberías sacar a esa princesa del agua antes de que se ahogue y hacer que sea de nuevo guerrera, que luche y que salga adelante.

    Ana, no me lo tomes a mal ¡no es una crítica! Es solo una idea para la segunda parte: Sálvala, merece otro final.

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      1. Solo trataba de darte una idea y estimularte, nunca de generarte una inquietud ¡Con todas las que ya tenemos todos!

        Pero es bueno almacenar ideas. En cualquier oficio existe siempre esa cajita de retales o trocitos de madera o recortes o sobrantes, donde guardamos todo lo que no nos sirve hoy pero se puede necesitar más adelante. Yo personalmente soy una hormiguita, ¡nunca tiro nada!

        Y muchas veces está ahí el germen de una nueva creación, porque hasta los materiales más nobles pueden necesitar su tiempo de maducración.

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