CUENTO DE HALLOWEEN

 

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El pasado viernes tuve la suerte de poder participar en la clase de mi hijo pequeño en 1º de primaria, en el taller que habían preparado para Halloween. Allí estaban todos los peques, con sus disfraces y yo, ni corta ni perezosa, que la vergüenza hace ya tiempo que la perdí, disfrazada de Maléfica (con lo buena que yo soy, ejem), tuve el placer de poder relatarles este pequeño cuento que escribí para ellos.

Tengo que agradecer la ayuda desinteresadamente ofrecida por mi gran amigo Fran Rubio Varela, que me prestó su conjuro para la ocasión, aunque al final lo reduje y lo modifiqué de tal modo que poco quedó de él. Siento el sacrilegio Fran, pero es que era para niños de seis añitos…

Fue un momento estupendo y una de las mejores experiencias que he tenido el placer de vivir, así que me gustaría compartirlo con vosotros. Espero que os guste. Aviso que no es para nada terrorífico, que no era plan de traumatizar a ningún peque…

¡Que paséis una terrorífica noche de Halloween!

CUENTO DE HALLOWEEN

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos, muchísimos años, antes incluso de que yo naciera, imaginaros, en un pequeño pueblo americano, los muertos que yacían tranquilos en sus tumbas, estaban tan tan taaaaan aburridos que decidieron salir una noche a buscar un poco de diversión. Así que entre todos decidieron que la noche del treinta y uno de octubre, cada uno se pondría sus mejores galas de zombie y saldrían a asustar a la gente del pueblo.

Cuando la gente vio llegar a todos aquellos monstruos, taaaaaan horrorosos, huyeron despavoridos y el terror se apoderó de ellos. En el pueblo reinaba el caos, la gente corría de un lado a otro huyendo de los zombies. Los muertos se lo estaban pasando de miedo.

Pero lo que los habitantes del pueblo no sabían era que esos monstruos tenían una debilidad, un punto débil. ¿Sabéis cuál era? Los caramelos. Un niño bastante atrevido, que no les tenía miedo, se acercó a uno de los zombies y le ofreció una piruleta. Él no lo sabía, pero eso hizo que todos los zombies corriesen hacia él a por más chucherías. Les repartió a todos, y los muertos volvieron felices a sus tumbas.

Al año siguiente, el treinta y uno de octubre, los zombies salieron a por más caramelos. Pero ¿sabéis lo que se encontraron? Que todos los habitantes del pueblo se habían disfrazado como ellos e iban repartiéndose caramelos los unos a los otros.

Habían adornado todo el pueblo con calabazas, esqueletos… todo lo que se les había ocurrido. Y cuando llegaron los zombies, recogieron tantos caramelos que volvieron a sus tumbas y nunca más volvieron a salir.

Por eso desde entonces, cada treinta y uno de octubre, todos los habitantes del pueblo y de los pueblos de alrededor, y de toda América y hasta de Europa, y por supuesto de España, siguen disfrazándose de monstruos y repartiendo caramelos para celebrar que habían conseguido que los muertos volvieran a sus tumbas para siempre.

Y, por si acaso, inventaron un conjuro para que no volviesen a salir. ¿Lo conocéis?

“Noche de Halloween,

terrorífica y valiente,

tranquiliza a los zombies,

y que en mi casa sólo lo bueno entre.”

 

Ana Centellas. Octubre 2016.

Os dejo una fotito de una tarde muy especial con mi brujita preferida:


¡¡Espero que os haya gustado!!

Os veo el miércoles con una nueva reseña. ¡Besos terroríficos!

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2 comentarios en “CUENTO DE HALLOWEEN

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