Reto de las tres frases: día 3

Bueno, pues este reto llega a su fin por mi parte. Ha sido todo un placer compartir con vosotros estas tres frases que inspiran o han inspirado algún momento de mi vida. Bueno, la tercera aún no la conocéis pero seguro que más de uno se podrá imaginar…

Por mi parte, decir que ha sido una experiencia totalmente enriquecedora, saber lo que te motiva o no en cada momento, conocer a gente estupenda de otros blogs amigos y que juntos formemos una gran comunidad donde podamos ayudarnos los unos a los otros.

Sólo me queda agradecer por última vez a cafesparaelalma el hecho de haberme tenido en cuenta para este reto. ¡¡¡Gracias, gracias, gracias!!!

Las reglas de participación, muy sencillas, son las siguientes:

  1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una canción, una película…
  2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.

La frase que he elegido para hoy no podía ser otra. Los que me conocéis un poquitín ya sabéis de mi gran pasión por El Principito, libro excepcional donde los haya que inculca unos valores tremendos, sobre todo para las personas adultas, que somos los que a menudo perdemos dichos valores. Una lectura de vez en cuando no viene mal, para recordarnos a ese niño que aún llevamos dentro.

Si no habéis visto la película, he de decir que a mí me encantó. Una película estupenda y original que está a la altura del libro que representa. Os animo a verla, eso sí, no olvidéis llevar los klínex porque los vais a necesitar…

Y la frase de hoy es…

“Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos”.

el-principito

Para finalizar, mis últimos nominados, pero no menos importantes, son:

Y con esto termino con mi reto. De verdad espero que lo aceptéis, valdrá la pena.

¡Nos seguimos leyendo! ¡Besos para todos!

El relato del viernes: “El quirófano”

EL QUIROFANO.jpg

Jaime entró en el quirófano bien tapado con su sábana. Los celadores conducían su cama sin cuidado alguno, con las prisas propias de nuestros tiempos. Miraba hacia el techo continuamente, como en un intento por ver más allá la luz del sol que lucía con fuerza en el exterior. Su mujer, Lucía, le esperaba nerviosa fuera. Un tímido beso fue lo último que se llevó de ella.

Sólo al entrar en el quirófano se permitió mirar a su alrededor. Todo le llamó inmediatamente la atención. No era la primera vez que pasaba por un quirófano, estaba más que habituado. Pero aquel era un tanto peculiar. Una cúpula se abría sobre su cabeza, como una bóveda de tiempos pasados. Pensó por un momento en una catacumba. La cúpula tenía arcos que la cruzaban de lado a lado y las paredes estaban recubiertas hasta media altura con unos azulejos que recordaban a épocas pasadas. Únicamente una lámpara ultramoderna se cernía sobre su cabeza luciendo amenazante cuando le trasladaron a la mesa de operaciones.

Comenzó el protocolo de siempre. En anteriores ocasiones siempre se había mostrado tranquilo, en unos momentos se dormiría y no sentiría nada. Pero en aquella ocasión se mostraba inquieto por la vista que le había proporcionado aquel lugar cuando le colocaron la máscara de oxígeno, a pesar de que la operación era sencilla y no debería tardar mucho. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando hasta quedar sumido en un profundo sueño.

– Despierta Jaime, abre los ojos.

Eso fue lo siguiente que oyó y abrió los ojos con pesadez. Le sorprendió ver la cara de la anestesista, no parecía la misma que cuando entró en quirófano. Su cara era similar, pero había algo diferente en ella que le inquietaba y le hizo despertar por completo. Sintió como le traspasaban a la cama e iniciaban la salida de aquel extraño quirófano. A pesar de haberse encontrado completamente despierto por un momento, los efectos de la anestesia todavía tomaban sus sentidos y se encontraba en medio de una nebulosa que le perseguía por momentos. Al salir del quirófano pudo ver al pasar a Lucía, que le lanzaba un cariñoso beso y sonreía con emoción. Pero había algo en ella que también había cambiado, pero en esos momentos, sumido en el sopor que sentía, no supo descifrar qué era.

Pasó cuatro largas horas en una sala de recuperación, dormitando a intervalos. Se sentía en extremo cansado. A intervalos poco frecuentes, una enfermera con su correspondiente cofia se acercaba a él para interesarse por su estado. Un momento, las enfermeras ya no llevaban cofia, ¿no? Quizá estuviese todavía teniendo alucinaciones por el efecto de la anestesia. Pero el caso es que parecía todo tan real… Echó un vistazo a su alrededor, varias enfermeras con el mismo uniforme, con delantal blanco y cofia, pululaban por la sala. El caso es que él se sentía completamente despierto.

Se alegró cuando le anunciaron que le iban a subir a planta. Allí estaba Lucía esperándole con ansia. Le recibió con un cariñoso abrazo. Jaime le seguía viendo distinta. Era ella, sin duda, pero algo no encajaba. ¿Qué era? En ese momento todas sus neuronas trabajaban a toda máquina intentando dilucidar dónde se encontraba la diferencia. Tenía la misma melena de siempre, con su precioso color castaño y el corte recto con flequillo. Era ella, sin duda, era su preciosa carita de siempre sonriéndole con cariño mientras le tomaba amorosamente de la mano. Su voz podría haberla reconocido en cualquier lugar. Entonces, ¿qué era?

¡Claro! ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¡La ropa! ¡Su ropa era distinta a la que llevaba aquella mañana! Recordaba perfectamente que cuando llegaron juntos al hospital, Lucía llevaba un vestido floreado de tirantes. Ahora iba vestida con una camiseta de tirantes y unos largos vaqueros ¿acampanados?

– ¿Cuándo te has cambiado de ropa, cariño? – le inquirió con suavidad.

– Ay Jaime, todavía estás un poco aturdido… Llevo con esta ropa todo el día. – le respondió ella cariñosamente.

– No Lucía. Recuerdo perfectamente el vestido que traías esta mañana.

– ¿Un vestido? ¿Yo? Si sabes muy bien que odio los vestidos, siempre llevo pantalones vaqueros.

Jaime no podía estar más extrañado. ¿Qué diablos había ocurrido durante su paso por aquel extraño quirófano?

Todo parecía igual, pero muy cambiado al mismo tiempo. Saliendo de su aturdimiento, se acordó de sus niños. Dos pequeñas criaturas de dos años, gemelos, que eran su vida.

– Bueno, da igual la ropa. ¿Has hablado con los niños? ¿Qué tal están? – le preguntó a Lucía entusiasmado.

La cara de Lucía le dijo todo sin necesidad de pronunciar ninguna palabra. Sin embargo, ella pronunció las palabras que tanto se estaba temiendo.

– ¿Qué niños, Jaime? Si tú y yo no tenemos hijos. Todavía… Habrás tenido un sueño y estarás todavía aturdido.

Jaime guardó un largo y profundo silencio. Su cerebro intentaba encontrar una explicación lógica a todo aquello. Pero, por más que lo intentaba, no era capaz de encontrarla. A no ser que… Pero aquello no era posible, ¿no? Ya, y si no era eso, ¿qué más quedaba? Era la única posibilidad y aún así quedaba fuera del alcance de su mente racional. Él había ingresado en el hospital el día 23 de agosto de 2016, de eso estaba seguro. Así que formuló a Lucía la pregunta que tanto miedo le daba.

– ¿Qué día es hoy cariño?

– 23 de agosto. – le respondió ella con paciencia.

– Pero, ¿de qué año? – preguntó angustiado.

– Estás muy raro, Jaime. No sé si llamar al médico… Pues ¿qué año va a ser? 1964.

“¡Lo sabía!”, se dijo mentalmente Jaime, “entré en ese quirófano y es como si hubiese entrado en una máquina del tiempo”. Soltó una débil sonrisa sarcástica. Ya vería cómo sacar provecho de aquella extraña situación… Mientras durase…

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos reservados.

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El reto de las tres frases: día 2

BEBE.jpg

Continuando con el reto que me propuso cafesparaelalma, (vuelvo a agradecer, siempre, siempre, agradecida), hoy va a ser mi segundo día. Os recuerdo rápidamente las normas para participar:

  1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una canción, una película…
  2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.

Hoy he elegido también un fragmento de canción, pero totalmente diferente a la del día de ayer. ¿Por qué será? Es de Bebe, que me encanta, de su tema “Ella”.

“Hoy vas a ser la mujer, que te dé la gana de ser, hoy te vas a querer como nadie te ha sabido querer, hoy a vas a mirar pa’lante que pa’trás ya te dolió bastante, una mujer valiente, una mujer sonriente.”

Os recomiendo que aceptéis el reto, aprenderemos bastante de nosotros mismos.

Y, sin más dilación, mis nominados de hoy son:

Mañana será mi último día, no necesito pensar la frase. Lo último, pero no lo menos importante.

Reseña: “El palacio de la Inocencia”

14. RESEÑA EL PALACIO DE LA INOCENCIA.JPG

Cambiamos completamente de tercio y esta semana os ofrezco una lectura que me ha encantado. No sabría deciros exactamente por qué, pero el caso es que me ha atrapado desde un primer momento y me ha mantenido enganchada completamente hasta el final. Se trata de “El Palacio de la Inocencia” de Raúl Garbantes (Ed. Alba Digital Publishing).

Se trata de una novela de suspense,  bien estructurada, con una trama congruente en todo momento, que da comienzo cuando después del cumpleaños de una pequeña niña de cinco años, Mina, esa misma noche, un extraño entra en la casa para raptar a la niña y en su desesperación por llevarla consigo, acaba con la vida del hermano mayor de la pequeña y de su madre.

La tía de la pequeña, Diana, y su marido Alex, única familia de la niña de los fallecidos, son llamados en un primer momento para reconocer los cuerpos. En seguida los medios de comunicación se hacen eco de la noticia, principalmente la periodista Graciela Carmona, especialista en dar la máxima difusión al caso difamando a las fuerzas de la autoridad que no conseguían resolverlo, y cuyo mayor objetivo era cumplir con que los ratings de audiencia ascendieran.

Transcurrido un mes desde la desaparición de la niña, sin ninguna pista de quién pudo haber sido el autor de tan atroces crímenes, la policía a través del rastreo de llamadas localiza a Daniel, la última llamada que hizo Bárbara, la madre de la pequeña antes de su fatal desenlace. Después de asegurarse de que Daniel no formaba parte de la lista de posibles sospechosos, seguían sin tener ninguna información que les pudiera llevar a la resolución del caso. Pero hizo un indicación que podía significar un hilo del que tirar para desenmascarar al asesino.

Fortuitamente Daniel reconoce al presunto asesino en la acera de enfrente mientras atendía una llamada de teléfono de Graciela intentando sonsacarle algo de información. En un momento final, Daniel se siente acorralado por el asesino y grita a la periodista por teléfono su nombre. Obvia decir la suerte que corrió Daniel después de aquel encontronazo.

A partir de ese momento, Diana comienza a recibir extraños mensajes desde el móvil de Daniel, de un extraño que se identifica a sí mismo como el “guardián de los juegos”, invitándole a participar en un juego si quiere recuperar a su sobrina salva y sana. Diana decide participar en el juego a espaldas de la policía, mientras que Graciela huye sin contemplación al ver a su familia expuesta por saber el nombre del asesino. Al final, el remordimiento le puede y se lo cuenta a Diana en una extraña llamada telefónica.

A pesar de que el final es bastante previsible, y de conocer con demasiada anticipación para mi gusto quién es el asesino y captor de la pequeña, la novela mantiene el suspense y la intriga hasta el final. Lo que hace que no puedas para de leer hasta el epílogo.

Como ya os he comentado, a mí personalmente la novela me ha encantado. Además de reafirmar el ya tan manoseado dicho de “el amor mueve montañas”, nos muestra cuán diferente puede ser la reacción de una persona o de otra implicada en el juego dependiendo del amor que sienta hacia la persona desaparecida.
Y sobre todo de la inocencia de un menor ante una persona querida y de la que no tenía el más mínimo temor.

Sin duda, recomiendo su lectura.

a, tanto para aquellos amantes del suspense y la intriga, como para los amantes del romance, pues al final se trata de una bonita historia de amor.

A por ella, #adictosalalectura.

Si os ha gustado esta entrada, estaré deseando recibir vuestros comentarios, ¡que no muerdo!

Nos vemos el próximo viernes con un nuevo relato. ¿De qué tratará esta vez? Mantengamos el suspense queridos amigos.

El reto de las tres frases

Desde mi blog amigo cafesparaelalma, que para los que no conozcáis recomiendo fervientemente, me llega este reto. Alguna vez he participado en algo parecido y he de decir que al final la experiencia resultó enriquecedora, por lo que he decidido ¡aceptarlo! Y por supuesto, agradecer a cafesparaelalma que se haya acordado de mí, entre tantos blogs magníficos que tenemos por amigos.

Las normas para participar en el reto son las siguientes:

1. Publicar una frase cada día durante tres días, puede ser de un libro, una canción, una película…

2. Nominar a tres blogueros en cada post para retarlos.

Mi frase para hoy es un pedazo de canción de Celtas Cortos, titulada “La senda del tiempo”. ¿Hay alguien por aquí que no la conozca? ¿Y que no la haya cantado?

“A veces llega un momento en que te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas de morir”

Y mis nominados de hoy son:

1. Tikka Tomba

2. Buscando a Casiopea

3. El Destrio

Mañana más!

Reto: “¿Lobos a mí?”

 

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Imagen tomada de la red

Aquí os dejo un relato que he preparado para un reto de una página literaria, como en anteriores ocasiones, en base a la imagen seleccionada. Digamos que he retomado el clásico cuento de Caperucita Roja, que por cierto releí justamente la pasada semana con mi hijo, pero introduciéndole algunas variaciones… Espero que os guste.

 

¡LOBOS A MÍ!

-Vamos, Martita, que vas a llegar tarde a casa de la abuelita – le dijo su madre al verle cómodamente recostada en el sillón.

Marta suspiró con resignación, sobre todo al oír nombrarle por ese diminutivo que tanto odiaba. Ya tenía cumplidos los dieciocho años y desde que tenía uso de razón, había tenido que visitar tarde tras tarde a la abuelita. ¿Pero por qué ella? ¿Y por qué la abuelita seguía empeñada en vivir en esa cabaña dentro del bosque? Todo habría sido más fácil si se hubiera trasladado al pueblo con ellos, pero la abuelita era terca como una mula. De algún lado le tenía que venir a ella.

Tan terca era la abuelita que la echaba de su casa sin contemplaciones si no iba ataviada con un vestido largo de seda roja y una larga capa a juego del mismo color, que ella misma le había confeccionado. Cuando sus amigos le veían salir de casa de aquella guisa, se burlaban de ella y pronto se ganó el mote de “Caperucita Roja”. Todos en el pueblo le conocían de aquella manera. Al principio Marta se sintió humillada, pero como lo que no te mata te hace más fuerte, pronto consiguió poner a cada uno en su lugar. Y Marta se hizo experta en controlar a los demás y ponerles en su sitio cuando se sentía amenazada.

Marta se vistió apropiadamente para visitar a la abuelita. Ya no era la chiquilla de la que todos se burlaban. Pese a su juventud, se había convertido en una mujer de cabellos rojos como el fuego, de una belleza sin igual. El vestido rojo de seda realzaba su figura de tal manera que jóvenes y mayores del pueblo quedaban fascinados al verla. La caperuza roja le confería un aspecto casi mágico. Atrás quedaron los tiempos de burlas y humillaciones.

A punto de salir por la puerta, su madre le hizo la misma recomendación que tarde tras tarde, año tras año, le hacía: cuidado con el lobo, ya sabes que dicen que en el bosque vive un lobo muy peligroso.

“Lobos a mí” pensaba ella, pero por si acaso, siempre llevaba escondida entre sus ropas una daga bien afilada. Llevaba años atravesando aquel magnífico bosque y jamás se había topado con lobo alguno.

Con el paso del tiempo, Marta comenzó a apreciar a su manera aquellos paseos por el bosque, contemplaba fascinada el cambio que ofrecían los árboles y plantas en cada momento del año y en cierto modo disfrutaba de ese momento de soledad consigo misma. Pero aquella tarde, todo parecía distinto. Era una tarde otoñal y el bosque ofrecía un aspecto magnífico, todo vestido de tonos ocres, amarillos y dorados. El olor a lluvia de la noche anterior, aún permanecía atrapado entre aquellos árboles tan majestuosos y el camino cubierto de hojarasca. Pero el silencio era sepulcral. Ningún pájaro se atrevía a emitir sonido alguno, ninguna ardilla saltaba de árbol en árbol buscando algún fruto que comer… la quietud era total. Entonces fue cuando lo oyó.

Era un pequeño aullido en la distancia, seguido por una serie de mayores aullidos que se podían escuchar aún más en la lejanía. Cada vez podía escuchar el aullido más cercano, el leve movimiento de la maleza tras sus sigilosos movimientos. Y con un último aullido, el lobo apareció delante de ella. Era un lobo blanco, enorme, con unas increíbles fauces ensangrentadas, probablemente por la reciente ingesta de alguna alimaña. El corazón de Marta comenzó a latir a toda velocidad, amenazando con salir del pecho. Pero no modificó su actitud para nada. No realizó ni el más mínimo movimiento. Ni siquiera echó mano a la daga que llevaba consigo.

El lobo se detuvo también ante ella, con una mirada feroz que dejaba muy claras cuáles eran sus intenciones. Pero él no sabía quién era Marta, Caperucita Roja, e hizo un intento de acercamiento, al acecho de su nueva víctima. El sonido de los aullidos en el silencio de la tarde otoñal indicaba que el resto de la manada estaba cada vez más cerca. Él debía ser el macho alfa, el líder de la manada, el que abría el camino hacia la caza. Marta, experta ya en poner en su lugar a cualquier tipo de amenaza que experimentase, sin hacer el más mínimo movimiento aún, dirigió una penetrante mirada con sus hipnotizadores ojos verdes directamente a los ojos sedientos de sangre del animal.

Duró un buen rato el combate de miradas. La de Marta, igual de penetrante e hipnotizante. La del lobo, cada vez más insegura. Caperucita comenzó un tímido acercamiento al animal, que en un primer momento se puso nuevamente en guardia, preparado para saltar sobre su presa en cualquier momento. Marta no se amedrentó, continuó con la mirada fija en los ojos de la fiera mientras continuaba acercándose lentamente. El lobo también comenzó un tímido acercamiento, había algo en los ojos de aquella muchacha… Algo que le decía que no debía atacarla.

Caperucita llegó hasta el lobo, sin interrumpir el contacto visual con él. Aquello parecía un duelo de miradas. La bella muchacha levantó una mano, el lobo por un momento volvió a ponerse en alerta, las orejas bien levantadas. Su relajo fue más que evidente, cuando sintió aquella mano suave, nívea, acariciarle el lomo. Nunca antes había experimentado esa sensación, pero desde luego era muy placentera. Caperucita se sentó en la hojarasca, extendiendo su espléndido vestido de seda roja, al igual que las fauces del lobo. El animal comenzó a dar vueltas alrededor de ella, olisqueándole, conociéndole, mientras ella le limpiaba con suavidad las fauces y continuaba dedicándole cariñosas caricias.

En ese momento, el amor que sintieron el uno por el otro fue instantáneo. Mujer y animal, animal y mujer, unidos por un vínculo recién creado que difícilmente se rompería. La manada al completo llegó justo en ese momento más hambrientos que nunca. Todos ellos se detuvieron en seco al contemplar aquella escena. Un pequeño alarido del macho alfa fue más que suficiente para que todos reconocieran en aquella extraña muchacha de la Caperucita Roja alguien en quien confiar, a quien amar y a quien defender con garras y dientes como si de uno de ellos se tratara. El macho alfa había encontrado a su hembra.

Desde aquel día, cuenta la leyenda, que Caperucita, tras visitar a la abuelita, da largos paseos por el bosque en la noche, ataviada con su vestido de seda roja y su caperuza, acompañada de una gran manada de lobos que le protegen, abrazada al más grande de ellos. La daga quedó olvidada en algún rincón del desván.

Fueron varios los muchachos que intentaron pretenderla, su belleza era extraordinaria, pero ella siempre rechazaba a todos, alegando que su corazón ya estaba ocupado por un gran amor, incombustible, leal e incondicional.

Ana Centellas. Octubre 2016. Derechos registrados

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El relato del viernes: Mi querida rosa roja

MI QUERIDA ROSA ROJA.JPG

 

MI QUERIDA ROSA ROJA

El jardín brillaba en todo su esplendor. A pesar de estar en pleno mes de agosto, el sol resplandeciendo en todo su apogeo y un calor sofocante, las plantas del jardín agradecían el suministro diario de agua que recibían. Y manifestaban su gratitud hacia esa mano cuidadora de la mejor manera que sabían, brotando preciosas flores que conferían al jardín un aspecto casi mágico.

La primera vez que vi el jardín, quedé  enamorada de él. Cientos de rosas de todos los colores, rosas, rojas, blancas, amarillas, parecían celebrar una fiesta en él. Las hojas de las plantas tenían un brillo especial, lucían relucientes, lozanas, frescas y fuertes. Alguna que otra planta de hortensias daban el toque diferente a aquella rosaleda, conviviendo en armonía con laureles, matas de hierbabuena, pequeños cipreses que intentaban alcanzar el cielo.

Pasear por el jardín era toda una fiesta para los sentidos. Aparte de la armonía de colores que nos regalaban, un sinfín de aromas se entremezclaban en el ambiente, creando un aroma muy especial.

A mí me gustaba pasear por aquel jardín, lentamente, prácticamente en silencio para no perturbar la paz y la tranquilidad que se respiraba. Aspirar esa mezcla de aromas, creando un perfume único en el mundo que durante esos momentos podía disfrutar sólo yo. Me gustaba apoyarme en el tronco de uno de los pequeños cipreses, siempre el mismo, para que notase mi cariño, y aprovechando su sombra sacaba de mi mochila mi sempiterno libro y podía pasar horas y horas leyendo a la sombra de mi ciprés.

Cuando me iba solía ir acariciando todas y cada una de las plantas, sin olvidar ninguna. Un día cualquiera, una de las flores llamó especialmente mi atención. Una gran rosa roja sobresalía orgullosa sobre todas las demás, con los pétalos más aterciopelados y brillantes que había visto nunca. Llamó tanto mi atención, que comenzó a surgir dentro de mí una urgente necesidad de llevarla conmigo. Luciría preciosa en mi mesilla de noche, envolviendo mis sueños con su dulce aroma.

Sin dudarlo ni un momento más, me dispuse a llevarla conmigo a casa. La cuidaría como mi tesoro más preciado. La tomé del tallo con delicadeza, con intención de cortarla y abrazarla. Al hacerlo, una cruel espina atravesó mi mano, haciendo brotar de inmediato un reguero de sangre tan rojo como mi preciosa rosa roja. Me enfadé con mi rosa. “¿Por qué me haces daño?”, pensé. Y me alejé del jardín algo triste y abatida. Yo sólo quería cuidarla, mimarla, cantarla canciones y que alegrase mi casa y mi sueños con todo su aroma y esplendor.

Al día siguiente volví al jardín, repitiendo la que ya se había convertido en mi rutina diaria. Mi ciprés me recibió agradecido regalándome la sombra más fresca que podía imaginar. Al regresar a casa, siguiendo mi ritual de caricias regaladas a todas las plantas, la vi. Seguía allí, altanera, orgullosa, luciendo un rojo aún más vívido si cabe, sin duda alimentado por la sangre que ayer mismo manaba de mi herida. La necesitaba para mí, no lo puedo explicar, pero era tal el enamoramiento que tenía con aquellas preciosa flor, que volví a intentar llevarla conmigo. Acerqué mi mano a su tallo con sumo cuidado, regalándole palabras bonitas que la hicieran enamorarse de mí como yo lo había hecho de ella. Y una vez más, al hacerlo, otra espina cruel atravesó mi mano con más saña si cabe que el día anterior. La alimenté con mi sangre, mi rosa no me quería, y los dos estigmas que quedaron en mi mano me lo recordaban a cada momento.

Pero no cejé en mi empeño. Al día siguiente volví al jardín. Embriagada por el intenso perfume, abracé a mi ciprés favorito, que me dio la bienvenida con las ramas extendidas para darme cobijo del sol, como tantas otras mañanas. Perdí la noción del tiempo con mi lectura, no podría precisar las horas que pasé en compañía de mi ciprés. Tendría que  apresurarme, mis hijos estarían a punto de regresar de la escuela para comer. Aún así, fui acariciando cada una de las plantas como era mi costumbre.

Al llegar a mi querida rosa roja, el impulso de llevarla conmigo reapareció de inmediato. Acerqué de nuevo mi mano a su tallo, entonces recordé mis heridas. Miré la palma de mi mano con sus dos pequeñas cicatrices en su día sangrantes y por fin lo comprendí. Le hablé a mi flor. “Te amo, querida rosa roja, pero si te llevo conmigo morirás sin remedio. En cambio, si te dejo en tu jardín, podrás deslumbrar aún más cada día con tu belleza, todo el mundo podrá disfrutar de tu aroma, y yo seguiré visitándote a diario para demostrarte mi amor. Sé libre, querida rosa roja, sé libre. Porque en tu libertad está mi felicidad.”

Ana Centellas. Agosto 2016. Derechos reservados.

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Reseña: Conquistar la luna

13. RESEÑA CONQUISTAR LA LUNA.png

Esta semana no he podido evitarlo, lo siento amigos, pero después de la lectura psicológica de la semana pasada, necesitaba despejar la mente, y para mí no hay mejor manera de hacerlo que con romántica. Esas novelas habitualmente fáciles de leer, que no implican esforzar el cerebro para nada, y que te llevan a diferentes mundos donde sólo se te escapan suspiros.

Esta semana le ha tocado a “Conquistar la Luna” de Marisa Ayesta (Ed. Harlequin Ibérica). Y sí, sigue existiendo Harlequin, yo me he sorprendido, recordaba esas novelas que vendían en los quioscos cuando yo era pequeña y ahora publican hasta libros digitales.

Bueno, vamos a lo que vamos. Nos narra la historia de Luna, una chica con una infancia algo traumática dando tumbos de un lado para otro con su madre alcohólica que no hacía otra cosa que acumular novios, tras dejar a su marido. A la muerte de su madre, Luna decide llevar una vida normal, vive en un pequeño pisito y trabaja como creativa en una agencia de publicidad. Su jefa le acogió bajo su ala desde el primer momento, al ver las murallas que rodeaban a la chica. Así que le invita a su despedida de soltera, donde conoce a Bosco, un guapísimo y acaudalado empresario que, pese a su juventud, es un verdadero magnate en el mundo empresarial.

Como no podía ser de otra manera, Bosco se queda prendado de Luna e intentará por todos sus medios conquistarla. Luna, consciente de que no pertenecía a la misma clase social que él, no podía creer que se hubiera fijado en ella y levantó aún más sus barreras intentando protegerse del peligro de enamorarse de él.

La noticia de la muerte de su padre, del que ella desconocía su existencia, y de las sospechosas muertes también de su tío y su abuelo, convierten a Luna de la noche a la mañana en heredera de una importante fortuna. A raíz de ahí, se suceden varios intentos por quitarle de en medio, momentos que Bosco aprovecha para estar con ella en todo momento y proporcionarle la seguridad que necesitaba. Puso todos los medios que tenía a su alcance para conocer la identidad de la persona que había estado a punto de matar al amor de su vida.

A mí me ha parecido una bonita historia de amor, con buena trama aunque un poco acelerada en el desarrollo de los acontecimientos. También me ha desconcertado un poco el cambio de escena dentro de un mismo capítulo, estás leyendo un párrafo y al siguiente cambia por completo de situación hasta el punto de que desconoces de quién se trata en ese momento. Y como siempre me he preguntado en este tipo de novelas, ¿por qué el protagonista tiene que ser siempre un multimillonario cañón que está dispuesto a bajar la luna a tus pies? Bueno, al menos en esta ocasión de lo que trataba era de conquistar a Luna.

Como siempre, os recomiendo este tipo de lecturas para esos momentos en los que necesitas desconectar completamente de la rutina, viviendo una historia ajena como si fuese propia sin tener que estrujarte el cerebro, que también es bueno de vez en cuando. Y ya os aviso, que habrá más lecturas de este tipo, que estoy de un ñoño últimamente…

Os animo a leerla, no os llevará mucho tiempo y estaré esperando vuestras impresiones.

Nos vemos el próximo viernes con un nuevo relato. ¡Espero que os guste!