Reto: “La ouija”

LA OUIJA

Eran las doce de la noche cuando Israel, Dani, Roberto y Juanmi se habían internado dentro del garaje de la vieja bruja. Los padres de Israel no estaban en casa ese fin de semana y había invitado a sus amigos a pasar la noche en su casa, con lo cual gozaban de una especial libertad, tan ansiada a sus quince años de edad. El único problema de Israel era que tenía que cargar con su hermano pequeño, Adrián, de diez años.

Todos ellos vivían en una zona residencial a las afueras de una gran ciudad, una preciosa urbanización de chalets impresionantes. En la esquina de la avenida principal se encontraba la casa más antigua de todas, habitada por una pequeña anciana que vivía sola en aquel amplio caserón, desde que enviudase  una veintena de años atrás. Raramente se la solía ver fuera de la casa y el aspecto descuidado de la misma le daba una apariencia casi tétrica. Por eso se había ganado el apodo de “la bruja” entre los jóvenes del lugar.

La vieja bruja siempre tenía el destartalado garaje abierto, y los muchachos aprovechaban cualquier oportunidad para adentrarse allí en la noche, desafiando el miedo de los menos lanzados. Y allí se encontraba la pandilla de Israel, junto a Adrián, aquella noche, sentados delante de un tablero de ouija.

Adrián, sentado un par de metros detrás de ellos, encogido, abrazando sus rodillas, le imploraba a su hermano:

– Israel, por favor, vámonos de aquí. Mamá se enfadará mucho cuando se entere y yo tengo miedo.

– Tú cállate, capullo. Y como le cuentes algo de esto a mamá prepárate, porque te voy a hacer la vida imposible.

Los amigos comenzaron con el juego. El garaje de la anciana estaba completamente a oscuras y la única luz de la que disponían era la de la linterna que habían llevado, suficiente para alumbrar el tablero y sus caras. El vaso se desplazaba lentamente por el tablero, contestando a todas sus preguntas. Adrián estaba muerto de miedo en su rincón. Todo fue bien, hasta que los amigos fueron a despedirse del espíritu para dar por finalizada su sesión, pero… este no dijo adiós. Israel notó una pequeña sacudida que invadía su cuerpo, pero evitó comentarlo con sus compañeros y, tomando a su hermano pequeño de la mano, fueron a casa a dormir.

A partir de aquel día, Israel no volvió a ser el mismo. Se saltaba las clases del instituto, comenzó a consumir drogas, castigaba continuamente a sus padres con comentarios hirientes y salidas de tono y desarrolló un odio irracional hacia su hermano pequeño. En unos meses la situación de Israel empeoró de tal manera que una noche llego a casa detenido por la policía, le habían encontrado realizando alguna especie de rito satánico en una nave abandonada a las afueras de la ciudad, a kilómetros de su casa.

De ahí que Adrián comenzase a volver solo del colegio. Una tarde cualquiera, al pasar junto a la vieja casa de la anciana, casi se muere del susto al verla allí, asomada a la verja, con su eterno luto y los dientes amarillentos.

– ¡Pssss! – le llamó la vieja señora. – Yo sé lo que le pasa a tu hermano y tengo el remedio para ello. Sólo tienes que traérmelo un día a medianoche.

Adrián salió corriendo asustado, pero creyendo con firmeza en las palabras de la vieja “bruja”. Ahora tenía dos problemas: primero, que sus padres no estuviesen en casa para poder salir a aquellas horas; y segundo, que Israel quisiera acompañarle sin utilizar contra él ninguna especie de arma blanca.

Transcurrieron dos largas semanas hasta que sus padres tuvieron que salir a una cena de negocios. Israel estaba encerrado bajo llave en su habitación y a él le habían dejado severas instrucciones acerca de su comportamiento. En cuanto hubieron  salido por la puerta, lo primero que hizo fue abrir el cuarto de su hermano. Israel, al verle, se lanzó sobre él como una fiera, los ojos inyectados en sangre. Adrián fue hábil, al aplicarle el pañuelo impregnado en cloroformo antes de que pudiese llevar a cabo su ataque. Se había informado y había conocido buenos contactos que le habían suministrado una buena dosis.

Cargar con el cuerpo inerte de su hermano no fue tarea nada fácil. Era cinco años mayor que él, y pesaba como un muerto, nunca mejor dicho, porque parecía que realmente estaba muerto. Menos mal que a esas horas ya no circulaba nadie por el vecindario. Llegó a duras penas hasta la casa de la anciana y tocó el oxidado timbre. Escasos segundos después se abrió la chirriante puerta y Adrián arrastró, pues ya no podía seguir cargando con él, el cuerpo dormido de su hermano.

Entrar en el santuario de la anciana le dejó con la boca abierta. Parecía que realmente fuera una bruja y no sólo habladurías de la gente. No sabe qué extraño sortilegio utilizó, pero a los pocos minutos Israel despertó confundido y tranquilo. La sorpresa que se llevó al encontrarse allí fue mayúscula, sobre todo al oír narrar a Adrián lo que había sido su vida en los últimos meses. No se acordaba de nada. La bruja les explicó que había sido poseído por un espíritu maligno, aquel que no dijo adiós en la partida ouija. Cómo sabía ella todo aquello era un misterio, pero le agradecieron calurosamente su ayuda. Desde aquel día la verían con otros ojos.

Camino de casa, Israel, pasando un brazo sobre el hombro de su hermano, le dijo:

– Me has salvado la vida, hermanito.

A lo que éste replicó entre risas:

– Tú cállate, capullo. Y como le digas a mamá algo de esto, prepárate, porque te voy a hacer la vida imposible. Mantén la boquita cerrada y a dormir.

 Ana Centellas. Noviembre 2016. Derechos reservados.

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9 comentarios en “Reto: “La ouija”

  1. Pues habrá que callarse, no me vayan a llamar capullo 🙂 🙂 🙂
    Ha sido entretenido, con un ligero toque ochentero pese a no estar localizado temporalmente. Y que las brujas no son lo que parecen, eso lo sabe todo el mundo menos los adolescentes atolondrados.

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  2. Me toca ser el aguafiestas… no sé no me convenció del todo, extrañé detalles durante el (mal llamado) juego y extrañe detalles en el rito final. No me pude creer la imagen del niño de 10 sometiendo al poseído de 15, además que ya me enteré por ah de lo ineficaz que es realmente el cloroformo.
    Por otro lado, el ambiente me ha gustado mucho (también pase mi infancia por esas fechas aunque evitaré dar muchos más detalles XD) y el broche de oro al final de la frase del enano me ha encantado.

    Quizás yo también debería haber mantenido la boca callada y haberme ido a dormir. n_n

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