El relato del viernes: “Hay un okupa en mi cama”

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Es lunes por la mañana, comienzo de una nueva, larga y tediosa jornada laboral, una semana cargada de prisas, actividades, reuniones. Todos los lunes por la mañana me doy de cabezazos contra la pared, no sé si os pasará a vosotros, pero para mí es así literalmente. Comienzo en cuanto suena el maldito despertador con una rabieta cual niña pequeña, dando patadas en la cama y diciendo “nooooooo, no quierooooo”. Si por mi fuese lo lanzaría bien pero que bien lejos. Y después, ya en el baño, con los ojos aún cerrados por el sueño, me doy literalmente cabezazos contra la pared.

Mi odio por los lunes me viene desde pequeñita. Repetía siempre las mismas acciones que sigo repitiendo ahora, ya es como un pequeño ritual. El ritual de los lunes. Ya me lo decía mi madre cuando era pequeña: “Si es que los lunes son muy malos”. Y qué razón tenía la buena mujer. Sé que hay gente que se levanta de un salto de la cama, con una gran sonrisa en la boca y con ganas de comerse el mundo en una nueva semana. ¡Olé por ellos! Yo, lo siento mucho, pero no puedo. Y de verdad que lo he intentado, no os creáis, pero no puedo.

Llega a ser tanto mi odio hacia los lunes que los domingos por la noche apenas puedo dormir, porque mi cabeza ya está con el run run de que mañana es lunes, mañana es lunes… Sorprendentemente, esta noche la he dormido del tirón. Ahora que lo pienso, quizá tuvo algo que ver la pastillita de Lorazepam que me tomé anoche… Bueno, a lo que íbamos. Como os decía esta noche la he dormido del tirón, ni siquiera ha sido como las demás noches “normales”, es decir, las que no van del domingo al lunes, que me levanto decenas de veces.

El caso es que he abierto los ojos y la oscuridad era total en la habitación. Como siempre hago cuando me despierto en mitad de la noche, me giro hacia la mesilla para mirar la hora en el móvil. Las siete en punto de la mañana. ¡Qué bien! ¡Aún me queda media horita de sueño! En esto que me estiro a mis anchas en la cama y noto que alguien duerme a mi lado. Mi marido no puede ser, él se levanta a las seis de la mañana y hará ya un buen rato que habrá salido de casa. A no ser que se haya dormido… No, pero a él no le suelen pasar esas cosas, no como a mí, que me quedo dormida cada dos por tres y entonces vienen las prisas.

Vuelvo a mirar la hora en el móvil por si acaso no la he visto bien la primera vez, a estas horas mis facultades mentales suelen estar un “poquitín” mermadas… Pero sí, había visto bien, son las siete de la mañana. Palpo con mi mano a tientas el cuerpo que hay a mi lado, sin atreverme a encender la luz, hay que ver lo miedica que soy para algunas cosas… Pues sí, resulta que hay alguien a mi lado, y bastante menos voluminoso que mi marido. ¡Ay madre! ¿Tengo un okupa en mi cama?

Sigo palpando, unos brazos que en un giro inesperado se abrazan a mí, unas piernas desnudas cubiertas con un pantaloncito corto… Hubiese reconocido esos brazos en cualquier otro lugar, ese abrazo involuntario pero tan inconfundible… Efectivamente, hay un okupa en mi cama. Y me abrazo a él como si me fuera la vida en ello, intentando aprovechar los escasos veinte minutos de sueño que me quedan. Y me duermo en la gloria… Cuando al rato, para mí ha sido sólo un segundo, tengo que reconocerlo, suena el despertador, me separo con cuidado del abrazo de mi okupa. Apenas he llegado a alcanzarlo para apagarlo cuando escucho un adormilado “buenos días, mamá”. “Buenos días cariño, feliz lunes”, le respondo volviendo a nuestro cálido abrazo.

Al cabo de unos segundos, unos pequeños pasitos se escuchan por el pasillo, y un pequeño okupa nuevo se abalanza sobre nosotros al grito de “¡buenos días, mami!”. Y le respondo cariñosamente igual que a mi primer okupa, “buenos días cariño, feliz lunes”. Y así remoloneamos un ratito más los tres, mis dos okupas y yo, esos “sólo cinco minutitos más” que todos pedimos. Y ese lunes, no pataleo en la cama, ni grito “no quierooooo”, ni me doy de cabezazos contra la pared.

Porque, ¿qué mejor manera de empezar la semana que esta? Hoy sé, sin duda, que “hoy va a ser un día grande, hoy todo va a salirme bien”, como cantaba El Arrebato. Pongo esa canción en el móvil y todos nos levantamos con energía, cantando y bailando.

Y es que he de reconocerlo, me encanta tener okupas en mi cama.

 

Ana Centellas. Septiembre 2016. Derechos registrados

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34 comentarios en “El relato del viernes: “Hay un okupa en mi cama”

  1. Me encantó de principio a fin ¡¡¡
    Te entiendo con lo de los lunes, yo también soy de las que el domingo por la tarde ya empiezo a lamentarme de que sea acaba el fin de semana.
    Lo de los okupas …..eso es lo más bonito que hay.
    A todas las mujeres que no tienes hijos y me preguntan jamás les miento, los niños dan mucho trabajo, es verdad, pero te regalan momentos inolvidables llenos de ternura como ese lunes por la mañana con tus hijos.
    Felicidades por la entrada ¡¡¡¡

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  2. Vamos a ver, Ana… El relato del viernes versando sobre el lunes. ¿Qué pretendes? ¿Aguarnos el fin de semana?
    Bueno, vale, el lunes de la protagonista (tú, que para eso es en primera persona) mejora bastante con respecto a las expectativas del domingo previo 🙂
    Una cosa: Tantos cabezazos en el primer párrafo van a partirle la crisma a la narradora y, como se descuide, también a quien lo lea (como siempre, ya sabes, desde el cariño de un simple lector)

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    1. Jajajajaja es para que no olvidéis los lunes, que si no os desmadráis el fin de semana y no puede ser. Y tantos cabezazos es porque son tantos cabezazos, y punto, es real como la vida misma, qué quieres que te diga… Con mucho cariño, mi Lord, que tenga usted un buen fin de semana. 😘😘😘

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  3. Un antecedente, Domingo, es a su consecuente, Lunes. Como el consecuente, Lunes, es a su antecedente, Domingo. Con la única condición de que sea Festivo. Pobre lunes que para resultar llevadero necesita el auxilio de unos niños. En el fondo los lunes no somos tan malos y atacamos más a los jefes de sección. Un abrazo.

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  4. A ver Ana y demás sufridoroas, seamos racionales. En la feria de las jornadas se repartieron los papeles y ninguno parece dispuesto a cambiarme el puesto, con ésto demuestro que no practico un trabajo vocacional, por otra parte, reconoceran que trás el fin de semana están ustedes agotadoas y que sí, que disfrutan mucho con los nenes, pero que la rutina le viene bien a toda la familia después de tantas horas de juerga. En mí día muchos se recuperan de lo gastado de más en el asueto porque no sólo ingresan el sueldo, es que además están deseando volver a casa, donde no gastan ni un Euro, soy por tanto el que sale más barato de toda la semana, ya sé que soy víctima de creencias, a mi parecer injustificadas, pero si entretengo a los niños, propicio su descanso y además lleno sus bolsillos. No sé a que vienen tantas quejas? Un respetuosos abrazo de su lunes particular.

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      1. Ortega dejó claro que luchar contra las creencias desde la racionalidad es tarea inútil. Me rindo y que el Black Freeday éste que oculta su color bajo un seudónimo foraneo sea clemente con vosotros.
        Una última advertencia: HUID INSENSATOOOOOOOOOooooooosssssssssss.

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