El relato del viernes: “Fantasías” (+18)

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Imagen tomada de la red

 

Aquella noche Elena salió a correr por  un parque que se encontraba a un par de manzanas de distancia de su casa. Solía hacerlo por la mañana, antes de irse a trabajar, pero aquella mañana el despertador decidió saltarse el timbrado y suerte tuvo de llegar a tiempo al trabajo. Así que había decidido hacer su recorrido habitual por la noche. Era tarde, serían ya cerca de las doce de la noche, cuando salió a correr. Había esperado a que pasase un tiempo después de la cena antes de salir.

Sabía que a lo mejor no era lo más prudencial, pero si no salía a correr a diario parecía que le faltaba algo, necesitaba su dosis de ejercicio diario, oxigenar bien sus pulmones para afrontar el día. Aquella mañana en el trabajo apenas había rendido lo suficiente como para justificar su jornada laboral, pues le había faltado su energía diaria. Así que pensó que sería una buena idea compensar la falta de ejercicio matinal. Se enfundó su ropa deportiva, una ligera chaqueta de chándal y salió a la calle. Todavía había algunas personas paseando a sus perritos, pero en general la calle estaba muy poco transitada. Se dirigió a paso ligero hacia el parque para comenzar su ejercicio. Le gustaba correr en el parque, rodeada de vegetación, de grandes árboles que oxigenaban su cuerpo y su mente a la perfección.

Al llegar, el presentimiento que tuvo no fue nada bueno. El parque estaba demasiado solitario y las luces de las pocas farolas que alumbraban su recorrido habitual proyectaban sombras que se le antojaron casi fantasmales. Soplaba un fresco viento otoñal que movía las hojas de los árboles con energía, produciendo un ruido seco y casi estremecedor.

Sin parar a pensárselo una vez más, comenzó su carrera. Siempre completaba cuatro vueltas al parque, en total un recorrido de unos diez kilómetros, apenas le llevaba media hora. Aquella noche se planteó realizar solamente tres vueltas o quizás dos.

La primera vuelta al parque transcurrió con normalidad, por lo que se sintió más animada y casi decidida a completar las cuatro vueltas de costumbre. No fue hasta el comienzo de la tercera vuelta cuando notó un sonido extraño. Reconoció el sonido de unos pasos aproximarse a grandes zancadas hacia ella. Se giró ligeramente, sin abandonar el ritmo de su carrera, y pudo contemplar una gran silueta masculina, vestida con ropa deportiva y una sudadera oscura con una capucha que le ocultaba parte del rostro. Su corazón se aceleró inmediatamente, su mente intentaba tranquilizarle, pero su corazón bombeaba cada vez con más fuerza dentro de su pecho.

Comenzó a correr con mayor velocidad, sintiendo cómo las grandes zancadas de aquel desconocido aumentaban también el ritmo tras ella. Se planteó salir del parque, darle esquinazo a su evidente persecutor, pero faltaba al menos media vuelta para llegar a la entrada y, por ende, también a la salida. Llegó un momento en que ya no pudo aguantar el ritmo, tuvo que detenerse un momento para recuperar el aliento, las sudorosas manos apoyadas sobre sus rodillas. Aquel fue el gran error que aprovechó su persecutor para aumentar su ritmo y reducir la distancia que les separaba. Cuando Elena quiso reanudar la marcha, él se encontraba tan cerca que podía escuchar claramente el sonido de su respiración agitada. Cada vez lo sentía más cerca y sintió verdadero pánico por primera vez en la noche.

Hasta que, finalmente, unos fuertes brazos le detuvieron, y una enorme mano le tapó la boca para evitar que emitiese sonido alguno. Intentó forcejear, liberarse de su presión, incluso intentó lanzarle algún mordisco a su atacante, pero todo fue inútil. Le tenía irremediablemente reducida. Notó una presión en el bajo de su espalda e instintivamente supo lo que estaba a punto de ocurrir.

      – Shhhhh – le susurró el desconocido al oído. – Si te estás calladita prometo no hacerte ningún daño. Voy a soltar la mano de tu boca, para no levantar sospechas, pero como se te ocurra gritar te juro que las pagarás.

El sentido común de Elena se impuso al pánico que sentía en aquellos momentos e hizo lo que su captor le pedía. Su respiración era entrecortada, mientras el fuerte amarre de aquel hombre no aflojaba la presión en ningún momento. Le dirigió a la salida del parque, y de allí a un oscuro callejón que había en el polígono industrial contiguo. A aquellas horas no pasaba ni un alma por allí, por lo que supo que no tenía escapatoria.

Apenas se habían adentrado unos metros en el callejón, tras una pequeña curva que les protegía de miradas indiscretas, cuando el desconocido le acorraló contra la pared, aún de espaldas a él. Notaba su agitado aliento en su cara mientras le desabrochaba la chaquetilla e introducía las manos bajo su camiseta, y comenzaba a masajear con fuerza sus pechos, libres de sujetador. Estiraba y retorcía sus pezones a su antojo, mientras le repetía al oído que se mantuviera calladita si no quería sufrir ningún daño.

Sintió cómo bajaba sus mallas de deporte hasta prácticamente los tobillos y con una ligereza inusual, le arrancaba de golpe su pequeño tanga de algodón. Elena tenía la cara apoyada contra la pared de cemento, al igual que las manos, que había levantado también apoyándolas en la pared como si quisiese mandarle una clara señal de rendición. Las grandes manos de aquel hombre empezaron a masajearle el culo, mientras un dedo hambriento se introducía en su interior. Su cara no se había despegado de la suya en ningún momento.

      – Mmmmmm, qué bien, mojadita, como a mí me gusta. Te ha puesto cachonda la situación, ¿eh? Mejor, así disfrutaremos los dos. – La voz del desconocido seguía siendo apenas un susurro, las dos caras muy juntas, entremezclando las respiraciones.

No tuvo tiempo de responder, aunque tampoco es que tuviera intención de hacerlo, cuando notó cómo era penetrada violentamente desde atrás. Su cara rozaba el áspero cemento de la pared en cada embestida, imparable, una tras otra, una y otra vez.

Elena llegó al clímax instantes antes de que su violador se derramase en su interior. Permanecieron unos segundos los dos muy juntos, quietos, acompasando sus respiraciones. Una vez que aquel hombre dio por terminada su faena y le soltó de su amarre, Elena recompuso su ropa lo más rápidamente que pudo. Se giró hacia él y le dio un cálido beso en los labios.

      – ¿Te he hecho daño, mi amor? – le preguntó Matías mientras comprobaba los arañazos que amenazaban con sangrar en su rostro.

      – Para nada, sólo son un par de arañazos. Muchas gracias, vida mía. – le contestó ella.

      – Ya sabes que estoy aquí para cumplir todas y cada una de tus fantasías. Y tras un apasionado beso, salieron del callejón abrazados, relajados, laxos y totalmente despreocupados. Pasearon en silencio hasta la casa que tenían en común. La preocupación de Matías era más que evidente en su rostro. Elena se giró hacia él justo antes de introducir la llave en la cerradura del portal, le acarició el rostro suavemente, se acercó a su oído y le susurró:

      – Tranquilo, cariño, ha sido estupendo. Ojalá se repita pronto. Ven, subamos, me apetece una ducha juntos y hacerte el amor lentamente en nuestra cómoda cama.

Matías sonrió, Elena también y, juntos, subieron hasta su hogar a dar rienda suelta a la pasión aún acumulada en su interior.

Ana Centellas. Septiembre 2016. Derechos registrados.

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51 comentarios en “El relato del viernes: “Fantasías” (+18)

      1. Estupendo Ana. En unos minutos has logrado que el lector desconecte y se sumerja por un momento en un pensamiento que, aparentemente violento, resulta ser delicioso; a la vez que sigues la lectura dudas de lo que lees y tu mente en un momento duda , casi viviendo el placer de la protagonista, ante el inesperado final que fantásticamente termina en sentido opuesto al que presentimos solo un momento antes.
        Prudentemente me atrevo a decir que este tipo de fantasías cumplimentan, llenan y satisfacen tanto a quien las escribe como al que las lee, Volviéndolo a releer se intuye que la muchacha no busca aquella situación pero tampoco rehuye de ella, y como bien dices, ese día estaba sin terminar, no había sido satisfactorio como ella hubiera deseado. Necesitaba quemar las energías retenidas durante la jornada, e inesperadamente, a deshora, buscó la manera de llegar a la cama con el cuerpo relajado.
        Y lo logró

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  1. Me he visto Kiki: el amor se hace no hace mucho y casi de inmediato he pensado en la película. No podía creer que fuera una violación real a no ser que fuera para denunciar (que ya nos vamos conociendo, Ana 🙂 ) y me ha venido a la cabeza la historia en la película de Paco León de la harpaxofílica (juer, he tenido que buscar el nombrecito de marras, que no me acordaba ni de coña)
    En resumen, erotismo bien escrito desde el punto de vista femenino, más interesante a mi juicio que el masculino, bastante más burdo.

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  2. El tema está muy bien llevado. Te puedo asegurar anacentellasg, que, con otras connotaciones, pero, en busca de algo nuevo, hicimos mi esposa y yo hace muchos años. Ella hace que se fue de mi lado físicamente, porque jamás se aparta de mí, en ningún momento del día y de la noche. Seguimos siendo una misma cosa, Gracias.

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      1. Mi comentario salió aquí, y era para ti, pero aprovecho para comentarte, el título me espoleó un poco el final, ya me esperaba algo así, no fue tan sorpresivo como hubiera sido con otro título, de todos modos, excelente final.
        Abrazos de luz

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