Por capítulos: “Le délinquant” (Parte I)

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La Genève – Ginebra

 

Creo que nunca podré olvidar aquel día. Ni por lo que ocurrió, ni por lo que supuso para nosotros. Sin aquel día, todo hubiese sido diferente. ¿Mejor o peor? No lo sé, pero sin duda hubiese sido diferente.

¿Ya he conseguido llamar vuestra atención? Seguro que sí, el ser humano es curioso por naturaleza. ¿Y qué sería de nosotros sin ese pequeño placer que nos suministra la curiosidad? Deberían incluirla en los pecados capitales, por aquello de que mató al gato. Y es que a mí casi me mata, fijaos lo que os digo. Pero como ahora os estoy contando esta historia, imagino que ya habréis dado por supuesto que no lo hizo, porque sois curiosos, sí, y listos también.

Vale, voy a daros el pequeño placer de satisfacer vuestra curiosidad un poquito. Pero que conste que solo lo hago porque me habéis caído bien. Solo os voy a dar un pequeño consejo: no pequéis en demasía con ella, porque os puede matar.

A lo que íbamos. ¿Veis esa casa que aparece en la imagen superior? Venga, que os espero a que volváis a bajar deslizando la pantalla de vuestros smartphones. ¿Ya? ¿La habéis visto? Pues esa es mi casa. Sí, señores, es mi casa. Y es que yo vivo en La Genève, mi nombre es Laurélie, aunque vosotros me podéis llamar Laure. A partir de aquí léase esta historia en francés, ya sabéis a lo que me refiero.

Decía que esa es mi casa, muy cerquita de la Iglesia de La Madeleine, en pleno centro histórico, a escasos minutos andando del famoso Pont du Mont Blanc. Y la verdad es que es pequeña. Muy, muy pequeña. Y sosa. Su única ventana es la que veis en la foto. Es grande, eso sí, la ventana digo, no me puedo quejar. Ahora mismo podría estar yo asomada a ella, de no ser porque he sido yo la que ha tomado la foto.

Cuando terminé mis estudios comencé a trabajar en la boutique de Prada que hay situada en la Quay Gustave-Ador. Sí, chicas, sí, trabajo en Prada. Aunque lo cierto es que solo visto de Prada durante mi jornada laboral. Ya me gustaría a mí, ya, aunque lo cierto es que no, bueno, da igual. Que me desvío de lo que os quería contar. No tengáis prisa, primero os tendré que poner en situación, ¿no?

Lo que yo venía a contar es que cuando comencé a trabajar en Prada, busqué un alquiler cercano. Y mi búsqueda me llevó a este mini piso en el que habita una servidora. Los había mejores, sí, incluso más cercanos, por el mismo precio. Incluso algunos con vistas al Jet d’Eau. Pero lo que me hizo decidirme por él fue precisamente mi curiosidad. Como lo habéis oído. Y es que soy una persona en extremo curiosa. No me definiría con exactitud como voyeur, pero casi, casi…

Y es que, como habréis podido comprobar en la foto que con tanta gentileza os he regalado, no volváis a subir, hombre, un poquito más de visión retentiva… Eso, que como podréis comprobar en la foto, mi ventana se encuentra situada con precisión suiza sobre las escaleras que conducen a un pasadizo. Y por ese paso mal iluminado transcurren a diario miles de historias.

Sí, miles. Aunque os parezca mentira, muchos ciudadanos de Ginebra lo utilizan a diario para evitar dar un gran rodeo. Incluso los turistas, que no tienen ni idea de cuál es su paradero, se adentran en él. ¿Y sabéis por qué? Exacto, por curiosidad. Les puede más la expectativa de saber a dónde llevará que el temor que en un principio pueda producir. Incluso dentro de él hay un par de negocios y una pequeña taberna, frecuentada a diario por un gran número de feligreses. De aquí, del barrio. A los turistas no creo ni que se les pase por la cabeza la idea de llegar a adentrarse en ella.

Y yo, desde mi ventana, puedo observar todo. El ir y venir diario de las personas. Los turistas que curiosean en la entrada dudando si pasar por él o no. Las parejas de enamorados que van muy juntitos haciéndose arrumacos. O las que pasan discutiendo a gritos. Los deportistas que salen a correr todos los días…

A los habituales, ya los tengo identificados a todos. Casi podría decir con exactitud a qué hora pasa cada uno de ellos. Menos en las horas en las que estoy trabajando, claro. Odio las horas de trabajo. Mi jefa es una persona prepotente que, por vestir de Prada también fuera de la tienda, se cree superior al resto del mundo. Y no es así, claro. Con el nivel que tiene aquí la gente. Todos menos yo, como bien imagináis. Ya me estoy desviando del tema otra vez, ¿verdad? Es que tengo una facilidad para irme por las ramas…

(Continuará…)

Ana Centellas. Diciembre 2016. Derechos registrados.

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29 comentarios en “Por capítulos: “Le délinquant” (Parte I)

  1. Pues a mi tu historia no me ha producido ninguna curiosidad. Bueno, vale, un poco sí. Bien, reconozco que me estoy comiendo las uñas jajaja. Hablando más en serio, la historia promete, así que estaré pendiente de los siguientes capítulos. Un abrazo Ana y buen fin de semana.

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  2. jajaja. Relato en extremo detallista, con muchos pensamientos que alimentan la curiosidad y las ansias por conocer el misterio. He leído con una intriga que bien se asemejaba al cosquilleo de un enamorado, antes de sentir como un corte en el estómago el final que me ha dejado con ganas de más, a modo de un coitus interruptus.

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  3. Que mona (por lo de irte por las ramas) Y por la curiosidad también. 😉 La casa es muy cuca como diría una pijita, es de lo más (chica) vamos que para darte la vuelta tienes que salir a la calle. Aún así y todo seguiremos atentos, por ver como sigue, no por que me pique la curiosidad (a estas horas solo me pica el sueño 😉 ) Besos y buen fin de semana.

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  4. Muy, muy, muy interesante comienzo. Buena forma de picar al personal.
    La rotura de la cuarta pared me ha gustado (me declaro fan de dichos artificios), y la bronca que nos echas pidiendo algo de memoria para recordar la foto es gloriosa 😀 😀 😀 😀 😀
    Y claro, dejas los dietes largos sin contar nada de lo que puede haber pasado a la narradora. ¡Argh! ¡Ya me has enganchado! ¡Delincuente!

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  5. Me sumo a la curiosidad de los demás, pero mayor es mi intriga por saber cómo logras idear tantas historias a la vez, en qué momento encuentras el tiempo y la paz para hacerlo, si también eres mujer y madre… Entonces ahí, te apareces en mi imaginación como una persona alegre, llena de energía, que realiza sus actividades siempre con mucha rapidez , que habla con vehemencia y siempre está dispuesta a ayudar a los demás. ¡Ja,ja! No te rías…mira que a través de tus letras así te he fotografiado ya…
    Ahora junto paciencia para continuar leyendo la historia en unos cuantos días más.
    Un gran abrazo, Ana.

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