Por capítulos: “Le délinquant” Parte II

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Parte I

Como os iba diciendo, me encanta contemplar a las personas que pasan por debajo de esta ventana. Me gusta imaginar mil historias acerca de sus vidas. Si ese señor estará casado, si esta pareja no va a durar mucho, si esa chica seguro que es profesora, si la señora de los pantalones de cuadros tiene un gusto horroroso y seguro que es una solterona… Cosas así. Hay veces que mi imaginación vuela hasta límites insospechados e imagino historias truculentas con tan variados personajes.

Aprovecho para observar a primera hora de la mañana, mientras desayuno apoyada contra la ventana. Es cuando pasa la gente más madrugadora, los que van hacia el trabajo. Pasan hombres trajeados que casi con total seguridad irán a trabajar a una oficina. Es posible que trabajen en uno de los múltiples bancos que tenemos aquí. Pasan hombres con ropas más humildes o con mono de trabajo. A esos les imagino trabajando debajo de un coche, llenos de grasa y limpiándose el sudor de la frente con una mano en la que sostienen alguna herramienta. No me preguntéis por qué. Pasan señoras y chicas con tacones de vértigo, faldas de tubo y el rostro cubierto por una capa de maquillaje. A ellas también les veo sentadas con comodidad detrás de alguna gran mesa de despacho. O quizá trabajando en una gran firma de ropa, como mi jefa. ¿Os he hablado ya de ella? Si, ¿verdad? Entonces no sigo por ahí.

A primera hora de la mañana es cuando pasan también los grupos de escolares que se dirigen a sus clases. Por sus caras, creo saber quién se lo pasa fenomenal en clase y saca unas notas estupendas o quién odia ir al colegio. También cruzan por el pasadizo los corredores, que suelen madrugar bastante para salir a correr antes de dirigirse a sus puestos de trabajo. Aunque también los hay que prefieren salir por la noche. A esos es a los que más cuesta poner en algún lugar, pero me da igual, pues lo mismo les invento una vida. Y también las mamás y papás de niños pequeños, los que van a la guardería. Algunos dormidos en brazos de sus padres, otros pataleando y llorando, otros tranquilos y amenos.

Por la noche, el pasar de personas por aquí es bastante diferente. Cuando yo regreso a casa ya habrán pasado de vuelta por allí todos los trabajadores de las oficinas y la gran mayoría de los que trabajan en otros ámbitos. Y es que mi horario laboral es bastante amplio. Bueno, bastante no sería una buena definición. Yo diría que muy amplio. Vamos, que soy de las últimas que vuelve a casa. Y, por supuesto, también paso por el pasadizo, porque, de hecho, en él está situada la entrada a esta humilde morada mía. Por cierto, estáis invitados a conocerla cuando queráis. Os estaré esperando asomada a la ventana.

Bien. Como os decía, por la noche el trasiego de personas es bastante diferente. A partir de la última hora de la tarde, ya ningún turista se atreve a pasar por aquí. La mayoría de la gente que pasa es, bien porque vive en mi edificio, bien porque van a la taberna. También algún que otro corredor se aventura a pasar por aquí, pero soy consciente de que la mayoría intenta evitarlo.

Lo que más me gusta son las noches de verano. Esas noches en las que puedo dejar abierta la ventana de par en par, sentarme en el alféizar y disfrutar de mi pequeño vicio. Porque en esas noches, además, aprecio todos los sonidos con mayor nitidez. Las conversaciones ajenas llegan a mis oídos con claridad, aunque estén dentro del pasadizo y nos les pueda ver. He llegado a escuchar de todo. Desde peleas de borrachos hasta gemidos de pasión ocultos en una oscuridad que pensaban sería discreta. Y reconozco que en ocasiones he puesto en peligro mi propia integridad física asomando el cuerpo un poco más de lo necesario para intentar escudriñar en las profundidades del viejo callejón.

Pero yo os iba a contar la historia de aquel día, ¿no es cierto? Si veis que divago mucho, avisadme, por favor. Ya os he dicho antes que muchas veces se me va el santo al cielo y me voy por las ramas.

(Continuará…)

 

Ana Centellas. Diciembre 2016. Derechos registrados.

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20 comentarios en “Por capítulos: “Le délinquant” Parte II

  1. Ya me has metido en tu manera de escudriñar las vidas ajenas. Para un escritor siempre se aglutinan imaginación en grandes dosis y observación, después viene la magia de saber proyectar esas historias que surgen y adquieren vida propia. Y por supuesto, esa manera de contarnos tan amena con la que sabes adentrarte en cada uno de nosotros. Te seguiré querida Ana, me encanta lo bien que sabes escribir. Besos.

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  2. Mucho cotilleo hay desde esa ventana 😀
    Pero claro, oye, si no quieren que les cotilleen, que no pasen por ahí. O que no peleen. O que no se amparen en la oscuridad. O, como dice Carlos, que no utilicen la zona de baño público. ¡Abrazos!

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