Para vosotros: “Orgullo de madre”

ORGULLO DE MADRE.jpg

¡Ya está aquí la última semana del año! En estas fechas tan especiales, no se ha realizado el tradicional reto literario que os vengo mostrando cada lunes. Pero, ¡no hay problema! Porque aquí os dejo un relato para amenizar este lunes festivo. Un relato, como siempre, redactado desde el corazón, que me hace recordar a mí misma cuáles son las verdaderas prioridades… Espero que os guste.

ORGULLO DE MADRE

Mi corazón acelerado ya no puede más. Sé que falta más de media hora, pero una necesidad imperiosa me lleva a salir de casa apresurada. He aquí el resultado de tanto tiempo sin llegar a mi hora, toreando mis retrasos de la mejor manera posible.

Hoy salgo acelerada de casa. La ya tan conocida ansiedad se apodera nuevamente de mí y hace que mi comportamiento resulte prácticamente obsesivo. El pecho me martillea, mi gran compañera la opresión hace más fuerza que nunca dentro de él y amenaza con estallar cual si de una olla a presión se tratase. Trastabilleo mientras corro apresurada a cambiarme de ropa, recojo las llaves, el móvil y mi sempiterno paquete de tabaco, fiel compañero y gran amigo de mi ansiedad.

El corazón sigue palpitando con fuerza dentro de mi pecho, parezco estar al borde de un infarto. Mi mente aún cuerda me recuerda, no es nada, ya lo sabes, no es tu hora todavía. Pero también repite el mantra tan bien aprendido en los últimos días: no puedes llegar tarde, no puedes llegar tarde… Introduzco la llave impaciente y arranco el coche, recibo agradecida un pequeño alivio de la presión, ya estoy de camino. Pero mi afán no me permite ni respetar los límites de velocidad ni las normas de buena circulación. A estas alturas, acostumbrada a esa conducción apresurada, creo que podría resultar una taxista excelente. Quizá me lo proponga algún día.

Por fin, para mi gran consuelo, llego a mi destino. La calle está desierta, un par de coches a lo sumo. Aparco bajo el sol aún abrasador de principios de octubre. Falta media hora, resoplo aliviada mientras un par de cigarrillos me acompañan en mi desesperada espera como mis buenos amigos que son. Otro mantra resuena en mi cabeza, mientras las lágrimas amenazan con asomarse a mis tristes ojos castaños, sin nada especial que revelar salvo la profunda tristeza que hace meses se manifiesta en ellos. Y mientras, mi mente hiperactiva prosigue con su retahíla: nunca más volveré a fallarles, nunca más volveré a fallarles… Y en esos momentos, mi determinación se hace más determinante, valga la redundancia. Bien podría producirse un holocausto nuclear, que ello no impediría que yo estuviese allí.

Finalmente, logro bajar del coche con la entereza necesaria para que nadie note nada, guardar un poquito de dignidad también es importante, no os creáis. Con el corazón aún palpitante, me acerco a la valla que rodea el recinto. Resuena la algarabía, los gritos, niños corriendo y gritando de un lado hacia otro. Cada uno en sus clases.

Sólo me lleva un instante localizar entre toda aquella locura a la pequeña partecita de mi corazón que no está conmigo en estos momentos. Subido sobre sus patines, recorre la pista como alma que lleva el diablo. Y la opresión cesa un poquito, dejando paso a un enorme sentimiento de orgullo que me va llenando poderosamente. Falta poco para que acaben las clases, camino más relajada hacia la entrada del cole y, cuando por fin abren la puerta, salgo lanzada hacia las pistas con el orgullo corriéndome a mil por hora por las venas, hasta que llego a él y nos fundimos en un profundo abrazo. Recogemos los cachivaches y vamos a buscar el otro pedacito de mi corazón que nos falta. Le encuentro ya solo, esperando que vayamos en su busca.

Y veo en sus ojos ese sentimiento que tanto ansiaba ver, el de confianza, el de saber que aunque mamá tarde es porque está recogiendo a su hermanito pequeño. Las ganas de llorar me sobrevienen sin previo aviso, aunque aún soy capaz de mantenerlas a raya. Ya estamos juntos los tres, ya nada más importa.

Mi compañera la opresión del pecho sigue ahí, inseparable, siempre fiel, pero en estos momentos, irreemplazables para mi frágil corazoncito, puede más mi alegría al verles y mi orgullo de madre me llena por completo. Es como si el corazón amenazase por salir del pecho, de igual manera que en los peores momentos de ansiedad, pero de una forma completamente distinta, algo que te llena por completo y no eres capaz de describir con palabras. Vamos, que no tiene la RAE ninguna palabra que sea capaz de describir ese inmenso gozo, ese inmenso amor incombustible. Hacen falta varias y ni siquiera se aproximan en lo más mínimo al sentimiento que causan: orgullo de madre.

Amor correspondido de manera incondicional, que siempre perdona tus retrasos, tu estrés, tus gritos cuando no logras mantener la paciencia requerida. Porque ellos no tienen culpa de nada y aún así, siguen dándote su amor incondicional y diciéndote al oído: eres la mejor mami del mundo, mientras te ofrecen el abrazo más sentido que pueden ofrecer y tus ojos vuelven a humedecerse una vez más.

No lo soy, vidas mías, por supuesto que no soy la mejor mami del mundo, pero sí soy la que más os quiere, la que más orgullosa se siente de vosotros, la que daría su vida si fuese necesario por vosotros dos.

Y a “dios” pongo por testigo, que nunca más volveré a fallarles.

Ana Centellas. Octubre 2016. Derechos reservados.

el-adios-copyrighted

Imagen: Ana Centellas. Derechos registrados.

el-adios-copyrighted

 

Anuncios

23 comentarios en “Para vosotros: “Orgullo de madre”

  1. A pesar de que no me ha gustado el teje y maneje que te traes con esos que supuestamente te traen la paz y el alivio, que ellos mismos te provocan con las sustancias adictivas suministradas durante el procesamiento de la materia prima, he de calificar esta entrada como excelente. No obstante,si me permites un consejo, apartate de su falsa amistad, porque de no hacerlo serán ellos quienes podrían requerirte un precio excesivamente caro. En cuanto al resto de la misma felicitarte por lo bien que escribes y transmites los sentimientos.
    Gracias por compartir algo tan íntimo como bello.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

  2. Ese inmenso amor incombustible es el único amor imperecedero que te acompañará eternamente, Ana. Ya verás.
    Ser madre es para siempre y seguirán siendo “tus niños” aunque estén vejetes.
    Muy hermoso “tu orgullo de madre”, muy desde lo profundo, de lo verdadero.
    Besos.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s