Por capítulos: “Le délinquant” (Parte III)

 

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La Genève – Ginebra

 

Parte I   Parte II

Vale, os la voy a contar. La historia, digo. Ya que sabéis de mí la más oculta de mis debilidades, os podréis imaginar con facilidad que alguna persona en particular haya atraído mi atención de una manera especial. ¿Quién? ¡Bingo! Habéis acertado, os doy mi más sincera enhorabuena. Pues sí, un chico. Pero, un momento, ¿cómo sabéis que es un chico? ¿No podría tratarse perfectamente de un hombre? ¿O un señor? Creo que hasta el momento no os he comentado mi edad. ¡Ah, es verdad! No recordaba que, además de personas curiosas, como yo, sois personas listas. En eso yo no os alcanzo tanto, pero bueno. Claro, habréis deducido que como vivo sola, de alquiler en un mini piso antiguo y viejo, que hace poco terminé mis estudios y que trabajo de dependiente en Prada por un mísero sueldo, aguantando a una jefa prepotente e histérica, pues que soy una chica joven. ¿Es cierto o no? Pues os habéis equivocado, queridos.

Aquí, Laure, cuenta ya con treinta añitos recién cumplidos. Vale, me demoré un poco con los estudios. Pero tampoco os he contado el tiempo que llevo viviendo sobre este plácido callejón, ¿o sí? El caso es que ya llevo cinco años entregándole con puntualidad a mi casera casi la mitad de mi deplorable nómina en concepto de alquiler. Nómina escasa en comparación con lo que se suele cobrar aquí, pero imagino que ya la quisierais muchos de vosotros. ¡Ay, mi casera! Esa sí que me daría para horas de conversación con vosotros. Pero mejor lo dejamos para otro momento.

A lo que íbamos. El chico que había atraído mi atención debía tener alrededor de mi edad. Yo le calculaba entre treinta y dos y treinta y cinco años, pero la verdad es que no soy muy buena para eso del cálculo de edades. Luego resultó tener veintinueve. Pero bueno, ¿eso qué importa?

El caso es que no era demasiado guapo pero tenía ese aire de chico malote que tanto nos gusta a las mujeres. Moreno, con el pelo largo recogido en una coleta baja, vestía siempre ropa informal y no había conseguido clasificarle en ninguno de mis grupos de personas. Casi siempre usaba vaqueros ajustados y cazadora de cuero. Raras veces le había visto pasar vestido de chándal y nunca con ropa formal. Descartado el trabajo de oficinista y también el de trabajador de algún taller.

Lo que más curioso me parecía de él y lo que más había llamado mi atención, era que pasaba todas las mañanas antes de que yo saliese hacia el trabajo y volvía después de que yo hubiese regresado. Y por la noche también volvía a pasar. Ignoraba hacia dónde se dirigía en aquellas escapadas nocturnas. Quizá tuviese novia y fuese a visitarla o a pasar la noche con ella. No tenía ni idea, nada más que lo que mi ya súper desarrollada imaginación podía llegar a pensar.

Por lo que ya habréis podido imaginar, mi interés hacia aquel misterioso chico fue creciendo a medida que pasaban los meses. Alguna vez incluso me atreví a bajar a la calle durante el tiempo que sabía que él pasaría por allí. Me apostaba contra la pared de mi pequeño portal a fumar un cigarrillo, como si estuviese allí de una manera casual. Quería verle de cerca. Observar, aunque solo fuese durante unos breves instantes, la expresión de su cara, sus relajados movimientos. A lo mejor algún día coincidiese con él mientras hablaba por teléfono y pudiese escuchar su voz. Cuantos más datos tuviese, mejor podría hacerme una idea más aproximada de cómo era su vida. Se convirtió en un misterio por desvelar. Un reto personal.

(Continuará…)

 

Texto y fotografía: Ana Centellas. Diciembre 2016. Derechos registrados.

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21 comentarios en “Por capítulos: “Le délinquant” (Parte III)

  1. TENER TREINTA AÑOS NO ES SER MAYOR, POR LO MENOS PARA MÍ, EL MUCHACHO MORENO Y CON PELO LARGO Y COLETA, PANTALONES AJUSTADOS DEBE MOLAR Y SER UN GRAN TÍO, SE PARECE A MÍ CUANDO ERA JOVEN, ASÍ QUE EL TÍO MOLA, DIGO JOVEN POR QUE SI CON TREINTA AÑOS NO LO ES….. YA LE PODEMOS MANDAR A UNA RESIDENCIA DE TERCERA EDAD…. JIJIJI

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  2. Me has dejado con los dientes largos y a las neuronas dando explicaciones a los surtidores de adrenalina y dopamina… Esto va tomando forma y el interés por saber qué acontecerá en el próximo episodio se mantiene.
    Gracias por aportar ese granito de arena en este silencioso lugar.
    Saludos

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  3. Ese primer párrafo en el que juegas con los prejuicios (en el sentido etimológico de prejuzgar) me ha encantado. Cuando no hay referencias sobre la persona, tendemos a acudir a unos esquemas mentales que, muchas veces, son bastante comunes, fruto no de nuestra reflexión, sino de la imposición 😉

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