Reto literario: “¿Será un fantasma? ¿Será un ladrón?”

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Imagen tomada de la red

Otro lunes más, otra semana más, y ¡nuevo reto esperando! Como siempre, desde la página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros“, se nos plantea el reto de escribir un relato a partir de la imagen que veis arriba. Esto es lo que ha salido. Espero que os guste. ¡Feliz semana!

¿SERÁ UN FANTASMA? ¿SERÁ UN LADRÓN?

Era viernes por la mañana y Jorge se levantó entusiasmado. Dio un salto para salir de la cama en cuanto su madre le llamó, y en menos que canta un gallo ya estaba vestido y listo para tomar el desayuno. Había dejado su habitación perfectamente ordenada y la cama hecha prácticamente a la perfección, como si tuviese que pasar revista.

Su madre se quedó sorprendida al verle bajar las escaleras con tanta decisión. Incluso su padre levantó la vista del periódico para echar una ojeada a su hijo, que estaba peinado de una forma impecable y con una enorme sonrisa. Ambos se lanzaron una mirada de complicidad al ver a su hijo tan dispuesto, y sonrieron con disimulo.

— ¡Vamos papá, vamos mamá! ¿Qué estáis mirando? Vamos a desayunar o si no llegaremos tarde al cole, como todas las mañanas.

Tomaron un buen desayuno los tres juntos y acto seguido Jorge por poco tiene que empujarlos hacia el coche para que pusiesen rumbo al colegio. Todas las mañanas, sus padres le acompañaban al colegio antes de irse juntos al trabajo. Los dos trabajaban en la misma empresa.

Cuando llegaron, Jorge apenas se despidió de sus padres, pues ya había visto a su amigo Jaime en la fila de su clase. Corrió hacia él y, emocionados, iniciaron una amigable conversación hasta que sonó el timbre que anunciaba el comienzo de las clases. Cuando los padres de Jorge comprobaron que había entrado dentro del edificio, salieron hacia su trabajo. A la hora de la salida, los dos muchachos estaban tremendamente emocionados. No era la primera vez que Jaime iba a la casa de Jorge, o al revés, pero aquella sí sería la primera vez que se quedaría a dormir. Imaginaban una noche super emocionante, en la que no pegarían ojo en toda la noche contando historias y jugando con sus muñecos preferidos. Pasaron toda la tarde jugando juntos, disfrutaron de una deliciosa merienda y gritaron y cantaron como locos en un juego de la consola. Eran los mejores amigos y todo el tiempo que pasaban juntos lo disfrutaban al máximo. Antes de que pudieran darse cuenta ya había llegado la hora de la cena. Esta fue muy amena, la relación de los padres de Jorge con Jaime era buenísima y ya era prácticamente un hijo más. Disfrutaron otro rato jugando y, cuando la madre de Jorge les pidió que fueran a lavarse los dientes y se fueran a la cama, ninguno de los dos puso pega alguna.

Pasaron un rato juntos en la cama de Jorge, con la luz de la lamparita de noche encendida. Al poco tiempo entró el padre para decirles que la fiesta había terminado, que se fuera cada uno a su cama y apagasen la luz. Ellos también se iban a acostar, estaban agotados después de la dura semana de trabajo.

— ¡Vale, papá! —contestó Jorge. Y Jaime se cambió de cama sin quejarse.

Esto sorprendió un poco al padre, pero estaba tan rendido que no dijo nada, les deseó las buenas noches y, cerrando la puerta de la habitación, se fue a dormir.

Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, fue Jorge el que saltó a la cama de Jaime con una linterna en la mano. Estuvieron un buen rato hablando en cuchicheos, iluminados por la pequeña luz de la linterna, con total tranquilidad porque Jorge sabía que cuando sus padres se iban a la cama, tardaban escasos minutos en quedarse dormidos. Estarían así toda la noche, contándose historias y planeando juegos divertidos para la mañana siguiente.

Pero poco les duraron sus planes, porque al poco tiempo ambos cayeron rendidos por el sueño, quedándose dormidos los dos juntos en la cama de Jaime.

Al cabo de un rato, Jaime, que tenía el sueño bastante ligero, sobre todo al encontrarse en una cama extraña, despertó a Jorge agitado.

— ¡Jorge, Jorge! ¿Has oído eso? —despertó a su amigo dándole ligeros codazos en el costado. — ¿El qué? —contestó con voz adormilada su amigo, entre grandes bostezos.

— He oído ruidos muy raros… ¿Se habrán levantado tus padres?

— No creo. Nunca se levantan por las noches, están demasiado cansados y, además, tienen baño dentro de su habitación.

Ambos agudizaron el oído. Una serie de golpes, cuchicheos y estruendo de cosas al caer, se sucedían dentro de la casa. Jaime estaba comenzando a arrepentirse de haberse quedado a dormir en aquella casa. Con lo tranquilito que estaría él en su camita, donde dormía a pierna suelta.

— ¿Será un fantasma? —preguntó, con los ojos como platos.

— ¿Cómo va a ser un fantasma, Jaime, si los fantasmas no existen? —le contestó Jorge, mostrando una seguridad que en realidad no tenía.

— Entonces, ¿será un ladrón?

— Ostris, eso sí puede ser… Pues yo no pienso salir de aquí para comprobarlo. A ver si, encima, nos ataca.

Se escondieron debajo de las cálidas mantas de la cama. No sabían cuál de los dos estaba más nervioso. Eso de tener un ladrón en casa era una cosa muy seria. Deberían llamar a la policía, pero dentro de la habitación de Jorge no había teléfono y eso supondría salir de su escondite. Entonces escucharon unos pasos que se acercaban a su habitación. Los dos niños, agazapados bajo las mantas con la linterna en la mano, asomando un poco la cabeza para poder ver, observaban aterrorizados cómo la puerta comenzó a abrirse con lentitud, como si quienquiera que fuese no quisiera hacer ruido. La luz del pasillo comenzaba a filtrarse por la rendija que cada vez se agrandaba un poquito más, dando paso a una figura ensombrecida por la luz que provenía de detrás.

— ¡Dulces sueños, Jorge! —exclamó aquella figura redondeada con voz torpe y cantarina.

— ¡Abuela! ¡Qué susto nos has dado!

Jorge salió de debajo de las sábanas, seguido por su amigo. De inmediato, los dos irrumpieron a reír a carcajadas. Las risas de los niños despertaron a sus padres, que dormían ajenos a todo en la habitación contigua. Salieron al pasillo, adormilados y restregándose los ojos.

Menudo rapapolvo se llevó la abuela, por llegar a aquellas horas del bingo, borracha como una cuba, tirándolo todo a su paso y, por si fuera poco, despertando a los niños.

Ana Centellas. Enero 2017. Derechos registrados.

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36 comentarios en “Reto literario: “¿Será un fantasma? ¿Será un ladrón?”

  1. ⭐⭐⭐, de 5. Es decir, el relato está bien y resulta entretenido, pero necesita que le des un repaso a las comas que faltan y a las redundancias.
    Sobran un par de vamos por lo menos, en entrado dentro una de las dos opciones está demás, el mañana del comienzo por entenderse en el contexto que avanza el relato, fueran también se repite en el mismo párrafo… En fin, espero que entiendas esta crítica con sentido positivo.
    Saludos

    Le gusta a 2 personas

  2. ¿Qué será, será? Que cantaban en la de Hitchcock.
    El detalle de la abuela todo torzas en plan vendaval etílico, sublime. Que está mal reirse de los ancianos cocidos, pero… 😀 😀 😀 😀
    Y menos mal que no era 6 de enero de madrugada, o habría asustado hasta a los Reyes la buena mujer.

    Le gusta a 4 personas

  3. jajaja. ¡Espectacular! ¡Lo pasé fatal! Esperaba otro de tus relatos de terror, ¡pero al final me sorprendiste con ese final tan inesperado y con esa abuela ejemplar! Muchas gracias por hacerme reír!

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