FlemingLAB – Tras la pista adecuada

 

Activ. #01 - TRAS LA PISTA ADECUADA.JPG
Imagen: Ana Centellas

 

Este relato es la actividad #01 del Taller de Escritura Creativa de FlemingLAB, que podéis encontrar en el blog Masticadores de Letras

 

TRAS LA PISTA ADECUADA

 Llegaron al pequeño edificio abandonado justo al final del parque. Era un lugar inhóspito, alejado ya de la ciudad, en los confines que daban paso a los campos del extrarradio. Cubierto por entero de grafitis, sin puertas. Algunas ventanas cerradas a cal y canto, otras no tenían ni siquiera cristales. A través de una de ellas se podía vislumbrar un fantasma que alguien había pintado con extrema precisión en la pared opuesta, ofreciendo su tétrica visión a cualquier descuidado que osase pasear por allí. El lugar era poco frecuentado, desde que quedase en estado de abandono, había servido de refugio para yonkies y pandilleros.

Eran cerca de las cinco de la tarde. El cielo, totalmente cubierto por oscuras nubes, le daban un aspecto aún más siniestro del que de por sí ya ofrecía. Las últimas pistas que habían conseguido esclarecer en sus investigaciones, habían llevado al inspector Martínez, de la brigada de homicidios, y a su equipo hasta allí. Se adentraron con precaución, encabezados por Martínez. Poco a poco se fueron desplegando por las distintas estancias de lo que en su día había sido un centro de menores, un pequeño edificio de dos plantas.

La planta baja se encontraba vacía, de modo que subieron en fila y de manera sigilosa al piso superior. Era una estancia diáfana, en la que había claras evidencias de haberse encendido una hoguera. Las paredes estaban cubiertas de grafitis, al igual que el exterior. Montones de basura se acumulaban por doquier. De inmediato les llamó la atención la pared más alejada de la puerta, cubierta por completo de fotografías. Llevaban varios meses tras la pista del asesino, que se había cobrado ya siete víctimas en la ciudad, y esperaban encontrarlo en aquel lugar; todas las pistas que habían recabado conducían a él.

Tras comprobar que la estancia se encontraba vacía, guardaron sus armas, y se acercaron hasta la pared. En ella se podían contemplar las fotografías de siete chicas, todas con el mismo perfil, morenas, cercanas a la treintena, enfermeras y de baja estatura. A su lado figuraban los recortes de prensa donde se había informado de su asesinato. El revoltijo de enseres del lugar daba a entender que alguien había huido de manera precipitada.

— ¡Mierda! ¡Se nos ha escapado! —exclamó exasperado Ramírez, el integrante más joven del equipo.

— Pero ha cometido un gran error… —le respondió Martínez—. Volvamos a comisaría, chicos, no hay tiempo que perder.

Ya en comisaría, Martínez entregaba un documento a la teniente Riveiro. El suspiro que esta emitió fue más que sonoro cuando comprobó el trabajo que le venía encima. Recaía sobre ella la responsabilidad de disponer de la información solicitada a tiempo. Todos conocían el modus operandi del asesino, siempre atacaba a sus víctimas cerca de la  medianoche, cuando regresaban a sus casas después de su turno en el hospital. Los estudios forenses determinaban que en primer lugar les seccionaba la yugular para después violarlas de manera violenta. Otro cabrón más en un mundo cada vez más inseguro. Por suerte, estaban ellos tras la pista y esta vez creían haber dado con la adecuada.

Varias horas después, alrededor de las once de la noche, Riveiro entregaba satisfecha a Martínez un sobre con la documentación que este le había solicitado con urgencia. El inspector se mostraba tan ansioso que había terminado con el último cigarrillo de su cajetilla y tenía un humor de perros. La noticia que le daba Riveiro le sentó como si se hubiese tomado un termo de café bien cargado. Con presteza, y tras darle un escueto agradecimiento a la teniente por el buen trabajo realizado, además de una palmada en la espalda, convocó a su equipo y salieron de la comisaría. Varias patrullas policiales les acompañaban en la misión.

Mientras, en el Hospital General, Montse terminaba su turno y se despedía de sus compañeras de la noche. Se encontraba agotada tras una dura tarde de trabajo y se dirigió directamente a su coche. Cuando por fin llegó a su casa, tuvo que dar varias vueltas hasta que por fin encontró un lugar donde estacionarlo. Quedaba un poco lejos, pero a esas horas ya estaban todos los vecinos en sus casas y el aparcamiento estaba bastante complicado. Con un suspiro, pensó que quizá el pequeño paseo al aire frío de la noche le despejase la mente.

Caminaba despacio por las calles ya vacías debido al frío de aquel mes de enero. El cielo era de un color plomizo y amenazaba lluvia de un momento a otro. Apenas le faltaban unos metros para llegar a su portal cuando fue agarrada con fuerza desde atrás por el cuello, mientras otra mano le tapaba la boca para impedir que gritase. Prácticamente a rastras, su agresor la llevó a una  furgoneta que había aparcada justo a su lado y la arrojó en su interior sin miramiento alguno. Con rapidez, aquel tipo le tapó la boca con cinta aislante y fijó también sus manos a la espalda. El terror que se podía ver en los ojos de Montse era indescriptible. Apenas sí le había dado tiempo a gritar para pedir auxilio en el breve intervalo desde que fuera arrojada en el interior del vehículo hasta que su asaltante le tapase la boca. La cinta aislante le causaba un gran dolor en el rostro y las primeras lágrimas de desesperación comenzaron a asomar.

Como caídos del cielo, que ya empezaba a dejar caer las primeras gotas de lluvia, cuatro coches patrulla llegaron a toda velocidad desde los dos sentidos de la calle, rompiendo el silencio de la noche, y posicionándose de forma que fuera imposible la salida de la furgoneta. Martínez salió disparado, arma en mano, cuando al delincuente aún no le había dado tiempo a cerrar las puertas traseras del vehículo.

— ¡Sal de ahí, hijo de puta! —gritó Martínez entre el estruendo de las sirenas.

El atacante, viéndose acorralado, emergió del vehículo con furia, portando un cuchillo de grandes dimensiones. Se dirigía directamente hacia Martínez quien, en un acto reflejo, disparó su arma, acertando de pleno en el pecho del agresor. De inmediato cayó desplomado al suelo mojado de la calle.

—    Problema resuelto, chicos, este cabrón no volverá a matar más. Estaréis de acuerdo conmigo en que le he disparado en defensa propia, ¿verdad? — dijo Martínez, mientras liberaba a Montse de su amarre y le ofrecía cobijo bajo sus fuertes brazos.

—    Por supuesto, jefe. —respondieron al unísono el resto de agentes.

A la mañana siguiente, en comisaría, un más que orgulloso inspector Martínez felicitaba a su equipo por el buen trabajo realizado. Después se dirigía al despacho de la teniente Riveiro, a la que pilló por completo desprevenida dándole un apasionado beso. Mientras, el resto del equipo aplaudía. El jefe, que tanto arrojo tenía en su lucha contra el crimen, tras años de guardar sus sentimientos por cobardía, por fin había reunido coraje.

Ana Centellas. Enero 2017. Derechos registrados

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31 comentarios en “FlemingLAB – Tras la pista adecuada

  1. La narración es estéticamente impecable, pero queda huérfana al no revelar qué información vital fue la que le dio a Martínez la clave para saber exactamente cómo dar con el asesino. Otro aspecto que me preocupa de la narración es que por lo normal, primero se viola a las víctimas y luego… matarile. Aquí primero le seccionan la yugular, que no digo yo que no, pero es más complicado de asimilar como real que si fuese al revés. En general es un relato estupendo. Muy bien trabajado. ☺

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      1. Si ya te digo que el relato está escrito con una técnica narrativa impecable. Pero no encuentro la pista que me lleve a deducir por qué sabía quién era el asesino, ni que lo encontraría exactamente donde lo encuentran. Lo que sí intuyo es que hay material para una narración mayor, o sea, una novela. De todas formas reconozco que soy un lector exigente al que le gusta que todo concuerde y nada distorsione la credibilidad de la narración. Por eso mismo no veo apenas cine, jeje: a la primera que veo que hay algo que no casa con lo que debiera me levanto y a otra cosa. Pero escribes muy bien.

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  2. La tensión se respira en todo el relato, dejando entrever que cabía la posibilidad de que la policía hubiera cometido algún error y la chica se convirtiera en una victima más. Además, el final le agrega un toque de romanticismo al relato y de esperanza. He disfrutado mucho de su lectura. ¡Un abrazo!

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  3. Por cierto, veo que soy el único que se atreve a opinar de forma “distinta”, digamos… fuera de los halagos de rigor sin profundizar. Así tengo la fama que me han puesto de ser un tocapelotas, pero creo que como realmente se mejora es recibiendo críticas constructivas, que no es lo mismo que criticar por criticar, ni halagar por halagar. Por cierto, ¿Quién es el profe?

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    1. Y a mí me encantan esas críticas, porque te dan la oportunidad de aprender. Que conste que el profe, Juan Re Crivello, me propuso que esclareciera ese punto, pero le propuse dejarlo al ingenio del lector. Hay un punto en que el policía comenta que el asesino ha cometido un fallo, supuse que con algo de lógica se podría sobreentender. Y por favor, te ruego que sigas haciendo este tipo de comentarios, porque al final no sabes si lo que estás escribiendo es realmente bueno o no. Que señalen nuestros errores es cuando aprendemos, si siempre nos dicen que está bien nos quedará la duda, y si no los hay pues no los hay… Besos

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      1. Reitero que el relato es técnicamente perfecto, ergo muy bueno con un par de detalles que veo que tu profe también te comentó que no estaría de más que los “pulieras”. Lo que jamás haría es entrar para decir que es una porquería etcétera, y menos para decir que me gusta si no fuese el caso. Así que espero la siguiente entrega y… te reto a que te animes a profundizar en el guión. Ya sabes; novelita novelita. ☺

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  4. ⭐⭐⭐, de 5
    Es una pena que un relato de este nivel pierda parte del valor adquirido por algo tan llamativo como desacertado, me estoy refiriendo al mal uso que hace de la raya; puesto que, tanto en la de apertra como en la de cierre: han de ir unidas a la palabra, y no separadas como aquí se exponen.

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  5. Es que los polillas también tienen su corazoncito Ana, sé que se lo dejan a menudo en la taquilla, pero lo tienen. El relato da para algunos capítulos y si te enredas a narrar cada uno de los crímenes casí para una novela políciaca. ¿Y que nota has sacado en el éxamen? Jajaja. Un diez seguro y un beso de mi parte.

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  6. A mí me parece un relato muy bueno, estoy de acuerdo con gallegorey en que falta saber algoo más sobre la pista que llevó a Martínez a saber quien era el asesino, así como la facilidad con la que han llegado a tiempo de rescatar a Montse. Entiendo que es un texto corto y no se puede aclarar todo. Así estimularemos la imaginación e intentaremos buscar la pista…
    Veo que la emoción por el éxito de la “caza” ha envalentonado a Martínez, espero que la teniente Riveiro no le dé calabazas.
    Un abrazo y felicidades, Ana.

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  7. Es un relato muy bueno, ANa. Yo no sé si sería capaz de escribir algo así, la verdad.

    También a mi me resultó raro el modus operandi del violador pero la técnica con la que desarrollas los hechos y el hilo de la historia es de aplauso.

    Otro detalle que he observado justo al final, cuando dan con el asesino… es que dura muy poco, ahí yo hubiera añadido un poco de más tensión, un forcejeo algo que hubiera mantenido en vilo al lector un ratito más. No obstante, tu historia me encanto 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

    Enhorabuena por tu talento.

    Besos 😘

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  8. Lo del tema de la pista, como soy un poco patán para deducir cosas en plan acertijos, no caigo. Además, el género negro no me tira particularmente, por lo que no estoy habituado a “pensar” como los personajes…
    Por lo demás, como siempre, una prosa fluida y amable, Ana. El epílogo (que no el desenlace) me ha parecido un poco extraño, eso sí, con ese beso apasionado que no veo que venga muy a cuento al no tener referencias previas de una posible atracción (o yo no me he percatado), pero como dicen en algún comentario, en un relato corto no te puedes expandir ad nauseam 🙂

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