Reto literario: “Nueva vida”

 

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Imagen tomada de la red

 

¡Feliz lunes de nuevo! Damos comienzo a la última semana del mes de enero, ¡esto va que vuela chicos! De aquí a nada nos vemos con los turrones otra vez, jajajajaja.

Como suele ser habitual los lunes, comparto el relato que escribí para el reto literario de la página de Facebook, “El maravilloso mundo de los libros“. Aquí lo tenéis:

NUEVA VIDA

Paseando bajo la lluvia por las angostas callejuelas empedradas de mi pueblo, voy poco a poco siendo consciente de la gran riqueza que tengo. La lluvia cae con fuerza, arrastrando con su ímpetu cualquier rastro de añoranza que hubiera podido quedar escondido dentro de mí. Me encanta cuando llueve aquí, en el pueblo, y yo suelo salir a recorrer las calles, empapándome de la naturaleza que Zeus, de manera generosa, me envía cual regalo divino, para limpiarme y liberarme.

Son las ocho de la tarde, aún es temprano, pero ya no se ve un alma por las calles que, al contacto con el agua, se vuelven peligrosas y resbaladizas. Solo yo, transeúnte solitario de unas callejuelas despobladas, se atreve a salir a disfrutar de la lluvia cadenciosa que me va empapando poco a poco. Hasta los animales están reguardados de la lluvia. El humo de las chimeneas inunda el ambiente, consiguiendo una mezcla de olores inconfundible y maravillosa que llena de goce mis sentidos, el bucólico olor de la lluvia y el hogareño olor de la leña.

Las luces de las casas están encendidas. En aquella ventana que veo al fondo está la señora Emilia, la de la panadería, refugiada casi con total seguridad en un buen libro al abrigo de la chimenea. La ventana que tengo ahora mismo a mi derecha es la casa de Marquitos y Ezequiel, dos de mis mejores alumnos, que seguro que a estas horas ya han terminado sus tareas y estarán pasando un rato divertido jugando a la consola. En aquella de allí, estará la señora María, la de la tienda, preparando ya la cena para su esposo, Manuel, el del bar, y sus dos hijos, Sara y Jorge, también alumnos míos.

Continúo mi caminar bajo la lluvia, dejándome calar hasta los huesos, hasta llegar a la casa de Julia, justo al lado de la plaza. Las luces encendidas y la chimenea echando humo me hacen saber que allí está ella, resguardada del frío y la lluvia, seguro que con una taza de té entre las manos. Me imagino a mí mismo tocando a su puerta, diciéndole al oído de una vez por todas lo que siento por ella y besando sus jugosos labios por primera vez, dulces, tentadores, hipnotizantes. Pero una vez más paso de largo, cobarde, estúpido, buscando el resguardo de mi pequeña casita de piedra, huyendo de la vergüenza que me produce mi propia falta de arrojo.

Calado hasta los huesos, con una mezcla de paz e intranquilidad en mi interior, me cambio de ropa y me acerco a la chimenea, dejando que el calor vaya llenando mi interior y que el crepitar de las llamas me termine de infundir la calma que necesita mi encaprichado corazón.

Recuerdo con pesar la decepción que me llevé cuando, en el concurso de traslados, me destinaron a este pequeño pueblo perdido de la mano de dios. Yo estaba acostumbrado al bullicio de la gran ciudad, a las salidas nocturnas, a las prisas cotidianas, a las clases multitudinarias. Me gustaba salir a pasear bajo la lluvia, al igual que he hecho hoy, a empaparme de su frescura, hipnotizado por el sonido del tráfico de coches deslizándose sobre el asfalto mojado, refugiado en mi anonimato, inadvertido para el resto de la gente. Qué poco sabía yo en aquellos momentos de lo que era vivir, de lo que era gozar de una pequeña vecindad donde todos somos familia, donde cada uno conoce a los demás de tal manera que, con una simple mirada, todos saben cuándo no estás pasando por tu mejor momento y se vuelcan en ti de manera incondicional.

Ahora doy gracias por ello, por mi gran chimenea y me pequeña cocina de gas, por mi bonito patio al que salir en las calurosas noches de agosto y por despertar escuchando los pájaros que, remolones, me anuncian que llega el momento de ir a mi pequeña escuela, mi otro hogar. Y reconozco que aquí la lluvia no huele igual.

Ana Centellas. Enero 2017. Derechos registrados.

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21 comentarios en “Reto literario: “Nueva vida”

  1. Me ha encantado el relato ANa. Ha sido inevitable acordarme de mi trayectoria transeunte como profesora y los distintos destinos que he ido recorriendo, los cuales han ido añadiendo cambios a mi vida, cada uno con sus cosas buenas y malas.

    Espero que tú prota llame a esa puerta y finalmente la busque, la vida es de los que se atreven.

    Besos

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  2. De repente me has trasladado a algunos de esos lugares tan bellos y cudados que me encanta visitar y fotografiar de noche. La riqueza de esos pueblos es una fuente de historias y tradiciones. La vida sigue y se disfruta en el relato. Un besazo.

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  3. Me encanta, Ana. Si hubiera sido maestra, me hubiera gustado vivir en un pueblo donde todo el mundo se conoce, donde se puede caminar por enmedio de la calle saludando a los vecinos, sentarme a la puerta de mi casa y tertuliar con los que se acercaran a mí… Me has hecho recordar mi pueblo y su tranquilidad de antaño.
    Un beso.

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  4. Una nueva vida… que ha resultado ser mejor. O a la que se ha adaptado. Lo mejor, para mi gusto, la descripción del pueblo en base a la enumeración de ciertos de sus habitantes. Y la frase final, que cierra el texto de modo poético y hermoso.

    Le gusta a 2 personas

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