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CORAZÓN ENAMORADO

Es domingo por la tarde. La suave luz del ocaso se cuela sutilmente por entre las cortinas caladas. En el sofá, recostados, cada uno concentrado en su teléfono, estaban Clara y Chema. Así han pasado la tarde, cada uno dedicándose a sus cosas, sin apenas hablar. El sonido de la televisión, de fondo, es el único que interrumpe el silencio del salón. El mismo salón que en otro tiempo había sido testigo de las chispas que saltaban entre ellos, de intensos momentos de pasión. Si aquellos sillones hablasen…

Casi como si en ese preciso instante Clara hubiese estado pensando en ello, levantó la vista de su teléfono y le preguntó a Chema:

—Chema, ¿tú me quieres?

—¿Qué pregunta es esa, Clara? Por supuesto que te quiero. —respondió él, un tanto extrañado por la pregunta de su mujer.

—No sé, me lo estaba preguntando, como hace tanto que no me lo dices…

—¿Es necesario que te lo diga? Yo pensaba que ya lo sabías.

—El amor hay que demostrarlo. No vale darlo por supuesto. Míranos, llevamos aquí toda la tarde sin cruzar palabra.

—Pero estamos juntos, ¿no? ¿No es eso lo importante? Yo me siento muy a gusto aquí, sabiendo que estás a mi lado. ¿Acaso has hecho tú algo para que no hayamos pasado la tarde así?

—Lo sé, y reconozco mi parte de culpa. Pero yo al menos te digo que te quiero todos los días.

—Clara, una cosa es decirlo y otra sentirlo. Y yo lo siento aunque no lo diga.

—No me puedo creer que lo sientas y no lo digas. Si no lo dices es porque no lo sientes.

—¿Y el decirlo te garantiza que lo sienta?

—Chema, algo en mí me dice que tu corazón ya no está enamorado.

—¿Y cómo sabes tan bien cómo está mi corazón? ¿Cómo se supone que es un corazón enamorado?

—Llámame ingenua, pero yo creo que de un corazón enamorado brotan rosas en cada latido.

—¿Y crees que del mío no y del tuyo sí?

—Sí, eso creo, Chema.

Chema optó por el silencio. El ambiente se estaba caldeando bastante y, si no paraban, la conversación podía terminar muy mal.

Pasaron las semanas y la situación entre los dos no cambiaba, pese a los intentos de Chema por hacerlo. Pero Clara estaba tan convencida de que él ya no estaba enamorado, que todos sus esfuerzos fueron inútiles.

Un día Clara le pidió el divorcio. Decía que no soportaba la convivencia con una persona que no la amaba. Por más que Chema intentó arreglar la situación, ella estaba cerrada en banda. Lo había meditado mucho y la decisión estaba tomada. Al día siguiente mismo irían a ver al abogado.

Aquel día, el de la cita con el abogado al final de la tarde, Chema calculó muy bien el tiempo que tardaría Clara en llegar. Cuando escuchó su coche aparcando en la puerta, cogió el cuchillo más grande y afilado de la cocina y, mostrando una gran sangre fría, se abrió el pecho, dejando totalmente al descubierto su corazón.

Cuando Clara llegó a casa, quedó paralizada al ver a Chema desangrándose en la cocina, mientras su corazón daba sus últimos estertores. En cada pequeño latido, cada vez más débil, unas bellas rosas rojas brotaban de él. No la había mentido, estaba por completo enamorado de ella.

Clara no soportó aquella escena. Agarró el cuchillo, que aún permanecía en las manos ya inertes de Chema, y procedió a realizar la misma operación. No llegó a ver cómo su corazón, carente totalmente de amor, solo salpicaba espinas en cada latido.

Ana Centellas. Febrero 2017. Derechos registrados.

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Este relato ha sido trabajado para el habitual reto literario que cada semana nos propone el grupo de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. Soy consciente de que ha podido quedar un poquito macabro pero, ¿qué queréis que le haga? ¿Quién soy yo para ponerle límites a mi imaginación?

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42 comentarios en “Reto literario: “Corazón enamorado”

  1. Uffff tan hermoso como.tétrico. No por decirlo muchas veces se ama más, a veces solo tenemos que percibir cosas para saberlo, no exigir demasiado, y mirar a nuestro alrededor. Una vez tuve un novio que me decía a todas horas que me quería, llegó un momento que me resultaba empalagoso, un día le dije que parecía querer convencerme de su amor, amor que yo percibía bastante exagerado y, efectivamente un día se largó sin despedirse siquiera jajajaja, me utilizó porque no tenía a donde ir y le dejé la casa de mis padres para que estuviera gratis allí, lo saqué de una secta, un lugar para gente adicta y sin techo, le di una oportunidad, y cuando tuvo otra opción, un buen día se fue, y lo peor me mintió y hoy todavía sigue mintiendo. Maldigo yo esos amores de tantas palabras y tantas promesas. Me gustó leerte. Besos a tu corazón.

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  2. Leñe, es una tragedía como un portaviones de grande. y además ensangrentada. Original si que es Ana, porque el final llega la verdad de quien miente y quien ama. Ahora que, a Clara, para la próxima, la dejas viva y más feliz que una perdiz viviendo a cuerpo de rey con un moreno depilado de dos metros de alto, a costa del seguro de vida de Chema y sería el crimen perfecto. Un besazo.

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  3. Crudo, pero muy cierto y muy bien escrito. El amor no se demuestra sólo con palabras; y éstas a menudo se esfuman en el aire cuando no van acompañadas de bellos gestos. Un relato tan exquisito como descorazonador.
    ¡Besos, Ana!

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  4. ¡Hoooostia! Qué imagen más potente y estupenda la del final. Un diálogo muy interesante sobre el paso del tiempo y el amor a lo largo del mismo (los que tenemos unos años en común con nuestras/os respectivas/os lo entendemos muy bien) y un término apoteósico. Cuando he leído lo del cuchillo, he pensado en un relato denuncia contra la violencia de género, pero me he equivocado de parte a parte. ¡Fantástico!

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