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Imagen tomada de la red

 

EL MANUSCRITO PERDIDO

Las ideas se agolpaban por momentos en su mente, formando un torbellino que amenazaba con volverle loco. Llevaba cerca de un mes intentando comenzar a escribir una novela medio decente, pero lo más que había conseguido eran palabras sin sentido plasmadas sobre una hoja de un frío procesador de textos. Todas ellas habían terminado en la papelera de reciclaje.

Y ahora, de repente, le sobrevenía ese aluvión de ideas, esa historia definida con una claridad casi precisa en su mente que le estaba volviendo loco. No podía aguantar a estar delante del ordenador, ni siquiera hubiera podido aguantar la espera hasta que este arrancase. Se volvería loco si no volcaba aquella historia de inmediato.

Se encerró en su cuarto y comenzó a escribir como un loco sobre cientos de folios con una caligrafía casi ilegible. Estuvo diez días completos con sus diez noches escribiendo sin parar. Su esposa le llevaba cada cierto tiempo algún refrigerio que en más de la mitad de las ocasiones retiraba sin tocar. Estaba más que acostumbrada a aquellos arrebatos de inspiración que de vez en cuando le daban a su marido. Luego terminaba tan exhausto que dormía sin parar durante dos días seguidos. Durante ese tiempo, ella se encargaba de transcribir las palabras casi ilegibles de su marido. Habitualmente pilas y pilas de folios escritos con una rapidez extraordinaria.

Tras aquellos episodios, él no recordaba apenas nada. Solo que una historia había emergido de su mente y que había comenzado a plasmarla sobre el papel. Y cuando despertaba, el archivo estaba preparado en el ordenador, listo para ser revisado.

Pero en aquella ocasión ocurrió algo diferente. Tras siete días escribiendo sin parar, su cabeza se quedó por completo en blanco cuando estaba casi llegando al final de la historia. Esperó, con paciencia, durante horas. Salió de la habitación a tomar algo, cosa que sorprendió gratamente a su esposa. Volvió a su encierro y comprobó con horror que ninguna idea fluía en su mente. Era como si se le hubiesen agotado de un solo plumazo. Estaba ya histérico, se mesaba los cabellos como si de un loco se tratase. Abrió la ventana en un vano intento por refrescar su mente.

Gritó a su mujer con cólera cuando esta entró en su pequeño cuarto de escritura para preguntar si se encontraba bien. Al abrir la puerta, una pequeña corriente de aire cruzó la habitación como si se tratase de un huracán, haciendo que los centenares de hojas que tenía manuscritas saliesen volando desordenadas. Las más atrevidas se escaparon por la ventana, buscando destinos más interesantes que aquella historia en la que se habían visto metidas.

Enloqueció como nunca, volvió a dirigir a su mujer una serie de improperios ininteligibles y, sin pensárselo dos veces, salió por la ventana del cuarto. Solo jugó en su favor que este se encontrase en la planta baja de la casa.

Su mujer, atemorizada, vio por la ventana cómo se alejaba corriendo enloquecido por completo, internándose en el bosque que había cerca de la parte trasera de la casa. Salió corriendo detrás de él, lo más rápido que pudo, pero fue incapaz de determinar el camino que había tomado su marido.

Fueron horas de búsqueda desesperada, ya había comenzado a anochecer cuando lo encontró. Tirado en el suelo, con los cabellos por completo revueltos y cubiertos de barro, se aferraba con fuerza a la hierba que cubría el suelo del bosque, tan fértil en aquella primavera tardía. Arrancaba briznas a su paso, reptando como un loco hacia unas hojas de su manuscrito que habían llegado hasta allí. En su camino había dejado atrás muchas más, completamente destrozadas por aquellos dedos febriles y embarrados.

Ante su imposibilidad por hacerle entrar en razón, y después de varios arañazos que le lanzó  a las piernas, no tuvo más remedio que llamar a los servicios de emergencia.

Han pasado ya dos años y aún continúa en aquella habitación acolchada, inmovilizado por su camisa de fuerza, mientras grita desesperado que ha encontrado ya el final para su historia.

Ana Centellas. Febrero 2017. Derechos registrados.

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34 comentarios en “Reto literario: “El manuscrito perdido”

  1. Qué mal rollete me ha cogido! A veces cuando la inspiración no acompaña me siento mal e intento por todos los medios que se me ocurra algo, por no quiero acabar loca, por dios!!! 😨 Hay que tomárselo con más calma jeje 😅
    Por cierto, si me permites una ínfima corrección, sobra la tilde en el “hacia” en el antepenúltimo párrafo 😉
    Besos de lunes, querida Ana!! 😘😘

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  2. Sinceramente, domino algo bien la poesía, pero leer historias tan originales, tan bien narradas como esta tuya me produce una gran envidia, y una necesidad imperiosa de un día poder escribir e imaginar un relato la mitad de bueno que el tuyo. A ver si me llega la inspiración y no acabo como.el protagonista de tu historia. Mi admiración siempre y un beso a tu alma.

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  3. Las musas, esas meretrices tan sobrevaloradas, han condenado a otro incauto. Hay un enorme agujero en el código penal, sí.

    Hay que estar más en ese 90% de transpiración de Edison. Menos etéreo, seguro, pero mucho más productivo.

    Sea cual sea el motor, a ti te ha cundido: una Gran pequeña historia. Genial. Un abrazo!!

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  4. Locos son aquellos que expresan sus sentimientos y los ponen a merced de los demás, al igual que ese pobre hombre, abrimos las ventanas de nuestro interior para que nuestras ideas vuelen libremente y así al menos no nos estallen en la cabeza y acabemos como este pobre. Bonito relato con una gran chispa de verdad esperemos que acabe ardiendo y nos queme. 🙂

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  5. Leche, espero no volverme tarumba si me llega un caso así… Aunque, claro, en papel escribo más bien muy poco (sinopsis muy esquemáticas, alguna característica de personajes, cosas así)
    Cuando alguna vez he perdido algunos párrafos (benditas copias de seguridad del word programadas), lo más que he hecho ha sido jurar un poco, pero nada de tirar cosas al monitor ni nada por el estilo, así que imagino que mi salud mental está a salvo 🙂

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