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Imagen tomada de la red

 

 

LAS CONSECUENCIAS – ALICIA

Yo entré en la empresa hace ya más de cuatro años y desde el primer momento sentí una atracción brutal hacia Carlos. No sabía cómo, pero tenía que hacer que fuera mío. Cuando pregunté a mis compañeras por él, me dijeron que no estaba casado pero que tenía pareja desde hacía por lo menos diez años. No tenían hijos, me contaron; mejor, así no había pequeñajos de por medio. Los odiaba. Y en cuanto a su pareja, lo cierto es que lo mismo me daba a mí que estuviesen casados, fueran pareja de hecho o primos hermanos. A mí eso me daba igual, hacía tiempo que me enseñaron que tenía que pensar en mí misma, no en los demás.

La cuestión es que por más que había hecho para hacer que Carlos cayese en mis redes, no había habido manera. Al principio se hacía el escurridizo y me evitaba el resto del tiempo. Más adelante me puso las cartas sobre la mesa, me dijo que tenía una relación con una tal Susana y que no estaba dispuesto a echarla a perder. Pero en aquel viaje de negocios que nos tocó hacer juntos a mediados del mes de marzo, puse todas las armas que estaban en mi mano para seducirlo.

No os vayáis a creer que no me costó. Para empezar tuve que acostarme con González, el chico de administración que realiza estos trámites, para que por error reservase una habitación doble en lugar de dos individuales. Y os puedo asegurar que González es… digamos… poco agraciado de ver. Pero oye, el chaval cumplió como todo un campeón, que lo cortés no quita lo valiente.

A partir de ahí, todo fue más sencillo. Cenamos juntos en el restaurante del hotel, y ya me encargué yo de que tomase una buena cantidad de vino. No demasiado, no fuese a llegar a ser contraproducente, pero sí lo suficiente. Cuando subimos a la habitación, con quitarme la ropa y dejar a la vista mi sugerente conjunto de lencería negra ya estuvo todo hecho.

A la mañana siguiente, Carlos había desaparecido cuando desperté. Por lo visto había salido a andar unos cuantos kilómetros antes del amanecer. Al menos coincidimos en el desayuno. Tenía la cara desencajada y lo primero que pensé fue, “verás cómo va el gilipollas este y lo cuenta”. Pero no lo contó, no, simplemente estuvo esquivo conmigo desde entonces.

No hemos vuelto a coincidir ni en la máquina del café. Cada vez que lo veo pasar, está triste y ojeroso, parece que los remordimientos de conciencia lo están reconcomiendo por dentro. He oído por ahí que este fin de semana tiene planeada una escapada romántica con su pareja. A ver si echa un buen polvo y se le quitan los remordimientos de una vez, para yo poder volver al ataque.

Este lunes no ha venido a trabajar. ¿Qué habrá pasado? ¿Le habrá contado algo a su mujer? ¿Se habrán fugado los dos? Bueno, la verdad es que poco importa. Le he echado el ojo a un madurito de contabilidad que no está nada mal. Pero que nada mal. Y creo que este no tiene pareja…

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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Nota: Aquí tienes la visión del relato “Las consecuencias” por parte de Alicia, querida Maru. ¡Que no se me había olvidado! Espero que te guste. ¡Mil besos!

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22 comentarios en “El relato del viernes: “Las consecuencias – Alicia”

  1. Joer, Ana, lo que cuentas. Como una mujer puede llegar a ese extremo? es mala, Esta necesitada de afecto? Freud se forraría moralmente a su costa.Esa niña tiene un problema de autoestima gordo, y el otro ” gilipollas” , como le llama, es mu tonto. Arraso con sus principios, creo que es lo peor, que alguien piense antes con lo de abajo, que con la cabeza.Asi le fue. Buen relato, Ana, enhorabuena!!!Escribes muy bien.

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  2. Una ligona de cuidado la protagonista de tu relato, unas muchos y otras nada jajajaja. Bueno por lo menos intentar respetar a aquellos que tienen pareja no estaría nada mal. Lo mismo te salió ninfómana. En fin, linda eres grande y me encanta leerte. Besos a tu corazón.

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  3. Anda, que están poniendo a Alicia fina por ahí arriba. Yo… ¿qué quieres que te diga? Parafraseando el dicho: dos no follan si uno no quiere. Vale que la tía ha hecho un montón de trampas para que el otro picara, pero si no hubiera querido picar, no lo hubiera hecho.
    Así que, como soy muy poco dado a los juicios de valor en este terreno, solo digo que a Alicia le gusta el sexo y ya está; no veo nada malo en ello. Si el otro tipo se arrepiente mucho de lo que hizo… ¡Joder, que no lo hubiera hecho!

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