Por capítulos: “El hermano mayor” (Parte IV)

Por capítulos: “El hermano mayor” (Parte IV)

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Parte I   Parte II    Parte III

EL HERMANO MAYOR (PARTE IV)

Ni qué decir tiene que la niña se dedicó a jugar con su hermano todo lo que le vino en gana. Le sentó a tomar el té en el pequeño saloncito junto con otras dos muñecas, le tuvo un rato en la cocina preparando unos pasteles para las invitadas, e incluso le dejó en pelotas para darle un baño en la pequeña bañera del cuarto de baño del segundo piso, con el agua congelada, la muy graciosa. Después de eso, le volvió a colocar su ropita y decidió hacerle pasar por el salón de belleza. A la niña le pareció que su hermano debía estar guapísimo con el pelo de color morado, y con un spray lo roció bien, incluida buena parte de la cara y de la ropa.

Cada grito que daba su hermano producía más risa en la niña y más emoción en el juego, así que no podía parar. Por no mencionar el hecho de que no tenía ni idea de cómo devolverlo a su estado natural, cosa que no le preocupaba demasiado porque imaginaba que en el libro de hechizos habría otro para revertirlo. Se había cuidado mucho de contarle a su hermano la verdad, que había cogido el libro de hechizos de la biblioteca, porque el que le regaló su tía era de mentira. Por lo pronto, había encontrado el juego perfecto para aquella larga tarde de viernes.

Su hermano pequeño, ensimismado viendo la película que les había puesto Víctor, se había dormido después de la primera media hora y llevaba ya unas dos horas roncando como una marmota. Así que llevaba ya un buen rato haciendo lo que quería con su hermano mayor.

Lo que no había tenido en cuenta era que los viernes sus papás volvían antes del trabajo y regresaron justo cuando acababa de terminar de colorear el pelo de su hermano. Intentó tranquilizarse un poco, con la esperanza de que primero fuesen a la salita de estar a despertar a su hermanito Daniel y se entretuviesen un rato con él, antes de que subieran al piso de arriba a buscarles.

La niña estaba como loca con el libro que había cogido la biblioteca, ese en el que había encontrado el hechizo con el que hacer pequeñito a su hermano y que ¡había funcionado! Pero en ningún sitio ponía dónde encontrar el hechizo para deshacerlo o la manera de preparar un antídoto. ¡Y necesitaba hacerlo antes de que sus padres subieran y descubrieran lo que había hecho! Ya les estaba oyendo achuchar a Daniel y darle unos besos gigantescos, eran tan exagerados cuando querían… Si al menos pasasen con ellos un ratito más cada día, o por lo menos que fuesen a buscarles al cole de vez en cuando…

Estaban ya subiendo las escaleras, jugando con Dani, se les oía claramente saltar los escalones con él.

—¿Qué piensas hacer ahora listita? —le preguntó Víctor con tono burlón.

—Ya se me ocurrirá algo, idiota. De momento, no te pueden ver así. Verás la bronca que te va a caer cuando vean que nos has dejado aquí solos. —contestó la hermana, que veía cómo su plan, en lugar de producirle problemas, se volvía a su favor a pasos agigantados.

—Ni se te ocurrirá dejarme a… —fue a replicar Víctor, pero su hermana ya había girado la casita contra la pared. Así se aseguraba que ni se viese ni se escuchase a su hermano, además de que nadie sospecharía nada. A la vez que giraba la casita, comenzó a ensayar un llanto agitado, fingiendo estar muerta de pánico.

—Pero Rosanita, ¿qué te pasa? —era su madre, que se acercaba corriendo hacia ella para consolarla.

—Es Víctor, hace mucho tiempo que se fue con sus amigos y nos ha dejado aquí solos a Daniel y a mí. Le puse una peli a Daniel para que no se alterara y al poco se quedó dormido, pero yo… —la manera en la que exageraba el llanto era digna de un premio a la actuación artística.

Mientras, dentro de la casita de muñecas, Víctor se dejaba caer al suelo, sabiéndose en un buen lío y sin posibilidad alguna de deshacer lo que su hermana había liado.

Continuará…

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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El relato del viernes: “Una horita corta”

El relato del viernes: “Una horita corta”

 

UNA HORITA CORTA
Imagen: pixabay.com

 

 

UNA HORITA CORTA

Estoy dormida plácidamente, ignoro si por el cansancio físico y psíquico extremo al que se ve sometido mi cuerpo o si me han suministrado algún tipo de sustancia narcótica. Solo sé que acabo de despertar y que estoy por completo desorientada. Algo en mí me dice que no debo llevar durmiendo mucho tiempo, aunque a mí me hayan parecido horas. Así que me inclino más por la primera opción, el cansancio extremo ha debido inducirme un sueño rápido y, por algún motivo, de corta duración.

Abro los ojos con desgana, lo que en realidad quiero es seguir durmiendo, a ser posible durante varios días seguidos sin que nadie me moleste. Me llevo el primer sobresalto al comprobar que no puedo ver completamente nada. ¿Qué está pasando aquí? Compruebo de manera sutil, por si acaso, que puedo mover el resto de extremidades. No encuentro ningún problema, no estoy retenida ni inmovilizada. Quieras que no, para mí representa un gran alivio, porque la verdad es que todavía no sé dónde estoy, por qué estaba durmiendo y por qué se me está privando de la visión. Porque así es, se me está privando de la misma mediante unas gafas de reducido tamaño.

Siento una corriente de aire frío y constato por primera vez que no estoy sola en el lugar. Además, mis piernas se encuentran por completo desnudas. Siento caricias en ellas, pero no son caricias reconfortantes, piel con piel, sino que el tacto es más insensible, como si la persona que me las estuviese prodigando tuviese otro tipo de piel o llevase guantes. ¡Claro! ¡Eso será! Llevará guantes, es la única explicación plausible. Entonces escucho su voz por primera vez. Es una voz de mujer, muy tierna, pero, como dice el refrán, “fíate tú de la Virgen y no corras”. Yo no digo nada, mantengo un mutismo absoluto, pero estoy alerta por si tengo que salir huyendo en el momento menos pensado.

—Ahora vas a sentir un poquito de frío, ¿vale?

¡Aaaaaahhhh! ¡Está helado! Pero, ¿qué me está haciendo esta mujer, ser de otro mundo o lo que diablos sea que me tiene aquí prácticamente en bolas y privada de visión? Por instinto, intento levantarme, pero la mano de látex me detiene firme en mi huida.

—Vamos allá.

¿Vamos allá? ¿Vamos allá con qué? Hago otro intento fallido de levantarme, que es detenido con igual firmeza que la vez anterior. Me susurran un “tranquila” en mi oído que, en lugar de tranquilizarme, me pone aún más nerviosa.

De pronto, siento como si millones de alfileres se clavasen contra mi pierna. Me muerdo la lengua y aguanto en un esfuerzo sobrehumano las ganas de llorar, no con mucho éxito, pues unas emotivas lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas. Ahora sí, siento como si mi mente se abriese a la experiencia que estoy viviendo, que no tiene nada de mística, ni de extrasensorial, ni mucho menos de novela policiaca. ¿Es posible que me haya quedado dormida justo antes de mi cita para la depilación láser?  Bueno, visto lo visto, toca aguantar lo mejor que se pueda. Que sea una horita corta.

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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Los 52 golpes – Golpe #10 – La faena

Los 52 golpes – Golpe #10 – La faena

LA FAENA

LA FAENA

Eran cerca de las diez de la noche cuando Juan Carlos ya estaba en el barco pesquero en el que trabajaba. Pasaba horas junto con sus compañeros preparando la embarcación, trazando la ruta que seguirían el próximo día, teniendo en cuenta las capturas del día anterior, las corrientes que hubiese aquella noche…

De vez en cuando, echaba una mirada hacia el paseo marítimo, a escasos metros del puerto. Cientos de turistas paseaban en todos los sentidos, disfrutando de sus vacaciones. No eran pocos los que se paraban a contemplar el trajín de los trabajadores de los pesqueros, como si aquello se tratase de una atracción turística más.

Al principio, a Juan Carlos aquello le producía sentimientos contradictorios. Había veces que le ponía de pésimo humor, mientras que en otras ocasiones lo que le producía era una envidia inevitable. Pero ya estaba más que acostumbrado. Al fin y al cabo, era su modo de vida y entendía que para otros pudiera resultar curioso.

Pasaban organizando las rutas y preparando la embarcación hasta altas horas de la madrugada. Entonces, en la quietud de la noche, cuando toda la población del pueblo y los turistas dormían tranquilamente, o eso se suponía que debían hacer, ellos sacaban los barcos a faenar. Era un trabajo duro. Muy duro. Se les permitía descansar un rato solo hasta que llegaban a la zona elegida para faenar. Después no había tregua.

Los duros días de trabajo eran más llevaderos para Juan Carlos porque sabía que ella iba a ir a buscarle a puerto. Ella era Marisa, su mujer, la madre de sus tres hijos. Hasta el momento, no había faltado ninguna tarde. Allí estaba siempre esperándole, en puerto, cuando los pesqueros regresaban rodeados de gaviotas buscando algo que llevarse al gaznate.

No regresaban hasta las cinco de la tarde, más o menos. Y aún quedaba por realizar gran parte del duro trabajo del faenero. Debían sacar toda la pesca y llevarla a la lonja, donde era vendida a las pescaderías y restaurantes del pueblo.

Les daban las ocho de la tarde con facilidad y a las diez ya estaban de nuevo faenando en el barco. Muchos de sus compañeros aprovechaban ese momento para darse una ducha y acompañarse de una buena dosis de alcohol que les ayudase a soportar otra larga jornada.

Pero él no. Él sonreía a su Marisa desde que la veía esperarlo en el puerto, cuando el barco aún no había llegado. Y trabajaba codo con codo con ella desde que llegaba a tierra para poder terminar media hora antes. Caminaban juntos hacia casa, donde cenaba junto a su familia al completo, todos los días, sin excepción. Y todos los días, sin excepción, se daba una buena ducha junto a su Marisa, hasta que llegaba el momento de volver paseando juntos hasta el barco para volver a faenar.

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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Este relato fue preparado para la semana nº 10 de Los 52 golpes. Terminando ya de preparar la semana nº 12 y todo marcha viento en popa.

Revista Intropia mes abril

Revista Intropia mes abril

INTROPIA N3

Es un enorme placer para mí poder compartir con vosotros el número de abril de la revista Intropia, que de la mano de Isabel di Vinci, viene cargada de nuevos y extraordinarios contenidos y un diseño de lujo. Como muchos de vosotros ya sabéis, se trata de una revista de divulgación cultural del arte.

Gracias a la fabulosa Isabel di Vinci, que se encarga de la dirección, redacción, edición, maquetación, portada y diseño de la misma, podemos disfrutar ya de la cuarta edición de tan recreativa revista, en la cual es un auténtico honor para mí poder participar.

Os dejo aquí el enlace para que podáis acceder a todos sus maravillosos contenidos, y además os dejo mi colaboración de este mes. ¡Espero que os guste!

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EL ENCUENTRO

Le dio un abrazo que le llegó al alma. Nunca había esperado aquella reacción de ella, por lo que se quedó un tanto desconcertado. Es cierto que llevaba bastante tiempo deseando conocerla, pero aún no estaba seguro de cuál sería el tipo de relación que le gustaría mantener. Por eso, cuando ella se lanzó hacia él de aquella manera, envolviéndole por completo, no supo cómo reaccionar. En principio se quedó coartado, inmóvil, sin saber bien cómo debía comportarse. Al poco, sus manos iniciaron un tímido acercamiento hacia la chica, agarrándola con suavidad por la cintura, sin muchas muestras de ilusión.

Ella, por el contrario, llevaba soñando con él desde niña y estaba deseando que llegase el día en que ambos, por fin, se conocieran. Por eso, cuando le vio salir por la puerta de la terminal 4 del aeropuerto, su primera reacción había sido salir corriendo hacia él y estrecharlo entre sus brazos como siempre había soñado hacer. Le sorprendió un poco la reacción algo fría con que él la había recibido. Quizá lo mejor hubiera sido esperar unos instantes para que se hiciera cargo de la situación.

A él todo aquello le parecía una locura, la verdad. Todavía no sabía por qué se había dejado llevar por el corazón, cuando en realidad aquella chica era una completa desconocida en su vida. Una completa desconocida que, por cierto, le estaba dando el mayor abrazo que jamás había recibido. Y ahora se quedaba como un estúpido sin saber cómo reaccionar. ¿Se habría parado a pensar en lo que significaba él realmente para ella?

Sentía como si se hubiese condenado a mantener una relación que en el fondo no quería, aun cuando la curiosidad le hubiese llevado al extremo de querer conocerla desde hacía tiempo y a concertar aquella cita.

Ella aflojó su abrazo y se separó con lentitud de él. Quería contemplarle a su antojo. ¡Estaba allí, con ella! Tendrían tantas cosas de las que hablar… De pronto, sintió miedo. ¿Y si no era así? ¿Y si no tenían nada en común más que el nexo que les unía?

Él notó su turbación y, recuperando el sentido, fue quien se lanzó a los brazos de ella, fundiéndola con él mismo en un gran abrazo reconfortante, mientras le susurraba:

—Encantado de conocerte, hermanita.

Ninguno de los dos vio la lágrima que caía lánguida por la mejilla del otro.

Ana Centellas. Febrero 2017. Derechos registrados.

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La frase de la semana

La frase de la semana

 

RITA LAURA SEGATO
Imagen: infojusnoticias.gorb.ar

 

‘La expresión “violencia sexual” confunde, pues aunque la agresión se ejecute por medios sexuales, la finalidad de la misma no es del orden de lo sexual sino del orden del poder.’

Rita Laura Segato

Profesora de Antropología y Bioética en la Cátedra UNESCO de la universidad de Brasilia.

Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones de Brasil.

Feminista argentina.

Directo y al grano. No se puede ser más claro. Toda violencia sexual entra dentro del ámbito del poder o supremacía del hombre sobre la mujer.

Lo siento, seguimos dentro de Marzo Mujer…

Y por otro lado…

‘If only we gave ourselves enough second chances, equal or half of what we give others.’

Lucarna

Si solo nos diésemos a nosotros suficientes segundas oportunidades, igual o mitad de las que damos a los demás… Si no fuésemos tan autoexigentes con nosotros mismos, valga la redundancia, si nos permitiésemos ser un poquito más amables con nuestras almas… quizás, solo quizás, estuviésemos un poquito más cerca de lograr la tan ansiada paz interior (hay algunos locos que hasta utilizan el utópico término de ‘felicidad’)…

Os recomiendo, como siempre, visitar su blog. Y también y, sobre todo, el blog de su alter ego. Cualquiera de los dos no os dejará indiferentes, porque se hacen querer de una manera… especial.

Vale… Lo reconozco, me quedo con la frase de Lucarna. ¿Y vosotros?

Reto literario: “La renovación del contrato del ascensor”

Reto literario: “La renovación del contrato del ascensor”

 

LA RENOVACIÓN DEL CONTRATO DEL ASCENSOR
Imagen tomada de la red

 

LA RENOVACIÓN DEL CONTRATO DEL ASCENSOR

 Paloma se había mudado a aquel céntrico edificio de Madrid hacía apenas un par de semanas. Llevaba años trabajando en una notaría de la calle Velázquez, con una posición consolidada dentro de la misma, y su nivel económico por fin le permitía trasladarse a un piso en la zona. Se había mudado a un ático en la calle Juan Bravo, a escasos metros de la estación de metro Núñez de Balboa, lo que le permitía dar un cómodo paseo hasta la notaría.

El edificio al que se había mudado, residencial del Madrid más castizo, de altos techos y grandes puertas, contaba con un ascensor de los antiguos, que consistían en un enrejado a través del cual se veía todo el hueco por el que se deslizaba, además de los cables que lo sujetaban. Era exactamente igual al que había en el edificio donde trabajaba y que siempre le había causado un respeto especial. Lo bueno era que como la notaría estaba en la planta baja, ella se libraba de montar en aquel trasto infernal.

Pero en el piso nuevo todo era diferente. Vivía en una octava planta y, aunque las vistas que tenía de la zona eran fantásticas desde su estupenda terraza, ya que ninguno de los edificios de los alrededores superaba al suyo en altura, la mala noticia era que tenía que montar en aquel ascensor a diario. Eso, o hacer unas buenas piernas subiendo y bajando los ocho pisos caminando. Por las mañanas no tenía problemas en bajarlos, pero por la tarde la cuestión ya era distinta. El cansancio acumulado del día prácticamente le obligaban a utilizarlo. Y la cuestión es que aquel cacharro le resultaba más claustrofóbico que los modernos ascensores cerrados por completo.

Una tarde, mientras regresaba a su casa agotada y sudorosa, pidiendo a gritos una buena ducha, coincidió en el ascensor con un chico que no había visto aún en la semana que llevaba allí viviendo. A pesar de las horas, parecía estar fresco como una lechuga y olía divinamente. ¿Cómo lo hará? Se preguntaba Paloma.

Una mañana, al salir de casa, le llegó perfectamente el aroma del muchacho esperando el ascensor en piso de debajo de ella, así que fue corriendo a llamarle, sabiendo que así subiría primero a por ella y coincidiría con su tan deseado vecinito. Así fue. Bajaron completamente solos hasta abajo, donde el conserje les abrió solícito la puerta. Al parecer, a aquellas horas de la mañana no había mucho tránsito en el ascensor, lo que al principio extrañó un poco a Paloma, pero que luego consiguió ver como algo de lo más conveniente, pues podía disfrutar a solas de su vecinito.

Un día, por fin, él se acercó a ella. Aún no habían intercambiado ni una sola palabra, ni siquiera sabía cómo se llamaba, pero era evidente que entre ellos dos saltaban chispas. Tan absorta estaba ella en la maniobra de aproximación del vecino, que iba lanzado a darle un beso, que no se fijó que se saltaban su piso y el ascensor continuaba rumbo al ático. En el momento justo en que ella cerró los ojos para besar al muchacho, el sonido de un cable rompiéndose la hizo echar las manos hacia adelante para agarrarse al cuerpo del susodicho, pero lo más que encontró fue la barra que separaba el espejo del ascensor.

La cabina tardó segundos en llegar al suelo, mientras Paloma, horrorizada, vio llegar su muerte cara a cara sin que hubiese nadie más en su compañía. Lo que sí le quedó muy claro en el momento del impacto brutal contra el suelo, que terminó con su vida en el momento, fue que ella era ahora la encargada de buscar la próxima víctima para que su alma pudiese quedar al fin liberada. Así quedaba estipulado en el contrato de renovación de su alma en el ascensor, parte de la letra pequeña que no leyó del contrato de arrendamiento de la vivienda. Mientras, quedaría encerrada en aquella jaula de por vida.

Ahora, mientras su yo no corpóreo veía al operario del ascensor encargarse de la reparación y colocar una pegatina una vez hubo terminado, pensó que en ningún momento le pasó por la mente ningún tipo de sospecha cuando ella vio la misma pegatina la primera vez que ella utilizó el ascensor. Este había sido reparado hacía apenas una semana.

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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Revista Zarabanda – marzo

Revista Zarabanda – marzo

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Hoy os traigo también mi colaboración con la revista Zarabanda del mes de marzo, que podéis disfrutar pinchando en este enlace.

Comparto con vosotros otro de esos textos con mucho significado para mí, y que necesitaba viese la luz en este mes de marzo mujer.

MÍRAME A LOS OJOS

MÍRAME A LOS OJOS

Mírame a los ojos y dime qué ves. ¿Ves acaso el brillo que en ellos resplandecía años atrás, cuando nos conocimos? ¿Acaso ves amor en ellos cuando te miro? ¿Realmente no ves la tristeza que les invade? ¿No ves su color apagado, sin vida? ¿No eres capaz de atisbar mis ojeras, que cada día son mayores? ¿Tampoco ves los surcos que recorren mi demacrado rostro tras tantas lágrimas vertidas?

Pues déjame decirte que estás ciego si no ves esas señales. Y como esas, tantas otras que llevo repartidas por mi cuerpo como estigmas que me recuerdan a cada momento el sufrimiento que llevo a mis espaldas.

¿Acaso piensas que es amor lo que sientes por mí? Sé sincero contigo mismo, por favor. ¿En verdad crees que una persona que ama a otra es capaz de infligirle tanto sufrimiento? No, ya te digo yo que no, que ese famoso refrán que dice que quien bien te quiere te hará llorar, no es cierto. Quien bien te quiere te hará reír, te hará soñar, te hará feliz.

Hoy voy a ser fuerte y te voy a confesar una cosa. Estoy cansada. Agotada. Cansada de tus estúpidos celos, cuando no he tenido nunca ojos para nadie más que no fueses tú. Cansada de tus gritos, de tus humillaciones, de tus menosprecios. Siento vergüenza ante el resto de la gente cuando lo haces en público. Pero no creas que siento vergüenza por mí, sino por ti. Porque tú solito estás dejando ver al mundo la clase de persona que eres. Igualmente estoy cansada de que la gente mire hacia otro lado cuando esto ocurre. Bien claro me ha quedado ya que ese no es su problema.

Estoy cansada de tus castigos cuando llegamos a casa, de tus golpes y tus palizas. Porque siempre lo merezco, según tú, yo me lo he ganado. Déjame decirte que hoy soy plenamente consciente de que no es así. El único culpable de todo esto eres tú, con tu mente perturbada. Y mientras, los vecinos hacen oídos sordos, como siempre, ante la evidencia que tienen delante cada día.

No soy yo, eres tú, el que fuerza con violencia mi cuerpo cada noche. No tengo palabras para expresar el asco que siento en esos momentos. Momentos que no hace tanto estaban cargados de ternura y sentimientos. ¿Cómo es posible que hayas cambiado tanto? Ya no te reconozco, no eres la persona que amé.

Hoy veo mi cuerpo y no me reconozco a mí tampoco, golpeada, demacrada, deprimida y humillada. Y tampoco sé cómo he podido estar tan ciega durante tanto tiempo, ocultando las evidencias, luchando por el amor que aún sentía por ti.

Pero hoy ese amor se ha terminado. Tú mismo le has puesto fin, acéptalo. Y mírame a los ojos, porque esta va a ser la última vez que lo hagas. Ya no te tengo miedo, ¿me oyes? No te tengo miedo y a partir de ahora vas a respetarme, porque volverás a valorar lo que tuviste y que ya no puede ser.

Hoy te digo adiós con la frente bien alta, una sonrisa en los labios y las maletas hechas. Porque NUNCA MÁS, ¿me escuchas?, NUNCA MÁS volverás a humillarme.

Ahí te quedas, y cuando notes mi falta, entonces, sólo entonces comprenderás de verdad lo que es llorar. Comprenderás de verdad que me infravaloraste. Y que a mí, ya nada ni nadie me puede hacer daño, porque he perdido todo el temor. Hoy soy fuerte. Que te vaya bonito. Mi vida comienza hoy.

Ana Centellas. Noviembre 2016. Derechos registrados.

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Que disfrutéis de sus páginas.

 

El vídeo del domingo: “Utopía”

El vídeo del domingo: “Utopía”

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Hoy domingo, día del Padre aquí en España, quería felicitaros a todos vosotros, papás, abuelos, tatarabuelos, Josés, Josefas, Pepes, Pepas y demás, con este vídeo recién salido del horno. Se trata de un bello poema de la poetisa polaca Wislawa Szymborska, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, titulado “Utopía”.

Felicidades a todos, y aquí tenéis mi regalo (para todos los demás también, por supuesto…):

Espero que os haya gustado y que disfrutéis del último domingo del invierno. ¡Preparemos todo para el equinoccio de primavera! ¡Besos!

 

 

Los 52 golpes – Nota de prensa

Los 52 golpes – Nota de prensa

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Comparto con vosotros un comunicado que el equipo de Los 52 golpes quiere hacer extensivo a todos vosotros. Para que conozcáis un poquito más el proyecto. Orgullosa de pertenecer a los participantes.

Ray Bradbury se sentiría orgulloso.

Los 52 golpes

Un reto literario como ningún otro, y a la vista de todo el mundo.

Una meta compartida por 52 personas que no se conocen entre sí, de diferente procedencia y filiación con las letras. Desde periodistas con larga trayectoria a escritores premiados, pasando por neófitos de todas las edades.

Una experiencia online inédita, que abarca todos los géneros y que durará todo el año 2017, a razón de 52 nuevos textos cada semana.

En palabras de algunos de los participantes…

“A pesar de tener semanas feas y lloronas, cuando llega el jueves pienso que os debo algo, a vosotros, los 51 tripulantes y que no os puedo fallar, así que a finales de semana me recompongo como puedo y cuelgo una vez más otro relato más y a partir del lunes me dedico, como el que abre cartas, a descubrir con qué más me puedo maravillar leyéndoos a todos o los que me permite el tiempo. Y casi siempre descubro algunas frases que me dan envidia y tocan con entusiasmo por dentro porque quisiera haberlas escrito yo por acertadas y grandes, por saber sacudir tanto.” (M.L.)

“Os confieso que escribir en los 52 está siendo toda una gran experiencia para mi!! De pronto no puedo dejar de escribir, se ha convertido en una necesidad de primer orden para mi.” (H.D.)

 

Pero ¿qué son Los 52 golpes?

Hacia mediados de noviembre de 2016, nos topamos con una recomendación que el legendario escritor estadounidense de misterio y ciencia ficción –Crónicas marcianas, Fahrenheit 451 y más– Ray Bradbury (1920–2012) hizo en una ocasión: “Si escribes un relato a la semana durante todo un año, es imposible que todos sean malos”.

Se nos metió entonces en la cabeza llevar a cabo ese reto durante el año 2017, y registrar los ejercicios semanales en una web. Se nos ocurrió que sería incluso más divertido si invitáramos a más gente a participar (hasta un total de 52 participantes, por cerrar el círculo).

Con todas esas ideas nos pusimos a reclutar participantes y a diseñar la web. Y al filo del 1 de enero de 2017 nació http://www.los52golpes.com , con las siguientes normas:

– Sólo los 52 participantes elegidos pueden acceder a la web (vía contraseña de registro personalizada) y participar en el reto con sus textos semanales.

– Cada participante debe escribir un texto cada semana, durante las 52 semanas de 2017. Para hacerlo, cuentan con 52 casillas, una por semana. Sólo la casilla correspondiente a la semana en curso estará activa en cada momento, durante 7 días (la semana natural de lunes a domingo). Pasado ese tiempo, si la casilla no ha sido utilizada, se desactivará y ya no podrá ser recuperada. Por el contrario, todas las casillas que sean utilizadas quedarán abiertas de forma permanente, para facilitar la edición continua de los textos.

– Los 52 participantes pueden decidir si quieren compartir sus textos con los otros 51 participantes, o con el mundo entero. Si lo prefieren, también pueden mantenerlos en privado.

– Bradbury hablaba de relatos, pero por supuesto, los participantes son libres de elegir formato –relato, poesía, ensayo, crítica, haiku, etc.– y extensión.

– Por supuesto todos los textos son propiedad de sus respectivos autores.

– El mundo entero puede leer los textos que se hayan hechos públicos en la página de entrada de la web. También puede acceder a la página ‘Los 52’, que muestra la parrilla completa de participantes.

– El mundo entero puede comentar los textos que sean públicos.

Y en eso estamos. Felices de escribir y de leer. Cada semana. Entre 52 valientes.

🙂

Si estás interesado en saber más, estamos siempre disponibles en los52golpes@gmail.com.

Gracias por leer hasta aquí,

Alexis y Pablo

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Por capítulos: “El hermano mayor” (Parte III)

Por capítulos: “El hermano mayor” (Parte III)

 

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Imagen: Pixabay.com

 

PARTE I      PARTE II

 

EL HERMANO MAYOR (PARTE III)

Víctor entró en su habitación, se colocó los auriculares con su música preferida y se dejó caer boca abajo sobre la cama, quedándose dormido en cuestión de segundos. Se encontraba tranquilo por haber dejado a sus hermanos bien ocupados, y cansado de la larga semana de exámenes en el instituto.

Despertó con la sensación de haber dormido durante dos días seguidos. Sentía un gran descanso en su cuerpo, a la par que una sensación extraña que no sabía identificar. La música continuaba sonando en sus auriculares, pero a través de los párpados de los ojos, que aún no había abierto, podía ver una luz que no le terminaba de cuadrar mucho con la que debería haber a aquellas alturas de la tarde. Sobre todo teniendo en cuenta que había dejado su persiana prácticamente bajada por completo para que no le molestase la luz al dormir. Siempre había sido muy quejica en ese sentido, el menor ramalazo de luz lo desconcertaba de tal manera que no conseguía dormir.

Abrió los ojos y lo primero que le sorprendió fue la lámpara del techo de la habitación. ¿Qué era esa cosa de cristales de color rosa que colgaba del techo? Y un momento, ¿había estado todo este tiempo durmiendo sobre unas sábanas de flores rosa? Es más, ni siquiera cabía en la cama en la que estaba durmiendo, pues sus zapatillas sobresalían un mínimo de medio metro por debajo de los pies de la cama. Todo estaba decorado en esos tonos rosas variados con estampados de flores de los estilos más diversos. Las cortinas eran así y hasta el empapelado de las paredes lo era. Espera un momento, ¿el empapelado de las paredes? ¿Desde cuándo tenían en casa empapelado en las paredes?

Gritó con todas sus fuerzas llamando a Rosana, pues tenía muy claro que si alguien le podía haber metido en aquel fregado era ella. Menudo sorpresa se llevó cuando comprobó que de su garganta no salía más que una aguda vocecita. Podía oír a la niña canturrear jugando unos pasos más adelante, por lo que fue corriendo hacia el extremo de la habitación. El frenazo que tuvo que dar fue importante cuando se encontró delante de un precipicio que se iniciaba a ras del suelo de su habitación. ¡Estaba en el tercer piso de la casa de muñecas! ¿Pero qué había hecho aquella endiablada niña para convertirle en ese diminuto estado?

Continuó dando gritos hasta que logró captar la atención de la pequeña, que dejó de inmediato de jugar con la pobre muñeca que había caído en sus manos.

—¡Vaya! ¡Por fin te despiertas! Creí que al final te iba a tener que despertar yo. ¡Imagínate el susto que te hubieses llevado! Ja, ja, ja, ja, solo con pensarlo es que me parto.

—Deja de reírte ya, niña, y arregla la que has liado. Verás cuando vengan papá y mamá y me vean en este estado. ¿Quién se va a llevar la bronca? ¿Eh? —el estado de alteración de Víctor era ya más que visible.

—Ja, ellos nunca entran en mi habitación. Les diré que vinieron a buscarte tus amigotes y que te fuiste de fiesta. Ya verás qué bien les sienta cuando se enteren de que nos has dejado a los dos solos aquí. —le dijo Rosana, con chulería.

—Pero, ¿se puede saber qué te he hecho yo para que me hagas esto, niña? Y, sobre todo, ¿cómo lo has hecho?

—La tía Carla me regaló un libro de hechizos cuando me regaló esta casa. Seguro que ni se imaginaba que eran reales, ni mucho menos que los utilizaría. ¡Qué poco me conoce!

—¿Pero tú te has parado a pensar en cómo vas a deshacer esto? —gritó Víctor con toda la furia de que fue capaz, aunque su voz no sonase más amenazante que la de un pequeño enanito de jardín.

Continuará…

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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