LA CURIOSA
Imagen tomada de la red

 

 

LA CURIOSA

Es la segunda vez que sucede en lo que va de mes. Y puedo decir que nunca antes nos había ocurrido, por lo menos a mi compañero y a mí. No sé si a los compañeros de otras habitaciones les habrá pasado, pero como no se nos permite hablar con ellos, creo que nunca lo podré saber.

Yo llevo viviendo aquí desde hace seis años, cuando yo solo tenía cuatro. Mi compañero Rodri ya vivía aquí, en este mismo cuarto, cuando yo llegué. Rodri tiene solo dos meses más que yo, pero aparenta mucho más. Siempre me está defendiendo. Aún no se lo he dicho y es algo que me tiene preocupado, porque nunca he tenido ningún secreto con él. Es la única persona en la que puedo confiar aquí dentro.

En la planta baja vivimos los más pequeños. En la alta los más mayores, esos que siempre nos insultan desde la ventana cuando salimos a jugar al patio. Creo que el año que viene Rodri y yo subiremos al piso de arriba, pero yo nunca voy a ser como ellos. No pienso tener asustados a los más pequeños, como hacen ellos. Y estoy seguro de que Rodri tampoco. Me gustaría quedarme en la planta baja, pero sé que no puede ser. Vendrán nuevos, siempre vienen nuevos y se van mayores. Ha sido así desde que entré y así será siempre.

Pero este verano está siendo diferente porque ya ha sucedido dos veces. La próxima vez, porque habrá una próxima vez, de eso estoy seguro, despierto a Rodri. Yo no sé él, pero yo era la primera vez que veía una. Algo nos habían explicado en clase. Yo sabía que nosotros éramos chicos y que también había chicas, que eran como las profesoras pero de nuestra edad, pero nunca había visto a ninguna. Hasta el otro día.

Era muy temprano. Nuestra casa está casi metida por completo dentro del bosque y entra poco la luz del día. En invierno, los días lluviosos, parece que es de noche durante todo el día. Pero sé que era muy temprano porque todavía no había pasado la señorita Estrella a despertarnos. No sé por qué desperté, pero el caso es que abrí los ojos casi de sopetón. Y allí estaba ella. Asomada a nuestra ventana, con sus manos enmarcando el rostro para intentar ver algo mejor el interior de nuestra habitación. Me sorprendió tanto que me incorporé de golpe. Y ella salió corriendo.

Estoy casi seguro de que era una niña porque era como nosotros pero con el pelo largo, como la señorita Estrella, aunque se empeñe en recogérselo en ese moño tan tirante. Y aquella niña debía ser muy curiosa. Ser curioso era muy malo, o eso nos habían dicho. No sé por qué estaba fuera, a nosotros no nos dejaban salir nunca. Bueno, algunos sí que salían. A algunos venían a buscarles unas personas mayores y se tenían que ir con ellos. Por suerte, nunca vinieron a por Rodri ni a por mí. No hubiese podido separarme de él. Era como mi hermano.

Un par de días más tarde volvió a ocurrir. Me desperté sintiéndome observado y, al abrir los ojos, allí estaba ella de nuevo. Me cuidé mucho de no moverme para así poder contemplarla a mi antojo, igual que estaba haciendo ella, ¿no? Era tan guapa… Lo mismo si se lo decía a Rodri se antojaba de ella, como le pasaba siempre con la merienda que me gustaba. Era lo único que no soportaba de él. Que siempre quería lo mismo que yo cuando solo había para uno de los dos. Y como tenía más antigüedad, según decían las profesoras, pues siempre se lo quedaba. Y entonces me miraba con esa sonrisa de suficiencia. Sé que lo hacía a posta, de verdad no lo quería, era solo por quitármelo. Y tuve miedo de que me pasase lo mismo con la niña.

Luego lo pensé mejor. ¡Qué absurdo! Si nosotros no podíamos salir de aquí y hablar con ella. Y aunque pudiésemos, seguro que habría más como ella, igual que aquí éramos un montón de niños. Así que se lo conté a Rodri.

A la mañana siguiente, estábamos ya los dos despiertos para cuando llegó. Y además vino acompañada de otra niña. Las dos se asomaban descaradamente por la ventana intentando vernos. Rodri y yo nos levantamos despacio. Vimos el miedo durante unos segundos en sus caras, luego la duda y, finalmente, cómo se cogían de las manos, infundiéndose valor.

Cuando llegamos a la ventana, pusimos las manos en el cristal. Ellas hicieron lo mismo. Durante unos instantes pudimos notar la conexión que había entre los cuatro. Hasta que sonó una voz en el bosque:

—¡Carmen! ¡Manuela! ¡Como os vuelva a ver cerca del orfanato vais a estar castigadas todo el verano!

Las dos niñas salieron corriendo y no volvieron más aquel verano. Ni aquel verano ni nunca. Le pregunté a Rodri si él sabía lo que era un orfanato. Era la primera vez que oía aquella palabra en mi vida. Me dijo que no. Nunca supe en realidad si me decía o no la verdad. Solo sé que nuestras vidas siguieron como hasta el momento, hasta que subimos al piso de arriba, con los mayores.

Desde allí se veían más casas, más gente, más niños y niñas como las que habíamos visto aquel verano, y un futuro fuera de aquel sitio de nombre tan feo que no sabía ni lo que significaba.

Ana Centellas. Marzo 2017. Derechos registrados.

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Este relato ha sido trabajado para el habitual reto literario que cada semana nos propone el grupo de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”, que desde aquí os animo a visitar.

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14 comentarios en “Reto literario: “La curiosa”

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