EL MISTERIO DE LA MONTAÑA
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EL MISTERIO DE LA MONTAÑA

 Ya hacía horas que había anochecido cuando mis padres se pusieron por fin de acuerdo para llevarme juntos a aquel campamento de verano. Yo debía haber llegado por la mañana, como el resto de los chicos, pero los compromisos laborales de mis padres nos impidieron llegar hasta bien entrada la noche. Fue la primera vez que querían venir conmigo los dos juntos, y yo estaba deseando perderlos de vista de una vez.

Cuando llegamos por fin al camino de tierra que se adentraba en el bajo monte que había a la falda de la gran montaña, me pareció ver que esta tenía un enorme ojo. Yo, que iba tirado en el asiento trasero del coche, escuchando música, me incorporé de inmediato. Tiré de los cascos y les pregunté emocionado a mis padres:

—¿Habéis visto eso?

Los dos pusieron cara de haber visto un extraterrestre.

—¿Qué se supone que debíamos haber visto, cariño? —me preguntó mamá, siempre tan condescendiente.

—¡Mirad! ¡La montaña tiene un ojo gigante!

—Enrique, te habrás dormido y todavía no estás bien despierto, porque en la montaña no se ve nada.

Me recosté en mi asiento, contemplando aquel ojo gigante que nos miraba con expresión confundida. ¿Cómo era posible que mis padres no lo estuviesen viendo? ¡Era imposible! ¡Si era gigante y estaba justo frente a nosotros! En el fondo daba igual, me importaba un comino que mis padres lo viesen o no, lo cierto era que aquel ojo gigante había despertado en mí una curiosidad en el campamento que nunca había sentido. Siempre había sido el chico raro del instituto y no me apetecía para nada ir a un campamento donde no conocía a nadie, pero ahora la cosa había cambiado.

Como llegamos tan tarde, ya había pasado la hora de la cena y los chicos estaban ya empezando a acostarse. La despedida de mis padres fue fría y sin emociones de ningún tipo, así que duró poco tiempo. Me dirigí a mi cabaña cargando mi petate. En cada cabaña dormíamos cuatro muchachos, en dos literas. Las chicas y los chicos dormíamos en cabañas separadas. Mi compañero de litera parecía aún más friki y callado que yo, así que se ganó mi amistad desde el primer momento. Él estaba ya tumbado en la litera de abajo cuando llegué, mirando el techo formado por la otra litera de manera fija. Ni siquiera se inmutó cuando llegué. Tiré de uno de mis auriculares e intenté llamar su atención:

—Hola, soy Fer. Acabo de llegar. Creo que seremos compañeros. Tú también lo has visto, ¿verdad?

Mi compañero, Fran, según se presentó después, no movió ni un solo músculo de su cuerpo. Con un ligero giro de cabeza me contestó:

—Sí, tío, ¿tú qué crees que es? —me respondió con tranquilidad.

—No lo sé —dije mientras subía de un salto a mi litera—, pero mañana tengo la intención de salir a averiguarlo.

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados.

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18 comentarios en “Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte I)

      1. Ya. Claro. Por supuesto. Que sí.
        Por cierto que no tengo nada en contra del terror adolescente… si está bien contado y no trata a los adolescentes como idiotas (que hay algunas películas que joer… dan vergüenza ajena). Seguro que tú lo haces bien 🙂

        Le gusta a 1 persona

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