EL MISTERIO DE LA MONTAÑA
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EL MISTERIO DE LA MONTAÑA (PARTE II)

Así fue como a la mañana siguiente, justo después del desayuno, Fer y Fran, junto a sus dos compañeros de cabaña, salieron de excursión, ignorando las actividades programadas para aquel día en el campamento, para averiguar el misterio de la montaña.

Sabían que lo que estaban haciendo estaba prohibido, pero el deseo de desentrañar el misterio era más poderoso para todos. Llenaron las mochilas de provisiones por si tenían que pasar varios días fuera, cosa que esperaban no fuera así, porque si no se iba a liar una muy gorda en el campamento y llamarían a sus padres seguro. Pero, por si acaso, cogieron las provisiones, teniendo en cuenta además que caminar por la montaña da hambre.

Así que, aprovechando el amanecer, cuando todo estaba en calma, aprovecharon para pasar por la cocina, coger los alimentos y agua, y partir por lo que parecía una especie de sendero que se adentraba en el bosque y parecía que ascendía por la montaña. Estuvieron caminando durante toda la mañana sin parar, sin tener ni idea de hacia dónde se dirigían y sin encontrar ninguna pista que les pudiese aclarar el misterio de lo que habían visto. Lo que sí estaba claro es que los padres de ninguno de los cuatro parecía haberse dado cuenta de aquello y eso era muy extraño.

Cerca de la hora de comer llegaron a un pequeño pueblo que a todas vistas parecía abandonado. No eran más que unas pocas casitas de piedra, situadas a la vera de un pequeño riachuelo. El lugar parecía tener una magia especial, resplandeciente al pleno sol del mediodía y decidieron hacer allí una parada para comer, en una enorme sombra que había cercana al río. El frescor del agua llegaba hasta ellos, sentados en la sombra, y los muchachos lo sintieron agradecidos después del calor de la caminata. Realmente no sabían qué estaban buscando, ni mucho menos cuánto tardarían en encontrarlo. Ni siquiera sabían si había algo que encontrar. Lo que estaba claro es que los cuatro coincidían en que aquel ojo no había sido producto de su imaginación.

Estaban descansando, disfrutando del frescor de la sombra y del río, cuando captaron un olor especial. Olía a… ¡a comida! Pero comida de la rica, cocinada en horno y no como aquellos insípidos bocadillos que habían sustraído de la cocina del campamento. Buscaron en el cielo y pronto encontraron el humo de aquella chimenea de piedra. ¡Era comida cocinada sobre lumbre! Se miraron los cuatro y estuvieron todos de acuerdo sin necesidad de palabras. En un periquete se habían plantado en la puerta de la casa de la que salía aquel aroma tan delicioso.

Entraron tanteando la puerta, que estaba entreabierta, y pronto salieron a su encuentro una pareja de ancianos que con rapidez les dio cobijo. Los muchachos aceptaron de buen grado las atenciones de estos que, acostumbrados como estaban a no tener visitas, no paraban de rellenarles el plato. Tras la abundante comida, los chicos les explicaron el motivo de su excursión. A ninguno de ellos les pasaron desapercibidas las miradas que comenzaron a lanzarse los dos ancianos, como si estuvieran decidiendo mediante señas qué debían hacer. Al final, la falta de compañía les pudo y se ofrecieron a acompañar a los muchachos a descifrar el misterio de la montaña.

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados.

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12 comentarios en “Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte II)

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