EL MISTERIO DE LA MONTAÑA

 

La pareja de ancianos no podía mantener el ritmo que llevaban los muchachos jóvenes, y estos se ponían nerviosos porque cada dos por tres tenían que dar la vuelta para ponerse a la altura del matrimonio o esperar a que estos llegasen a su altura. Un trecho que normalmente les hubiese llevado un par de horas, lo habían recorrido finalmente en unas cuatro horas. Ahora que la espera mereció la pena. Lo que encontraron allí los cuatro chavales los dejó sin respiración. Uno de ellos sacó el móvil para hacer una foto a aquel paisaje tan maravilloso, pero un gesto del anciano le convenció para que desistiese de hacerlo.

Ante ellos se extendía el paisaje más increíble y hermoso con el que habían podido soñar jamás.

El camino, cuidado con un esmero asombroso, estaba ribeteado de matorrales y pequeños abetos que en unos años se habrían convertido en grandes ejemplares. La montaña, que en aquellas zonas del interior, aún conservaba parte de las nieves del invierno, se habría ante sus ojos formando una especie de circo. En el interior del circo se había formado un hermoso lago, en el que los rayos solares incidían de forma casi directa, a pesar de ser ya la última hora de la tarde. Y lo más llamativo, un enorme y precioso ojo dominaba todo el promontorio, del que manaba una cascada que iba a caer de manera directa sobre el lago, cual si fuese el llanto del gran ojo de la montaña.

Los ancianos les animaron a sentarse en un semicírculo a las orillas del lago y comenzaron a contarles la historia del ojo de la naturaleza, de cuya existencia solo ellos conocían y eran los guardianes de preservar aquel lugar de miradas indiscretas.

Los niños mostraron su curiosidad acerca de por qué vieron el ojo al entrar en la zona de montaña para ir al campamento, a lo que los ancianos contestaron que el ojo podía cambiar de ubicación cuando sentía que una posible amenaza llegaba a la zona. Por eso, cuando alguien entra en la zona montañosa, el gran ojo de la naturaleza siempre se asoma para ver quién entra en sus dominios y, si sospecha una amenaza para la zona, nos avisa.

Parece que aquello satisfizo la curiosidad de los muchachos, que observaban la imagen que tenían delante de sí como si fuera el paisaje más precioso que habían tenido frente a si en toda su vida, como probablemente así había sido y así sería siempre. Realmente era digno de ver. Daban ganas de no cerrar los ojos ni para realizar el más leve pestañeo y ninguno se atrevía a elevar la voz, por si acaso la magia que ofrecía aquel lugar se rompía.

Sin embargo, aunque no dijeron nada, los cuatro muchachos se miraron con complicidad cuando la pareja de ancianos les dio la explicación. A aquellas alturas ya podían creer en casi todo, ¡estaban presenciando un enorme ojo que lloraba una cascada en una laguna en pleno corazón de las montañas! Pero de ahí a creer que si el ojo notase alguna amenaza avisase a aquella pareja de ancianos… ¿Qué podrían hacer ellos, a su edad, contra cualquier amenaza? A pesar de todo, callaron sus dudas para no ofender a sus anfitriones. Tiempo tendrían más adelante para conversar y poner en tela de juicio lo que considerasen conveniente.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados

COPYRIGHTED

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4 comentarios en “Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte III)

  1. Vale, los yayos parece que no son los malos de la “pinícula”. Ahora, desconfío de los chavales.
    Lo de la cascada cayendo del ojo es una buena imagen. ¿Existía en la imagen y la has plasmado o es creada por ti en palabra e imagen?

    Le gusta a 2 personas

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