EL MISTERIO DE LA MONTAÑA
Imagen: Pixabay.com

 

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Estuvieron sentados a la orilla del enorme lago durante bastante tiempo, mientras el gran ojo no dejaba de llorar aquella enorme cascada. Desde luego, estaban por completo seguros de que aquel paisaje sería el más bello que contemplarían con sus propios ojos en toda su vida. A no ser que volvieran, ¿no? Apenas ese pensamiento comenzaba a atravesar la ávida mente de Fer, el anciano ya le estaba contestando:

—Mucho me temo que por la edad que tenéis, esta será la última oportunidad que tendréis de contemplar el gran ojo que cuida de la naturaleza.

—¿Qué quiere decir? ¿Que mañana ya no podremos verlo?

—Sí, mañana sí, y si no ocurre nada fuera de lo normal, podréis contemplarlo el resto del verano. Pero lo más seguro es que si el año que viene volvéis al campamento, ya no seréis capaces de verlo. —contestó el anciano apenado—. Ni tampoco a nosotros…

Fer se quedó anonadado por aquello que acababa de decir el entrañable anciano. De pronto, un sentimiento de culpa le invadió por completo porque, a pesar de haberles ofrecido su comida, de haberles acompañado en aquella divertida excursión a través de la naturaleza y de haberles llevado al paisaje más espectacular que jamás hubiesen contemplado, ninguno de ellos había sido capaz de preguntar a la pareja de ancianos por sus nombres. El gran ojo de la montaña comenzó a llorar con mayor intensidad si cabe, haciendo que la catarata se volviese en una enorme cascada de aguas bravías.

Todos notaron aquella reacción, aquel cambio que se había producido en el gran vigilante de la naturaleza. Los chicos quedaron asombrados, pero el anciano, con tranquilidad, preguntó:

—¿Qué pasa chicos? ¿Qué os inquieta?

Fer fue sincero y explicó a los demás el sentimiento de culpa que había sentido momentos antes de que la gran cascada se produjese.

—¿Veis? Nos avisa de todo, a su manera, claro. No os preocupéis por nosotros, los nombres no importan. Podéis llamarnos los guardianes del bosque.

Como ya estaba comenzando a anochecer, decidieron romper el improvisado campamento parar emprender el camino de vuelta. Si el camino de ida les llevó cuatro horas, el de vuelta, en la semioscuridad que les proporcionaba la luna llena, llegó a las cinco horas. Cuando quisieron llegar al campamento de verano, acompañados en todo momento por la pareja de ancianos, ya estaba bastante pasada la medianoche.

Ellos esperaban encontrar ya a todo el mundo recogido en sus habitaciones, por eso se llevaron una enorme sorpresa cuando se encontraron frente al gran revuelo que allí había. Por lo visto, les habían echado en falta a la hora de la comida y habían pasado toda la tarde buscándoles. Como la búsqueda había sido infructuosa, los dirigentes del campamento habían tomado la decisión de llamar a los padres de los niños implicados antes de que cayese la noche. Y allí estaban los padres de los cuatro, gritando a pleno pulmón al personal del campamento que eran unos incompetentes y que aquello lo iban a pagar muy caro.

Tan preocupados estaban en buscar responsables, que ni siquiera se dieron cuenta de la llegada de los cuatro chicos, por completo sanos y salvos, acompañados de la pareja de ancianos.

 

Continuará…

 

Ana Centellas. Abril 2017. Derechos registrados.

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6 comentarios en “Por capítulos: “El misterio de la montaña” (Parte IV)

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