EXPERIENCIA PLACENTERA

 

EXPERIENCIA PLACENTERA

Por fin estaba sola en casa. Hay que ver lo difícil que es encontrar la soledad cuando la buscas. Una día cualquiera entre semana. Podría haber sido martes, o jueves, o lunes. Los lunes son siempre un mal día. Sí, un lunes será perfecto.

Lleno la bañera con el caudal lento, a máxima temperatura. Me quedo unos momentos absorta mirando cómo va creciendo poco a poco el nivel del agua, muy poco a poco, casi con desidia. Casi como yo. Bajo un poco la temperatura para que se temple mientras se siga llenando. Al fin y al cabo esta tiene que ser una experiencia placentera, no un sufrimiento en agua ardiente.

Continúo mirando cómo se va llenando la pequeña y anodina bañera de mi apartamento. Según va subiendo el nivel de agua, mi alma se va llenando también de paz. En ese preciso instante soy plenamente consciente de que he tomado la decisión correcta. Cierro el grifo cuando considero que el agua ha llegado a un nivel que no provoque un desbordamiento cuando introduzca mi pequeño cuerpo. Siento un poco de desazón al dejar de oír el agua caer, pero la aparto con rapidez de mis sentimientos. Tengo que mantener dominante la cabeza fría.

Me dirijo a la cocina, apenas unos pasos más adelante. Me detengo unos segundos para releer la carta que hay sobre la encimera. No logro que no se me salten las lágrimas, siempre tan sensible. Eso se ha acabado. No me lo puedo permitir. Hoy no. Dejo la carta cuidadosamente en el lugar en el que estaba, con suma delicadeza, como si se tratase del tesoro más preciado. Para mí, en estos momentos, lo es.

Dirijo mi mirada inconscientemente a la tacoma de cuchillos que hice afilar la semana pasada. ¿Casualidad? No, amigos. Ya os lo digo yo, las casualidades no existen. Solo existen las causalidades. Y fue una verdadera causalidad que se me ocurriese afilar los cuchillos hace tan solo unos días.

Elijo el más grande, el más llamativo. Repaso en mi mente los cientos de razones por las que debo hacerlo. Siguen siendo igual de válidas. El plan sigue en pie. Decido coger el cuchillo con la mano izquierda, ya que yo no soy zurda. Algo en mi interior me dice que en la mano derecha tendré más fuerza cuando le llegue su turno. Lo acerco a mi muñeca derecha, recreándome en la sensación. Creo que nunca antes me había sentido tan libre. Esa euforia es precisamente el impulso que necesitaba, por lo que lo deslizo con gran facilidad por mi muñeca. La sangre comienza a manar con rapidez. Ya sabemos todos lo escandalosa que es.

Duele. Joder, duele. Siento como si tuviese la muñeca en llamas. He de ser más rápida si no quiero que esto se convierta en un suplicio. Así que cambio el cuchillo de mano y repito el proceso con la muñeca izquierda. El mismo dolor, la misma sensación de quemazón, la misma afluencia de sangre por mi mano hacia abajo, hasta gotear en el suelo. Intento ser lo más fuerte posible. Ni una sola lágrima sale de mis ojos ya doloridos, ya secos. Voy hacia el baño y me introduzco en la bañera. No puedo permitir que mis heridas cicatricen. No ahora que he llegado tan lejos. El agua aún está tibia y la sensación es deliciosa. Se tiñe con rapidez de un tono rosado. Me tumbo en la bañera, con las piernas flexionadas porque el largo de la misma no me permite estirarlas, y me dejo llevar.

Durante unos instantes vuelo, recuerdo a todas las personas que han sido importantes en mi vida. Por un segundo, vuelvo a la realidad y pienso que he cerrado la casa por dentro. Bueno, ya conseguirá entrar alguien. Ya no tengo que preocuparme por nada. Solo de dejarme llevar.

Una maravillosa sensación comienza a extenderse por mis miembros. Por primera vez en mucho tiempo, me siento feliz. Durante unos segundos me dedico a perdonar a todas esas personas que me hicieron daño. Ya no me importa nada. Por fin siento que me puedo ir en paz. Poco a poco me va invadiendo un placentero sueño que me invita a cerrar los ojos, a cerrar los ojos, a cerrar los ojos…

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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Relato escrito para la semana 18 de Los 52 golpes. La próxima semana os mostraré el 19, aunque ya lo podéis ver publicado en la página. El número 20 ya está en modo borrador dentro de mi cabecita loca…

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31 comentarios en “Los 52 golpes – Golpe #18 – Experiencia placentera

      1. Jajajaja, hay veces que no es tan fácil, que me cuesta escoger un tema. No te creas que lo tengo todo mascado. Llevo estos dos días sin escribir porque no tengo ganas, ya pasará, supongo, así que me dediqué a hacer algún vídeo para el canal de YouTube, que es mucho más relajado. ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me gustaría conocerte? Eres un sol. Besazos.

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      2. Pues, ¿te imaginas cómo resultaría un encuentro en persona entre todos los blogueros que a menudo nos comunicamos? Tendría que ser en un recinto muy bien acondicionado para no molestar a los vecinos, y además por varios días, porque no terminaríamos nunca de batir la lengua…

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