Calle 13 -fragmento-

Fragmento de Calle 13, por nuestra compañera Verónica Boletta. ¿En serio os lo vais a perder?

Barcelona / j re crivello

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El relato del viernes: “Con el viento a mi favor”

El relato del viernes: “Con el viento a mi favor”

 

CON EL VIENTO A MI FAVOR
Imagen tomada de la red

 

Este texto está dedicado a una persona muy especial que me pidió un relato sobre esta temática, ya que siente pánico al viento. Esto es lo que ha salido. Espero que te guste.

 

CON EL VIENTO A MI FAVOR

Carlos y yo salimos a pasear todas las tardes. Me encantan esos paseos con él, los dos juntos, compartiendo nuestros días. Solemos salir abrazados desde casa y no nos separamos en todo el tiempo que dura el paseo. Intercambiamos mil besos, mil paradas en el camino para demostrarnos nuestro amor.

Pero desde hace unos días, no salimos juntos a pasear. Un intenso viento ha llegado a la ciudad, parece que con intenciones de quedarse, y lleva ya varios días azotando nuestro barrio. A mí me encanta el viento, pero a Carlos no. Le da miedo. Parece increíble que un hombre como él, grande como un castillo, tenga miedo de un fenómeno meteorológico tan simple como es este, pero así es. Por ello, ya no quiere salir a pasear conmigo. Siempre me dice que si con tanto viento nos puede caer algo encima y matarnos, mira que ha sido siempre catastrofista este hombre. Yo siempre le respondo que si se queda en casa también puede dar un resbalón, darse un mal golpe y adiós, pero no logro convencerle.

Durante unos días, he dejado de salir a pasear, para permanecer en casa con él. Me he estado sentando cerca de la ventana y observando cómo el viento agita las ramas de los árboles, molesta a los pequeños pajarillos que quieren dormir entre ellas, revuelve la melena de las muchachas que salen juguetonas al parque, y revoluciona cualquier cosa que hay en la acera.

Pero a mí el viento me parece un elemento maravilloso, así que he vuelto a salir a mi paseo diario, pero sin Carlos. Sentir el aire en la cara es una delicia, mis cabellos se revuelven enloquecidos, como si tuvieran vida propia. Una enorme sonrisa ilumina mi rostro cuando cierro los ojos y dejo que el viento me golpee. ¡Me siento viva! Es una sensación extremadamente parecida a cuando dejo caer las gotas de lluvia sobre mi cara. ¡Siento que estoy viva! Eso me pasa al igual con el viento.

Miro el cielo, en el que unas pequeñas nubecillas viajan a toda velocidad. El viento las empuja, igual que empuja la capa de contaminación que cubre nuestra ciudad, haciendo el aire mucho más sano y respirable. Por unos instantes, me detengo a pensar si el viento estará alejando las nubes de aquí o, por el contrario, estará entretenido enviándonos nubes más grandes que descarguen su fresca lluvia sobre nosotros. En cualquier caso, le doy las gracias al viento por el trabajo que realiza.

De vuelta de mi paseo, el viento se sitúa a mi espalda. Me hace avanzar a un paso presuroso, siento la sensación de que en cualquier momento podría comenzar a volar. Y eso me hace sentir libre. El parque, el viento y yo, tres elementos en libertad. Mi pelo se conduce solo con fuerza hacia adelante, casi tapándome el rostro, como si quisiera ser el primero en iniciar el vuelo. La experiencia es maravillosa.

Cuando llego a casa, Carlos está sentado en el sillón viendo un absurdo programa de televisión, uno de esos que te aliena y te absorbe el cerebro, como me gusta decir. Mi sonrisa no puede ser más amplia, y él se percata de ello en décimas de segundo.

—¿Se puede saber qué ha pasado para que vengas tan feliz? —me pregunta, con una media sonrisa.

—Nada —, le contesto—. El viento, que estaba a mi favor hoy.

Sé que le he dejado con una gran incógnita con mis palabras. Por eso no me ha sorprendido nada cuando hoy, ya pasada la noche en la que se oía el ulular del viento a través de las ventanas, ha sido él el que me ha agarrado de la mano y, tirando de mí, me ha dicho:

—Ven, ayúdame a conocer la magia del viento, esa que te produce esas sonrisas tan auténticas. Muéstrame tu felicidad.

Sin mediar palabra, hemos salido los dos a la calle, corriendo, gritando como dos niños pequeños, dejando que el viento nos empujase, sintiéndonos libres, girando, y riendo. Sintiendo como el viento nos hacía sentir realmente vivos.

Ana Centellas. Junio 2017. Derechos registrados.

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Los 52 golpes – Golpe #23 – “Pinceladas sobre mi piel”

PINCELADAS SOBRE MI PIEL

 

PINCELADAS SOBRE MI PIEL

Permanezco sentada según me has pedido. Llevo ya más de media hora en esta posición y no sé si podré aguantar mucho más tiempo. He de reconocer que cuando vine estaba un poco nerviosa, es la primera vez que hago un trabajo de este estilo, pero lo que jamás me hubiese imaginado era que me pasase lo que me está ocurriendo.

“Se necesita modelo para pintura erótica”, ponía en el anuncio que encontré por casualidad, tirado en el suelo frente a mi portal. No sé qué me impulsó a llamar al teléfono que venía impreso, supongo que me venció la curiosidad. Pero la curiosidad mató al gato, y ahora me encuentro en la situación que me encuentro.

Sentada sobre un pequeño taburete, por completo desnuda, llevo ya casi cuarenta y cinco minutos posando para ti. Las piernas abiertas, dejando mi sexo depilado completamente al descubierto. La espalda arqueada, empujando mis pechos hacia delante en una clara invitación. Y las manos enredadas en mi pelo, casi por casualidad. No me había sentido tan expuesta en la vida. Pero lo cierto es que me gusta.

Veo tus fuertes músculos realizar trazos tras el caballete y solo puedo desear que acabe este sufrimiento. Acalorada a más no poder, siento las gotas de sudor deslizarse por mi cuerpo. Mis pechos muestran unos pezones duros como piedras que apuntan hacia el cielo, esperando con ansia ser lamidos. Y mi sexo más mojado a cada minuto que pasa. Siento mis flujos recorrer mis piernas hacia abajo, y solo espero que no lo estés notando. O que sí lo notes y vengas hacia mí, no lo sé. Solo sé que nunca antes había llegado a tal nivel de excitación.

Te observo de reojo mientras continúas con tus pinceladas, con parsimonia, casi como si quisieras alargar mi sufrimiento. Debes tener unos diez años menos que yo, pero qué importa. Ahora mismo lo único que necesito es sofocar este calor que me está consumiendo por dentro. Creo que podría licuarme en el sitio. El sudor sigue mojando mi piel, resbalando y empapándome por completo en miles de diminutas gotas. Imposible disimular mi estado, ¿qué pensarás de mí?

Cuando oigo las palabras mágicas, “ya está terminado”, yo continúo en la misma posición de ofrecimiento, porque no sé si realmente ya puedo cambiar la postura. Te veo salir de detrás del caballete, pincel en mano, y compruebo con alegría que determinada parte de tu anatomía también se alegra de verme. Mi respiración se agita más, ya es prácticamente un jadeo, mientras te acercas con lentitud hacia mí.

“Eres una diosa, ¿sabes?”, me susurras al oído mientras recorres mi cuerpo con tu pincel cargado de la pintura roja que has estado usando sobre el lienzo. Suaves pinceladas sobre mi piel que me excitan aún más. De pronto te agachas, y comienzas a recoger con tu suave lengua los rastros de mi propio flujo que habían resbalado por mi pierna, lentamente, suavemente, hasta llegar al mismo centro de mi deseo.

No puedo evitar emitir un suspiro de satisfacción al sentir tu lengua juguetear conmigo. Pero tu malicia es evidente, porque continúas subiendo, muy, muy, despacio, deteniéndote en mi ombligo, hasta alcanzar mis pechos. Recibo tus caricias en uno de ellos mientras te introduces el otro en la boca, mordiendo con fuerza mi duro pezón. Creí llegar al clímax en ese mismo instante. Pero tu maldad no para y continúas subiendo, lamiéndome el cuello, hasta llegar a mi boca y mezclar tu lengua con la mía, mientras me incorporas de mi obligada postura.

Aprovecho la ocasión para quitarte la camiseta, mientras tú te vas despojando de pantalones y bóxer. ¡Por fin! Terminamos rodando por el suelo, mientras te alojas en mi interior con la fuerza de tu juventud. Como animales, restregándonos en pintura, logro alcanzar un orgasmo tan brutal que por poco rezo al Dios en que no creo. Aún así tú continúas con tu fuerza, haciéndome resbalar por el suelo, hasta que por fin logras alcanzar el clímax en mi interior mientras yo te acompaño con una réplica más modesta del anterior.

“¿Quieres ver la pintura?”, me preguntas mientras descansamos, recuperando respiraciones. “Claro”, le contesto. Se pone pie con un salto felino y me tiende una mano para acompañarme hasta el lienzo, hasta este momento de espaldas.

Un nuevo jadeo se me escapa cuando veo por primera vez la pintura. Ahí, representada de manera magistral estaba yo, en la postura que tanto tiempo había mantenido. Pero también estaba él, escondido tras de mí, besándome el cuello mientras acaricia mi pecho izquierdo e introduce un par de dedos en mi interior.

No puedo llegar a expresar con palabras lo que supuso para mí aquella primera experiencia. Eso sí, como imaginaréis, no fue la única vez que ejercí de musa para él. Nuestros encuentros se fueron repitiendo, y en breve vamos a inaugurar una exposición de pintura erótica solamente con mis cuadros.

Para que luego digan que no te puede cambiar la vida un pequeño papelito tirado en el suelo, frente a tu portal.

Ana Centellas. Junio 2017. Derechos registrados.

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Este relato es el número 23 para los 52 golpes, que espero os haya gustado. Los relatos 24 y 25 ya están disponibles y ya ando maquinando el 26…

Calle 13 en Pre-venta ¿Te lo llevarás para vacaciones?

¡”Calle 13″ ya está en pre-venta! ¡Qué ilusión! Os animo a todos a vivir este pedacito de todos nosotros. ❤️

Barcelona / j re crivello

Calle 13Dice Amazon en mi e mail: “Gracias por cargar la versión final de su libro. Los clientes que hayan comprado en preventa el libro recibirán el contenido en la fecha de lanzamiento, 15/07/2017”. Link para reservar número Calle 13

Un elenco de lujo ha escrito este libro para que “los que hagan vacaciones” se lo lleven y los demás lo lean a escondidas en su jefe/a en el trabajo… Todas historias de terror o fantásticas que transcurren en una calle de Barcelona escritas por los habituales del éxito anterior de Habitación 308

Gracias de nuevo a: Gema Albornoz, Francisco J. Martín, Conchi Ruiz, Frank Spoiler, Antonio Caro, Silvia Salafranca, Verónica Boletta, Ana Centellas, Paulina Barbosa, Pedro Garcia, Javier Reina, Melba Gómez, Awilda Castillo y j re crivello

—j. re

Escritor

CEO de Fleming Ac, FlemingLAB Taller de Escritura & FlemingED! (Ediciones)

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Reto literario: “Nunca te dejaré escapar”

Reto literario: “Nunca te dejaré escapar”

 

NUNCA TE DEJARÉ ESCAPAR.jpeg
Imagen tomada de la red

 

 

NUNCA TE DEJARÉ ESCAPAR

No podía hacerme a la idea de cómo había llegado hasta allí. Había despertado hacía unos minutos por completo aturdida, sin poder abrir los ojos siquiera. Cuando por fin logré abrirlos y echar un vistazo a mi alrededor, me encontré en lo que supuse que era un sótano antiguo, con las paredes de madera y repleto de trastos viejos. Una única bombilla cubierta de telarañas alumbraba la habitación.

Lo observé todo con detenimiento y descubrí una trampilla en el techo por la que debían haberme metido allí. No recordaba nada. Nada de lo que había pasado ni de cómo había llegado hasta allí. Mis recuerdos se detenían aquella noche, en casa de mi novio, Carlos, mientras me declaraba su amor. Sé que me sentí la mujer más feliz del mundo y a partir de ahí no recuerdo nada más. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde entonces? No tenía manera de saberlo.

El sótano parecía herméticamente cerrado. Ninguna ventana por la que entrase un resquicio de luz, ninguna puerta. Solo la trampilla del techo y aquella bombilla que lucía incombustible. No tenía manera alguna de saber si era de día o de noche, cuanto menos de determinar en qué día de la semana me encontraba.

¿Me estarían echando de menos en casa? ¿Habrían denunciado mi desaparición a la policía y me encontrarían pronto? ¿O solo había pasado una noche y nadie se habría dado cuenta aún de mi ausencia? A cada momento me arrepentía más de haber sido tan independiente. Siempre desaparecía de casa durante días sin dar explicaciones. Seguro que nadie en mi familia sabía que me encontraba secuestrada.

Mi estómago rugía de hambre, lo que me llevó a pensar que no había comido nada desde mi encierro, por lo que no podía llevar mucho tiempo allí. Eso quería decir que nadie estaría buscándome. Las lágrimas surgían solas sin que yo pudiera evitarlo. Venga, Sara, tú eres fuerte, seguro que sales pronto de aquí.

A pesar del hambre y la sed que tenía, pronto, o tarde, no lo sé, volví a caer en un profundo sopor. Desperté bastante más descansada, hambrienta y sin saber qué día ni qué hora era. Pero a mi lado tenía un generoso plato de mi comida favorita, junto con una gran botella de agua. Lo primero que hice fue dar un gran trago de agua, para que mi reseca garganta se recuperase. Después devoré aquel plato de pasta con ansia a la luz de la pequeña bombilla que inundaba de luz todo el cuarto. Estaba fría. Debía llevar horas allí.

Hice cuatro más de aquellas comidas. Cuatro platos distintos, elaborados con sumo esmero, como si los hubiera preparado un chef de alta cocina. Todos eran mis favoritos. Pasaba el tiempo dormitando y comiendo, haciendo mis necesidades más primarias en un rincón, que a cada despertar estaba pulcramente limpio. ¿Quién podría mantenerme cautiva de esa manera? Y lo que más me preocupaba, ¿por qué?

Ni si quiera se me había pasado por la cabeza que pudiese ser mi novio. La última noche estaba difusa en mi cabeza, habíamos bebido mucho vino y fumado algo. Recuerdo su declaración de amor, mi felicidad, ese nunca te dejaré escapar de mis brazos, retazos de un encuentro sexual sobre el sofá de su casa…

Por eso, la sorpresa que me llevé fue enorme cuando, a la luz siempre brillante de la pobre bombilla, le vi bajar por la trampilla que daba acceso al sótano. Jamás imaginé que cuando me dijo que quería pasar conmigo el resto de su vida y que nunca me dejaría escapar, se estaba refiriendo a esto…

Ana Centellas. Junio 2017. Derechos registrados.

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Este relato ha sido trabajado para el habitual reto literario que cada semana nos propone el grupo de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”.  Desde aquí os animo a visitar y haceros miembros del grupo, super dinámico y divertido, otra pequeña maravillosa familia.

La frase de la semana XXVI

La frase de la semana XXVI

EMILY DICKINSON

 

‘Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.’

Emily Dickinson

Poetisa estadounidense que forma parte del reducido panteón de poetas fundamentales estadounidenses.

¿Qué más añadir a esta célebre frase de Emily Dickinson? Solo el que está habituado a la lectura sabe de lo que es capaz esta. Te traslada a otras épocas, a otras regiones, a mundos de fantasía, llegas a un nivel tal de intimidad con los personajes que sus sentimientos los vives como propios, te evade de la realidad…

A falta de viajes que quizá nunca podremos realizar, nada mejor que embarcarse en una nave de fantasía, un buen libro que te transporte a otra realidad, otro universo, otra vida…

Sin mayor dilación paso a comentaros una de las frases que más me ha gustado de lo poco que os he podido leer esta semana (reitero disculpas semana tras semana), pero algo aparezco todavía por vuestras casas.

En esta ocasión, os dejo con el primer verso de una maravilloso poema de nuestro amigo Daniel Verastegui . Tengo que reconocer que hacia Dani siento un cariño muy especial, pues su pueblo, el venezolano, está pasando por una situación muy dura, y él sigue en pie, regalándonos sus maravillosas letras de manera incondicional. Se merece lo mejor, y mi mayor deseo es que la situación en Venezuela termine de una vez por todas, para que tanto Dani como todos los venezolanos puedan mantener una vida digna como lo venían haciendo.

La primera estrofa de este poema, que podéis encontrar en el siguiente enlace, dice así:

‘Donde ves oscuridad yo miro las estrellas.”

Me parece un claro ejemplo de superación, de ver el lado positivo de las cosas, aun cuando el entorno nos lo ponga complicado.

Por supuesto, os animo a leer el poema completo en el enlace que os indico, así como a seguir su blog, donde encontraréis muchas maravillosas poesías más.

Desde aquí mando a Dani un enorme beso y todo mi apoyo, solidaridad y ayuda en lo que pueda, aunque él ya lo sabe.

¡Hasta la semana que viene! ¡Se os quiere!

 

El poder de las Letras: “La tormenta de verano”

El poder de las Letras: “La tormenta de verano”

 

LA TORMENTA DE VERANO.jpeg
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LA TORMENTA DE VERANO

Asomado a la ventana, resguardado por ella, contemplo el cielo, sentado en mi sillón favorito. Es un cielo tormentoso de principios de verano. Las tonalidades rojas del ocaso, allá en la lejanía, se entremezclan con las nubes negras que tengo frente a mí. La tormenta, de manera amenazante en el medio, parece querer separar ambas coloraciones del cielo, imponer cielo de por medio, como cuando te alejaste de mí.

Me sorprendo teniendo estos pensamientos, no comprendo por qué, a estar alturas de la vida, me vuelvo a acordar de ti. Hacía tanto tiempo que no pensaba en ti… Mi pequeño perrito viene volando sobre el suelo del salón a guarecerse entre mis piernas al sonido del primer trueno. “Pobrecito”, pienso, “tal vez si hubieses podido contemplar el relámpago que lo ha precedido, hubieras estado preparado para el impacto del trueno en tus delicados oídos”. Al igual que yo, si hubiese podido vislumbrar algún atisbo de tu marcha, hubiera podido prepararme para la misma.

Pero no, no me mandaste ni la más mínima señal, o al menos alguna que yo hubiera sabido interpretar. Ahora pienso que a lo mejor, solo a lo mejor, pudiste haber estado enviándome señales durante meses y yo pudiera no haberlas visto, no haberlas entendido. Hay que ver, me encuentro pensando en esto precisamente hoy, cuarenta años después, y aún no sé a qué se debe.

Quizá porque hace cuarenta años fue una tarde tormentosa de verano cuando me pediste tiempo y te marchaste para no volver. Ni preocupé tan siquiera, estaba absorto en la hermosa tormenta de verano. Me limité a esperarte, porque en mi pequeño mundo todo estaba bien, no había problemas entre nosotros.

Otro relámpago ilumina el cielo, esta parte cubierta de nubes negras donde me encuentro. Cobijo a mi perrito entre los brazos, está temblando de pánico. Intento apaciguarle. Y, mientras observo el cielo, continúo con mis pensamientos. Ahora me doy cuenta de que esperándote y esperándote, llegó un momento en que dejé de pensar en ti. Solo sabía que volverías. Por eso me resulta tan curioso que, justo hoy, cuarenta años después, te recuerde. Y recuerde que debías volver y nunca lo hiciste. Y recuerde que siempre he estado aquí, esperándote.

Decido, casi sin querer, pero casi por instinto, que debo llamarte, saber de ti. Que ya es hora. Ha pasado suficiente tiempo. Abandono mi cómoda posición tras la ventana, seguido por mi fiel amigo que no quiere separarse ni un milímetro de mí, y agarro con rabia el teléfono móvil. Entonces me doy cuenta de que cuando te fuiste aún no existían los teléfonos móviles, ¡y sobrevivíamos! Pero la cuestión es que yo no tenía tu número, solo un número fijo que no me garantizaba que te fuese a encontrar.

He de reconocer que tuve un instante de pánico. Cuarenta años después y, justo ahora, me da miedo no volverte a ver. ¡Hay que ver lo que es la vida! Estoy comenzando a marcar los primeros números, cuando suena el timbre de mi puerta. Dejo el móvil con desgana y camino hacia allí, siempre seguido de mi pequeño animalito. Al abrir la puerta, casi se me para el corazón. No me lo puedo creer. Por completo empapada, ahí estás, eres tú, has vuelto a mí. Jamás imaginé que cuando me pediste tiempo fueses a necesitar tanto. Pero has regresado a mí.

Nos abrazamos como si no hubiese pasado el tiempo, y nos encaminamos al interior de mi casa. De esta manera, fuimos a contemplar la tormenta a través de los sucios cristales de mi salón. La tormenta continuaba, el color rojizo del horizonte se mantenía allí, nada había cambiado. Nada, excepto que tú estabas a mi lado. Nos miramos unos segundos y, por fin, nos dimos el beso que nunca llegamos a darnos aquel último día de tormenta de verano.

¿Y es que, quién sabe lo que puede llegar a pasar durante una tormenta de verano?

Ana Centellas. Derechos registrados. Junio 2017.

Podéis encontrar este relato, junto con otros fantásticos relatos y poesías, en la página de escritores “El Poder de las Letras” que, como siempre, os recomiendo visitar.