Por capítulos: “El viaje de Tita (II)”

 

EL VIAJE DE TITA
Imagen: Pixabay.com

 

 

Parte I

 

EL VIAJE DE TITA (II)

Para empezar, tuve suerte, la verdad es que no me puedo quejar. Y es que no caí contra aquel lavabo duro como una piedra. Debe ser que algo o alguien en el universo se apiadó de mí, porque fui a caer directamente por uno de los agujeros que había en el desagüe.

De pronto, todo era oscuridad, tenía miedo de dónde caería. ¿Por qué habré sido siempre tan miedosa? Supongo que si hubiese tenido más ímpetu y espíritu aventurero, me hubiese ido mucho mejor. Pero lo cierto, es que la experiencia resultó ser de lo más placentera, pues caí en un cómodo colchón formado por las gotas que antes que yo habían caído por el desagüe, en la mañana, cuando aquel maleducado humano se lavó la cara. ¡Estaban allí  todas! ¿Así que mi destino iba a ser permanecer en una oscura cañería para siempre?

En realidad, no era tan mal destino, pues yo había nacido en una. Pero esta tenía algo de diferente que no lograba reconocer. ¿Qué podía ser? Más o menos las dimensiones eran las mismas, de la oscuridad ya ni os hablo, que reconocí a mis compañeras porque se quejaron cuando les caí encima. Pero había otra cosa… A ver, gotita, piensa, piensa, ¿qué puede ser?

De pronto, una lucecita se encendió en mi pequeña cabeza de gota de agua. Esto no lo toméis al pie de la letra, evidentemente las gotas de agua no somos luminosas. Es solo que hay veces que me gusta recurrir a expresiones de ese tipo. Me hacen parecer interesante a los ojos de las otras gotas, todas mayores que yo.

¡Ya sabía lo que ocurría! ¡Ya sabía lo que diferenciaba esta cañería de la anterior! Era un tufillo, una especie de olor a agua sucia, que nos invadía a todas. Yo misma me descubrí desprendiendo aquel hediondo olor. ¡Madre mía! Aquella debía ser la tubería de los desechos. Seguro, no quedaba otra opción.

De pronto, un nuevo torrente de gotas cayó desde el desagüe por el que habíamos caído nosotras. Seguramente el mismo humano, o quizá otro, estuviese lavándose en el lavabo. La cuestión es que la avalancha de gotas que nos cayó encima hizo que nosotras nos precipitásemos por aquella asquerosa tubería. Íbamos todas con las manos unidas para que ninguna se perdiese por el camino y, de paso, nos íbamos limpiando unas a otras lo que podíamos.

Comprendí que aquella maloliente aventura estaba próxima a su fin, cuando vi una luz al final del túnel. Y no, no me estaba muriendo, que estaba bien vivita y coleando. Entre todas tomamos impulso para salir de allí cuanto antes y cuando llegamos al final de la tubería, lo que vimos nos llenó de emoción. Jamás habíamos visto algo igual.

Caímos todas juntas en una especie de cascada sobre un pequeño riachuelo que transcurría bajo la gran tubería. Aquella caída la consideré en su día como la mayor aventura de mi vida. Ilusa de mí, que aún no sabía todo el camino que me quedaba por recorrer. La caída en el riachuelo no fue demasiado agradable, pues el agua que allí había era un agua lodosa que nos puso a todas perdidas. Pero con el transcurrir por el río, fuimos quedando todas como nuevas, y pude disfrutar de algo maravilloso.

Ana Centellas. Mayo 2017. Derechos registrados.

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16 comentarios en “Por capítulos: “El viaje de Tita (II)”

  1. ¿Es la vida de Tita un gran desafió, que día a día inquieta por lo circunscrito y también por lo infinito? esperando que Tita nunca sea, la que rebalsa el vaso, espero de su aventura por lares con mas brillo que su claro cuerpecito…

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