ALBA, LA BRUJA
Imagen by Asier. Protegida.

 

 

Este relato surge como respuesta a la petición de algunos de vosotros por una continuación de “Alba, la bruja”. Ya sabéis que estoy abierta a todo tipo de peticiones. Espero que os guste.

 

ALBA, LA BRUJA Y JUANITO, EL SAPO

 Como recordaréis, Alba se trataba de una niña totalmente normal y corriente que vivía en un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Su pasión por la lectura, la llevaba a esperar con impaciencia al bibliobús que, cada sábado por la mañana, llegaba a la plaza de su pueblo. En el último viaje del bus, el conductor le regaló un libro de magia, de la buena, de magia de verdad. En cuanto la niña tocó el libro, solo con ese gesto, su larga cabellera morena se transformó por completo en naranja. Y así fue como Alba se transformó en una brujita de verdad.

Al principio todo era muy divertido, recogía su habitación con tan solo pronunciar unas palabras y realizaba los deberes en segundos. Las hojas se iban rellenando solas a una velocidad de vértigo. Los problemas comenzaron a llegar cuando ya no soportó más a uno de sus compañeros de escuela,  estaba llamándola continuamente “Alba, la Bruja”, y en un arrebato le convirtió en sapo. El chaval estaba la mar de gracioso, porque era un pequeño sapo vestido con la ropa que llevaba puesta el muchacho pero en un tamaño minúsculo. Era gracioso de verdad, y toda la escuela se partía de la risa.

Pero a la hora de la verdad, cuando Alba consideró que ya había tenido suficiente castigo y quiso devolverle a su forma habitual, ya no tenía la manera de hacerlo. Por más que buscó y rebuscó en su libro de magia, en ninguna página encontró la manera para revertir  un conjuro. Menudo revuelo se formó en el pueblo. Los padres del muchacho golpeaban con insistencia la casa de Alba, con el su pequeño hijo-sapo guardado cuidadosamente en un bolsillo de la camisa.

Alba no sabía hacer otra cosa que llorar. Lo único que se le ocurría era esperar a que llegase el bibliobús el sábado y allí estuviese la solución a revertir los conjuros que había utilizado. Pero todavía estaban a miércoles y aquel pobre muchacho ya se habría convertido en el hazmerreír de su pueblo durante años, incluso se ganó un mote, “el sapo”.

No volvió a ir a la escuela en toda la semana, no fuese a empeorar las cosas. Pero estaba tan nerviosa, que cualquier frase que pronunciaba le salía un conjuro de los que había aprendido en el dichoso libro que tanta felicidad le había proporcionado en su día. Así, su perro se volvió rojo, y por muchos baños que le dio, no fue capaz de quitarle el color. Su madre terminó con el pelo totalmente blanco, y los muebles de la casa se recolocaban solos cuando les apetecía.

Aquel que parecía su sueño se había convertido en una auténtica pesadilla. Los remordimientos que sentía Alba eran impresionantes. ¿Pues qué clase de bruja era ella, que ni siquiera sabía revertir un hechizo? Estaba claro que aquello no era para ella. Pero lo cierto es que había adquirido los poderes con solo tocar el libro, fue cuando el pelo se le tornó de color naranja. ¿Qué podía hacer ahora?

Cuando el bibliobús llegó al pueblo el siguiente sábado por la mañana, Alba llevaba ya tres horas esperándole, desde mucho antes del amanecer.

—¿Pero qué te ha pasado, muchacha? —le preguntó Andrés, el conductor habitual—. ¿Te ha dado ahora por la moda esa de teñirte el pelo?

—Ni me hables, Andrés. Fue el libro de magia que me trajiste la semana pasada. Nada más tocarlo se me volvió el pelo naranja. Pero lo peor es que he estado lanzando algunos hechizos y no tengo la menor idea de cómo revertirlos. ¡El miércoles convertí a Juanito en un sapo!

—¿Pero qué te hizo el pobre chaval para que le convirtieses en sapo? Bueno, mejor no pregunto —. Andrés se giró sobre sí mismo y extrajo del bolsillo trasero de su asiento un libro muy similar al que le había entregado la semana pasada —. Creo que aquí encontrarás la solución a todos tus problemas. Perdóname, es que la semana pasada se me olvidó traerte este también. Por cierto, son un regalo.

Alba no se lo podía creer. En aquel libro, que era como una continuación del anterior, se explicaba detalladamente cómo revertir cualquiera de los hechizos que enseñaba el primer libro. Lo único que al tocarlo, su pelo no volvió a su color natural. Se quedó naranja para siempre.

Besó a Andrés con efusividad y ni siquiera se detuvo a mirar el contenido del bibliobús. Salió corriendo a casa de Juanito y, aunque la recibieron con malas maneras, al final todos le dieron las gracias por volver a convertirlo en niño. Eso sí, el apodo ya le acompañaría hasta el final de sus días.

De esta manera, con la serie de libros de magia completa, Alba se convirtió en una auténtica bruja. Los habitantes del pueblo empezaron a acudir a ella para que les resolviese problemas o les curase enfermedades. Ella  hacía siempre lo que podía, para algunos no tenía ningún hechizo que ofrecerles.

Pero lo mejor era que ahora sí que podía hacer trastadas, sabiendo que luego podría encontrar la solución.

Ana Centellas. Julio 2017. Derechos registrados.

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2 comentarios en “El relato del viernes: “Alba, la bruja y Juanito, el sapo”

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