LOS COLORES MÁGICOS
Imagen: Pixabay.com

 

 

LOS COLORES MÁGICOS (I)

 

Cuando a Jaime, a la temprana edad de seis añitos, su tía Julia le regaló un maletín de pinturas, se sintió el niño más feliz del universo. Además fue un regalo inesperado, porque no era ni su cumpleaños, ni su santo, ni nada de eso. Se lo había regalado porque sí, porque le quería, y aquello hacía que el regalo tuviese por lo menos… ¡el triple de valor! Pero es que además no era un maletín de pinturas normal y corriente. No era la típica caja de lápices de color que le compraban sus papás, no. Aquel maletín tenía tres pisos. En el piso inferior, había lápices de colores que él ni siquiera conocía, además de una buena cantidad de pinturas de cera, de las blanditas, de las que a él le gustaban. Con ellas podía hacer unos dibujos estupendos, pintando con colores debajo y cubriéndolo todo del color negro después. Para terminar, hacía con un palillo, un bolígrafo o cualquier otro objeto punzante, un dibujo sobre la capa negra, obteniendo un precioso dibujo con los mil colores que había usado debajo.

En el segundo piso, dos largas hileras de rotuladores de todos los colores habidos y por haber. ¡Si incluso había uno de color carne! ¡Ese que era tan difícil de encontrar! Sus papás no le dejaban utilizar rotuladores, porque decían que se mancharía mucho, pero en el cole sí los usaba y ¡le encantaban! Esperaba que a partir de ahora, que tenía su nueva caja de colores, le dejasen usarlos porque con ellos era capaz de colorear los dibujos de una manera genial.

Pero lo que más llamó su atención fue el piso superior. Estaba repleto de pinturas que él jamás había utilizado. Había acuarelas, carboncillos, ¡e incluso óleo para poder hacer cuadros! Estaba tan entusiasmado con su nuevo estuche de pinturas que se pasó más de una hora contemplándolo, con miedo a tocarlo, para no desorganizar el código de colores tan bonito con el que venía vestido. Mientras, su madre y su tía tomaban un café hablando de sus cosas, sin niño que las interrumpiese.

El silencio de Jaime en la casa se hacía bastante notorio, pues estaban acostumbrados a los gritos y juegos del pequeño. Llegó un momento en que su mamá llegó a asustarse y animó a Julia para que fuesen a ver qué estaba haciendo su hijo. Se quedaron absortas cuando entraron en la habitación y vieron a Jaime sentado en el suelo, contemplando el maletín con embrujo, por completo en silencio y aún con cara de asombro. Pasaba la mano por los colores con delicadeza, como si temiese estropearlos.

Y lo cierto es que, desde aquel día, Jaime cuidaba su maletín como oro en paño. Le tenía reservado un lugar de honor en su pequeña estantería y no dejaba que nadie utilizase su gran caja de colores. Los trataba con un gran cariño, observándolos a cada momento. Y aún tardó varios días desde que recibió a aquel regalo tan especial hasta que se decidió a utilizarlos, como si tratase de evitar que se desgastasen.

Lo que no se imaginaba Jaime era de lo que aquellos colores le iban a hacer vivir.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Junio 2017. Derechos registrados.

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26 comentarios en “Por capítulos: “Los colores mágicos (I)”

  1. …Ofdae, señor en todos los tiempos, creó a Muoka. depositó un germen en una caja de urú y se fue por los cielos con un saco lleno de luciérnagas que regaría. Muoka, amo del primer tiempo, salió de la caja y soñó las cosas, las volvía tangibles y visibles mientras dormía. Luego, al despertar, le insuflaba aire para que tuviesen vida propia; cuando inventó el viento no tenía colores y, sin querer, encontró la forma de desplazarse sin ser visto, los otros Dioses le agradecieron.

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  2. Que cosas mas bonitas le sucede a los niños y especialmente cultivando el género que más oportunidades tiene. Siendo niño soñamos sin ver obstáculos que nos encontramos en el camino los desalentados. Por eso en la ciencia y las creaciones grandes, deberían ser estudiadas y realizadas, tal cual como piensan los niños. Vas bien abriendo ese espacio, algo que en definitiva te empuja la corriente del río que váis navegando. Dos veces lo he visto, es la moldura de tu estilo. Te felicito.

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      1. Aprendí a escribir si acaso puedo decirlo, que soy el que digo y desdigo como me gustan las cosas, y encontrar en mi, a ese ser humano que se esconde dentro de nosotros,
        de la timidez que propicia la impericia de nuestras acciones, pero me volví y vi el camino que anduve por tantos años. Entonces me dije, es el momento. Y de allí comenzó este recorrido, que me ha llenado de alegrías propias y satisfacciones, las llamo propias, porque no se sí solo a mi ha sanado el elixir que siento cuando escribo esta ambrosía. A su vez el remedio que dulcemente he encontrado. Pero en fin, de verdad he ganado más tesoros que he perdido, de los que pudo algun pirata conservar andando su camino. Aprendí abrirme a este sueño del que aún no me despierto y de cómo es posible, que podamos creer y con eso es suficiente.

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  3. La verdad, yo también me sentí muy emocionado cuando me regalaron un maletín de pinturas cuando era un crío. Luego descubrí que soy un inútil para el dibujo y…
    Me ha devuelto también a la infancia eso del “color carne”, que, evidentemente, en la sociedad casi exclusivamente caucásica en la que viví en mis años infantiles era el tono normal de piel 😀

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  4. Muy emocionante, espero la segunda parte. Muy bien describes el mundo interno infantil, y además has descrito la técnica del dibujo que me gusta muchísimo, es decir con ceras de colores y la capa negra por encima. Fue totalmente desconocida para mi hasta que mi hijo viviendo en España trajo del cole su obra hecha en tal estilo, y me quedé encantada (ni sé por qué no lo conocía antes, en los años de mi infancia, pero creo que pinturas de cera eran muy raras en mi pais). 🙂 Hasta ahora lo tengo este dibujo en mi colección. 😀

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