FAMILIA DE ACOGIDA

 

FAMILIA DE ACOGIDA

No puedo decir que mi infancia esté siendo fácil. Mis padres me abandonaron en la calle apenas unas horas después de nacer, o al menos eso es lo que me han contado. De ahí que mis primeros años los haya ido pasando en diferentes casas de acogida.

Tan solo tengo cinco años y creo que mi madurez es muy superior a la de cualquier otro niño de mi edad. En fin, las circunstancias te hacen de una manera u otra. Que yo recuerde he pasado por tres familias distintas desde que tengo uso de razón. Imagino que antes iría alguna más, de la que no tengo memoria.

Las conversaciones más largas que he tenido han sido con la asistente social. Ojalá pudiera haberme ido a vivir con ella, es tan bonita, tan simpática… Pero siempre encuentra una familia para que me acoja y al cabo de unos meses vuelvo al internado. No sé por qué nadie me quiere. Si yo procuro portarme bien y apenas hablo con nadie. A lo mejor es por eso, porque no me gusta abrirme a una familia que con gran probabilidad me devolverá al internado. Quizá sea la pescadilla que se muerde la cola. O a lo mejor les da miedo mi pelo color naranja como la zanahoria. Sé que hay gente que tiene ese extraño miedo. Pero yo no tengo la culpa. Simplemente nací así.

Hace un par de semanas, después de otra temporada en el internado, Marisa, la asistente social, vino a verme y me contó que había encontrado otra familia para mí. Que era un matrimonio que no había podido tener hijos y eso hacía que las probabilidades de que me quedase con ellos más tiempo, eran mayores. Incluso hasta mi mayoría de edad. O que incluso cabría la posibilidad de que me adoptasen.

Sé que debería haber dado saltos de contenta, pero no fue así. Otra vez la misma historia, otra vez a conocer una familia nueva que se desharía de mí a la primera ocasión. Ya no tenía ganas de pasar por eso otra vez. Vivía más feliz en el internado. Aún así, como no tenía otra opción, al día siguiente Marisa me acompañó a la casa de mi nueva familia. Me dio un tierno beso en la mejilla, me prometió llamarme y se fue, como siempre hacía.

Desde el primer momento noté algo extraño en aquel matrimonio. Algo que no pude identificar pero que me ha mantenido inquieta desde que llegué aquí, hace ya dos semanas. Apenas hablan entre ellos y mucho menos conmigo. Viven en una casa apartada del resto de la ciudad y ni siquiera tienen un mísero juguete con el que entretenerme. Mis días se limitan a dormir, a comer y a observar por la ventana.

Tienen una obsesión por la comida casi enfermiza. Me obligan a comer cantidades exageradas de una carne de sabor raro, que nunca antes había probado. Es como si quisieran cebarme. Después de comer, claro, caigo rota sobre la cama y a dormir. Es el único momento de calma que tengo, porque por las noches apenas puedo descansar, temiendo que vengan a buscarme en cualquier momento. No sé por qué, pero tengo esa preocupación. No me fío de ellos.

Esta noche, a altas horas de la madrugada, después de varias horas dando vueltas en la incómoda cama sin poder dormir, he bajado a la cocina a buscar un vaso de leche. Eso es algo que a veces me ayuda cuando no puedo dormir. Nunca antes he abierto esta nevera, ellos siempre se han ocupado de todo. Así que imaginaros mi sorpresa al encontrármela llena de piezas de carne humana. Incluso una cabeza, bien visible en uno de los estantes que quedaba a mi altura. Ahora comprendo por qué nunca había probado aquella carne que me daban. ¡He estado comiendo carne humana! Casi vomito en este mismo instante.

Me he quedado paralizada delante de la nevera, incapaz de mover un solo pie. No puedo dejar de mirar esa cabeza sangrante que me observa desde su interior. En mi estado de shock no me he dado cuenta de una sombra que se abalanza sobre mí desde detrás de la nevera. Al principio me ha parecido un monstruo, pero no. Es él, con un gran cuchillo de carnicero en la mano y viene hacia mí… viene hacia mí…

Ana Centellas. Julio 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Este relato ha sido preparado para el reto literario del grupo de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”, en el que os recomiendo participéis. Es muy dinámico y ameno. Para esta ocasión, había que inspirarse en la imagen que veis en la cabecera.

 

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9 comentarios en “Reto literario: “Familia de acogida”

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