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EL PODER DE LA MENTE

Aquel verano estaba siendo especialmente caluroso. No se podía ni respirar en el pequeño apartamento de Claudia y ella llevaba toda la tarde encerrada en casa, sin poder gozar del aire acondicionado que tenía instalado porque su precaria situación laboral no le permitía pagar la factura. Así que Claudia se estaba asfixiando poco a poco. El sol se colaba sin tregua por las ventanas y no sabía si era mejor dejar las persianas subidas para que entrase el aire, aunque también el sol abrasador, o dejarlas bajadas para que no entrase el sol, aunque corriese el riesgo de morir cocida dentro de su casita.

Las gotas de sudor recorrían el cuerpo de Claudia por todos los rincones, por la frente, por el pecho, por las piernas… Su larga cabellera rubia, recogida ahora en una alta cola de caballo, estaba también mojada debido al sudor. Un pequeño abanico era el único remedio con el que podía combatir aquel calor tan excesivo y, la verdad, tampoco le ayudaba mucho.

Pensó en darse una ducha con el agua bien fría, para calmar los sudores de su asfixiado cuerpo. Durante unos momentos se sintió en el cielo. El agua fría le reconfortaba, le tonificaba los músculos atrofiados por el calor y le quitaba el embotamiento que sufría en la cabeza. En esos momentos se acordó de Rubén. Si él no hubiese tenido que salir precisamente de viaje aquel fin de semana, podría estar disfrutando del fresquito del aire acondicionado que tenía instalado en su apartamento, además de la compañía. Pero bueno, tampoco era momento de lamentarse por eso. Ahora de lo que se trataba era de sobrevivir a aquel calor tan espantoso.

El rato que estuvo dentro de la ducha fue la gloria, pero nada más salir de ella comenzó de nuevo a sudar sin parar. Ya no sabía si es que no se estaba secando bien, pero el caso es que según pasaba la toalla, la piel volvía a estar por completo mojada. ¡Se asfixiaba! Se le pasó por la cabeza pasar la tarde y la noche en la bañera, llena de agua fresquita, pero tampoco se trataba de eso. Tenía muchas cosas que hacer, trabajo atrasado que adelantar y además no era de las personas que se podían mantener quietas durante mucho tiempo.

Entonces, ¿qué podría hacer? Justo en ese momento recordó un libro que había leído no hacía mucho tiempo, titulado “El poder de la mente”. En él explicaba cómo, a través de la poderosa arma que era nuestra mente, podíamos llegar a conseguir cosas realmente impensables. Solo era cuestión de saber utilizarla correctamente.

Claudia se tumbó en el sofá y bajó de inmediato todas sus constantes vitales. Esfuerzo cero, generaría menor calor, eso estaba claro. Cerró los ojos y comenzó a pensar en una gran nevada que recubría todo su barrio. En el parque que había bajo su casa, los árboles estaban cubiertos de nieve. Por las calles no se podía circular en coche y el frío era congelador. Dedicó unos minutos a pensar en ello sin que obtuviese ningún resultado aparente. Pero como no tenía nada que perder, pero sí mucho que ganar, continuó realizando aquel ejercicio de imaginación.

Al cabo de unos minutos, fue sorprendente la reacción que tuvo. Dejó de sentir algo aquel calor tan sofocante, se encontraba bastante mejor. Una media hora después, ya que se había mentalizado a ella misma de que se encontraban en pleno invierno, que había una enorme nevada que lo cubría todo y que el frío era polar, su piel comenzó a ponerse de gallina, a sentir escalofríos de auténtico frío.

Aguantó así unos minutos más para ver qué sucedía. El frío seguía refrescándola dentro de su apartamento, a este paso iba a necesitar algo con lo que cubrirse. Se decidió a hacer una prueba y, sintiendo un frío que le calaba los huesos, se levantó del sofá y fue a buscar una chaqueta con la que cubrirse.

No volvió a pasar calor aquel día, ni al siguiente. Cuando Rubén volvió de su fin de semana con los compañeros de trabajo y fue a visitarla, la encontró envuelta en una manta, tiritando, con los labios morados, mientras él sudaba a borbotones.

Nunca menosprecies el poder de la mente, porque es infinito.

Ana Centellas. Julio 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

 

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9 comentarios en “El relato del viernes: “El poder de la mente”

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