VOLVERÁN

 

Comparto con vosotros mi colaboración con la página de escritores El Poder de las Letras, de la semana pasada. Espero que os guste.

¿VOLVERÁN?

Jueves, 3 de agosto de 2017

En esta fecha, durante mi infancia, adolescencia y un poquito más, me encontraría en el pueblo, disfrutando de las eternas vacaciones de la juventud. Mis mejores recuerdos siempre han tenido lugar en ese pequeño pueblecito manchego que tanto calor nos ofrecía en verano. Pero no importaba, éramos jóvenes y nada nos paraba. ¿Volverán esos tiempos? ¿Volverán?

Todos mis mejores amigos estaban allí. Esos que eran de verdad, los que creías para toda la vida, aunque luego la vida se encarga de poner a cada cual en un sitio diferente. Cosas de la vida, que a veces es muy puta. Cosas del destino.

Eran tiempos de no entrar en casa en todo el día. Durante las mañanas, la protagonista indiscutible era la bici. Ya podía caer un sol abrasador, que no había nada que te bajase de la bici. Bueno, algo sí había de vez en cuando, porque recuerdo las rodillas siempre marcadas por el rojo de la mercromina. ¿Y qué? Solo tenías que volver a montar. Y cuando el reloj del ayuntamiento hacía sonar sus campanas para indicar que ya eran las dos, correr volviendo a casa para comer, pero tranquilos, que todavía queda el segundo toque.

Las siestas, esas horas muertas, cuando el calor era más acuciante si cabe, yo me las pasaba aburrida como una ostra. Todo el mundo durmiendo y yo, que odiaba dormir a esas horas, deseando que diesen las cinco de la tarde para merendar rápido y volver a salir a la calle a buscar a los amigos. Quién me iba a decir a mí que ahora mis siestas serían imprescindibles y de mínimo un par de horitas, eso cuando tienes la suerte de poder echarla. Hace años, me parecería impensable.

O esos días especiales, cuando algún padre nos acercaba a la piscina del pueblo vecino, rápido, que si te bañas en la primera media hora después de haber comido, no hay que esperar las consabidas dos horas y media de digestión. ¡Ay, si hubiese sabido que lo de las dos horas era solo un mito! Eran tardes geniales, disfrutando del agua fresca, aunque el olor a alpechín de la cooperativa de aceite inundase nuestras fosas nasales. Eso era también aroma a verano.

El resto de tardes, siempre en pandilla, siempre libres, siempre en la calle. Comíamos golosinas como si no hubiese mañana. Y no pasaba nada. Eras afortunado si podías comprarte un flash de quince. Paseos por el campo, por el pueblo, partidas de cartas, de mus, cuando todavía podías echar órdagos a la grande. Baños en el pilón. Beber directamente del grifo de la fuente de la plaza. ¿Y qué?

Y no olvidemos las noches. Como siempre, fuera de casa, al aire libre. Podías pasear con tranquilidad por la carretera, con la única iluminación de la luna, y pasaba un coche cada diez minutos, que no te alborotaba el pelo al pasar. Noches enteras en el pórtico de la iglesia, especie de profanación del lugar sagrado, con la litrona vendida de extranjis o una caja de botellines, cuando se suponía que no debíamos beber. Como los cigarrillos a escondidas.

Ese pueblo, mi pueblo, me entregó a mi amor. Besos furtivos en la oscuridad de algún callejón. ¿Cómo no lo voy a añorar? Sí, es añoranza el sentimiento que me despierta. Esos tiempos en los que eras plenamente feliz, aunque lo ignorases.

Ahora, a día de hoy, me pregunto si será cierto eso de volverán las oscuras golondrinas…

Ana Centellas. Julio 2017.  Derechos registrados.

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31 comentarios en “¿Volverán? – El Poder de las Letras

  1. Es precioso, Ana, ¡cuántos recuerdos!
    Ay, no volverán esos tiempos, no, y qué pena que no apreciábamos lo que teníamos…
    Nos quedamos con haberlo vivido, que no es poco, y con intentar que nuestros hijos lo vivan y disfruten también.
    ¡Un besazo y buen comienzo de semana!

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      1. Jaaajjjj es lo que tiene el tiempo, que siempre va hacia delante!!!
        Yo echo de menos las tardes de invierno junto a la mesa con faldones bajo la que metías el brasero ( electrónico, que no soy tan mayor) y esperabas la única hora de dibujos animados mientras saboreaba un sándwich de nocilla calentito…Mmmmm

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  2. No, no vuelven, sólo en forma de recuerdos. ¡Y qué reconfortantes son! Recuerdo esos veranos de la infancia como un paréntesis infinito de libertad. Eran tan largos… O así nos parecen con la perspectiva de los años. Todo era sencillo. Los juegos, simples. Los amigos, incondicionales. Creo que eran tiempos felices, precisamente, por nuestra inconsciencia de niños. La memoria nos los trae de nuevo, de vez en cuando, cual golondrinas de verano.
    Gracias por evocarlos. Un abrazo.

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