Por capítulos: «Aventura en Escocia (V)»

 

AVENTURA EN ESCOCIA
Imagen: Morguefile (editada)

 

Capítulo I       Capítulo II       Capítulo III       Capítulo IV

 

AVENTURA EN ESCOCIA (V)

Cuando llegó aquella noche me llevé una gran sorpresa. Todos mis nuevos amigos estaban en la puerta de la familia McAllary, para darme la bienvenida y llevarme de marcha. ¡Por fin los conocía! Después de varias semanas ya en aquella extraña ciudad, por fin conocía a mis amigos. En principio habíamos quedado en la plaza central, pero qué gran sorpresa me dieron.

A partir de aquel día, aunque allí no tuviesen la costumbre de salir por la noche, ya podría quedar con ellos durante el día y experimentar todas aquellas cosas que llevaba meses deseando, desde que comencé a planificar mi estancia allí. Estaba como loca de contenta, me sentía como una niña pequeña ante una enorme tarta de chocolate. Incluso los McAllary, aquella noche, me dijeron que estaba guapísima, que tenía un brillo especial en los ojos que nunca me habían visto. Era el brillo de la emoción.

Desde un primer momento busqué a Andrew con la mirada entre el gran grupo que vino a buscarme, pero no se encontraba entre ellos. Fui saludando a todos con un fuerte abrazo y mi ánimo decayó un poco por su ausencia. Lo cierto es que esperaba encontrarle allí. Pregunté a mis amigos virtuales, ya reales, por él y me dijeron que se uniría a nosotros más tarde. Por lo visto, tenía algunos asuntos que resolver aquella noche. A partir de ese momento, no le di mayor importancia.

Salimos juntos a recorrer los mismos pubs que ya había conocido de día con la familia McAllary y que, por aquella noche, estaban todos abiertos. El ambiente en el pueblo era festivo a más no poder, casi mágico, con todas aquellas luces desgastadas de las pequeñas tabernas que podías encontrar por doquier. No tenía nada que ver con el Pitchlory nocturno que conocí aquella noche hacía tan solo unas semanas, aunque parecía tan lejana en el tiempo que casi la había olvidado por completo.

Me estaba divirtiendo como nunca lo había hecho. Las jarras de cerveza bailaban de mano en mano dejando un rastro de alcohol entre nosotros. Todos cantábamos y bailábamos felices. Mis nuevos amigos resultaron ser una gente estupenda con los que pasé una noche muy, muy agradable.

En un momento de la noche en el que yo ya comenzaba a ver borroso a causa del alcohol, uno de mis amigos se acercó hasta mí y me contó que Andrew me estaba esperando, que quería conocerme a solas. Fue tanta la emoción que me causaron sus palabras que toda la euforia del momento me abandonó de sopetón para dejar rienda suelta al manojo de nervios que se instaló en mi estómago. Ni siquiera me detuve a pensar en lo extraño del lugar donde me había citado, en el cementerio que había en la parte posterior de mi casa. Solo quería encontrarme con él lo antes posible, así que me despedí de una forma un tanto abrupta de mis compañeros de baile y partí en solitario hacia aquel hasta ahora tétrico lugar, pero que por momentos se me antojaba incluso romántico.

Solo comencé a sentir un tenue cosquilleo de temor en el momento en que comenzaba a acercarme a los límites del cementerio. Pero entonces, de entre las sombras, apareció él con una enorme sonrisa que iluminaba su rostro, haciéndole más guapo aún si cabe de lo que le había encontrado a través de Skype. Me acerqué a él con timidez, repentinamente azorada, y cuando iba a darle dos besos, como acostumbramos en España, me sorprendió con un suave beso en los labios que prosiguió con otro más profundo. Mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho, palpitaba en mis sienes y en otras zonas más allá de los confines de mi cintura.

Me tomó de la mano y, para mi sorpresa, me guió al interior de uno de los pocos panteones que había en aquel peculiar cementerio. Yo le acompañé sin dudar, con la vista nublada y la razón también. El interior era hermoso como jamás hubiese podido haber imaginado. Extendido sobre el suelo, un tapiz de terciopelo rojo lo cubría todo, y decenas de velas alumbraban la estancia de manera sutil y romántica. Podía apreciar las bellas figuras talladas en la piedra de las paredes, así como los intrincados tallados del techo.

Andrew comenzó a besarme de nuevo en el interior de aquel maravilloso panteón y yo no opuse ninguna resistencia. Tampoco lo hice cuando comenzó a desvestirme con suavidad, hasta contemplarme por completo desnuda ante él. Todo mi rubor del comienzo había desaparecido para dejar paso al deseo que se estaba desatando con fuerza desde mi interior. Se desvistió con lentitud frente a mí, hasta que quedamos los dos enfrentados, reconociéndonos mutuamente, con los ojos ardiendo en deseo.

Me tumbó con delicadeza sobre el hermoso y suave tapiz y se situó sobre mí, con una mirada que hechizaba. Mis piernas se abrieron instintivamente y él se abrió paso en mi interior con calma. La luz de aquella estancia cambió de forma drástica a mi vista, en mi cabeza puesto que tenía los ojos cerrados. Maravillosas luces de colores danzaban a nuestro alrededor mientras recibía a Andrew dentro de mí. Sentí una gran explosión en mi cuerpo cuando, juntos, alcanzamos un clímax demoledor. Abrí los ojos, que hasta ese momento había mantenido cerrados, para deleitarme contemplando a mi amado. Mi último gemido quedó ahogado al comprobar que no era Andrew quien estaba alojado dentro de mí, sino una extraña y aterradora criatura que me miraba con ojos inyectados en sangre.

Comencé a escuchar un ruido extraño y giré la cabeza justo a tiempo para ver cómo la puerta del panteón se cerraba sola, para siempre.

FIN

Ana Centellas. Agosto 2017. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

5 comentarios sobre “Por capítulos: «Aventura en Escocia (V)»

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