JEREMY
Imagen: Pixabay (editada)

 

Esta es mi colaboración para el reto semanal que propone la fantástica página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. Esta semana, cómo no, la temática es Halloween.

JEREMY

Toda la familia había participado aquella tarde en la decoración de las calabazas. Al día siguiente era Halloween y querían rodear la casa de divertidas y maléficas calabazas. Para ello necesitaban unas cuantas, pensaban disponerlas con un metro de separación entre cada una, formando un cordón que rodease su casa con luces fantasmagóricas cuando cayese la noche.

Por eso, la familia al completo había pasado aquella tarde vaciando calabazas, recortando ojos y bocas en las más desagradables muecas de que cada uno fue capaz. Aprovecharon el tiempo que les sobró para recubrir todo el perímetro de la casa con telas de araña que subían, bajaban, se enredaban entre los pilares y ventanales y volvían a aparecer recubriendo el suelo. Varias decenas de arañas de plástico de gran tamaño fueron colocadas estratégicamente en los lugares donde más pudieran apreciarse, la más grande de ellas sobre el dintel de la casa.

Los más pequeños de la familia, Emily y Dylan, se encargaron también de decorar el interior de la vivienda, colocando vinilos con forma de esqueletos y brujas por doquier. Era su festividad preferida, más incluso que la Navidad, y estaban felices viendo sus disfraces colgar preparados cada uno en la puerta de su habitación.

Hasta el día siguiente, en el que colocarían las calabazas en torno a la casa iluminadas con sus pertinentes velas, la cocina parecía una exposición de las mismas. La encimera estaba por completo cubierta por ellas, así como la gran isla central y buena parte del suelo. Había una de la que Jeremy, el hijo mayor, se sentía especialmente orgulloso. Había sido toda obra suya y la expresión de la calabaza era de auténtico terror. La mejor que hubiese preparado  nunca. Pensaba colocarla junto a la entrada principal de la casa, bajo la gran araña que cubría el dintel.

Cansados tras la agotadora tarea de aquella tarde, pero satisfechos con el resultado obtenido, la familia se fue a la cama temprano aquella noche. Todo estaba preparado para disfrutar de la fiesta del día siguiente, incluidas dos grandes cestas de caramelos para repartir a los niños que llamarían a la puerta de su casa bajo la famosa petición de truco o trato.

Todos quedaron dormidos temprano, salvo Jeremy. A pesar de haber cumplido ya los quince años, seguía disfrutando de aquella fiesta tanto o más que sus hermanos pequeños. Tenía listo su disfraz de vampiro, que había confeccionado él mismo. Pero debía estudiar durante un tiempo para un examen que tendría al día siguiente. Enfrascado estaba en sus algoritmos cuando escuchó un extraño sonido en la parte inferior de la casa. Era una especie de susurro y crepitar de maderas. En uno de aquellos susurros creyó escuchar su nombre.

Por completo fuera de concentración para continuar con su estudio, posó sus pies descalzos en la alfombra de su habitación y se levantó de la cama. Notó cómo aquella estaba muy caliente, como si hubiesen dispuesto un enorme fuego bajo ella. Dedicó un segundo a razonar su posición, su dormitorio estaba justo encima de la cocina. Nunca había sido miedoso, pero aquella noche un escalofrío que le recorrió el cuerpo contrarrestó el calor que emanaba de la alfombra. Aún así, sacó todo el valor de que fue capaz y se dirigió hacia la escalera, caminando muy despacio para no hacer ningún ruido.

Conforme bajaba la escalera, con tiento, escalón por escalón, podía escuchar cada vez más cercanas las extrañas voces que susurraban su nombre, ahora con una nitidez absoluta. Su corazón palpitaba con fuerza, se le erizó el vello del cuerpo, pero continuó bajando por la escalera, atraído por aquellas voces que le llamaban en la oscuridad de la noche. Llegó prácticamente como un autómata a la puerta de la cocina.

Una tétrica luz anaranjada iluminaba toda la estancia. Su calabaza, aquella que había decorado y de la que se sentía tan orgulloso, parecía haber adquirido vida propia. Su color se había transformado en un negro viscoso y de su interior salían revoloteando decenas de murciélagos sedientos. Eran ellos los que susurraban su nombre. Jeremy caminó en un estado de semi inconsciencia hacia el interior de la cocina, atraído por las voces de los murciélagos, que pronto comenzaron a revolotear a su alrededor, hipnotizándole aún más. Se introducían en su interior por la boca, nariz y orejas sin que el muchacho pudiera hacer nada para impedirlo. Se limitó a dejar que entrasen en él, sintiendo cómo su interior se comenzaba a llenar de una oscuridad completa que, por extraño que pareciese, le otorgaba la paz que venía necesitando desde hacía tiempo y que nadie se había detenido a comprender. Una extraña mueca se dibujó en su rostro, a modo de sonrisa. Tendió la mano hacia su calabaza negra para tomarla consigo y, con los ojos enrojecidos, salió de la casa mientras dentro de sí escuchaba las voces agudas y malignas de los murciélagos que se alojaban en él.

Su familia nunca más volvió a saber de él, pero en los periódicos de la localidad las páginas se llenaron de horrorosos crímenes cometidos durante aquella noche de Halloween, de los que jamás se supo dar una respuesta.

Ana Centellas. Octubre 2017. Derechos registrados.

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7 comentarios en “Reto literario: “Jeremy”

  1. Qué terrible final para el pobre Jeremy! Me niego a pensar que esté muerto… No sé, le auguro una segunda parte tipo “el retorno de Jeremy” así como para la siguiente festividad a modo de aniversario de su desaparición muajajajaja (risa maligna) 😂😂
    Un besazo, Ana!

    Le gusta a 1 persona

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