EL RETO DE ANA

Tengo que agradecer a Sofía Alonso, del blog Psheda, este reto personalizado que me ha enviado para liberar. Sé el tiempo y la dedicación que le ha tenido que poner, así que el agradecimiento es doble.  Hoy os traigo la actividad 2, que consiste en lo siguiente:

Escríbete una carta para ti misma, pidiéndote perdón en lo que crees que has podido fallar. 

He dejado fluir y ha salido esto, que no es que sea una carta propiamente dicha, pero… se le asemeja bastante.

ME PERDONO
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

ME PERDONO

Hoy he decidido reconciliarme conmigo misma, mirar en mi interior y buscar todas las fallas que me estén hiriendo por dentro. De vez en cuando nunca viene mal echar una mirada introspectiva y ver cómo estamos en nuestro interior. Y, siendo sincera, voy arrastrando una serie de culpas que van dejando su poso, horadando el corazón y provocando un dolor intenso que está ahí siempre, en el fondo, esperando a salir a la superficie en el momento menos esperado.

Bien podría acercarme a una iglesia y que un sacerdote limpiase mis pecados rezando un simple Ave María o un Credo. Pero resulta que no soy creyente, así que hoy me voy a conceder la sanación de mis pecados desde mi interior, el mejor templo al que se me ocurre asistir.

Hoy me perdono. Me perdono por tantos días llegando tarde a la escuela por anteponer el trabajo a mi familia. Lo hice lo mejor que pude, pero lidiar con un jefe manipulador no es sencillo y al final siempre estaba en la oficina a la hora de salir del colegio. No quiero hablar de culpas, las reconozco todas como mías, por no saber imponerme, por no saber dar el lugar que corresponde a lo que más quiero en la vida. Pero hoy me perdono por ello. Y me otorgo el perdón a mí misma habiendo establecido con mucha claridad mis prioridades en la vida. Sé que no volverá a ocurrir. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por todos estos meses de ausencia involuntaria. Una presencia corpórea que no estaba realmente en el presente, sino anclada al daño producido por un pasado demasiado cercano en el tiempo. Ahora que reconozco que la enfermedad me ha ganado la batalla, me perdono por ello. Por no haber tenido la fuerza necesaria para vencerla. Pero sigo en la batalla y sé que, al final, la que ganará la guerra soy yo. Porque me he convertido en luchadora, y eso ya no habrá nada ni nadie que lo pueda cambiar. Sé que voy a salir de este pozo inmundo, volveré a estar aquí con la mejor de mis sonrisas y nunca más volveré a estar ausente. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no haber tenido la fuerza de voluntad necesaria para abandonar el peor de mis vicios en un momento en el que todos me requerían que lo hiciera. Pero lo he intentado, y con eso me basta. De momento, con eso me basta. Todo tiene su momento y el mío no era este. Y lo venceré, porque las luchadoras siempre vencen. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por toda esa irascibilidad acumulada durante los largos meses de enfermedad. Me perdono por los gritos lanzados al aire, por los que no iban lanzados al aire, por la ansiedad que me inunda la vida ante el menor de los contratiempos. Porque sé que todo es consecuencia del mismo proceso. Y que de él saldré, ya lo he dicho y lo confirmo. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no tener el físico perfecto para mí que siempre he deseado y que había logrado. Por no haber visto con anticipación el efecto que la medicación estaba haciendo en mi cuerpo. Por eso ahora derramo sudor al intentar hacer una carrera o sobre una bicicleta. Por eso aguanto hasta que ya no puedo dar más de mí misma. Me perdono también por los atracones que de vez en cuando me doy cuando la ansiedad está en su pico más alto. Pero hace tiempo que aprendí a controlar las crisis sola y creo que eso tiene su mérito, aunque sea mínimo. Por eso, me perdono.

Hoy me perdono. Me perdono por no haber sabido expresar con palabras lo que determinadas situaciones producían en mí. Por haber sido presa de un miedo paralizante que me impedía parar los pies a determinadas personas y expresar lo que estaba sintiendo, lo que de verdad pensaba. Era débil, o soy débil, no creo haber encontrado aún la fuerza y la autoestima suficientes para afrontar ese tipo de situaciones sin hacerme pequeñita. Pero estoy trabajando en ello. Todo lo que he logrado me lo he currado yo solita. Sola. Por eso, me perdono.

Por último, hoy me perdono. Me perdono por todo el daño que haya podido causar a alguien sin tener consciencia de ello. Dentro de mi naturaleza no entra el dañar a los demás, por lo que todo daño que provenga de mí ha de ser de manera involuntaria. Pido perdón si alguna vez he herido u ofendido a alguien. Y me perdono a mí misma por ello. Es inconsciente. Por eso me perdono.

Podría terminar imponiéndome una penitencia, pero creo que con este ejercicio de introspección he cubierto con creces cualquiera de ellas. Por eso, también, me la perdono.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

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8 comentarios en “Reto personalizado: “Me perdono”

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