Reto literario: «Las noches de Sandra»

LAS NOCHES DE SANDRA

Esta es mi colaboración para el reto semanal que propone la fantástica página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. Esta semana, basado en la imagen  mostrada arriba.

LAS NOCHES DE SANDRA

La habitación de Sandra era preciosa, propia de una niña de su edad. Pero, además, ella se encargaba siempre de mantenerla recogida y ordenada. No había ninguna cosa fuera de su lugar. Los estantes, perfectamente ordenados. Los peluches, colocados con la estrategia perfecta para mantener una simetría planificada dentro de su pequeña cabecita de siete años. Su mesa, esa en la que cada día dedicaba un pequeño rato a hacer los deberes de la escuela, ordenada de tal manera que siempre podía encontrar lo que estaba buscando. Los lápices de colores cuidadosamente colocados por tonos en un portalápices fabricado por ella misma. Aquella habitación era el orden personificado en una pequeña niña de pelo moreno y perfectas trenzas enmarcándole el rostro.

Pero la habitación de Sandra, cuando caía la noche, se transformaba por completo. El gran ventanal que había junto a su cama siempre estaba abierto, de manera que las estrellas y la luna se pudiesen colar en su cuarto. Sandra se sentaba sobre la cama, en una especie de duermevela que no podía evitar, a esperar a que comenzase la magia, noche tras noche. Y la magia empezaba a mostrarse ante sus ojos, todas y cada una de las noches. El cuarto se iluminaba, los peluches cambiaban su posición habitual y se situaban muy cerca de ella. Luces de todos los colores aparecían de la pared que se encontraba frente a su cama. El espectáculo era realmente mágico.

Los primeros días Sandra se asustaba mucho cuando comenzaba aquel desfile de magia ante sí. Se tapaba la cabeza y se acurrucaba en un rincón de la cama mientras podía continuar viendo a través de sus párpados cerrados cómo su habitación se convertía en un desfile de luces y colores. Frente a ella siempre se presentaban lo que pensaba que eran un par de ojos diabólicos y ello la llenaba de un profundo terror. Pero jamás se fue del cuarto. Fue una vez que se había habituado a ello, cuando comenzó a sentarse en la cama a esperarlo.

Siempre ocurría en el mismo instante, cuando sus cansados ojitos de niña comenzaban a velarse por el sueño. Era entonces cuando los peluches se disfrazaban con sus accesorios preferidos y se colocaban muy cerca de ella, prestos también a disfrutar del espectáculo. Lo que en un principio creyó unos diabólicos ojos venidos del inframundo, resultaron ser dos maravillosas mariposas doradas que inundaban de luz la estancia. Revoloteaban a su alrededor, dejando estelas de luces de los más variados colores, siempre alegres, siempre brillantes. En ocasiones, creía distinguir unas pequeñas voces muy suaves que la invitaban a tener un dulce sueño reparador.

Y así, poco a poco, Sandra se iba quedando dormida profundamente cada día, envuelta en un mágico espectáculo de luz, colores y sonido que la llevaban a viajar en sueños a los lugares más maravillosos y fantásticos.

Jamás contó nada a sus padres de aquello que vivía, la habrían tachado de loca. Pero ella no estaba loca, no, solo tenía una imaginación desbordante.

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

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Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

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