Reto literario: «Galletas de canela»

 

GALLETAS DE CANELA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

GALLETAS DE CANELA

El aroma a canela inunda la casa. Me encantan estos días en los que hay tanta actividad, aunque he de reconocer que termino con el cuerpo molido. Y es que una ya no tiene edad para tanto ajetreo, pero ¿qué le vamos a hacer? Al fin y al cabo, mi único trabajo es hornear las deliciosas galletas de canela que encantan a todos. Sé que sin ellas el equipo no trabajaría igual, sobre todo mi marido, y eso es algo que no puedo permitir. Ahora que lo pienso, tiene mucha responsabilidad esto de hornear galletas, ¿eh? Y además son un ambientador fantástico.

No puedo contaros la receta, porque entonces dejaría de ser un secreto, pero sí os puedo decir uno de los ingredientes especiales que añado a la masa. Son unos deliciosos piñones que solo nacen aquí, en los enormes pinos de Laponia. Por eso os lo puedo contar, porque sé que la mayoría de vosotros no tendrá acceso a ellos. Soy un poco trasto, lo sé, y me encanta. ¡Ah! Y las nueces, que por poco me olvido de ellas. Nueces podéis utilizar las que tengáis, no importa. Pero esa mezcla de nueces con piñones especiales de Laponia, bien picaditos ambos para que no se noten en el interior de la galleta, solo la consigo yo.

Os lo digo con conocimiento de causa, porque la gente de los alrededores ha intentado hacerlas un montón de veces pero no las ha conseguido igual. Y mirad que me vendría bien un poco de ayuda, pero como tengo prohibido dar la receta, pues nada, aquí estoy yo, amasa que amasa, hornea que hornea, todos y cada uno de los días desde que da comienzo el mes de diciembre. ¡Con lo que me gustaría a mí salir a la nieve! Tampoco es que me queje, que aquí tenemos nieve para dar y sobrar, pero estas tres semanas largas sin salir a la nieve, bueno, sin salir apenas de casa, me pasan factura. ¡Y de qué manera!

¿Queréis que os cuente un secreto? Por la noche, cuando la mitad del equipo está descansando y la otra mitad trabajando, me levanto de la cama muy despacio para no despertar a mi esposo y, oculta entre las sombras, salgo al exterior. Necesito sentir ese frío en la cara que me mantiene viva, gracias al que mi piel se mantiene tersa a pesar de la edad. Necesito tocar con mis manos esa nieve cristalizada, frotarme la cara con ella y sentir cómo se va enrojeciendo mi nariz. Nadie sabe de mis breves escapadas nocturnas, pues mi deber es irme a la cama junto con mi marido para descansar las horas suficientes para otra dura jornada horneando galletas. Pero yo soy fuerte y si no salgo de casa, me ahogo.

Así es mi cocina, un hervidero de actividad entre los días uno y veinticuatro de diciembre. Horneo cientos de galletas diarias, son las que dan energía a todos los elfos que forman nuestro equipo y que trabajan a destajo en dos turnos. Y son también las que dan energía a mi marido, que la noche del veinticuatro se come tres bandejas del tirón antes de salir a repartir regalos por todo el mundo. Ya le he dicho que no coma tantas, que el traje cada vez le queda más apretado, pero no hay manera. Las necesita igual que el aire para respirar.

Sí, mi trabajo es de una gran responsabilidad en estos días. Y es que nadie dijo que ser la esposa de Papá Noel fuese a ser una tarea fácil.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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Esta es mi colaboración para el reto semanal que propone la fantástica página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. A lo largo de este mes, relatos navideños.

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Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

15 comentarios sobre “Reto literario: «Galletas de canela»

  1. ¡Pobre Señora Noel! Seguro que termina cansadísima y además es la que está pendiente de los regalos y de a que niño hay que entregarle cada cosa…

    Ya me la imagino el 24 de diciembre: ¡Nicolás que te dejas los regalos! ¡Ponte bien el gorro! ¡Y deja de comer galletas, que te estás poniendo la barba llena de migas! ¡Ya te has manchado otra vez de chocolate el traje! Si es que todos los años igual: no sé como te da a repartir los regalos si cada año sales más tarde.

    Y luego para que todo el mérito se lo lleve Papá Noel.

    Un beso.

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