Por capítulos: “El pacto (I)”

 

EL PACTO
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

EL PACTO (I)

El ladrón no había dejado pistas. Todo en el despacho del señor Gutiérrez parecía estar en orden. No había nada fuera de lugar que indicase que allí se hubiese podido cometer algún tipo de delito. Pero, sin embargo, así había sido. De la caja fuerte, empotrada en la pared y escondida bajo una copia barata de La Gioconda, faltaba uno de los documentos más importantes que el señor Gutiérrez tenía en su poder. No había signos de que hubiese sido forzada de ninguna manera, por lo que el ladrón debía conocer la combinación, de eso no cabía ninguna duda.

El señor Gutiérrez dedicó varios minutos a mirar por la ventana, con la mirada perdida en el horizonte, intentado averiguar quién habría podido tener acceso a la combinación de su caja fuerte. Ni siquiera la señora de la limpieza, que era la única que tenía acceso al lugar y además en su compañía, sabía de su existencia. Frunció el ceño y entrecerró los ojos con un gesto de extremo cansancio, como si el interior de su cabeza fuera una bomba nuclear a punto de explotar.

Hacía tiempo que había perdido la sonrisa, y los acontecimientos que se estaban desarrollando aquel día no estaban ayudando para nada en su recuperación. Comenzó a caminar nervioso de un extremo a otro del despacho, como si de una fiera enjaulada se tratase, mesándose los escasos cabellos que le quedaban y que siempre ocultaba bajo un barato sombrero de fieltro. Había dado orden a su secretaria para que cancelase todas las reuniones que tenía previstas para aquel día. De momento, con eso tendría que bastar. Necesitaba encontrar al ladrón así le fuese la vida en ello.

Aún no podía creer que un intruso hubiese tenido acceso, no solo a su santuario personal, sino a todos los documentos de valor que guardaba. Sin embargo, solo había tomado prestado uno. Uno muy particular. Eso era una pista importante ya que, quien quiera que fuese, estaba muy claro qué era lo que le interesaba de él. Pero, ¿quién?

—¿Qué está haciendo aquí? —preguntó malhumorado al girarse y ver apoyada en el dintel de la puerta a su secretaria con aspecto compungido. Era la primera vez que nadie entraba en su despacho sin llamar primero. Tendría que tomar medidas al respecto.

—Discúlpeme, señor Gutiérrez, pero me ha resultado tan raro que cancelase todas las reuniones de hoy sin dar una explicación y no ha salido de su despacho, me he tomado el atrevimiento de entrar para ver si se encontraba usted bien —Natalia, su secretaria, había adquirido la tonalidad de los tomates en el momento de la cosecha. Nada más abrir la puerta ya sabía que aquel sería su último día de trabajo con el señor Gutiérrez, pero su preocupación por su jefe era auténtica, y le pudo más la intranquilidad que la sensatez.

La mandó salir del despacho con mal humor, pero en el fondo sabía que Natalia era una buena trabajadora que siempre decía la verdad, por lo que postergó para otro momento la reconsideración de su puesto de trabajo. Ahora mismo, de lo único que debía preocuparse era de encontrar al ladrón que había salido impune de allí, llevándose su posesión más valiosa. Algo que solo él sabía que tenía, por lo que solo él debía desentrañar aquel misterio.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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El pacto by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

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