El relato del viernes: “Amigo de la luna”

 

AMIGO DE LA LUNA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

AMIGO DE LA LUNA

Adrián apenas juega. Hace pocos meses que comenzó a caminar, pero apenas juega. Él se levanta temprano para llegar a la escuela cuando el sol aún no ha roto la intensa oscuridad de la noche. Su mamá se despide de él con un cariñoso beso, un abrazo de los fuertes y una lágrima asomando de sus tristes ojos grises. Su papá hace un buen rato que salió de casa, ni siquiera ha llegado a verle. Así cada mañana.

Cae la tarde y sus amigos van abandonando la escuela. Él les ve marchar felices, en brazos de sus familias, mientras ríen y reciben besos. Adrián nunca dice nada, está más que acostumbrado a ser el último en irse. No es mal lugar la escuela, hay millones de juguetes, podría pasar horas y horas jugando, pero Adrián solo espera en silencio a que mamá venga a recogerle, igual que han hecho las otras mamás.

Solo cuando ya es de noche de nuevo, cuando la escuela está a punto de cerrar sus puertas, llega mamá apurada. Le colma de besos, le achucha en abrazos y Adrián sale, por fin, de la escuela, con una sonrisa de orgullo en los cálidos brazos de su madre. Llegan a casa juntos, papá aún no ha regresado. Adrián quiere jugar con ella, pero siempre hay cosas por hacer. Y ve cómo mamá, con cara de infinito cansancio, pone la lavadora, recoge el fregadero, plancha sus camisetas y comienza a preparar la cena.

A la hora de la cena es cuando papá regresa y él sale corriendo a abrazarle. Resguardado entre sus brazos, es testigo del suave beso que sus papás se dan cada noche. Y Adrián pide jugar, ahora que ya están todos. Pero la cena está lista.  A cenar todos juntos, a lavarse los dientes, mamá le pone el pijama y le lleva a su habitación. De pie, aún en su cuna, espera el beso de buenas noches que los dos juntos van a darle.

Su cuarto está decorado con miles de lunas y estrellas que flotan sobre su cabeza mientras Adrián, poco a poco, va dejando que sus ojos se cierren, presas del cansancio.

Y entonces Adrián sueña, y en sueños llama a la luna. La luna hasta él se acerca. «¿Quieres jugar conmigo?». «Claro», responde la luna, y le entrega un globo rojo que él siempre ata a un extremo de la media luna que aparece en sus sueños. Y la luna sube y baja, y Adrián ríe y ríe, se abraza a su amiga la luna, juega con ella toda la noche, a caballito, al escondite, al pilla pilla, al veo veo. La risa de Adrián se oye en todo el firmamento, hasta que la luna baja y lo deposita suavemente en su cuna. Entonces su madre le despierta, con cariño, con dulzura. Hay que volver a la escuela.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Amigo de la luna by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

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