Vídeo Poema: Sol

Otra excelente poesía de nuestro querido Gocho Versolari. Que la disfruten.

Gocho Versolari, Obra Poética

Sol

Gocho Versolari

He soñado con el sol
Convertido en naranja incandescente,
entraba en tu garganta
y se extendia hasta tu vientre
deramándose por tus piernas
y tus pies.

y entonces me pedías que te hiciera el amor
con tu piel rebozante
de luz en penachos,
en pájaros
volando desde tu desnudez
hasta tu doble enorme
el que siempre te observa desde el cielo
cuando la aurora devela los misterios
y el pan de la noche se deshace
y llena de migajas los canteros,
los pétalos
y la tierra profunda

art_img_9540_by_wilviruxard-d8dlsgz.pngCuando ese sol abandonado
tomó tu sexo como nido,
volviste a pedirme que te ame;
a exigirme un holocausto de luz mientras la luna
se derramaba solitaria
en su anhelo de pan.

GOCHO VERSOLARI

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El Revolver

Excelente historia para el Wiwichu 2017. ¡Gracias, Antonio!

antoniadis 9

Hoy atendemos la petición de Ana Centellas. Ya se que ayer recibió lo que podría considerarse un aperitivo. Pero este espectáculo de mujer y de escritora, merece un escrito inédito, como ya avisé. 

Y Ana solicitó un relato malvado. Y original, y aquí está.

Se titula “El Revolver”, y se ha escrito en exclusiva para Ana. Y ella permite que lo leáis vosotros, en su inagotable generosidad.

Para Ana, y para vosotros.

Aún recuerdo cómo encendías tu risa al esgrimir aquel pequeño revolver que conservabas desde que nos conocimos. Lo guardabas para mí, para nosotros, en el convencimiento de que nunca podríamos ser felices del todo, que la manera en la que nos conocimos determinaría el relato de una vida negra, marcada por el odio y la tragedia.

Nunca nos pedimos cuentas, fuimos cómplices todos y cada uno de los instantes de nuestra existencia, transformando el recuerdo del delito en…

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“Impulsos ascendentes” – Desafíos Literarios

 

IMPULSOS ASCENDENTES
Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí os dejo con mi aportación a Desafíos Literarios del pasado viernes, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

IMPULSOS ASCENDENTES

Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan bien como me siento hoy. No sé qué ocurrió la noche pasada, una pesada amnesia recae sobre mí haciendo que haya pasado por alto varias horas de mi vida, en las que, según parece, algo maravilloso debió ocurrir para que hoy me sienta con esta absoluta calma interior que recorre cada uno de los rincones de mi mente.

Recuerdo que salí a tomar algo con mis amigas, las de siempre, y que lo estábamos pasando fenomenal mientras picábamos unas raciones en un bar no demasiado concurrido. El pobre camarero no era de los más avispados que habíamos conocido y la diversión fue notable a su costa. En un momento dado, antes de pedir los cafés, salí a la calle a fumar. Ninguna más de mis amigas lo hace, así que me dirigí sola al exterior del local.

Hacía frío y de mi boca exhalaba, junto a las bocanadas de humo del cigarrillo, un vapor más denso que pulsaba contra aquellas para imponerse. Una de aquellas volutas de humo, vapor o lo que quiera que fuese, regresó hacia mí y se adentró en mi cuerpo aprovechando un momento en el que mantenía mi boca abierta, mientras intentaba aportar a mis manos un poco de calor. Es a partir de aquel momento cuando no recuerdo nada. Y cuando digo nada, quiero decir nada de nada.

Esta mañana me he despertado en mi cama con esta agradable sensación en el cuerpo. Mi mente, siempre voluble, se encuentra serena a un nivel desconocido para mí. Parezco gravitar por mi habitación. Me guío por impulsos. Provienen de mi interior, como si mi cuerpo fuese una simple marioneta entre sus manos. Ellos son los que me guían hasta el armario y deciden que elija el vestido blanco, ese que jamás me pongo porque me recuerda a una niña ñoña. A saber quién me lo regalaría, pero desde luego que yo no lo compré. Por impulso también me coloco unos pantis también blancos, creo recordar que pertenecientes a algún disfraz de enfermera que he utilizado en alguna ocasión.

Siempre llevo el pelo recogido en una coleta alta porque me encuentro más cómoda, sobre todo los fines de semana, como es el caso. Pero hoy estos impulsos me llevan a dejar mi negra melena suelta y a cepillármela con calma cientos de veces. Parece como si estuviera preparándome para una cita especial, pero no tengo ni idea de para qué. Lejos de alterarme, con el cuerpo y la mente totalmente relajados, solo me dejo guiar.

Mis pasos se dirigen sin necesidad de indicarles el rumbo hacia las afueras de la cuidad. Poco a poco van dejando el asfalto para internarse por caminos poco transitados de tierra. Conozco el camino que han tomado, sé exactamente hacia dónde voy, pero ¿por qué? Una vez más, ante mi impotencia para encontrar una respuesta, me dejo llevar. Siento como si mis zapatos caminasen solos, alejándose más y más de la cuidad y de la gente. Ya no hay nadie en mi rededor, solo la callada naturaleza sin apenas vida de los alrededores cercanos a la gran ciudad.

Llego a mi destino sin apenas darme cuenta. Frente a mí se alza, misteriosa, la construcción en ladrillo de aquella iglesia abandonada, sin resto de símbolo cristiano alguno. Varios escalones conducen a su entrada y mis pasos los suben con ligero cuidado, como si tratasen de realizar el mínimo ruido posible. Una vez arriba, mi cuerpo se gira, contemplando el infinito que se extiende ante mí. Mis brazos se alzan solos a ambos lados de mi cuerpo, como si quisieran formar una cruz pero sin llegar a hacerlo. Mis ojos se cierran con cuidado.

Es entonces cuando comienzo a notar en mi tranquilo cuerpo, que poco a poco parece ir volviéndose de porcelana, cómo mis pies comienzan a separarse del suelo. Mi corporeidad inicia una ascensión ligera, pausada, agradable. Me siento tan bien que solo dejo fluir el momento. Y continúo ascendiendo. Abro los ojos en el último momento, justo a tiempo para ver el titular de un periódico abandonado sobre el suelo que juraría que no estaba allí cuando llegué al lugar. El titular reza: «Joven hallada muerta en las afueras de un conocido bar de la capital». Junto a aquellas letras, mi rostro.

Y continúo ascendiendo, ascendiendo… Siento tanta paz…

Ana Centellas. Noviembre 2017. Derechos registrados.

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Reseña: “Otra lengua extinta”

Reseña: “Otra lengua extinta”

RESEÑAS LITERARIAS

A partir de ahora pretendo retomar mi buen hábito de la lectura, que llevo un poquito dejado de lado desde hace unos meses, así que he adelantado un poquito uno de los propósitos del año nuevo, para comenzar ya el año cumpliéndolo.

Así que he reservado unos minutitos cada noche para descansar, que buena falta me hace, arroparme con la mantita y disfrutar de la lectura, que la echo mucho de menos.

Retomo de nuevo este hábito tan necesario para mí con el poemario “Otra lengua extinta”, de nuestro compañero José Yebra. Comienzo dejando la ficha técnica:

FICHA TÉCNICA

Título: Otra lengua extinta

Autor: José Yebra

Editorial: Suburbia Ediciones

Año de publicación: 2017

Número de páginas: 56

ISBN: 978-84-945479-4-2

31. RESEÑA OTRA LENGUA EXTINTA

Hacía tiempo que no leía un poemario y, si os he de ser sincera, he agradecido mucho el estilo limpio y cristalino de José Yebra. Él mismo define su poesía como “de guerrilla”, justo lo que necesitaba leer en estos momentos. Nada de poesía ligada al amor o al desamor con claras estructuras.

Con verso libre, José nos presenta un poemario dividido en tres apartados. En el primero de ellos, “La Memoria”, hace un recorrido por aquellos tiempos pasados que no volverán. Un homenaje a la mujer de antaño, no en vano el poemario está dedicado con cariño a su abuela. Un recorrido por otras edades, el mismo barrio en una época en la que no se vivía sin lucha obrera.

El segundo apartado, “Godless Dios”, encierra una crítica a la religión, a la política, a la sociedad y nuestro estilo de vida, al consumismo siempre presente.

Por último, el tercer apartado, “Animales casi domésticos”, hace una referencia al hombre como animal sin domesticar, con sus vicios y, por otro lado, como animal al que aún no han conseguido incluir las altas esferas dentro de un mismo rebaño.

Al menos esa es la impresión que a mí me ha quedado al leerlas. Corrígeme si me equivoco, José.

Poesías intensas con un lenguaje llano, al natural, de las que gustas de releer varias veces y en cada lectura encuentras más contenido entre líneas. Porque así, entre líneas, y otras veces de forma directa, la crítica y la lucha contra el sistema político y social están siempre presentes.

El prólogo de Nayar Crespo completa de manera espectacular el poemario, dándonos una idea de cómo es José, la persona que viaja cada día al fondo del Alsa.

Tuve la gran suerte de poder asistir a la presentación del poemario aquí en Madrid, y el tándem José-Nayar es espectacular. Seguid así, compañeros, poesía disidente para la sociedad que aún queremos rebelarnos.

Una lectura altamente recomendable, de las que te hacen pensar, algo que no consigue todo el mundo.

Os dejo con la contraportada del poemario, para que os podáis hacer una idea de lo que vais a encontrar en su interior:

Cuenta el rumor

que vuestros cuerpos

están invadidos

por miles de bacterias,

y me sorprende

vuestra frágil existencia,

ese inútil empeño

de lucha

contra esta sonrisa,

la mía,

que seguirá dando luz

a la atmósfera

mucho tiempo después

de vuestra anhelada

y definitiva

extinción.

Reto literario: “Una breve carta de amor”

 

UNA BREVE CARTA DE AMOR
Imaben: Pixabay.com (editada)

 

UNA BREVE CARTA DE AMOR

Hoy comienzo a escribir esta carta con una venda en los ojos, sin saber bien qué expresar en ella. ¿Cómo describir con palabras lo que significa un sentimiento?

Podría decirte una y mil veces que te quiero, gritarlo a los cuatro vientos, que se entere todo el mundo, y con todo y con eso, no resultaría una milésima parte de lo que es mi sentimiento.

Porque te quiero, mi vida. Pero es que no es tan solo eso. Te quiero, te amo, te adoro, te deseo, te respeto… Imposible explicar con palabras la emoción de un sentimiento. Que cuando abro los ojos, quiero que seas lo primero que vea. Que cuando cierre los ojos, quiero que seas lo último que vea. Que cuando estoy en tus brazos, me siento como en un refugio. Que cuando no estás cerca, cualquier distancia es abismo. Que solo con oír tu voz, mi corazón se acelera. Que después de tantos años, de tantas cosas vividas, tan buenos y malos momentos, aún te veo por la calle y una gran sonrisa me ilumina. Porque me siento orgullosa. Porque eres todo, vida mía.

Y es que tú eres mi vida, mi sol de cada mañana, mi aire del que respiro, mi abrazo en la madrugada, mi tormenta algunas veces, mi amante, mi compañero, el que conmigo hace equipo, familia o como le llames, mi amor al perderme en tus ojos, mi furia de cuando en cuando, mi silencio cuando lloro y mi abrazo que me dice que a tu lado estoy a salvo.

Eres mis besos diarios, el límite de mis tristezas, el único que me entiende, o que al menos me soporta, el que me alumbra los días, el que me lleva hasta el cielo, el que me echa la bronca, el que bromea conmigo, el dueño de mis orgasmos, al que en nuestra casa espero.

Todo esto se resume en dos palabras: Te quiero.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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La frase de la semana LII

La frase de la semana LII

MAE WEST

‘Solo se vive una vez, pero si lo haces bien, una vez es suficiente.’

Mae West

Actriz, cantante, comediante, guionista y dramaturga estadounidense (1893-1980)

Para esta última semana del año, en la que todos (o casi todos) solemos hacer balance de lo que hemos vivido en el año que termina y comienzan las listas de nuevos propósitos para el año nuevo (que suelen ser los mismos de años anteriores), me ha parecido muy apropiada esta frase pronunciada por Mae West.

Es cierto, solo se vive una vez, eso es innegable. Esto no es como un videojuego en el que tengamos varias vidas de reserva. Aprovechemos la vida que tenemos, disfrutémosla al máximo, sobrevivamos a los malos momentos a sabiendas de que nada es eterno y, sobre todo, agradezcamos cada mañana al  nuevo día, que es un nuevo comienzo lleno de nuevas oportunidades. Dejemos de mirar al pasado y de preocuparnos por el futuro. La vida es hoy. Y no hay más vidas. Si la vivimos bien, es más que suficiente.

Y ya, para finalizar el año, os dejo con una hermosa Canción de despedida, que nos traía nuestra querida Melba Gómez:

No quiero morir en soledad,

abandonada en esta tierra fría,

quiero morir acompañada

y que me entierren

con mi bandera como mortaja.

Antes de irme quiero abrazarte

y decirte al oído lo que siento,

que en mi alma siempre has estado

grabado a tinta y a fuego.

Mi caminar se hace lento,

llora en mí la guerrillera

que una vez tumbó gigantes

y caminó sobre palmeras.

Tres montañas y una estrella

han marcado mi destino.

Por ellas de fiesta vivo,

por ellas de pena muero.

No digo adiós para siempre,

tal vez mi caminar sea perpetuo.

Si no se pierden mis letras,

si no se pierden mis versos.

Hoy canto para despedirme

temprano —como suelo hacer—,

que no llego antes si me adelanto,

es que no quiero que se me haga tarde,

por dejarlo para después.

Hermosos versos para despedir 2017. ¡Hasta el año que viene!

“La alianza” – El Poder de las Letras

 

LA ALIANZA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

LA ALIANZA

Nos conocimos en el lúgubre ascensor de un edificio antiguo del centro de Madrid. Íbamos a la misma planta, cada uno en una esquina del mismo, mirándonos de reojo como si temiésemos que nuestras miradas se encontrasen. Si lo hubiesen hecho, habrían saltado chispas allí mismo. Pero decidimos guardar los cortocircuitos para otro momento y dedicarnos a las tareas que nos habían llevado a coincidir allí, la reluciente oficina de un notario.

Por cuestiones del destino, del azar, de la causalidad o como queramos llamarlo, terminamos de realizar nuestras gestiones y nos volvimos a encontrar otra vez encerrados en aquel tenebroso ascensor, que parecía que iba a descolgarse en cualquier momento. Ahora sí, nuestras miradas se encontraron y se reconocieron. Fuiste tú el que dio el primer paso:

—Disculpe, señorita, creo que ha perdido usted un anillo.

Me quedé sin saber qué decir. Miré mis manos, tan impolutas como siempre, con la manicura francesa recién retocada. Vacías de anillos, como siempre; nunca me ha gustado mucho llevar complementos de joyería.

—Debe equivocarse, caballero, pues yo no llevaba ningún anillo en mis manos —contesté, con la mayor educación de la que fui capaz.

—Debe disculparme de nuevo, entonces, pero siendo una señorita tan bella pensé que estaría casada y al no ver su alianza… —me dijiste, con una sonrisa. Todavía me pregunto si aquello era una estrategia que tenías ya preparada o surgió la inspiración en ese momento. Lo que sí sé es que el rubor hizo acto de presencia inmediato en mis mejillas—. Ahora que la miro mejor, creo que usted ha aparecido en mis sueños esta misma noche. Sí, no tengo duda, era usted.

—Siento haberle molestado en sus sueños —te contesté, aún más ruborizada si cabe que hacía unos segundos.

—No se disculpe, señorita, le aseguro que el sueño era de lo más placentero —tuviste la indecencia de decirme—. ¿Me permite que la invite a un café? Como agradecimiento al entretenido momento que me ha proporcionado en mi sueño. ¿Tiene tiempo?

No sé qué ocurrió dentro de mí, pues lo cierto es que siempre he sido bastante tímida y jamás se me hubiese ocurrido aceptar la propuesta de un completo desconocido para tomar algo, pero la realidad es que te dije que sí. En ese momento, supe que estaba perdida por completo.

Ya sentados en los cómodos butacones de un bonito café del centro, rodeados de cuadros antiguos y lámparas encendidas que proporcionaban un ambiente quizá demasiado íntimo, tuve la feliz ocurrencia de preguntarte qué había ocurrido en aquel sueño. Me sentía motivada, desinhibida, con ganas de seguirte el juego.

—Pues, si le soy sincero, apenas lo recuerdo. Visualizo su cara y una experiencia muy placentera, pero sonó el teléfono en mitad de la noche y ya no pude continuar con el sueño —contestaste, para dar a continuación un sorbo de tu humeante taza de café.

El mío seguía sobre la mesa, enfriándose, mientras me iba quedando cada vez más y más hipnotizado por ti. Casi podría decir que me estabas aplicando algún tipo de hechizo, porque aquello no era normal en mí. Siempre he sido una mujer que se ha pensado muy bien las cosas, nunca antes había actuado guiada por la inercia, solo dejando fluir la situación. Si algo no estaba planificado, ni se me ocurría hacerlo. Pero aquel día algo cambió. Tomé mi taza de café entre las manos y casi se me cae al suelo cuando me escuché a mí misma decir:

—Si quiere, caballero, le puedo ayudar a continuar con su sueño.

Tras esas palabras y tras evitar que mi café terminase derramado por el suelo de moqueta del local, solo fui capaz de emitir un sonoro suspiro que en sus formas era lo más parecido a un gemido.

A pesar de que solo nos conocíamos de vista y, para más inri, del encuentro fortuito en el ascensor de la notaría, sentía que ya formabas parte de mi vida, de alguna manera. Por supuesto, aceptaste mi invitación. A las dos horas de conocernos ya habíamos culminado tres veces esa experiencia placentera de tus sueños.

Me diste un suave beso en los labios y, a continuación, extendiste ante mí una cajita. El corazón me latía a mil por hora, no sabía qué estaba ocurriendo allí, sentí miedo de haberme dejado llevar demasiado lejos con un total desconocido, por mucho que me resultase fundamental en mi vida en tal solo poco tiempo. Abrí la caja con temor. Ante mí apareció el anillo más bello que había visto en mi vida. Oro blanco, con diamantes engarzados a su alrededor y, lo más sorprendente, nuestros dos nombres inscritos en su interior. ¡Eran mi nombre y el tuyo los que estaban grabados en la alianza!

Me quedé tan sorprendida que no pude articular palabra. Solo podía mirarte a los ojos intentando comprender algo de lo que había estado ocurriendo durante aquel día.

—¿Ve, señorita, como había perdido un anillo? Lo he estado guardando yo durante todo este tiempo. Ahora que ya lo ha recuperado, ¿me haría el enorme honor de convertirse en mi esposa?

¿Cómo decirte que no? Tenías mi anillo, eras mi vida y con solo un roce me elevabas hasta el séptimo cielo. A lo mejor no fue el procedimiento más común para hacerlo, pero, al fin y al cabo, ¿quién dijo que nosotros fuéramos comunes?

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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Reto literario: “Leyenda de Navidad”

 

LEYENDA DE NAVIDAD
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

LEYENDA DE NAVIDAD

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos, muchos años, durante la temporada de Navidad, hubo un invierno tan frío como nunca antes se había conocido. La nieve cubrió ambos hemisferios del planeta, sorprendiendo a todos aquellos que se hallaban en pleno verano. Zonas en las que jamás se había visto un copo de nieve quedaron cubiertas de esta por completo. Todo el mundo se colapsó.

Los niños, al no poder llegar a la escuela, pasaban el día en la calle, emocionados, jugando con la nieve. Bien abrigados, la superficie del planeta se fue llenando de muñecos de nieve de las más variadas formas y tamaños. Mientras unos tenían una zanahoria como nariz, otros tenían una simple ramita. Algunos tenían unos preciosos ojos negros fabricados con pedacitos de carbón, mientras otros tenían que ver por unos simples botones.

Los adultos tampoco tenían forma de llegar a sus puestos de trabajo, de manera que pasaban el día en la calle, jugando con los niños. Las batallas de bolas de nieve entre padres e hijos se podían contemplar en cualquier lugar, y todos reían mientras los lazos familiares se iban estrechando más y más. Fueron las navidades más felices de la historia, aunque ya nadie las recuerde.

Quizá esta solo sea una leyenda o quizá ocurrió de verdad, pero la historia fue pasando de padres a hijos hasta llegar a nuestros días.

Las heladas que se producían durante la noche eran tan grandes, que durante la mañana pendían congeladas de los árboles las gotas que vertían de la nieve que la luz del sol había ido derritiendo durante el día. Así, todos los árboles lucían unos vistosos “pendientes” de hielo que a todos encandilaban.

Según fueron pasando los días, esos figurados pendientes que colgaban de los árboles fueron agrandándose más y más, hasta conseguir la forma redondeada de una bola. Llegó un momento en que todos ellos se cubrían decorados de unas brillantes bolas perfectas de hielo. Durante el día, bajo los rayos solares, despedían reflejos de colores en todas direcciones.

Cuando acabó la Navidad, la nieve se derritió y, con ella, las bolas de hielo que adornaban todos los árboles de la tierra. Cada región volvió a tener la temperatura correspondiente a su latitud y todo volvió a la normalidad.

En las navidades siguientes, toda la población del mundo esperaba nevadas y heladas como las del año anterior. Pero fue un fenómeno curioso que no se volvió a repetir jamás. Maravillados de lo preciosos que se veían los árboles con aquellas bolas de hielo, comenzaron ellos mismos a adornarlos con bolas de diferentes materiales y colores, para que aquellas navidades tan maravillosas no quedasen en el olvido.

Desde entonces, todos los árboles de Navidad del mundo lucen engalanados por las más brillantes y bellas bolas de colores, y adultos y niños disfrutan decorándolos juntos. Es por eso que las fechas navideñas se convirtieron en unas fiestas familiares, en las que siempre predomina el calor del hogar.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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Esta es mi colaboración para el reto semanal que propone la fantástica página de Facebook “El maravilloso mundo de los libros”. A lo largo de este mes, relatos navideños.

Hoy os presento este blog…

Hoy os presento este blog…

HOY OS PRESENTO ESTE BLOG

Fiel a mi cita con vosotros los domingos por la tarde, porque sí, porque no puedo faltar. Llamadlo puntualidad británica o como queráis. Pero aunque hoy sea el día de Nochebuena, no quita para que yo me pase por aquí a tomar una cañita con vosotros y, de paso, haceros mi recomendación de esta semana.

Hoy os traigo un blog que conocí hace muy poquito tiempo y que, de momento, todo lo que he leído me ha gustado. Se trata del blog Putos Poemas, que nos trae Beatriz Mamba. Y, claro, lo que me gustaría es que os pasaseis por él y me dierais vuestras impresiones, que para eso está esta sección.

En este momento es cuando evoluciono a vulgar ladrona y me traigo aquí contenido del blog que os presento. Hoy os traigo este poema, que se titula…

Sin más…

…cosas que decir

apartar las manos,

tan solo para sentir oxigeno…

palpar la nada que tanto añoro

esa nada escondida en el agua,

arena…

manos vacías-llenas de rayos de sol,

¡guau que gustazo!

así, sin más…

Espero que no te importe, Beatriz, mi intromisión. Sabéis que lo hago por un buen motivo.

Lo dicho, pasaos por su blog, que además ha comenzado una serie de relatos que promete y mucho…

Ahora sí, ¡feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

FELIZ NAVIDAD 2017