El relato del viernes: “La última copa”

El relato del viernes: “La última copa”

 

LA ÚLTIMA COPA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

LA ÚLTIMA COPA

En mi vida dieron la orden de que no permaneciese sola. Así fue. Una orden que, junto con otras muchas, me vinieron impuestas de fábrica, como si yo no llegara a ser nunca capaz de tomar mis propias decisiones. Pero mi cerebro ya tenía la orden incorporada, no podía hacer nada por evitarlo. De esta manera, pasé buena parte de mi vida buscando a la persona adecuada para compartirla con ella. Hasta que apareciste tú.

Llegaste a mí a través de las ondas de mi emisora de radio favorita, quizá a través de algún misterioso mensaje subliminal oculto tras tus bellas palabras. Me enamoré de tu voz de tal manera que me resultaba imposible sacarte de mi cabeza durante todo el día. Vivía, o sobrevivía, esperando que llegase la noche para poder volverte a escuchar. Y a mi pobre corazón, idiota desangelado y por completo perdido por ti, le llegaron las noticias de la orden que llevaba programado mi cerebro. En seguida, entre los dos, ataron cabos. El resultado, tenía que conocerte a toda costa.

Allí me planté una noche. Una en la que diluviaba y en la que era imposible caminar tratando de sortear todos los charcos formados por el camino. Llegué al estudio de radio calada, con el pelo por completo empapado, tiritando de frío y diríase que desesperada. En cuanto terminó el programa me pasaron de inmediato a verte, imagino que supusieron que algo importante debía necesitar para presentarme en tu busca de aquella manera y en aquella noche torrencial.

Me presenté ante ti de aquella guisa, como una pobre muñequita tan frágil como el cristal que parece que podría romperse en el momento menos esperado y ante el más leve de los roces. Y allí estabas tú, imponente, acorde con tu voz, mirándome con extrañeza. Dejaste escapar una sonrisa de esas tuyas que solo tú puedes representar.

—¿Por qué sonríes? —te pregunté, con tanta timidez que sentía arder mis mejillas bajo el agua que escurría desde mi cabello.

—Porque creo que me acabo de enamorar —soltaste sin ningún tipo de reparo. Y yo, tonta de mí, comencé a arder por combustión espontánea en aquel mismo instante, de manera que mis ropas quedaron secas en tan solo unos segundos.

Yo, que me había presentado allí como una loca cualquiera, solo podía esperar que echasen de la emisora con cajas destempladas. Y, sin embargo, no solo no había sido así, sino que tenía delante de mí al hombre de mi vida diciéndome unas cosas que me derretían el corazón. Fue entonces cuando mi parte programada de la mente entró en acción y se aseguró de que jamás me dejases sola. Aún no sé cómo llegó a hacerlo, pero es así.

Tras cinco años de convivencia, he de reconocer que en ocasiones se siente tan bien que podría continuar así de por vida. Pero mi corazón despertó del letargo y ha comenzado a mostrar sus opiniones y a tomar sus propias decisiones. Él fue quien me quitó la venda que cubría mis ojos durante todo este tiempo. En estos años, has ido bebiendo de mí, sorbo a sorbo, mientras yo me iba empequeñeciendo con cada uno de ellos. Con cada trago te llevabas una parte de mi personalidad, hasta quedar reducida a un copia barata de la mujer que te gustaría que fuese. Mientras, sigues bebiendo de mí, de mi copa, hasta que yo sola me destruya.

Ven conmigo, bebe una vez más de mí. Esta será la última copa que se servirá en el autoservicio de mi vida.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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ANA CENTELLAS – A este Lado del Estrecho-

ANA CENTELLAS – A este Lado del Estrecho-

Emotiva reseña de “A este lado del Estrecho” por nuestra querida amiga María, Elficarosa. Millones de gracias, eres un sol enorme.

POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

A ESTE LADO DEL ESTRECHO

Había amanecido un día triste por tantas circunstancias que se habían juntado para ponerme la vida cuesta arriba.
Tocaron a la puerta era el cartero, me entregó un paquete y pensé: el libro de Ana.
Lo abrí y allí estaba, me quedé sorprendida, me surgió una sonrisa enorme, hacía mucho que no sonreía así.

La portada y contraportada eran hermosas, las dos con solapa donde viene una pequeña biografía de Ana y en la contraportada una pequeña sinopsis del libro. 
No esperaba que la novela estuviera tan cuidada, traía un marcapáginas igual que la portada y una dedicatoria para mi con unos pequeños detalles que me hicieron sentirme ilusionada y feliz. Las páginas ecológicas me recordaban al aroma de los libros de estas librerías de segunda mano que tanto me gustan y que en cuánto tengo tiempo frecuento.

La primera impresión de la novela fue…

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Peaceful Painting|نقاشی صلح آمیز

Peaceful Painting|نقاشی صلح آمیز

Bonito cuento a tener en cuenta

A Voice from Iran

 

Once upon a time,

There was a king who appreciated art a lot.

He asked all the artists of his kingdom to participate in a competition and create a painting with the subject of “peaceful view.”

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He announced that there would be a great prize for the winner of the best painting and promised that he would hang the frame in his palace, which was a huge honor and fame for artists.

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Every artist started to paint their version of the most peaceful view.

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At the day of the competition, there was hundreds of beautiful paintings all gathered in the big hall of the palace for the king to judge.

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The king looked at each painting in depth. There were many paintings of the blue sky and great sea, quiet and peaceful.

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Between all the peaceful paintings, the king announced the winner.

The winner was a painting with a…

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Mi jueves de poesía: “Sin saber amar”

Mi jueves de poesía: “Sin saber amar”

 

SIN SABER AMAR
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

SIN SABER AMAR

 

Tú, que no sabes qué opinar.

Yo, que no sé qué decir.

Me he quedado sin palabras,

errantes quedaron mis voces,

muertas en un laberinto

sin Minotauro que las persiga.

Y tú que ni dices ni opinas

si llegarán algún día,

ellas solas, sin ayuda,

a encontrar ese pasillo

que conduzca a la salida.

 

Tú, que no sabes qué querer.

Yo, que sigo sin saber amar.

Dejo el corazón latente,

que encuentre el camino solo

guiado por los renglones

torcidos de mi escritura.

Y tú, que ni amas ni quieres,

dejas abierto el cuaderno

para que las líneas sigan

un infinito encerrado

entre signos de interrogación.

 

Tú, que sueñas con volverme a ver.

Yo, que sueño con nunca olvidar.

Dejo abierta la libreta

donde mis sueños se escriben,

para que encuentren los tuyos

y no paren de soñar.

Y tú, que sueñas sin soñar conmigo,

te cuelas siempre en mis sueños,

me envuelves en uno ya eterno

del que ya no tengo cura,

ni siquiera al despertar.

 

Tú, que quisiste saber quererme.

Yo, que quise saberte amar.

 

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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18. LOCOS

Mordisco: Una mano sedosa y suelta

Mordisco: Una mano sedosa y suelta

Lo breve, si bueno, dos veces bueno. En este caso, espectacular.

Gocho Versolari, Obra Poética

Cuando atardece
las rosas se precipitan como rojas tortugas
al fondo de sus estanques cristalinos
y una mano
sedosa y suelta
y una inesperada trompa de elefante
y el harem de luces que la tarde guarda,
diseñan pétalos en un crepúsculo
donde un túnel oscuro
conduce desganado
al próximo amanecer.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Elena Vrzeskaia

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Los 52 golpes – Golpe #52 – “Los cincuenta y dos”

Los 52 golpes – Golpe #52 – “Los cincuenta y dos”

 

LOS CINCUENTA Y DOS
Imagen tomada de la red

 

LOS CINCUENTA Y DOS

El abuelo estaba sentado frente a la estufa, mientras dejaba que el calor que emanaba de ella le adormeciese los sentidos. Era ya bien entrada la noche y su pequeño nieto Nicolás estaba también a punto de dejarse vencer por el sueño. Pero, como cada noche, necesitaba que el abuelo le contase su historia, siempre la misma, una que le llenaba de ilusión y que le hacía soñar a diario.

Nicolás, vestido ya con el pijama y su osito preferido bajo el brazo, se acercó con cara de sueño a su abuelo y lo despertó con un tierno beso.

Abu, cuéntame la historia.

El abuelo se restregó los ojos y se quedó mirando con ternura a su nieto. Lo quería con locura, era su único nieto. Con una sonrisa le animó con un gesto a sentarse en el suelo, a su lado. El chiquillo no tardó en hacerlo y el abuelo preguntó, como si no supiese la respuesta, qué historia quería aquella noche, mientras le revolvía el pelo.

Abu, la de siempre, la de los cincuenta y dos —contestó Nicolás con carita de ilusión.

—Pero Nicolás, siempre te cuento la misma. ¿No quieres otra esta noche? —preguntó el abuelo, esperando que su nieto le contestase que no, como cada noche. A él aquella historia también le gustaba mucho.

—No, abu. Quiero la de los cincuenta y dos —le contestó el pequeño, fingiendo un puchero.

Así, el abuelo le comenzó a contar a Nicolás la famosa historia de los cincuenta y dos.

«Hubo una vez, no hace mucho tiempo, quizá este mismo año, un grupo de escritores que decidieron unirse para plantearse un reto. Era un reto muy especial, porque se trataba de escribir un relato, una poesía, un ensayo, lo que les apeteciera, durante todas y cada una de las semanas del año.

Así, se juntaron cincuenta y dos escritores que consiguieron escribir cincuenta y dos obras durante cincuenta y dos semanas. Estas historias las iban compartiendo, semana tras semana, en una maravillosa página web, que poco a poco se fue llenando de las más variadas historias, cuentos, poesías… para compartir con el resto del mundo.

En la última semana del año, al concluir el último texto, estaban tan orgullosos de haberlo conseguido que decidieron abrir camino a nuevos escritores para que continuasen con el reto al próximo año.

Pero no te pienses que ellos dejaron de participar, la experiencia había sido tan enriquecedora que continuaron en un segundo plano escribiendo textos semana tras semana.»

El abuelo miró a su pequeño nieto, dormido por completo con la cabeza apoyada en el brazo de su sillón. Se levantó con dificultad y, con gran esfuerzo, cogió al chiquillo en brazos y lo cargó hasta su cama. Lo arropó y le dio un suave beso de buenas noches.

Cuando salía por la puerta, al apagar la luz, se quedó mirando durante unos instantes a Nicolás, que dormía con una gran sonrisa de tranquilidad en el rostro. Sabía que estaría soñando con los cincuenta y dos. Y también sabía que algún día, no muy lejano, conseguiría cumplir su sueño: formar parte del increíble grupo de los cincuenta y dos.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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Los cincuenta y dos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en https://anacentellasg.wordpress.com

Con este relato concluye mi participación en Los 52 golpes durante el año 2017. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 1 y 2. ¡El número 3 está en marcha!

Revista Eternity Nº 4 – Enero 2018

Revista Eternity Nº 4 – Enero 2018

ETERNITY #4

Aquí os traigo el número 4 de la Revista Eternity, la revista literaria y cultural de El Poder de las Letras. Ha salido con un poquito de retraso con motivo de las fiestas, pero ya la tenemos con nosotros. Os invito a pasear entre sus maravillosas páginas, donde podréis disfrutar de las más variadas secciones. Este mes en concreto incluye una entrevista muy especial con nuestra querida Galiana.

Pincha en el siguiente enlace para acceder a la revista:

Eternity #4

Os dejo aquí una pequeña aportación de mi parte:

 

UN SECRETO PARA ALMA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

UN SECRETO PARA ALMA

Era Navidad y la casa estaba por completo engalanada para la ocasión. Alma, una pequeña niña de tan solo cinco años de edad, había estado ayudando a su madre con la decoración. La casa en la que vivían las dos, solas, no era muy grande, pero no por eso les dejaba de gustar. En una esquina del pequeño salón habían adornado el árbol de navidad entre las dos. Para Alma, aquel árbol era el más bonito del mundo.

En la entradita de la casa habían improvisado un belén con figuritas que habían encontrado en una caja que había en la casa de la abuela cuando esta falleció. No eran muchas, pero sí las suficientes para que el nacimiento estuviera completo y los tres Reyes Magos se acercaran hasta él.

Alma disfrutaba mucho de las fiestas de Navidad, su madre había sabido transmitirle muy bien un espíritu navideño muy intenso. Ya era feliz con los preparativos.

Un día, mientras Alma estaba en el colegio, uno de sus compañeros le susurró un secreto al oído. La niña se quedó pálida de inmediato en cuanto aquel niño le dijo lo que se estaba dedicando a transmitir por toda la clase. No podía ser. Estaba clarísimo que era una mentira. Aquel niño le acababa de decir que los Reyes Magos no existían y que eran los padres los que colocaban los regalos debajo del árbol. Su madre siempre le había dicho que eran los Reyes Magos los que traían los regalos y ella no la mentía nunca. Tenían un pacto en casa que evitaba las mentiras entre ellas dos. Invadida de un sentimiento de gran indignación salió de la escuela y se lanzó a los brazos de su madre.

La mamá de Alma se quedó muy sorprendida al ver salir a su hija del colegio de aquella manera.

—¿Qué te pasa, cariño? —le preguntó de inmediato.

—Que Marcos es un niño muy malo, eso me pasa. Me ha dicho una mentira, y de las gordas. Mamá, Marcos dice que los Reyes Magos no existen —contestó la pequeña, mirándola con ojitos expectantes.

—Vamos a casa, cariño. Creo que tú y yo necesitamos una conversación delante de un chocolate caliente.

Cuando llegaron a casa, Alma vio que su mamá estaba bastante nerviosa. Se le notaba mientras trasteaba en la cocina para preparar el chocolate. En ese momento, se temió lo peor. ¿Y si tenía razón Marcos? ¿Y si su madre la había estado engañando durante toda su vida? Nunca más podría confiar en ella.

La mamá de Alma dispuso dos tazas de chocolate bien caliente sobre la mesa de la cocina y animó a la niña a sentarse junto a ella.

—Vamos a ver, cariño. ¿Tú crees que los Reyes Magos existen? —le preguntó su madre, preocupada.

—Claro, mamá. Tú siempre me lo has dicho y nunca me mientes. Pero no entiendo por qué ese niño anda diciendo esas cosas. A lo mejor lo que dice es verdad… —La pequeña estaba hecha un verdadero lío.

—¿Y tú a quién crees? ¿A mí o a Marcos?

—A ti, mamá. Pero…

—Pues entonces no tienes de qué preocuparte —le dijo su madre mientras le acariciaba con cariño el pelo y le dedicaba una sonrisa. A partir de ahí, la conversación giró en torno a otros temas, la guirnalda que tenían que comprar para colocar en la puerta de entrada a la casa, las galletas que hornearían el día que terminase el colegio…

Su mamá pensó que había arreglado el asunto con soltura, pero lo cierto es que dentro de Alma había quedado una gran desazón. No quería pensar que su madre la mintiera, pero por otro lado, ¿no podría haber algo de verdad en las palabras que había dicho aquel niño?

Aquella noche, Alma no podía dormir. Su pequeña cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto. La habitación estaba sumida en una completa oscuridad, solo interrumpida por el intermitente parpadeo de una guirnalda de luces navideñas que habían colocado el día anterior sobre su cama. De pronto, la niña escuchó una voz muy bajita que la llamaba.

—¡Alma! ¡Alma!

Aquella voz era muy dulce, muy suave y despertó la curiosidad de la niña que, lejos de asustarse, comenzó a buscar de dónde provenía. Se incorporó de la cama y entonces pudo ver cómo sobre su mesita de noche había una esfera luminosa. Se acercó a ella con cuidado y vio cómo sobre ella flotaba una pequeña hada.

—¿Quién eres tú? —preguntó la pequeña, incrédula.

—Hola, Alma. Soy un hada de Oriente. Me he enterado de que tenías dudas acerca de Sus Majestades los Magos y he venido a resolverlas. Ningún niño del mundo debería dudar de ello.

Diciendo esto, la bolita de luz donde se encontraba subida al hada mostró una imagen preciosa. Cientos de pequeñas personitas trabajaban sin descanso con una enorme sonrisa en el rostro, mientras que los tres reyes les decían divertidos las cosas que tenían que hacer. El rostro de Alma se iluminó ante aquella visión y se quedó mirando fijamente, como hipnotizada.

—Escucha, Alma. Esto es muy importante —la llamó la atención la pequeña hada—. No debes contar a nadie que me has visto, ¿vale? Ni siquiera a tu madre. Todo el mundo conoce la existencia de los tres Reyes Magos y de sus ayudantes, pero nadie sabe que las hadas también estamos ahí, ayudando en asuntos tan importantes como este. ¿Me prometes que no contarás nada?

—Prometido —dijo Alma, entrelazando su dedo meñique con el minúsculo dedo del hada.

Aquella preciosa hada se acercó volando hasta ella, depositó un tierno beso en su mejilla y se fue desvaneciendo diciéndola adiós.

La sonrisa de satisfacción de Alma iluminaba la habitación más que las luces navideñas que bordeaban su cama. Su madre no la había mentido. Había visto con sus propios ojos cómo trabajaban con los regalos en el Oriente. Y además compartía un secreto mágico que la hacía sentir muy especial.

Aquellas navidades fueron las mejores para Alma. El espíritu navideño recobró fuerza entre las dos, madre e hija. Y su alegría fue mucho mayor cuando vio bajo el árbol los regalos que ella misma había pedido en su carta para su madre. Un minúsculo paquete llamó su atención por su color dorado, que resaltaba entre los demás a pesar de su pequeño tamaño. Al abrirlo, millones de partículas doradas de polvo de hada se esparcieron por la habitación. Su madre se quedó asombrada mientras contemplaba cómo su hija bailaba y reía bajo aquella preciosa lluvia de polvo dorado.

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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