El viaje de la Blog-T-ella

El viaje de la Blog-T-ella

¡Animaos a recoger la botella viajera! Yo la lanzo a las manos del próximo destino. ¿Dónde será? Ains, qué nervios…

Te Cuento de Viajes

colaboracion

A veces las ideas se esconden y hay que rebuscarlas entre los pliegues del cerebelo, estrujar neuronas,…centrarse y concentrarse,…

Sin embargo la mayoría de las veces, las ideas surgen como espontáneos champiñones cuando estas cómodo, fluyes,… o concilias el sueño, o miras a las hiperactivas musarañas…

Otras ideas llueven, …te sientas con tu hoja en blanco, generas una tormenta en tu cabeza… y te dispones a que caiga un chaparrón ideal.

Y a veces ocurre que una idea, sin querer o queriendo, te lleva a otra y esta a otra… y a otra… Se encadenan, se enlazan,…como si las musas armaran un improvisado puzzle. Pues algo así me ha pasado últimamente, una idea se unió a otra…y me he sacado de la manga un juego ☺ , o un ciber proyecto o un infundio ☺ , que a mi me parece bonito, y que si funcionara molaría, me haría mucha…

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“Partida ganada” – Desafíos Literarios

“Partida ganada” – Desafíos Literarios

 

PARTIDA GANADA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

Aquí os dejo con mi aportación a Desafíos Literarios del pasado viernes, en mi columna Letras a la Deriva. No dejéis de visitar la página, donde encontraréis textos maravillosos de compañeros estupendos.

 

PARTIDA GANADA

Itziar siempre había sentido una conexión muy especial con la naturaleza. Precisaba de ella para vivir, sentía como si ella misma se tratase de un animal enjaulado dentro de un cuerpo de mujer, que necesitaba liberarse con urgencia de vez en cuando. Pero jamás antes había sentido una necesidad tan imperiosa como la de aquel día.

Se había levantado muy temprano, había muchas cosas por hacer. Lo había hecho en una cama que no era la suya desde hacía varios años. A ella aquello le parecía un absurdo, pero su madre siempre se había caracterizado por su insistencia, así que no le quedó más remedio que aceptar. Itziar 0 – Mamá 1.

En lo que no transigió ni un ápice fue con el desayuno. Por más que su madre la insistió en que realizara un desayuno frugal y rápido aquella mañana, para no perder tiempo, no fue capaz de convencerla. Itziar siempre había necesitado levantarse con calma, disfrutar como era debido de su gran taza de café con tostadas y fumarse un cigarrillo después. Si no lo hacía así, su día se volvía infernal para ella. Por ello, cuando su madre pretendió crear en ella una urgencia que ni necesitaba ni quería, no se dejó convencer. Itziar 1 – Mamá 1.

La mañana fue frenética, cosa que Itziar no llegaba a comprender. Para ella, aquel día era un mero trámite al que había cedido tras la presión recibida por parte de su madre durante años. Era tan tradicional que no la comprendía. En sus treinta años de vida jamás había logrado comprender que ella era una persona independiente, incapaz de encontrarse atada a nada ni a nadie por ningún tipo de compromiso. Por eso precisaba de salir a la naturaleza y desatar al animal que había encerrado en su interior, libre de por sí. Aun así, soportó con estoicismo la dura mañana de maquillaje, ella que siempre iba lo más natural posible, y de peluquería, con un sofisticado recogido de corte clásico que odiaba. Lo tenía decidido, al día siguiente se cortaría la melena. De momento, no quedaba otro remedio que aguantar. Itziar 1 – Mamá 2.

El colmo de los colmos llegó a la tarde, cuando se vio embutida en el vestido blanco de novia que había llevado su madre el día de su boda, cerca de cuarenta años atrás. De blanco ya le quedaba poco, era más bien un tono amarillento que le pareció horroroso. Puntillas y encajes sobresalían por doquier y unas horribles mangas de farol remataban el conjunto. Por supuesto, su madre, en su afán por que llevase el mismo vestido que ella en aquel sagrado día, no había tenido en cuenta que Itziar gastaba al menos dos tallas más que su ella cuando se casó, por lo que apenas sí podía respirar. Tampoco había tenido en cuenta, lógicamente, sus más de diez centímetros de altura que las diferenciaban, con lo que el vestido, en lugar de llegar hasta el suelo, quedaba en una curiosa longitud de lo más extraña a media pierna. Parecía una muñeca pepona en lugar de una novia.

Lo que más le sorprendía era que su madre no paraba de gimotear, mientras repetía sin cesar las palabras «hija, estás preciosa». Por favor, ¿cómo iba a estar preciosa con semejante adefesio? Pero mamá era mamá y, claro, por verla feliz habría hecho cualquier cosa, incluso ir vestida de payaso el día de su propia boda. Itziar emitió un gruñido para sus adentros. Itziar 1 – Mamá 3.

Desde luego, su madre se estaba saliendo con la suya por goleada. De pronto, se vio sentada en el interior de un lujoso coche que las llevaría a la iglesia donde se celebraría la ceremonia. No sabía la de veces que le habría dicho a su madre que era atea, pero se ponía a llorar cada vez que se nombraba la posibilidad de una boda civil. Ella, que ni siquiera quería casarse, estaba pasando por el aro y acatando con obediencia todas las decisiones de su madre. Itziar 1 – Mamá 4.

Para Itziar la gota que colmó el vaso fue cuando se adentró en la preciosa capilla y vio al fondo a Roberto. Él, rockero casi desde su nacimiento, estaba allí, enfundado en un frac. Su larga melena había desaparecido y se encontró con un novio de pelo pulcramente cortado y reluciente de gomina. La barba había desaparecido y, en su lugar, lucía una ridícula pajarita. En un principio, ni siquiera reconoció en él a la pareja que llevaba años compartiendo vida con ella. Debía reconocer que su madre había jugado con precisión todas sus cartas. Les estaba ganando la partida a base de bien. Itziar 1 – Mamá 5.

Ambos, Itziar y Roberto, aguantaron la risa durante todo el tiempo que duró el sermón del sacerdote. Pero cuando llegó la consabida pregunta de rigor, Itziar no pudo evitar el impulso de salir corriendo de la iglesia, soltando los zapatos por el camino. Reía y gritaba mientras corría y corría, sintiendo el suelo bajo sus pies descalzos, hasta que llegó a su rincón favorito de la playa. Por el camino, jirones de su vestido iban cayendo al suelo sin cuidado alguno. Una vez en la playa, sobre una roca, sintiendo la naturaleza bajo sus pies y manos, dejó salir al animal que llevaba dentro, vestida únicamente con el forro semitransparente de su vestido de novia. Elevó el cuerpo del suelo, arqueando la espalda, y disfrutó de su tan amada libertad, respirando la brisa marina mientras su melena, libre de las ataduras del impuesto recogido, caía libre en cascada hacia el suelo. Un grito de alegría llenó la bahía. La sonrisa quedó prendida de su rostro, como si no fuera a borrarse jamás.

Esperaría allí hasta que Roberto, el único que sabía a dónde se podría haber dirigido, llegase en su busca, para amarse en libertad sobre la fina arena de la playa.

Un pensamiento cruzó su mente cuando se encontraba abrazada a Roberto, cerca del anochecer, descansando del orgasmo recibido como castigo a su falta de comportamiento. “Lo siento mamá, esta vez he ganado la partida.”

Ana Centellas. Diciembre 2017. Derechos registrados.

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30. PALABRAS

Reto garabatoliterario: “Y me hice a la mar”

Reto garabatoliterario: “Y me hice a la mar”

 

Y ME HICE A LA MAR
Acuarela: Cristina Vázquez

 

Esta semana Cristina, del blog tecuentodeviajes, me ha propuesto un reto que ella misma ha nombrado reto garabatoliterario. La idea surge de una colaboración que hizo con otro compañero para crear ambos un relato a partir de esta imagen, una de las preciosas acuarelas de Cristina, a las que llama garabatas. Podéis ver la entrada original aquí, Un mar sin dudas. El objetivo es que esta pequeña garabata vaya recorriendo océanos virtuales, así que os animo a que os apuntéis al reto y así la botella viajera llegue hasta todos los rincones. Y después comparar las diferentes sensaciones que nos ha provocado una misma imagen. ¡Animaos! Esto es lo que me ha salido. Espero que te guste, Cristina.

Y ME HICE A LA MAR

Mentiría si dijera que no te echo de menos. Te extraño, sí, muchísimo. Todos estos meses que llevamos separados, con todo un amplio océano de por medio, están haciendo que me convierta en una mujer solitaria y taciturna cuyo único objetivo a lo largo del día es regresar a casa para poder ver de nuevo tu rostro a través de la pantalla de un ordenador.

Es cierto, no me acostumbro. Echo de menos tu olor, tus besos, tus caricias, los amaneceres junto a ti. En mi almohada ha quedado un vacío que no soy capaz de rellenar ni con mi propio cuerpo. Preciso de tus besos de buenos días, de tus pasiones nocturnas, o vespertinas, o matinales…

Sé que es solo una cuestión de trabajo y que dentro de unos meses volveremos a nuestra pequeña rutina adquirida y querida. Pero, entretanto, mi alma se va hundiendo cada día un poquito más. Extraño tu voz en mi oído, cuando me susurrabas en bajito cuánto me querías. Extraño tu mirada cómplice cuando nos encontrábamos rodeados de personas. Ahora ni siquiera me siento acompañada, aunque me rodee media humanidad. Soledad entre la multitud, qué paradójico. Soledad a miles de kilómetros de ti.

Anoche tuve un sueño. Fue un sueño precioso del que no hubiese querido despertar jamás. En mi sueño, me hacía pequeñita, pequeñita. Cogía todas mis tristezas y me introducía con ellas dentro de una botella. Tomé impulso y me arrojé al océano. Me hice a la mar sin dudas, sin contemplaciones, como quien ya sabe de antemano lo que está a punto de ocurrir. Fue una plácida travesía en la que no me acompañaba ninguna ola, ni siquiera necesité de un sistema de navegación para llegar a mi destino. La botella, sola, hacía por mí todo el trabajo. Y llegaba hasta tu costa, donde tú me esperabas con tu camisa de lino y tus pantalones cortos, más guapo que nunca, sonriente, robándole todo el brillo a la luz del sol. Destapaste mi botella con cuidado y la depositaste en la arena. Mis tristezas y temores salieron volando, evaporándose con el calor de aquella cálida costa que te acogía desde hacía meses. Entonces, yo salí de mi particular navío para volver a mi tamaño real. Y nos fundimos en el mayor de los abrazos, en tímidos besos enamorados que se iban tornando poco a poco cada vez más exigentes. El sueño terminaba con mi cabeza reposando sobre tu hombro, mientras contemplábamos el atardecer sobre el horizonte.

Hoy vuelvo a casa con el firme propósito de regresar a mi sueño, a ese que me acerca a ti. ¿Quién sabe? Hay rumores que dicen que los sueños pueden volverse realidad.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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Reto literario: “Los diez mandamientos”

Reto literario: “Los diez mandamientos”

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

  1. Te levantarás sonriendo todos y cada uno de los días de tu vida.
  1. Darás gracias al Universo por todo aquello que tienes, sin quejarte de lo que careces.
  1. No escatimarás en besos.
  1. Abrazarás al máximo número de personas posible. De esta forma, repartirás sentimientos reconfortantes.
  1. No faltará nunca el sexo en tu vida.
  1. Ayudarás a los demás en lo que puedas, sin esperar nada a cambio.
  1. Tendrás siempre preparado un «que tengas un buen día» al despedirte de las personas, en cualquier situación.
  1. Rendirás pleitesía al café. Recuerda que te convierte en persona cada mañana (y cada tarde, y cada noche…).
  1. Disfrutarás siempre del momento presente, sin preocuparte por el pasado ni por el futuro.
  1. Serás paciente. La paciencia es una gran virtud.

Nota: El orden de estos mandamientos carece de importancia. Por cuestiones obvias, se entiende incluido en este listado todo aquello de no robarás, no matarás, etc.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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Los diez mandamientos by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

29. PALABRA

La frase de la semana V

La frase de la semana V

 

JOANNE ROWLING
Imagen tomada de la red

 

‘Si quieres ver la verdadera medida de un hombre, mira cómo trata a sus inferiores, no a sus iguales’.

Joanne Rowling (1965)

Escritora y productora de cine británica.

Terminamos el mes de febrero con esta frase de Joanne Rowling, más conocida como J. K. Rowling, y famosa por la serie de novelas de Harry Potter.

Para comenzar, necesito hacer la aclaración de que, bajo mi punto de vista, ninguna persona es superior o inferior a otra. Y digo esto sin excepción. Ni el mismísimo Papa de Roma, vamos. Extrapolemos, pues, esta afirmación a un entorno, por ejemplo, laboral, en el que se pueden establecer con más claridad categorías o escalafones profesionales y, por tanto, unas personas estén “por encima de otras” en este sentido.

Una persona íntegra, educada y respetuosa, siempre ofrecerá el mismo trato a alguien que esté a un nivel inferior que a las personas que se encuentren en el mismo nivel o superiores. Creo que esa es la base del respeto entre personas, no creerse superior a nadie bajo ninguna circunstancia. Conozco personas que no hablan con el personal de limpieza, por ejemplo. Y otras que, después de un ascenso, han modificado su forma de ser de manera bastante ostensible.

Por ello os he traído hoy esta afirmación. Opino que, si alguien modifica su manera de actuar con las personas en base a su posición social o laboral, está fallando estrepitosamente. Y, en definitiva, lo que define a una persona es ese comportamiento con los que podría considerar “inferiores”.

Siempre, siempre, siempre, ante todo, respeto.

Y, hablando de posiciones, os traigo unos versos de nuestra querida compañera Flora Rodríguez:

‘La posición es algo importante.

A veces, tan solo basta

la caricia del aire en el pie…

para un gran vuelo’.

Estoy convencida que todos la conocéis, pero para los más despistadillos, os recomiendo visitar su blog. Podéis acceder a estos versos, junto con muchos otros preciosos, en la sección su blog “Ráfagas”.

¡Hasta el martes que viene!