Reseña: A este lado del estrecho

Mil gracias a nuestra querida Luna Paniagua por esta nueva reseña de “A este lado del Estrecho”

Luna Paniagua

A ESTE LADO DEL ESTRECHO – ANA CENTELLAS

A este lado del estrechoTítulo: A este lado del estrecho

Autora: Ana Centellas Guijarro

Editorial: Círculo Rojo

Fecha publicación: octubre 2017

Número páginas: 279

Edición: tapa blanda con solapas

Género: romántica

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El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas VIII – Mª José Luque”

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas VIII – Mª José Luque”
PERLAS QUE LATEN
Imagen: Pixabay.com (editada)

¡Buenos días! Hoy celebramos el último domingo de febrero con una colaboración muy, muy, muy especial.

Hoy quería hacer un especial homenaje a una gran compañera y amiga, una maravillosa persona con la que he tenido la gran suerte de cruzarme en esta vida y compartir con ella momentos especiales. Se trata de nuestra compañera de la genial página de escritores El Poder de las Letras, Mª José Luque.

Sirva esta preciosa poesía que lleva por título “Perlas que laten” como un pequeño regalo hecho con todo mi corazón. Para ti, cielo, que no tienes precio, con todo mi cariño. Espero que te guste.

Como os comento cada semana, espero ilusionada vuestras colaboraciones. Solo tenéis que decírmelo en un comentario o enviarme un mail. En caso contrario, me veré obligada a robarlas 😉

¡Vamos! ¡Animaos! ¡Que no muerdo! 🙂

Micro-sábados: “Entre burbujas”

Micro-sábados: “Entre burbujas”

 

ENTRE BURBUJAS
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

ENTRE BURBUJAS

Soy una parte ínfima, microscópica, como el pequeño núcleo de una enorme célula. Me siento tranquilo rodeado de miles de burbujas concéntricas que me aíslan del mundo exterior, que me mantienen en calma.

El día que consiga traspasar la gran burbuja, solo entonces, conoceréis a mi verdadero yo.

Ana Centellas. Febrero 2018. Derechos registrados.

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Entre burbujas by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://anacentellasg.wordpress.com.

53. CALM

Por capítulos: “Minino, minino (IV)”

Por capítulos: “Minino, minino (IV)”

 

MININO, MININO
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

Minino, minino (I)       Minino, minino (II)        Minino, minino (III)

MININO, MININO (IV)

Los dos muchachos no pudieron evitarlo, derramaron la merienda sobre el sucio y polvoriento suelo de la fábrica. A punto estaban de salir por piernas de allí, cuando escucharon con total claridad un maullido que provenía del piso superior. Era Coral, de eso estaban ambos seguros. Los dos pequeños se miraron un instante, mientras debatían con la mirada si continuar la búsqueda del pequeño gato o alejarse lo más rápido posible de aquel lúgubre lugar. Asintieron a la par, mientras comenzaban a subir por la oxidada escalera que conducía a la planta alta. Los escalones se quejaban a cada paso que daban, herrumbrosos y maltrechos por el paso del tiempo y la humedad acumulada durante tantos años. En más de una ocasión temieron que alguno de ellos cediese bajo su peso y cayeran precipitados al suelo. El costalazo podría ser considerable.

Cuando llegaron al piso superior, lo primero que pudieron comprobar era que allí el frío era más acusado. Era un frío húmedo que se les calaba en los huesos, un frío extraño que no habían sentido jamás. Amaya y Luis se abrazaron el cuerpo, mientras los dientes les comenzaban a castañetear de una manera por completo involuntaria.

—Minino, minino… —susurraba Luis, sin atreverse a elevar demasiado la voz. No sabía por qué, pero intuía que algo peligroso se estaba fraguando en el interior de aquella fábrica que llevaba tantos años acompañándoles en el pueblo.

—Coral, Coral… —susurraba, a su vez, Amaya. Lo que se estaba fraguando en su mente era la espectacular bronca que le iba a echar a su hermano cuando saliesen de allí. Cada segundo que pasaba estaba más arrepentida de haberle acompañado, pero tampoco podía dejar ir solo a su hermano pequeño a un sitio que le inspiraba tan poca confianza. Eso sí, que se preparase, porque no se iba a quedar ni una coma sin decirle y, sobre todo, que estuviese preparado para la bronca que les echarían sus padres, porque ella no pensaba admitir ninguna clase de culpa. Que se enterasen de una vez sus padres de cómo era su «querido pequeñín».

Con esos pensamientos en mente, cada uno con sus propias elucubraciones, vieron cómo, de repente, la luz de uno de los despachos se encendía. En un principio dieron un respingo, pero se dijeron que debía haber sido Coral el que la habría encendido, sin pararse a cuestionar si hasta aquel lugar seguía llegando o no la electricidad. Aunque con temor en sus pasos, avanzaron hacia el despacho iluminado.

Cuando asomaron por la puerta, los dos se quedaron boquiabiertos sin remedio. Amaya incluso aguantaba la respiración mientras intentaba procesar lo que estaban viendo sus ojos. Luis no paraba de restregárselos, esperando que aquello que estaba viendo no fuese más que un espejismo. Pero no, no lo era. Aquel despacho con la luz encendida presentaba un aspecto por completo diferente al resto de la fábrica. Todo parecía nuevo y reluciente, el escritorio de madera, la silla de piel, un teléfono antiguo… Parecía como si la persona que trabajase allí hubiese salido un momento y no llevase abandonado tantos años. Los dos se quedaron en el umbral, sin atreverse a dar un paso hacia su interior.

Tan embobados estaban observando aquella imagen imposible, que el sobresalto fue mayúsculo cuando un gran ruido comenzó a sonar, emitiendo una reverberación que lo amplificaba hasta sus oídos. Se giraron casi a la par, sin despegar los pies del suelo, para comprobar cómo las rotativas de la planta baja se habían puesto en funcionamiento. Luis mojó directamente sus pantalones. Amaya no dejaba de sentir los escalofríos que le pedían a gritos salir de allí, pero no podía despegar los pies del suelo debido a la sensación de terror que la había embargado. Y el minino seguía sin aparecer.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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“Palestina” – Biblioteca de las Grandes Naciones

“Palestina” – Biblioteca de las Grandes Naciones

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Supone para mí todo un placer poder presentaros el último ebook editado por la Biblioteca de las Grandes Naciones, en el que he tenido el enorme honor de poder colaborar.

Coordinado por Rosario Salazar y Xabier Susperregi, nace este libro dedicado a Palestina. Incontables artistas y poetas de todos los rincones del planeta han colaborado para poder alzar la voz ante lo que está ocurriendo en Palestina. Supone ya el libro número 340 de la Biblioteca, dirigida por Xabier Susperregi.

Os animo a su lectura, a sumergiros dentro de sus páginas y navegar entre las letras dedicadas de todo corazón a un territorio que ha perdido todo. Maravillosas ilustraciones lo acompañan, el libro es una delicia para los sentidos.

Podéis acceder a él de manera gratuita en el siguiente enlace.

Os adelanto aquí mi participación en él con una poesía que imagino todos sabréis a quién va dirigida:

AHED

 

AHED

 

¿Cuál fue tu culpa, niña?

Ayudar a tus hermanos,

intentar salvar a un pueblo

que lleva demasiado tiempo

viviendo así condenado.

 

Ahora te ves entre rejas,

como vulgar delincuente,

solo por enfrentarte,

por parar las injusticias

que someten a tu gente.

 

Soldados de la ocupación

que matan sin miramientos,

que nunca entienden de edades,

que roban vuestras cosechas,

que os colman de sufrimiento.

 

Tú no tuviste la culpa

de nacer en Cisjordania,

en una tierra preciosa

que ya ni siquiera florece,

pues no paran de esquilmarla.

 

Tan solo eras una niña

con el valor suficiente

de enfrentarse a los soldados,

de intentar parar el fuego,

de intentar parar la muerte.

 

El mundo te quiere libre,

a ti y a nuestros hermanos.

Sigue elevando la voz,

no te rindas nunca, niña,

la paz está en nuestras manos.

 

¿Cuál fue tu culpa, niña?

Solo querer una y grande,

siempre libre, Palestina.

 

Ana Centellas. Febrero 2018. Derechos registrados.

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52. RIQUEZA

El relato del viernes: “Gracias, karma”

El relato del viernes: “Gracias, karma”

 

GRACIAS, KARMA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

GRACIAS, KARMA

Una última gota de sudor solitaria resbalaba por tu cuerpo, se enredaba juguetona en el vello de tu pecho y continuaba su descenso hasta alojarse en el interior de tu ombligo. No pude reprimir el instinto de seguir, con la yema de mi dedo, el recorrido de aquella pequeña gota hasta su destino, para terminar tomándola con la lengua, mientras me deleitaba con su exquisito sabor a salitre, en un excelente maridaje con el de tu piel.

Hacía tan solo unos minutos que habíamos saciado nuestra pasión aquella tarde de verano, pero la humedad que permanecía instalada en la zona más sensible de mi cuerpo me instaba a continuar. Los agobiantes cuarenta grados que teníamos en aquel mes de julio no eran nada en comparación con el calor que emanaba de mi cuerpo, que me obligaba a retorcerme, a arquear la espalda y a suspirar en busca de un nuevo alivio.

Tu cuerpo reposaba relajado sobre la cama, ligeramente reclinado. Tu cabeza yacía laxa sobre una de las almohadas que habías colocado a tu espalda. Uno de tus brazos descansaba al costado de tu cuerpo, mientras con la otra mano sostenías un cigarrillo, al que dabas lentas y profundas caladas. Aquel gesto tuyo, envuelto entre las densas volutas de humo, se me antojó tremendamente excitante. Tras haber saboreado aquella jugosa gota de sudor frío, me decidí a seguir avanzando en mi erótica expedición.

Sin separar un instante mi mirada de la tuya, que en segundos había pasado de relajada a peligrosamente lasciva, comencé mi recorrido desde el ombligo hacia mi ansiado destino. Tracé con mi lengua un húmedo sendero sobre tu piel, alternado con suaves besos y pequeños mordiscos a mi total antojo. Posé mis labios sobre tu miembro semierecto y lo noté crecer bajo la presión que ejercían  y las suaves caricias que mis manos te regalaban. Podría haber pasado media vida así, contemplando tu mirada mientras luchabas por contener los gemidos que se escapaban de tu boca a su antojo, mientras la mía se recreaba en ti. La verdad es que fui implacable, no te di ni un segundo de tregua. Estaba disfrutando tanto de ti que mis propios gemidos eclipsaban a los tuyos, hasta que explotaste en un gruñido que me permitió saborear el dulce néctar que tanto ansiaba.

Una sonrisa de satisfacción se dibujó en tu rostro mientras mi respiración seguía jadeante, anhelante, con ganas de ti. Solo un intercambio de miradas bastó para que intercambiásemos los papeles en la cama. Agarré con fuerza la sábana cuando sentí tu aliento cerca del punto exacto de mi deseo, y agradecí en silencio al karma por devolver por triplicado todo lo que das.

Ana Centellas. Febrero 2018. Derechos registrados.

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Mi jueves de poesía: “Cuando quieras nos vemos”

Mi jueves de poesía: “Cuando quieras nos vemos”

 

CUANDO QUIERAS NOS VEMOS
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

 

CUANDO QUIERAS NOS VEMOS

Cuando quieras nos vemos,

en esta vida o en otra,

en la tierra o en el cielo,

volando con las estrellas

o congelando el averno.

 

En tu casa o en la mía,

en sábado o un gran lunes,

en la cama o en el suelo,

o te espero a la salida

y a besos nos las veremos.

 

A solas o en compañía,

en silencio o con palabras,

confiados o con miedo,

llorando o con alegría,

probando nuestro veneno.

 

Entre risas o gemidos,

en el mar o en la montaña,

navegando en un velero,

disfrazados con mil máscaras

o sin pudores y en cueros.

 

Yo no impongo condiciones.

Tú, cuando quieras, nos vemos.

 

Ana Centellas. Febrero 2018. Derechos registrados.

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50. PACIENCIA

Los 52 golpes – Golpe #05 – “A-fobia”

Los 52 golpes – Golpe #05 – “A-fobia”

 

A-FOBIA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

A-FOBIA

Casi con total seguridad conocéis a alguien que tiene algún tipo de fobia. Es algo mucho más común de lo que pudiéramos llegar a pensar. Yo misma tengo varias. Y no estoy hablando de un miedo normal y corriente, ni asco, ni nada parecido. Son fobias con todas sus letras y, evidentemente, con todas sus consecuencias. Os pongo el ejemplo de dos fobias que tengo perfectamente identificadas, de las habituales, no vaya a ser yo original.

Una de ellas es la fobia a las arañas. Seguro que todos la conocéis y más de uno de vosotros sufre esta terrible aracnofobia. Tanto me da que sean grandes y peludas, aunque reconozco que si me topo con una de esas sería capaz de llegar al infarto de miocardio, como si son pequeñitas, o de esas microscópicas que tienen unas patas larguísimas. Da igual que sea una imagen en televisión o internet, o incluso en un libro, me asalta la taquicardia sin remedio.

La segunda de mis fobias es a las cucarachas. No es que me den asco, es que veo una y directamente entro en crisis de ansiedad. Es ver una corretear con sus asquerosas patitas y salgo por piernas. Si os soy sincera, jamás me había preocupado por el nombre de esta fobia hasta hoy. Ahora ya sé que se llama blatofobia, nunca hubiese imaginado tal nombre.

Desde luego, nunca me había topado con una fobia tan extraña como la que sufre mi amigo Óscar desde que comenzó a hablar. Fueron muchos los médicos que le atendieron cuando aún tenía apenas tres años para descubrir por qué le ocurría aquello, sin resultado alguno. Incluso pasó por varios logopedas que desistieron del intento, pues no encontraron ninguna explicación racional a lo que le pasaba. Y es que mi amigo es incapaz de pronunciar la vocal «a». Tal cual lo oís.

Desde pequeñito, siempre cambiaba esa vocal por otra, digamos al azar, para evitar pronunciarla. Esto, si tenemos en cuenta la cantidad de palabras que utilizan dicha vocal, incluido su propio nombre, hacía que fuera muy difícil la comunicación, pues él se expresaba en su propio idioma inventado en un juego de vocales a lo loco. Eso sí, una vez que había asignado a una palabra otra pronunciación, siempre la repetía de la misma manera. No sé si esto se puede considerar una fobia o un trastorno del lenguaje, pero os puedo asegurar que, cuando por error, pronuncia la vocal de marras, se le comienza a inflamar la lengua y su rostro se cubre de horrorosos granitos. En numerosas ocasiones hemos temido incluso por su vida.

A día de hoy, yo me puedo considerar bilingüe, pues domino a la perfección el «oscariano», como me gusta llamar a esa curiosa forma de expresarse de mi amigo. Incluso a sus propios padres les cuesta entenderle. A este extraño caso yo le llamo «a-fobia», y ya soy una experta en el mismo. Menos mal que Óscar no tiene fobia a escribir la vocal, porque si no, sí que tendríamos un verdadero problema.

Ana Centellas. Febrero 2018. Derechos registrados.

COPYRIGHTED

Aquí tenéis mi tercera participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 5 y 6. ¿Qué nos contará el número 7? ¡Aún no lo sé!

Mordisco: Una versión de ti

Mordisco: Una versión de ti

Nuestro querido Gocho nos trae otro exquisito mordisco. Lean, saboreen y disfruten.

Gocho Versolari, Obra Poética

Una versión de ti

atraviesa añiles infiernos durante la tarde, 

y nadie sospecha

mientras sirves el té a los convecinos,

que tu sonrisa amable

oculte el fuego de las constelaciones; oculte

  silencios con forma de dragones

y la totalidad del cielo del poniente

 cubierto de esos grillos laboriosos:

que  barrerán las eternidades de la noche,

arrastrarán auroras

 y estallarán una a una 

las estrellas. 

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