MARÍA
Imagen: Pixabay.com (editada)

 

MARÍA (I)

Cuando era pequeña, antes de comenzar la escuela, solía quedarme con mi abuela materna cuando mis padres tenían que salir a trabajar. Han pasado ya más de treinta años, pero recuerdo aquellos tiempos a la perfección. Pocos recuerdos tengo que no correspondan con mis estancias en casa de los abuelos. Me resulta curioso cómo la mente puede ser tan selectiva en recuerdos. Dicen que hasta los seis años, más o menos, no comienzas a tener recuerdos precisos de tu infancia, solo algún que otro recuerdo puntual de tiempos anteriores. También es mi caso, recuerdo ciertas cosas muy precisas y puntuales, como cuando llegó al mundo mi hermano Juanma, pero puedo recordar a la perfección todos los momentos vividos con la abuela.

El abuelo Luis aún trabajaba, mis abuelos eran jóvenes en comparación con los de mis amiguitas, con las que me juntaba todos los días al atardecer en la puerta de mi bloque. Le veía un ratito cuando, bien de mañana, mis padres me llevaban a su casa. Al poco tiempo, él también salía a trabajar y yo me quedaba sola con la abuela María. La abuela era una mujer de las de antes, de las que se dedicaba por completo al cuidado de la casa y de los hijos. Nunca llegué a saber si lo hacía por gusto propio o por exigencias del abuelo. Por aquellos tiempos ni por asomo me ponía a pensar en cosas así. Lo que sí pensaba, curiosamente, era que yo jamás me iba a quedar encerrada en una casa, sino que de mayor quería trabajar, como mi mamá, e imaginaba mil y un futuros posibles para mí.

Cuando nació mi hermano, Juanma, el abuelo ya se había jubilado, yo tenía ya cinco años e iba a la escuela. Pero él apenas llegó a quedarse con la abuela, solo días aislados, cuando cerraba la guardería o en casos de extrema necesidad. Los abuelos, aprovechando que ya ninguno de los dos tenía ningún compromiso laboral fuera de casa, empezaron a vivir la vida de verdad. Salían, entraban, realizaban un sinfín de actividades y salían con frecuencia de viaje. No recuerdo nunca haber visto a la abuela tan feliz como en aquella época. Los dos fueron intensamente felices desde la jubilación del abuelo, y nosotros los visitábamos con bastante frecuencia.

Contaba yo con quince años y mi hermano con diez cuando mi queridísima abuela María partió hacia el cielo, dejando un hueco tan vacío en nuestras vidas que el abuelo Luis no fue capaz de resistir y subió en su búsqueda tan solo dos meses después. Mi vida cambió por completo después de su falta. La mía y la de toda la familia. Aunque esa ya es otra historia.

Lo que yo os quiero contar en esta historia es cómo fueron mis días con la abuela María y por qué fue una mujer tan especial para mí. Permitidme dejar a un lado los sentimentalismos porque, de no ser así, un torrente de lágrimas me impediría poder escribir estas líneas en este momento. He decidido ser fuerte y centrarme solo en lo positivo, en todo lo bueno que me llevo de ella y mantener vivo su recuerdo, aunque sea solo a través de estas simples páginas de un cuaderno de la escuela de mi hijo mayor y no quieran ser leídas más que por mí misma.

CONTINUARÁ…

Ana Centellas. Marzo 2018. Derechos registrados.

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María by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://anacentellasg.wordpress.com.

4 comentarios en “Por capítulos: “María (I)”

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