ABANDONO

ABANDONO

Hace unos días perdí a mi musa. No sé dónde ni de qué manera fue, lo único que sé es que cuando me senté en mi escritorio delante de mi cuaderno de hojas blancas, ninguna palabra fluía sobre ellas. La pluma quedó inmóvil entre mis dedos, objeto inerte que yacía entre pulgar e índice, sin nada que contar. Las gotas de sudor tardaron poco en hacer su aparición, para perlar mi frente con diminutas partículas que cubrían también mi nariz. Las sienes comenzaron a golpearme con fuerza, como si de ellas pugnaran por salir las mil ideas que mi musa había dejado allí encerradas, antes de forzar su desaparición en un mutis bien logrado.

Nunca antes me había ocurrido algo así. Me sentí tan desprotegido ante la situación que una poderosa migraña comenzó a circundar mi ojo derecho, que llevaba ya unos segundos palpitando con fiereza, al mismo ritmo que las sienes descubiertas. Tuve que sujetarme la cabeza entre las manos, ante la inminente posibilidad de una detonación en el interior de mi cabeza. La inanimada pluma, como consecuencia, inició una caída libre, yendo a aterrizar sobre la temible hoja en blanco, esa que me miraba con una actitud tan desafiante como altanera. Un grueso manchón de tinta azul se expandió por entre las hebras de celulosa de la página, humillándome, retándome a conseguir que de mi nerviosa caligrafía saliese algo mejor.

Intenté hacer memoria. Exprimí mi cerebro saturado por la intensa migraña, cuyo epicentro se mantenía intacto sobre mi ojo derecho. El día anterior todo estaba en su sitio, mis manos manejaban con agilidad la pluma, que se deslizaba con una facilidad pasmosa por la página anterior a la que hoy aparecía emborronada con tinta fresca. Ningún cambio se había producido en mí, en apariencia todo permanecía donde debía estar. Menos mi musa. Esa, traicionera, vil, se había escapado por el resquicio más invisible de mi siempre minuciosa mente.

La impotencia se apoderó de mí. ¿Qué podía hacer? Intenté relajarme, cerrar los ojos y acompañar mi jaqueca con un analgésico y una buena dosis de música clásica. Mi espalda se recostó contra el mullido respaldo de mi sillón. Abrí los ojos por instinto, solo para observar cómo la maldita pluma seguía allí, tirada sobre el papel, mientras seguía vertiendo su sangre sobre el borrón de la página en blanco, horadándola con un círculo perfecto, más amplio a cada segundo que pasaba.

Han pasado los días y mi caprichosa musa continúa sin aparecer. No sé dónde se habrá metido la condenada, ni qué habré hecho yo para que me abandonase de tal manera. Por mucho que reflexiono, no logro alcanzar una explicación satisfactoria para mí. Me siento delante de mi escritorio y paso la página del cuaderno que aún me mira desde abajo, testigo de un cruento duelo entre los dos, el manchón azul y yo. Tomo la pluma entre mis dedos con suavidad, pero con firmeza, convencido de mí mismo. Está bien, querida, tendremos que apañárnoslas solos.

Ana Centellas. Marzo 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Abandono by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://anacentellasg.wordpress.com.

Imagen: Pixabay.com (editada)

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12 comentarios en “El relato del viernes: “Abandono”

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