“Un número más” – El Poder de las Letras

“Un número más” – El Poder de las Letras

UN NÚMERO MÁS

 

Os dejo con mi colaboración con la fantástica página de escritores, El Poder de las Letras, del pasado jueves. Espero que os guste y que no dejéis de visitar la página.

 

UN NÚMERO MÁS

Caminar siempre avanzando,

pararse a descansar,

retroceder si hace falta,

continuar el caminar.

Tropezar y caerse al suelo,

ahora toca levantarse,

sacudirse las heridas,

volver a caminar de nuevo

con la cabeza bien erguida

sin temor a tropezar.

Pero, en ocasiones, corres

como si tu vida fuese en ello,

una carrera de fondo

de la que nunca sales

con el dorsal en su sitio

y en la meta no te espera

ninguna compensación.

Mirar a un lado,

luego al otro,

pararse siempre antes de cruzar

un camino que es ajeno,

pues puedes quedar tendido,

arrollado en los raíles

de un tren en el que no viajas,

que proseguirá su camino

sin importarle tu estado

o si no te vuelves a levantar.

Sonreír, sonreír, sonreír,

aunque estés hecho pedazos,

pensar siempre en positivo,

hacerse el olvidadizo

y esquivar la melancolía

cuando esta intenta con fuerza

apoderarse de ti.

Y sonreír, sonreír,

sobre todo, sonreír,

fabricar la pose falsa,

interpretar un papel,

vestirte con mil disfraces

y a la vez sin olvidar

que debes ser tú mismo,

fiel,

coherente,

legal.

Buscar refugio seguro

allí donde les permitas

a las lágrimas saltar.

Mientras, seguir sonriendo

y evitar el pensamiento

breve, intenso, fugaz,

de que lo único que quieres

es escapar y escapar,

volver a entrar en carrera,

bien prendido tu dorsal,

sabiendo que solo eres

para alguien un número más

que controlará tu existencia

sin importarle tu nombre,

tus vivencias y tu edad.

Fingir que no nos importa,

volver a correr sin parar

por nosotros y por aquellos

que quedaron en el camino,

los que jamás consiguieron

la carrera completar.

Reconocer tu fortuna

por estar vivo sin más

aunque te pongan un precio,

por más que te prostituyan

y tú aceptes porque quieres

llegar a cruzar la meta

sin olvidar la sonrisa.

Pero sin olvidar tampoco

que por más que lo intentemos,

para alguien, siempre seremos

solo, tan solo,

un simple número más.

Ana Centellas. Abril 2018. Derechos registrados.

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112. CALM

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Reto literario: “¿Por qué no me creíste?”

Reto literario: “¿Por qué no me creíste?”

POR QUÉ NO ME CREÍSTE - Kevin Corrado

 

¿POR QUÉ NO ME CREÍSTE?

Nunca creíste que fuera capaz de permanecer en dos lugares al mismo tiempo. ¡Qué escepticismo el tuyo! ¿Por qué habría yo de mentirte? ¿Tan poca confianza tenías en mí?

Intenté sacarte de la cruel ignorancia en la que vivías inmersa mostrándote más casos como el mío, pero jamás me creíste. Es cierto que siempre se había tratado de santos, monjas y figuras similares, pero no creo que fuese motivo para dudar de mi palabra. Estoy seguro de que hay más personas en el mundo con la misma capacidad extrasensorial que yo, pero no habrán cometido el error de contarlo, como hice contigo.

Me di cuenta de ello cuando era aún un crío. En seguida le encontré una utilidad extremadamente portentosa. Jamás estudie. Uno de mis «yo» estaba presente en los exámenes, mientras el otro se quedaba en casa buscando las respuestas. ¿Acaso pensabas que mi brillante expediente académico era fruto de un exhaustivo trabajo? Nada más lejos de la realidad. De igual manera me sirvió para cumplir con esos compromisos a los que odias asistir. Enviaba a uno de mis «yo», mientras mi otro «yo» se quedaba en casa disfrutando de una buena lectura o enganchado a los videojuegos. ¡Pues no resultó ser útil! «Bilocalización», creo que lo llaman.

Pero tú no me creíste y yo me sentí herido en mi orgullo. Necesité demostrártelo. Ibas a ser la primera persona en mi vida, no solo que lo sabría, sino que, además, podría comprobarlo. Mi única condición fue que nos alejásemos lo suficiente para que nadie nos pudiese observar. Decidí hacerte la demostración más sencilla que pudiese y, para ello, cargué hasta el maletero de tu coche con dos marcos para cuadros, antes de dirigirnos al bosque más grande del norte de la provincia.

Iba a ser fácil y yo estaba convencido de ello. Te dejaría sin palabras y tendrías que admitir tu error al desconfiar de mí. Me concentré, cerrando los ojos, como siempre hacía y así comenzó mi experiencia de «bilocalización» ante ti. Algo salió mal. Quizá fueron los nervios, no lo sé, la cuestión es que era la primera vez que fallaba. Vi el espanto en tu mirada y cómo empezaste a retroceder. Ese fue el momento en que yo fui realmente consciente de que algo no había funcionado como debiera.

Esta vez fui yo el que mostró el espanto saliendo de mis pupilas cuando te vi montar en el coche y salir huyendo de allí como alma que lleva el diablo. Pensé que habrías ido en busca de ayuda, pero no fue así.

Aquí sigo, con mi torso en uno de los marcos mientras mis piernas permanecen en el otro, sin saber cuándo llegará el día en que muera por inanición. ¿Por qué no me creíste? ¿Por qué?

Ana Centellas. Abril 2018. Derechos registrados.

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¿Por qué no me creíste? by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://anacentellasg.wordpress.com.

*Imagen: Kevin Corrado

Este relato ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.

 

Hoy os presento este blog… XVII

Hoy os presento este blog… XVII

HOY OS PRESENTO ESTE BLOG

¡Feliz tarde de domingo! Y para aquellos que tengáis el puente, ¡mucho mejor!

Como viene siendo habitual, hoy os traigo un blog que conocí hace poquito tiempo y que, de primeras, me ha gustado bastante. Vamos a darle todo el apoyo que se merece, vosotros ya sabéis.

El blog del que os hablo se llama Pu(n)tos descosidos y os recomiendo que lo visitéis. Como siempre, traigo hasta aquí una de sus entradas para que lo conozcáis de primera mano. Se titula Evohé, y dice así:

Quiero correr salvaje.

Yo soy la niña

que se pinta la cara de guerrera

la que mira fijamente

la que besa los mordiscos en la carne

y se llena las manos de tierra,

las que irán a cerrarte los ojos.

Quiero correr salvaje hacia ti

No quiero volar

quiero el impulso correcto

para salir despedida

y aullar de placer

en el cielo de los locos

y los audaces

No fingir, no mentir

taparme la boca al beso

ir a morderte los labios

Quiero correr salvaje hasta ti

Y que esta provocación no violenta

tenga un morbo envidiable

Espero que os haya gustado tanto como a mí y, ya sabéis, a darle nuestro apoyo. ¡Feliz comienzo de semana! ¡Hasta el próximo domingo!

¡Besos! ¡Se os quiere!

111. SONRISA

 

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XVII – Ángel Voset”

El vídeo del domingo: “Grandes amigos, grandes poetas XVII – Ángel Voset”

CON LA PRIMAVERA.JPG

¡Último domingo del mes de abril! La primavera parece que no sabe bien qué hacer, si quedarse con nosotros o no, la siento un poco indecisa este año… Pero haga frío o calor, aquí seguimos un domingo más con una nueva colaboración.

Como últimamente veo que no estáis muy animados a enviarme colaboraciones, he decidido que voy a empezar a hacerlas por sorpresa, a no ser que me digáis lo contrario…

Muy acorde con esta estación tan inestable en la que nos encontramos, he escogido un poema de nuestro querido compañero Ángel Voset, titulada “Con la primavera”. No hace falta ya que os diga que no dejéis de visitar su blog si aún no le conocéis. A mí me encanta.

Un pequeño regalito para ti, amigo, con todo mi cariño. Espero que te guste.

 

Espero que paséis un domingo estupendo y que disfrutéis del puente, que no es para menos. Y ya sabéis, si queréis colaborar conmigo no tenéis más que decirlo.

¡Besos!

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Micro-sábados: “Nuevo amor”

Micro-sábados: “Nuevo amor”

NUEVO AMOR

NUEVO AMOR

Cada vez que subo a lo alto de la Ciudadela, veo nuestro candado, aquel que enganchamos juntos con toda la ilusión del mundo, cuando creíamos que nuestro amor sería inquebrantable.

Lo veo y se me saltan las lágrimas, allí, cubierto de nieves en invierno y soportando el crudo sol de los veranos. ¿Por qué te daría a ti la custodia de la llave que lo cerraba?

Por favor, devuélveme la llave. No tengo trabajo y lo necesito para mi nuevo amor.

Ana Centellas. Abril 2018. Derechos registrados.

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Nuevo amor by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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https://anacentellasg.wordpress.com.

*Fotografía: Citadella. Budapest.

110. CALM

Por capítulos: “María (V)”

Por capítulos: “María (V)”

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María (I)       María (II)       María (III)       María (IV)

 

MARÍA (V)

Jamás sentí el envejecimiento de mi abuela María. En cuanto empecé la escuela se terminaron para mí aquellos fantásticos días en los que compartíamos todo y que tan buenos recuerdos me han proporcionado. En cambio, debía conformarme con un día a la semana, y solo a ratos, pues solíamos ir únicamente el sábado o el domingo a comer con los abuelos.

La cuestión es que yo fui creciendo y seguí viéndola semana tras semana. Yo la veía siempre igual, salía de viaje con el abuelo, llevaba una vida bastante activa y para mí continuaba siendo igual de preciosa que siempre. Con el paso de los años, me adentré de lleno en la adolescencia. Encontré una libertad de la que me creía merecedora por derecho. En mi interior me sentía adulta, aunque mi documento de identidad siguiese reflejando lo que para mí era una cruel minoría de edad. Comenzaron las salidas con amigos, cada vez hasta horas más altas de la noche. Dejé de visitar a los abuelos. En realidad solía hacerles una visita de cortesía, un par de veces al año a lo sumo.

Cuando quise darme cuenta, yo ya había rebasado la mayoría de edad y suplicaba a mis padres para que me dejasen el coche cada fin de semana. Creo que minimicé las visitas a los abuelos hasta llegar a cumplir solo en uno de los días más señalados de la Navidad, y ello por imperativo paterno.

Una de aquellas navidades acudí fastidiada a la cena de Nochevieja en casa de los abuelos. Yo quería ir a tomar las uvas con mis amigos y no me apetecía nada amuermarme en aquella casa que a aquellas alturas ya olía a rancio y a enfermedad. Aquella noche fui consciente de cuánto habían menguado los abuelos. Parecían haberse encogido ambos, encorvados como andaban ya con todos los años que cargaban a sus espaldas. Las arrugas los empequeñecían aún más, como si estuviesen siendo absorbidos por ellas.

A pesar de todo, la abuela María continuaba preparando la cena para toda la familia como antaño, aunque el cansancio en su rostro era más que evidente. No pude evitar un gran sentimiento de culpabilidad en mi interior, pues ni había sido consciente ni me había preocupado por su deterioro. Aquella noche no salí. La pasé sentada entre el abuelo y la abuela en el mismo sillón en el que saltaba cuando era niña, mientras veíamos uno de aquellos casposos programas de televisión típicos de las noches de fin de año. Me hice a mí misma la promesa de que volvería a acompañarles, al menos, una vez a la semana, como hacían mis padres. Incluso estos, ahora que me paraba a contemplarles, se veían más ancianos y cansados, desgastados por el trabajo y la vida. ¿Cómo había sido tan egoísta? Aquella noche comprendí que llevaba años pensando únicamente en mí. Y las lágrimas se me escaparon sin poder evitarlo, aunque logré camuflarlas en un último intento para mantener a salvo la poca dignidad que me quedaba.

Jamás pude cumplir aquella tácita promesa que me había hecho a mí misma. Tan solo cuatro días después, la víspera de la noche de Reyes, mi abuela María se marchó hacia el cielo sin ni siquiera despedirse de sus seres queridos. Pocos meses después la siguió el abuelo. A día de hoy, aún con lágrimas en los ojos, no puedo hacerles mejor homenaje que narrar mis recuerdos, esos que atesoro con tanto cariño. Y que permanecerán conmigo hasta que me reúna con ellos.

FIN

Ana Centellas. Marzo 2018. Derechos registrados.

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María by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://anacentellasg.wordpress.com.

*Imagen: Pixabay.com (editada)

Revista Intropia Nº 16 – Abril 2018

Revista Intropia Nº 16 – Abril 2018

INTROPIA 16 - ABRIL 2018

Como cada mes, os traigo hasta aquí el nuevo número, correspondiente al mes de abril, de la Revista Intropia, dirigida por Isabel di Vinci. Para los que aún no la conozcáis, se trata de una hermosa publicación mensual, con contenidos literarios, de arte, fotografía, ilustración… Podéis acceder a ella en este enlace.

Os dejo con mi colaboración de este mes:

A QUÉ HUELE EL MES DE ABRIL

¿A QUÉ HUELE EL MES DE ABRIL?

Te conocí en una céntrica callejuela del barrio más antiguo de Madrid, el más castizo, como te gustaba llamarle. Estabas encendiéndote un cigarrillo y me paré junto a ti, solo para preguntarte si conocías algún café-librería por la zona. Nada me apetecía más en aquellos momentos que un poco de buena lectura con un café caliente entre las manos. Hacía un par de horas que lloviznaba y yo, que había salido a evadirme, estaba empezando a sentir cómo el agua calaba mis ropas poco a poco, hasta el punto en que llegué a sentirlas pesadas sobre mi cuerpo.

Me miraste con los ojos del azul más intenso que había visto en mi vida, mientras la llama del mechero seguía prendida frente a ti, y soltaste una gran voluta de humo que me envolvió por completo. Lo suficiente para darme cuenta de que no era precisamente tabaco lo que fumabas. «Ven conmigo», dijiste y, sin más, me tomaste de la mano. Yo me dejé guiar por el azul de tus ojos, sin oponer ninguna resistencia, y me llevaste al lugar más precioso que podré ver jamás.

Sin tu ayuda no lo hubiera encontrado jamás. Escondido en un recodo de la callejuela más estrecha del barrio, un pequeño bar con la fachada flanqueada por dos grandes naranjos escondía del resto de mortales las joyas que guardaba en su interior. El interior era cálido, acogedor. Una luz tenue iluminaba las mesas bajas, rodeadas de sillones. Yo te seguí sin pronunciar palabra y me senté en uno de los sillones, desde el que podía divisar enormes estanterías que se alejaban hacia un techo que parecía no querer aparecer nunca.

Apareciste con un capuccino sin que yo te lo hubiese pedido. ¿Cómo conseguiste adivinar lo que tomaría? Un café solo para ti. Fueron horas y horas hablando sobre el existencialismo. Compartimos café con Sartre, Kierkegaard y Dostoyeveski durante horas, mientras la música de Sabina nos acompañaba de manera constante en un fondo musical de lo más agradable. Con Heidegger me diste el primer beso, suave, lento, con sabor a café.

Compartimos noche en tu pequeño apartamento con balcón a una de aquellas pequeñas callejuelas céntricas de Madrid. El antiguo ascensor fue testigo mudo de nuestra pasión en un primer momento. Ya en el apartamento, el aroma a incienso inundaba tu habitación, a la par que el del cigarrillo de hierba que compartimos tras amarnos con una pasión inusitada, hasta contemplar juntos el amanecer aquel día nublado del mes de abril, mientras fumábamos asomados al balcón.

Nunca más te volví a ver. Nos despedimos con la misma naturalidad con la que nos conocimos, sin tan siquiera intercambiar números de teléfono. Cuando meses después, al inicio de un caluroso verano fui en tu busca, el apartamento estaba ocupado por una pareja de hindúes cubiertos por saris de bonitos colores.

Salí a la calle y recordé aquellos olores que nos acompañaron aquella tarde, aquella noche. Desde entonces, el mes de abril huele a lluvia, huele a azahar, huele a flores y a café, huele a Sabina y a hierba, huele como olías tú.

Ana Centellas. Enero 2018. Derechos registrados.

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*Imagen: Pixabay.com (editada)

109. APRENDER