ME REGALABA ROSAS

ME REGALABA ROSAS

Él me regalaba rosas. La primera que recibí de su parte fue hace ya más de veinte años, cuando nos conocimos en una especie de cita a ciegas que nos había preparado mi prima Alicia. Por más que me negué, fue tan insistente que al final accedí a salir con ella y con su novio aquella tarde de otoño, en la que él nos iba a acompañar para que nos conociéramos. Llegó con su rosa, una preciosa rosa roja de tallo largo envuelta en papel celofán transparente y yo me sentí halagada desde el primer momento. Su conversación, su sonrisa, sus miradas y las risas que compartimos hicieron el resto.

Avanzamos en un noviazgo relativamente fugaz para aquellos tiempos, apenas tres años en los que, con puntualidad, cada aniversario se sumaba una rosa. Incluso el día de nuestra boda estaba allí, esperándome en el altar, con su preciosa rosa roja entre las manos. En aquellos momentos pensé que el hermoso ramo que me habían confeccionado no podía competir de ninguna manera con aquella simple rosa que venía de sus manos.

Aún no sé el motivo, pero por alguna razón hubo algo que me impulsó a llevar una especie de diario, desde el momento en que le conocí. No era un diario propiamente dicho, solo reflejaba en él mis sentimientos cada día que recibía su rosa. Hubo muchas, más allá de aniversarios, sin motivo aparente para ello. Las primeras páginas de mi diario expresaban una felicidad inconmensurable.

Cuando comenzaron a aparecer los primeros problemas, nuestra hija Paula aún no llegaba a los seis meses de edad. Ni siquiera sé cómo ocurrió, cómo llegamos a aquella situación tan incómoda para los dos. Comenzaron los gritos. Con cualquier cosa que dijese, él empezó a ponerse siempre a la defensiva, con lo cual terminábamos llegando a absurdas discusiones en las que él elevaba cada vez más la voz y yo intentaba hacerle entrar en razón. Al día siguiente, llegaba a casa arrepentido, con su roja rosa entre las manos.

Yo guardaba cada una de ellas entre las páginas del cuaderno en el que iba anotando mis sentimientos, cada día con su correspondiente rosa. En poco más de un mes, aquel cuaderno se me había quedado pequeño. Raro era el día que no terminase en una fuerte discusión que escuchaban todos los vecinos. Al día siguiente, una nueva rosa roja del perdón iba a parar entre las páginas de mi diario, de caligrafía cada vez más nerviosa, hasta que a las pocas horas comenzaban de nuevo los gritos.

Con mi segundo embarazo, sin ningún motivo, los celos hicieron acto de presencia en nuestra relación. Un nuevo cuaderno albergaba las rosas y las historias que yo iba plasmando acerca de los acontecimientos y emociones de cada día. Con los celos, vinieron los golpes. Jamás me hubiese esperado algo así de él, siempre tan correcto. Y lo cierto era que, de cara a la galería, éramos un matrimonio ejemplar. Era en la intimidad de nuestro hogar donde daban comienzo los gritos, los insultos, las humillaciones y los golpes. Y las rosas se iban acumulando entre las páginas de mi nuevo cuaderno.

Mi pequeña, Paula, con solo cuatro años, cuando dibujaba a su familia lo hacía representando a un monstruo enorme que golpeaba a la mamá, mientras en la otra mano sostenía una bella rosa roja. Jamás permití que él viese aquellos dibujos y los iba guardando junto con las rosas en mi ya tercer diario.

En una de aquellas brutales palizas perdí al hijo que albergaba en mi interior. Aquello fue el punto de inflexión, el acontecimiento que me dio el empuje necesario para salir de aquella tumba excavada en el suelo de mi vida. Una nueva rosa roja pendía de su mano mientras nos veía salir a Paula y a mí de su casa para siempre. La única rosa que no fue a parar entre las páginas de mi último diario.

Cuando presenté la denuncia, en una soledad absoluta porque nadie de nuestro entorno le creía capaz de semejante atrocidad, presenté mis cuadernos, toda mi vida envuelta en rosas deshojadas del perdón. No pude hacer mejor declaración que esa. Menos mal que él me regalaba rosas.

Ana Centellas. Abril 2018. Derechos registrados.

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Me regalaba rosas by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
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Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en
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*Imagen: Pixabay.com (editada)

Aquí tenéis mi décimo sexta participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 17, 18 y 19. ¡Esta semana a por el 20!

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6 comentarios en “Los 52 golpes – Golpe #16 – “Me regalaba rosas”

  1. Mi estimada, leí este relato en días pasados pero por problemas de conexión no pude darle la estrellita ni comentarte nada. Hoy, aprovechando que puedo, me tomaré la atribución de compartirlo en mis redes. ¡Me ha tocado el alma! Por fortuna no tuve nunca un hombre que me plantara rosas encarnadas en el cuerpo, mas mi padre sí solía ser uno de esos 《jardineros》…

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