Micro-sábados: “El placer de la escritura”

Micro-sábados: “El placer de la escritura”

EL PLACER DE LA ESCRITURA

EL PLACER DE LA ESCRITURA

Aún recuerdo el tacto de las duras teclas de la máquina de escribir bajo mis dedos. Como si se tratase de una película antigua, pasan frente a mí los recuerdos. Esa presión ejercida en la medida justa para pulsar cada tecla, el sonido de las varillas estampando en el papel la letra seleccionada. Aún puedo escuchar a la perfección el hermoso «clinc» que te avisaba cuando habías llegado al término de una línea y el característico sonido del retroceso del carrete para situarse en el comienzo de la siguiente.

Estos recuerdos acuden a mi mente mientras, en la soledad de la noche, aporreo con dedos trémulos las suaves teclas del ordenador, al tiempo que mis palabras quedan impresas sin personalidad en la fría página en blanco de un absurdo procesador de textos.

La melancolía me invade. Apuro el último sorbo del vaso de whisky que me espera al borde de la mesa y, con lágrimas en los ojos, empuño una suave pluma que me devuelva parte del placer de la escritura de antaño.

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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168. CALM

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Por capítulos: “La firma (V)”

Por capítulos: “La firma (V)”

LA FIRMA

LA FIRMA (V)

La noche transcurrió tal y como la esperaba. Desde temprana hora me envolvió un sueño plácido y tranquilo, por completo reparador. Para cuando el despertador quiso emitir su primer timbre traicionero al amanecer, yo ya estaba en pie, me había duchado, afeitado y tarareaba una canción mientras preparaba mi desayuno. Hacía tiempo que no sentía semejante vitalidad por la mañana, acostumbrado a tomar un café solo entre sueños y salir pitando para el trabajo. Mi excelente humor y un desayuno en condiciones, hicieron que aquella mañana quedase archivada en mi memoria bajo la etiqueta de una de las más agradables de mi vida.

Cuando llegué a la oficina, aún no había nadie. Disfruté de aquellos momentos de tranquilidad tan escasos mientras me preparaba otro café. El sonido de las llaves en la puerta me puso en alerta, todavía faltaba casi media hora para que comenzase la jornada laboral, así que salí, con mi café en mano, a ver quién era aquella persona tan madrugadora. Tuve que detener mis pies de sopetón en la puerta del office ante un torbellino asolador que avanzaba por el pasillo de la oficina. Mi recién estrenado café estuvo a punto de pasar a mejor vida sobre el suelo de moqueta ante el ímpetu de aquel fenómeno meteorológico que se había manifestado de repente para irrumpir en la paz que manteníamos la oficina y yo. Pasó volando por delante de mí, y, una vez que hubo procesado que no estaba sola, se detuvo un par de metros más adelante para girarse con curiosidad.

Era ella. Ángela. La mujer de la firma arrebatadora que me había cautivado desde un primer instante. Era su segundo día en la oficina y no me conocía, con lo cual yo partía con ventaja en aquel inesperado juego que acababa de comenzar por mi parte. O al menos eso era lo que yo creía.

Mantuvimos una breve conversación en el pasillo y la invité a un café. Ella declinó con delicadeza mi invitación y salió corriendo a refugiarse en su despacho. Un momento, ¿qué es lo que estaba ocurriendo? Para nada era la reacción que esperaba recibir de ella. La mirada se dirigía hacia el suelo mientras conversábamos, en una actitud que no correspondía para nada con lo que aquella firma me había dicho de ella. Su tono de voz era tan bajo que casi podría decir que hablaba en susurros, tuve que hacer verdaderos esfuerzos por escucharla. Y, en cuanto tuvo ocasión, se despidió con timidez y se encerró en su despacho.

Yo me dirigí hacia el mío pensativo. No podía ser, jamás habían fallado mis análisis grafológicos. ¿Había perdido dos días analizando una firma que me había cautivado, para nada? Y lo que era peor, aquella actitud no era la que yo estaba buscando en mi nueva directora financiera. La convoqué a una reunión de emergencia en mi despacho.

La persona que entró en mi despacho poco o nada tenía que ver con la muchacha tímida y asustadiza que había conocido hacía apenas una hora. Segura de sí misma, determinante e inflexible, aquella mujer era un auténtico tiburón financiero. En apenas cinco minutos me planteó una nueva estrategia que podría suponer un incremento sustancial en los beneficios de la empresa. En tan solo dos días, Ángela había conseguido más que la persona que ocupaba antes su puesto en todos los años que estuvo ejerciendo su profesión. No lo podía negar. Acompañaba datos concretos y gráficos tremendamente explicativos.

Cuando salió de mi despacho, comprendí. Así que Ángela utilizaba una coraza que, o bien encubría perfectamente su verdadera personalidad cuando estaba trabajando, o era al contrario, aquella era su verdadera personalidad y fuera de su ámbito laboral la inseguridad la desbordaba. Solo podía hacer una cosa. Trazar un plan para desenmascarar su verdadera personalidad fuera de la oficina. Aquella mujer me gustaba y mucho. Como fuese, iba a conseguir que nuestra relación saliese de las cuatro paredes de aquel despacho. Sabía que podía hacerlo. Quizá debería dedicarme a la psicología, ¿quién sabe?

FIN

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

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Revista Intropia Nº 18 – Junio 2018

Revista Intropia Nº 18 – Junio 2018

 

INTROPIA 18 - JUNIO 2018

Como en meses anteriores, os traigo el nuevo número de la revista Intropia, nº 18, correspondiente al mes de junio. Como siempre, tras la mano de la genial Isabel di Vinci, sale a la luz un nuevo ejemplar de la revista con unos muy interesantes contenidos y un diseño espectacular. Podéis acceder al contenido de la revista en este enlace.

Y para no perder la costumbre, os traigo hasta aquí mi colaboración, que espero que os guste.

JUNIO - OPERACIÓN MIGRATORIA

JUNIO: OPERACIÓN MIGRATORIA

Habían viajado durante largos días, con solo un pequeño descanso durante la noche, para llegar a tierras más cálidas. Allí donde habitaban, el frío había comenzado a ser demasiado intenso y no les había quedado más remedio que emigrar, dejar su tierra en aras de encontrar un lugar donde el calor recorriera sus cuerpos.

Eran un grupo grande. Fueron varias las familias que partieron de viaje, con multitud de miembros cada una. Era tal la unidad que había entre ellas que nunca se separaban. Fue un viaje bello, armonioso, sin ningún tipo de desavenencia. Partían todos juntos cada mañana, antes de que el sol hiciese su aparición, y no paraban hasta el anochecer, tiempo que dedicaban también a proporcionar un poco de alimento a sus cuerpos. Eran fuertes y resistentes.

Llegaron a un amplio lago del centro de España en pleno mes de junio, cuando el calor ya comenzaba a hacer acto de presencia con serias intenciones de quedarse. Se enamoraron del paisaje, de la hermosa arboleda que lo rodeaba, de las aguas calmadas que llegaban como un remanso de paz a una orilla perfectamente acolchada con cañas de juncos silvestres. Allí decidieron quedarse, haciendo compañía a varias familias que ya, embelesadas por el encanto de la zona, habían decidido instalarse en ella para disfrutar de las buenas temperaturas.

Habían llegado en una bandada perfecta, formando con excelente maestría la clásica uve que solemos ver desplazarse por los cielos. Eran combatientes y venían solo de paso, aprovechando el verano español para seguir su migración a las lejanas tierras del sur de África.

A pesar de ser aves de pradera, el cansancio del viaje les llevó de manera directa a darse un baño en el apacible lago. Solo dos de ellos, de diferentes colores, quedaron rezagados sobre la orilla de cañizo, dubitativos.

—¿Qué hacemos, amigo? ¿Nos metemos en el agua? —le preguntó uno al otro, mientras observaba cómo los demás retozaban sin ningún pudor, lavándose el plumaje.

Su compañero adelantó una patita. Él hizo lo mismo. Un escalofrío les puso las plumas de punta de inmediato. A pesar del calor, aquellas aguas estaban frías como un témpano de hielo. Al menos, eso les pareció a ellos, que huían del frío a toda costa.

—Mmmm… Creo que mejor nos quedamos disfrutando de las vistas —contestó el compañero.

Nunca antes habían estado tan de acuerdo.

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167. POBRE

El relato del viernes: “Durante un año más”

El relato del viernes: “Durante un año más”

 

DURANTE UN AÑO MÁS

DURANTE UN AÑO MÁS

Salió a dar un paseo por la playa, caminando con sus pies descalzos sobre la fina arena. El océano estaba especialmente sosegado aquel día, como si quisiera mandarle un mensaje de tranquilidad, sin utilizar ninguna botella de envoltorio. Esas cosas solo ocurrían en las películas y en los cuentos. Sonrió ante aquel pensamiento, la sonrisa iluminó su rostro durante unos breves instantes y sacudió la cabeza ligeramente ante la ocurrencia. Continuó caminando por la arena, ya sin el menor asomo de sonrisa.

Acababa de comenzar el mes de enero y la playa estaba desierta. En la distancia podía divisar una sola persona que, acompañada de un animal, paseaba con tranquilidad, al igual que él. Varios kilómetros de arena impoluta, serena, virgen, solo profanada por las huellas de dos personas desconocidas separadas por un enorme abismo en su mente. En el mar, alcanzaba a divisar la silueta de un único buque en el horizonte, difuminado por las brumas que escondía la lejanía aquella mañana. Durante un breve lapso de tiempo, tuvo la sensación de que el mundo se hubiese detenido, al igual que él, al igual que su vida.

Todos los años le ocurría lo mismo en el mes de enero. Aquella fecha simbólica que ponía fin a un año y marcaba el comienzo de uno nuevo ponía en funcionamiento su mente, que parecía replantearse cada año si el camino elegido había sido el correcto. Con gesto serio, se sentó sobre la arena, cerca de la orilla, demasiado cerca quizás para encontrarse en pleno invierno. Las ligeras olas que llegaban hasta él con sosiego le acariciaban los pies descalzos, provocando escalofríos que le recorrían todo el cuerpo. Pero no le importaba, su mente estaba a muchos kilómetros de distancia de allí.

Con la mirada perdida en el lejano horizonte, recordó su antigua vida en Madrid. Recordó con una ligera melancolía todo lo que había dejado atrás. Aquella mañana parecía añorar las prisas de la gran ciudad, el anonimato que le protegía frente al resto del mundo, el trabajo acelerado y sin descanso, el sexo disfrazado de amor sin complicaciones, sin responsabilidades. El relajante sonido del mar se transformó durante unos minutos en el ruidoso tráfico de la capital. El olor a salitre y humedad desapareció para dejar paso al olor a ciudad. Se preguntó si no se habría equivocado dejándolo todo para partir hacia la costa, a su actual vida tranquila y sin sobresaltos.

El sonido de unas pisadas sobre la arena le sacó de su ensimismamiento bañado en añoranza. La persona que paseaba con su perro en la distancia ahora estaba a su altura. El olor marino le sacudió como una bofetada y su cerebro recordó. Recordó, de golpe, todos los motivos que le habían llevado a refugiarse allí. Recordó sus coqueteos con las drogas y con las enfermedades de transmisión sexual. Recordó las noches de amnesia y desenfreno bañadas en alcohol. Recordó la soledad de su apartamento, solo ocupado un par de veces a la semana por una mujer diferente y desconocida en su cama, que partía con los primeros rayos de sol sin compartir con él ni un triste desayuno. Recordó el amago de infarto debido a la sobrecarga de trabajo. Recordó.

Y entonces supo con claridad que había hecho lo correcto, que su vida seguía en orden. Al menos durante un año más.

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Mi jueves de poesía: “En tus brazos”

Mi jueves de poesía: “En tus brazos”

 

EN TUS BRAZOS

 

EN TUS BRAZOS

 

Que se abran los cielos,

que derramen sobre mi cuerpo

toda la lluvia que sea capaz

de expulsar el universo.

 

Que se rompan los mares,

que abran para mí un camino

que consiga alejarme

de aquello que consideré mi destino.

 

Que se apaguen los fuegos,

que poco a poco se extingan

los placeres incendiarios

que un día fueron mi vida.

 

Que se incendie el planeta,

que no quede ni rastro

de una civilización ciega

que no supo cuidarlo.

 

Que estallemos en pedazos,

que nos desintegremos juntos,

nada importa el fin del mundo

si, cuando llegue el momento

en que desaparezca,

yo me encuentro en tus brazos.

 

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

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166. CALM

 

Los 52 golpes – Golpe #22 – “No tengo tiempo”

Los 52 golpes – Golpe #22 – “No tengo tiempo”

 

NO TENGO TIEMPO

NO TENGO TIEMPO

Ya ha pasado el tiempo suficiente desde el final de nuestra historia como para que haya aprendido a darme cuenta de qué es en verdad lo que necesito. De hecho, han pasado años. Unos años que quizá hayan pasado con mayor rapidez de la esperada o puede que sea que, simplemente, al echar la vista atrás, se me hayan hecho excesivamente cortos. En cualquiera de los casos, el tiempo ha pasado, para bien o para mal, para los dos.

Llegaste como un tsunami, con una furia tranquila que me fue engullendo poco a poco sin que apenas tuviese conciencia de ello. Arremetiste con fuerza contra mi apacible vida y yo, indefensa, asustada, cobarde, no pude hacer nada más que dejarme envolver por tus olas, que ponían patas arriba mi mundo para luego, con la resaca, llevarse con ellas a cada momento un pedacito más de mí. Me quedaba hundida en la arena, vapuleada y empapada por un mar de lágrimas que venían inevitablemente a mezclarse con la fuerza de tus olas, arrastradas por la corriente.

Como un animal lastimado, esperaba cada día la llegada del tsunami que me volviese a revolcar, haciendo más profundas las heridas abiertas a base de golpes de arena y conchas rotas. Pero, en su lugar, llegaba un terremoto aún más voraz, que sacudía mis entrañas horadadas por las piedras que me lanzabas sin darme tiempo a construir con ellas un muro que me protegiese de ti.

Yo regresaba a tu lado, aterida, atenazada por el pánico, y entonces me cuidabas, me lamías las heridas provocadas con tu fuerza ciclónica. Confiada, me dejaba cuidar creyendo que lo que estaba viviendo era cierto, tan ciega, que no era capaz de darme cuenta de que no hacía más que encontrarme en el ojo del huracán.

Quizá fue mi culpa no haber puesto un punto y final a tiempo a aquella historia catastrófica. Solo puse tierra de por medio, con la esperanza de que, en la lejanía, pudiese recomponerme y levantarme fortalecida para afrontar tus embates convertida en una ciclogénesis explosiva. Una prueba más de mi ridícula ingenuidad.

Ahora quieres que vuelva a ti. Quieres que regrese para continuar en el punto en que lo dejamos. Y yo me siento impotente para evitarlo, carente de fuerzas, sin ganas de continuar con una lucha absurda en la que los elementos siempre tendrán las de ganar frente a esta simple humana envilecida, guerrera venida a menos por las injusticias de las batallas libradas.

Quieres que vuelva a ti y ya, aun en la distancia, sufro las consecuencias de tu marejada. Podría regresar y luchar contigo. Luchar hasta la extenuación en una batalla que de antemano ya sé que estará perdida. Podría. A veces, incluso, me gustaría. Pero, ¿sabes qué? No tengo tiempo.

Ana Centellas. Mayo 2018. Derechos registrados.

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Aquí tenéis mi vigésimo segunda participación en Los 52 golpes durante el año 2018. Pasaos por la página, donde podréis encontrar a la estupenda clase de 2018 y a los locos que, como yo, continúan dando golpes semana tras semana. Ya podéis leer mis golpes 23, 24 y 25. Ya en el ecuador del año, preparamos el 26.