Reto literario: «Perdió la cabeza»

PERDIÓ LA CABEZA

PERDIÓ LA CABEZA

Desde pequeño siempre me ha gustado repasar el viejo álbum de fotografías que hay en casa de los abuelos. Me encantaba ver desfilar ante mí a todas aquellas personas de otros tiempos, sin color, siempre vestidos en tonos oscuros. Hasta no hace mucho tiempo pensé que la vida por aquel entonces era así, en blanco y negro, no que estuviera repleta de colores que las máquinas de fotografiar no eran capaces de reflejar. Me quedó una sensación extraña en el subconsciente que aún permanece ahí, y cuando miro estas fotografías tengo que hacer un reseteo y recordar que aquellas personas vestían ropas de color, que los árboles eran verdes y no grises.

De entre todas ellas, hay una en especial que me gusta repasar. Es una imagen marcial de un hermano de mi bisabuelo, con ese regusto añejo que guardan las cosas por las que los años han pasado como un maremoto asolador. Cada vez que la veo, la saco con cuidado de la desgastada funda de plástico del álbum, y me recreo en su tacto, en los bordes agrietados y envejecidos, pero, sobre todo, en la imagen.

La historia de esa fotografía me la contó muchas veces mi abuelo, sentados frente al fuego, cuando iba a visitarle. Era mi momento preferido, mis ojos se abrían como platos y no pestañeaba ni un segundo hasta que el abuelo terminaba de contar tan rocambolesca historia. Nunca fui capaz de saber si aquella historia fue real, en cuyo caso sería asombrosa, o si solo se trató de un macabro foto montaje para recordar al vetusto señor Oria. En cualquier caso, el secreto se fue a la tumba con mi abuelo, al parecer, y yo, a estas alturas de mi vida, ya me inclino más por la segunda de las opciones. Pero según observo la fotografía soy capaz de detectar tanta vida en aquella mirada que hay momentos en los que dudo.

Según me contaba el abuelo, mi tío bisabuelo, si es que existe ese grado de parentesco, había llevado siempre una correcta vida de trabajo que le había impedido conocer el amor. A sus casi cincuenta años, seguía sin pareja, a pesar de ser uno de los solteros más codiciados de la ciudad, incluso por las damas más jóvenes. Pero él, siempre centrado en su trabajo de científico, prefería los laboratorios y los tubos de ensayo a cualquier otro acto de relaciones sociales que, de hecho, evitaba a toda costa.

Cierto día conoció, casi por casualidad, a una dama de alto linaje que logró traspasar las férreas corazas auto impuestas y quedó prendido locamente de ella. La dama en cuestión era una mujer casada entre cuyos planes no figuraba en ningún caso una posible infidelidad a su marido. Cuentan que el hermano de mi bisabuelo dedicó tanto esfuerzo, tanto físico como en pensamiento, a conquistar a la dama de sus sueños, que llegó un día en que perdió la cabeza. De manera literal. Pasaron horas buscándola, hasta que al final apareció a la puerta de la casa de aquella dama, con lágrimas en los ojos.

Una vez recuperada, quiso hacerse fotografiar. Y hasta el día de hoy, que permanece entre mis manos, el porte adusto del señor Oria, sujeta bajo su brazo una cabeza de melena revuelta y grandes mostachos que parece mantener una actitud mucho más relajada, incluso sorprendida, que la del resto del cuerpo.

¿Realidad o ficción? Eso jamás lo sabremos. Pero yo no consigo apartar la vista de la mirada de mi tío bisabuelo que, con un gesto apenas perceptible, parece querer decirme, «cuídate del amor, hijo».

Ana Centellas. Junio 2018. Derechos registrados.

CREATIVE COMMONS

Perdió la cabeza by Ana Centellas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en
https://anacentellasg.wordpress.com.

*Imagen: Tomada de la red

Este relato ha sido trabajado para el reto literario de El bic naranja, los viernes creativos de Ana Vidal.  Espero que os guste.

Publicado por Ana Centellas

Porque nunca es tarde para perseguir tus sueños y jamás hay que renunciar a ellos. Financiera de profesión, escritora de vocación. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir.

6 comentarios sobre “Reto literario: «Perdió la cabeza»

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